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18.09.26

El nieto de la Blasa

Vengo ahora de celebrar la misa en la residencia de mayores de Miraflores. No será la única misa del día. Esta tarde voy a celebrar en Bustarviejo, ya que el párroco titular está ausente.

Para mí no es una residencia más. A muchos los conozco desde niño y ellos me conocen a mí. Al menos, algunos. En los pueblos, los mayores, para identificar al niño hacen siempre la misma pregunta:

-            ¿Y tú de quién eres?

-            Soy hijo de Alicia y José

Una anciana, rápido aclara las cosas:

-            Un nieto de la Blasa… el chico de la Alicia y de José de Cayetano.

La Blasa, mi abuela, falleció hace más de cincuenta años. Pero para estos ancianos es la referencia…

A lo que vamos.

Encomiable labor la que se hace en las residencias de mayores. Aquí, como en todo, se hace necesario superar la permanente disculpa de que si merece la pena. Ya saben, para algunos, sean sacerdotes o laicos, hay cosas que no tienen sentido: decir misa para uno o dos, o sin pueblo, atender a unos ancianos que están como están… Nos parece que hay cosas mucho más urgentes. Y el caso es que nos encanta hablar de los últimos.

Claro que se aprenden cosas en la residencia. Muchas. Quizá la primera la alegría con que te reciben. En medio de la monotonía diaria, toda sorpresa es muy bienvenida. Tanto que ya me han dicho que, además de las misas (vamos un día por semana), podíamos acercarnos alguna vez más, dar una charla.

En la residencia, como en cualquier catedral, parroquia o el último oratorio, Cristo se hace presente en la Eucaristía. El mismo Cristo, hecho alimento para fortalecer la vida, la fe y la esperanza, es alimento para los hermanos mayores que, precisamente por su debilidad, lo necesitan más que nadie.

Uno aprende también a mirar a los ojos el inexorable transcurrir del tiempo. A muchos de estos ancianos los conocí en la plenitud de la vida. Nuestras vidas son los ríos…

Misas sencillas y entrañables, misas llenas de fe. Con un detalle que es más que un detalle. Los mayores están sentados en sus sillas prácticamente todos y toda la celebración. Eso sí, en el momento de la comunión, hacen el gran esfuerzo de levantarse de la silla… Un gesto que dice todo.

-            ¿Vendrá el próximo viernes?

-            Pues ya veremos si un servidor o si vendrá D. Antonio

-            No, si a nosotros nos da igual

-            Van a tener, en vez de un cura, dos.

-            Ustedes cuando puedan…

Bendito sea Dios.