La señora Rafaela y los derechos humanos en la Iglesia
Me contaba la señora Rafaela que hace unos días la invitaron a una reunión de un grupo católico en Madrid. Ella, que estaba en la capi en casa de su hermana porque andaba de médicos, aceptó sin mayores complicaciones.
Al grupo le tocaban quejas. Se lamentaban de la situación de la iglesia. Hablaban de teólogos censurados, de falta de libertad de expresión, de censura, de que no se respetan los derechos humanos en la Iglesia.
Ellos, que ya sabían de qué pie cojeaba la señora Rafaela, la iban mirando de reojo. Y ella calladita. Hasta que comenzó a hablar. Y más o menos en este tenor:
Tenéis razón. En la iglesia no se respetan los derechos humanos, especialmente los derechos de los débiles. Os voy aponer algunos ejemplos.

Ya voy comprendiendo la técnica para hacer que la doctrina vaya coincidiendo exactamente con lo que uno piensa.
Soy una persona así de extraña. Huyo del ecologismo, los supuestos productos ecológicos, la vuelta a la vida natural y la protección de la mariposa loca.
En España tuvimos una vez un político claro como el agua clara. Se llamaba Pablo Iglesias y nunca ocultó sus intenciones. En el diario de sesiones del congreso de los diputados quedan recogidas algunas de sus perlas: “El partido que yo aquí represento aspira a concluir con los antagonismos sociales,… esta aspiración lleva consigo la supresión de la magistratura, la supresión de la iglesia, la supresión del ejercito… Este partido está en la legalidad mientras la legalidad le permita adquirir lo que necesita; fuera de la legalidad cuando ella no le permita realizar sus aspiraciones“. Es decir, el fin justifica absolutamente todos los medios.





