No es tan complicado
La pastoral parroquial no es tan complicada. Mi idea fundamental de par qué estoy en una parroquia y cómo estar es muy simple. Creo que la gran misión del sacerdote es que sus fieles puedan vivir en este mundo con dignidad material y moral y lleguen después a la vida eterna.
A partir de ahí la vida pastoral es bastante sencilla.
Lo primero que necesita una parroquia es estar abierta. Hoy tenemos un ritmo de vida que no nos queda tiempo ni para estar en nuestro sitio. No me digan por qué pero mientras las empresas acuden cada vez más al teletrabajo y a las videoconferencias nosotros no hemos superado el frenesí de los setenta entre reuniones, consejos, observatorios, puestas en común, plataformas y coordinadoras para conseguir dos objetivos: vernos, porque siempre es bueno que nos veamos, y contar lo que hacemos. A veces se añade un experto ponente, más teórico que del día a día, y preferiblemente de alguna institución comatosa.

Me maravillan esas personas que hacen gala de un equilibrio y una estabilidad a prueba de bombas, dicasterios, información politica y cansancio personal. Las hay que, efectivamente, mantienen impasible el ademán pase lo que pase. Quizá es que han sido educadas en el más puro estoicismo, en la impasibilidad absoluta. Luego están los que se sienten afectados por las cosas pero se lo tragan y disimulan, tal vez por aparentar una fortaleza de la que realmente carecen y vivir de una imagen que tape o al menos disimule la fragilidad de cada cual.
Hace unos días saltó a todos los medios que el cura de Basardillo y Torrecaballeros, siguiendo las normas de la Iglesia, había negado la comunión a una pareja gay conviviente.





