23.04.21

Lo que más le gusta a un progresista es prohibir

Hagan el esfuerzo de comprobarlo. No hay nada que más guste a la izquierda autoproclamada progresista, y me da igual por lo civil o por lo eclesiástico, que prohibir. Tienen auténtico terror a la libertad a la vez que acusan de liberticidas al resto.

Me van a permitir tres cosas. Una de siempre y dos de hace nada y menos.

La de siempre. ¿Se han fijado la manía que tienen todos los progres amantes de la libertad de cargarse los reclinatorios de los bancos de sus parroquias o de imponer la comunión en la mano? Para cualquiera que de verdad entienda y defienda la libertad, no hay nada más libre que un reclinatorio en la iglesia. Al que se quiere quedar de pie en la consagración, por ejemplo, a pesar de que lo mandado es arrodillarse salvo dificultad física, o no puede arrodillarse, un reclinatorio no le estorba. Sin embargo, al que desea arrodillarse cumpliendo las normas, se le facilita el poder hacerlo.

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21.04.21

Entre la sinodalidad y la transparencia

Me contaban que llegó un nuevo gerente a la empresa Tal. Primera reunión con los empleados y quiso comenzar haciendo un llamamiento a la sinceridad, la confianza y la transparencia: “aquí lo importante es que todos podamos opinar con libertad, expresarnos con total confianza y que no haya secretos entre nosotros”. Uno de aquellos empleados, por lo bajinis, dijo al de al lado: “nunca te fíes de quien viene pidiendo confianza”. Debe ser eso de dime de qué presumes.

Vivimos, nos dicen, en una Iglesia que es de todos, y en la que la transparencia debe ser una de sus notas fundamentales. Es decir, que de transparente nada. Y vivimos, otro de los mantras de hoy, en una Iglesia donde prima la sinodalidad. Me temo que más de lo mismo.

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19.04.21

Liturgia. Puntualidad también al revés

Comienzo diciendo que servidor de liturgia lo justo, y que si quieren de verdad conocer en serio la liturgia de la Iglesia lo que tienen que hacer es acudir al vecino blog de D. Javier Sánchez, que ese sí que sabe.

La puntualidad es cosa de agradecer en cualquier ámbito de la vida. Es disciplina, es educación, es saber estar y es, muy especialmente, una muestra de respeto y consideración hacia los demás. Por eso me parece fundamental, es lo mínimo, comenzar las celebraciones con puntualidad exquisita. Que de forma caprichosa el señor cura se permita empezar siempre tarde es simple y llanamente desprecio a los fieles, que aquí mucho bla, bla, bla con que Iglesia somos todos y que los fieles son mayores de edad y luego resulta que la misa de doce es a las doce y diez, doce y cuarto, porque sí y de manera habitual. 

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16.04.21

Mecachis en el consenso

Hay palabras que se convierten en mantras. Es como si alguien de repente hubiese regalado sobres con media docena de ellas y pobre de ti si no las utilizas a diestro y, sobre todo, siniestro. Por ejemplo, consenso, diálogo, crispación, entendimiento, unión, fraternidad, comunión. Da igual políticos que eclesiásticos. Todos con el mismo sobre en la mano y en el cerebro.

Creo que apostar sin más por el consenso y el entendimiento no es más que dejación de funciones, cobardía y ganas de no complicarnos la vida.

Nosotros, los católicos, no estamos para llevarnos bien, tender puentes de diálogo como sea, suavizar conflictos o evitar confrontaciones. El que así piense hace tiempo que no ha repasado las Escrituras, aunque solo sea el evangelio, que si algo recuerda constantemente es que la Verdad supone conflicto, lucha, rupturas incluso familiares y la persecución hasta el martirio.

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13.04.21

Váyanse todos a hacer puñetas, o al menos algunos

Un cachondeo. Con todas las letras.

Aquí hemos llegado a un momento en que aquí vale casi todo mientras sea con escoración a la progresía. Lo último, la movida con la nota de la Congregación de la doctrina de la fe aclarando que no es posible la bendición de parejas del mismo sexo: “no es lícito impartir una bendición a relaciones, o a parejas incluso estables, que implican una praxis sexual fuera del matrimonio (es decir, fuera de la unión indisoluble de un hombre y una mujer abierta, por sí misma, a la transmisión de la vida), como es el caso de las uniones entre personas del mismo sexo”.

Antes se decía eso de que “Roma locuta, causa finita”. Es decir, que la cosa está clara y se acabó la discusión. Eso era antes. Y el que se movía no salía en la foto y además se jugaba los cuartos, porque le podía caer una sanción que supondría la pérdida del oficio eclesiástico.

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