Perdón por la insistencia, pero... ahora es el escudo de Benedicto XVI
Fiducia supplicans me temo que está suponiendo un impensado punto de inflexión en el pontificado de Francisco. Pienso que estaban convencidos o que alguien estaba convenciendo al sucesor de Pedro de que, con una Iglesia que parecía anestesiada ante tantas cosas ya vividas en estos últimos años y encima en vísperas de Navidad, las repercusiones de la Fiducia serían muy previsibles: Müller, Sarah, Burke, Aguer, Strickland, alguna web y ya.
La sorpresa, agradable o muy desagradable, según, es que los católicos, muchos católicos, estaban cansados de ambigüedades y de tanto “motu proprio”, que la hartura estaba ganado demasiados puntos y que la cosa se iba poniendo muy calentita. Ya se sabe cómo son estas cosas. Un día llega la gota que colma el vaso y todo se desborda.

No es nada sencillo, pero a base de esfuerzo ya ven que se ha conseguido que una simple declaración desde Doctrina de la Fe se haya convertido en noticia de primera en medios periodísticos generalistas y toda una bomba en el seno de la Iglesia.
Uno puede discutir, discrepar, pelear, debatir… lo que sea. Cada cual tenemos nuestras ideas que, equivocadas o no, son nuestras y punto final. Lo que a un servidor le molesta no son las discrepancias, sino la sensación de que alguien te está tomando el pelo. Esta sensación, por partida doble, la tengo en este momento.
Desde que el pasado martes se hizo pública por el Dicasterio para la Doctrina de la fe la declaración





