Los serranos tienen su corazoncito. Gracias, Piñuécar
Nueve años. Estoy escribiendo este post casi a carreras antes de cerrar el ordenador y terminar de recoger las últimas cosas. Se abre el momento de una nueva etapa ahora como vicario parroquial de Miraflores.
Esta semana última ha venido cargada de afecto y emociones. Los serranos somos poco dados a los besos y achuchones. Nuestra expresividad está a la altura de cualquier piedra berroqueña del entorno. Tenemos nuestro corazoncito, pero debe ser cosa de educación, costumbre o un ADN peculiar lo que nos lleva a quedarnos con todo muy adentro. Por eso encontrarme en estos días de despedidas con tanta gente que ha acudido y la novedad de las emociones, las lagrimitas, aplausos y regalos y detalles que salen del corazón, pues uno, tambien duro y forjado entre peñascos, acaba con un nudo en la boca del estómago que al final revienta en lágrimas.






