Ceuta. Lo que pasa es que pobres hay muchos
Eso decía en mis tiempos de joven religioso el buenazo de Ananías. Con su aparente cortedad lo que ponía de manifiesto es que no podemos andar con afirmaciones rotundas ni tomas de posición demasiado radicales.
Lo de Ceuta es un dramón que cada cual es libre de estudiar, enjuiciar y valorar. Solo faltaba que también en esto tengamos que someternos al discurso del gobierno, especialista en exigirnos una visión única del pasado -memoria histórica-, un relato único de la actualidad y unas previsiones de futuro más cambiantes que los precios en Venezuela.
No pasa nada, al contrario, por escuchar a todas las voces. Voces que hablan de invasión, que es su manera de entenderlo y tienen derecho a la libertad de expresión, otras voces que todo lo resumen en desastre humanitario y maldad insolidaria del primer mundo, y que tambièn pueden decirlo, todos somos libres.
Es un gran drama encontrar hoy pululando por las calles de Ceuta a miles y miles de personas sin documentación, sin recursos y necesitados de absolutamente todo. Los más necesitados, ante los cuales es necesario volcarse con todas nuestras posibilidades. Son pobres llegados del tercer mundo, sin nada, y cuya situación obliga a una respuesta humanitaria.
Pero pobres hay muchos, que diría Ananías. También los ceutíes, los caballas, que llevan un mes con su vida truncada. Pobres son los que no pueden salir de casa ni disfrutar de un ocio justo, los que se han visto privados de sus fiestas patronales, los que tienen cerrados sus negocios hace semanas, los ancianos que no puden pasear, los niños sin posibilidad de acudir al parque o a la playa, los que no pueden salir de casa por la inseguridad, las niñas violadas, los niños que no saben si podrán empezar el curso escolar con normalidad.
En el puerto de Arguineguín, hace semanas, el papa León nos dejó palabras hemosas:
“La dignidad humana exige vías legales y seguras, rescate y asistencia, cooperación real contra los traficantes, protección efectiva a las víctimas, procesos serios de acogida e integración, y políticas que permitan a cada persona vivir con dignidad en su propia tierra. Si bien existe un derecho a buscar refugio cuando la vida es amenazada, también existe el derecho a no tener que migrar: el derecho a permanecer en la propia casa sin hambre, sin guerra, sin persecución, sin violencia, sin que la tierra se vuelva inhabitable, sin que la corrupción robe el pan de los pobres, sin que las armas destruyan el futuro de los niños".
Podría quedarme con alguna frase, por ejemplo, la necesidad de procesos serios de acogida e integración. ¿Es serio lo que se está viviendo en Ceuta?
Anda que no hemos hablado veces en la Iglesia de la opción por los últimos. También últimos hay muchos. Lo son los que han llegado en masa a Ceuta, empobrecidos y enviados si no animados por Marruecos -tengo libertad para decir lo que pienso- y lo son los miles de ceutíes que han perdido la libertad y temen su futuro a corto plazo.
Cuando hoy miles de personas se echen a la calle en solidaridad con Ceuta, lo que piden no es otra cosa que poder viviv en paz, en esa solidaridad y convivencia de religiones que ha sido su bandera. Y se le pide al gobierno, porque es su responsabilidad: tienen que garantizar la soberanía española, las fronteras, la dignidad de los que llegan de cualquier forma, y la dignidad de los ceutíes que llevan un mes encarcelados en su propia ciudad.
Yo hoy pienso en ellos. Hoy son pobres. Muy pobres.






