Ganas de soltar las llaves de la parroquia y hacerte camaldulense
Quizá no tenga el mejor día, pero los que me leen supongo que desean conocer el día a día real de un sacerdote y no solo un cuento de hadas con final feliz y luces de colores.
Soy feliz como sacerdote, todo lo feliz que humanamente uno puede ser, y me siento dichoso de haber sido llamado por el Señor para este ministerio. Creo que ser sacerdote es una gracia especial, un regalo extraordinario y no pudo hacer otra cosa que dar gracias a Dios por ello, y hacerlo ejerciendo el ministerio para bien de los fieles y tratando de vivir conforme a la vocación recibida.

Mal negocio como alguien te encargue una misa o pida una celebración y añada un “nosotros nos encargamos de preparar la misa”. Date por eso.
Alguna vez lo he dicho y me temo que sea necesario abundar en la idea. Ser caritativo y bueno es una gracia de Dios. Ser buenista, la octava plaga de Egipto. Y bien, ¿cuál es la diferencia? La diferencia, para un servidor, está en la práctica de TODAS las obras de misericordia o solo las corporales. Es facilito.