Llego al cielo cada domingo y me devuelvo

A la “Costa Rica profunda” se llega solo si se desea. Ella parece lejana, misteriosa, silenciosa, oculta, diferente. Se conoce de su existencia por sus manifestaciones y solo aquellos que buscan sentido en los orígenes, al conocerla, se enriquecen.

Este término lo escuché por primera vez del candidato a la presidencia el Lic. Fernando Zamora quien publico una imagen con ciudadanos costarricenses de esa región, la región “profunda"de mi pais..
Encantada con el término me voy a permitir presentar un símil con nuestra bella y amada Liturgia.

Fui parte de esa mayoría católica que va a misa sin tener buenas razones.
Yo sé que, dentro de nuestra cultura, será muy difícil que eso cambie ya que no parece que muchos piensen que las razones son necesarias, no solo para ir a misa, sino para conocerla, tal como se llega a conocer “lo profundo” de la conciencia, del oceáno, de las regiones montañosas y selváticas”.

Aun conociendo que existe, que aventurarse en lo profundo es bello y ofrece sentido, muchos no llegarán nunca a tener ni el primer deseo. A muchos, les bastará con lo que encuentran en por el camino, aunque, probablemente, después de un tiempo perderán la ruta completamente. 

Tengo una experiencia eclesial muy valiosa, según mi forma de entender a la Iglesia ya que, vivo en una comunidad que fue parroquia hasta hace menos de veinte años y que ha tenido párrocos de todo tipo. Además, la región se presta para que congregaciones como los Hermanos de La Salle se haya establecido aquí y también asociaciones como Los Heraldos del Evangelio.

En esta región, también, fue establecida la UCatólica a la que fui a estudiar una carrera corta de teología motivada por el padre Guido, uno de los párrocos. .

Allí fue mi encuentro con la Liturgia.

Le debo mucho al profesor padre Manuel Rojas y también a Benedicto XVI. De ambos comprendí lo valiosa que es la Liturgia.

Por su influencia, sucedió que, con algunos jóvenes y adultos, buscamos que fuera también celebrada de misa de antes, tal como promovía Summorum Pontificum.

La forma extraordinaria del rito latino fue celebrada durante algunos años hasta que nuestros obispos, unánimemente, establecieron prohibición para ese misal y el de Pablo VI.  

Al día de hoy, con estudios y mayor experiencia, finalmente acepté de Dios que la situación con la misa de antes haya sucedido así.

Me parece, que así como fue, todo salió bien ya que, de todas formas, contrario a los argumentos presentados, nunca existió apego hacia forma del rito, como no existe hacia el rito actual o, como tampoo tendríamos hacia el rito hispano-mozárabe o maronita, si los tuviéramos disponibles.

Nunca le encontré sentido al apego a los ritos, como si la santidad de uno fuera superior al otro. Ese agego es desordenado y no debería de existir, pero existe y es muy fuerte, al punto que produce bandos y conflictos. 

La lectura que hago de dicha conducta es que, como ya dije, existe un apego desordenado sin que siquiera se haya llegado a la Liturgia profunda, 

Esa es la Liturgia que casi todos desconocemos, tanto como desconocemos a Cristo.

Actualmente, la Liturgia, para la mayoría, ha llegado a ser un aspecto de la vida de fe que, poco o nada, tiene que ver con lo que la describió el Concilio Vaticano II  “centro y culmen de la vida de la Iglesia”; dicho a mi manera, la Liturgia es “la misma alma de Cristo en cuyas llagas el Espíritu Santo nos esconde para llevarnos ante el Padre, en el Hijo, como ofrenda (perfecta)".

Porque eso, e infinitamente más, es la Liturgia.  

En mi país, bendito sea Dios, la Liturgia profunda se puede vivir en el Santuario Nacional Catedral Metropolitana cuyo Cabildo está formado por varios ancianos y sabios sacerdotes muy amados. Uno de ellos, el padre Munguía. De ellos, Dios buenos, nos deja nutrir el alma.

Ahora bien, he conocido algunos, muy pocos sacerdotes a los que la Liturgia transforma; pasan de ser los animadores parroquiales a verdaderos “padre Pío” celebrando misa; pero esa transformación casi nadie la nota. Habría que conocer bastante al padre Pío para notarlo.

También he conocido algunos que les gusta la Liturgia, conocen y aman pero dejan ver que su principal inclinación es por la forma.

Andar por la superfice, ya lo dijimos, no facilita las cosas al Santo Espíritu de Dios para que, los queridos hijos, lleguemos por su mano a las honduras del alma a conocer a Jesús que allí espera. Porque si, para llegar a Jesús que espera, deben darse ciertas condiciones; tal como un alma en estado de gracia, voluntad, libertad, sinceridad, piedad, compunción, humildad, entre otros; sobre todo en el celebrante pero, igualmente, en la asamblea.

Pero en muchos lugares los presbíteros ni siquiera hablan de pecado, ni siquiera ofrecen la confesión y si la ofrecen es por cita; entonces, digo yo, cómo empezar siquiera a tener almas en estado de gracia para que inicien y recorran el camino hacia la “Liturgia profunda”?

Lo digo con mucha seriedad, es tan dramático ver en los presbíteros el desinterés por las almas en pecado que lo sentimientos son fuertes y a veces difíciles de sobrellevar, si no es por gracia.

Concedo que quizá en otros muchos lugares no es así, quizá es de ese modo solo es en mi parroquia.

Ni les digo la de generaciones y generaciones que en más de 40 años he visto perder aquí la fe.  Y también he visto, es la verdad, como –a pesar- de la mala administración de las cosas de Dios, tengo vecinos a los que el Señor no abandona. 

Dios es bendito, y nunca, nunca abandona.

Quién, jamás, hubiera esperado que, de amar así como amo a Cristo en la Liturgia, lo que amarlo me ha hecho sufrir pero también más amarlo, iba el Señor, Dios bueno, a dejarme llegar al cielo todos los domingos para, al final, devolverme a la casa a almorzar? Quién, por más fe que tuviera, lo habría imaginado?

Eso es lo que ha hecho el Señor conmigo. Me deja llegar a misa de 9:30am, prepararme media hora, sin ruido, con devoción, confesarme si hace falta. Cantar el Kyrie y demás oraciones de la misa de Angelis para llegar a esa parte en que, delante de mis ojos, baja de lo alto para posarse en mi alma como en la patena sobre sobre el altar. Escuchar su Palabra, las advertencias e instrucciones que cualquiera necesita para dejar a Dios hacer de la propia, una vida santa, llena de caridad y perdón, por todo y todos.

La Iglesia enseña que la Liturgia parroquial o cualquiera debe ser imagen de la Liturgia celestial, entre más cercana lo sea, tendrá el alma mayor deseo de santidad que buscará nutrir  con el don de Dios cada domingo. Qué otro modo necesitan presbíteros y obispos para asegurarse de estar cumpliendo su misión? Por qué han dejado de hacerlo? Perdieron la fe?

Yo sé que esto que hace el Señor conmigo no es común pero no por eso me engallo sino que más bien vivo contenta y agradezco ya que, lo mismo hace por aquél montón de padres y madres con sus hijos, jóvenes y ancianos que llegan al cielo conmigo cada domingo (aquí y en cualquier parte del mundo).

Obispos y presbíteros amados, los hijos de Dios necesitamos que nos hablen de pecado, que nos ofrezcan la oportunidad de reconocer las culpas, arrepentirnos y enmendar, que el efecto nos sirva como alimento básico para nutrir el alma que lleva de Dios su impronta divina.

 

3 comentarios

  
Maricruz Tasies
A LOS COMENTARISTAS
Les ruego que dejen comentarios breves, no iguales o más largos que mi publicación. Ni tampoco dejen nada que socave la autoridad de Cristo en su Iglesia.
Hagan lo propio para que sus comentarios permanezcan.
Gracias.
25/01/26 1:47 PM
  
JLuis
Muy bonitos párrafos de este artículo. Se nota que están escritos tras pasar el umbral hacia la Gracia de Dios, nuestro Señor Jesucristo. Gracias.
25/01/26 4:06 PM
  
Vladimir
Una cosa que es necesarísima, y que se hecha de menos en muchos clérigos, es brindar FORMACION Y CORRECCION a los fieles.
Se pronuncian bellas homilías, muy eruditas a veces, que hablan del amor en general y de nuestro futuro en la Vida Eterna, pero raras veces se forma y corrige a la gente, en asuntos puntuales, específicos, actuales y presenciales.
Cuándo se habla, por ejemplo:
- de que en la Misa no hay recreos (como el momento de recoger las ofrendas), y que, por tanto, no está permitido, en ella, hablar con el de al lado o ver los últimos mensajes del celular.
- de que antes de la Misa, uno se prepara para ella en silencio y recogimiento y no en charanga, como quien espera una película o un partido de fútbol.
- de que el Templo no es un espacio ordinario, y que en él hay que observar todo un especial comportamiento, que implica, entre otras cosas, evitar tertulias y ropas indecorosas.
- de que tener vida íntima con la pareja, sin mediar la celebración del Matrimonio Sacramental, es pecado gravísimo.
- de que el vocabulario obsceno o de doble sentido es impropio de un cristiano, en cualquier lugar y circunstancia.
- etc., etc., etc.
27/01/26 11:06 PM

Dejar un comentario



No se aceptan los comentarios ajenos al tema, sin sentido, repetidos o que contengan publicidad o spam. Tampoco comentarios insultantes, blasfemos o que inciten a la violencia, discriminación o a cualesquiera otros actos contrarios a la legislación española, así como aquéllos que contengan ataques o insultos a los otros comentaristas, a los bloggers o al Director.

Los comentarios no reflejan la opinión de InfoCatólica, sino la de los comentaristas. InfoCatólica se reserva el derecho a eliminar los comentarios que considere que no se ajusten a estas normas.