Consagración al Corazón de la Santísima Trinidad en la Basílica de la Gran Promesa de Valladolid

Un devoto sacerdote ha querido que sus feligreses completasen el año académico con una consagración muy particular. Todos estaban consagrados a la Virgen María, al Sagrado Corazón de Jesús, a su Preciosísima Sangre, a San Miguel, a Santiago…y otras consagraciones, pero esta vez les propuso algo diferente y muy conveniente, consagrarse al corazón de la Santísima Trinidad. El marco era muy simbólico, la Basílica de la Gran Promesa de Valladolid, en la que el Sagrado Corazón de Jesús mostró al Padre Hoyos su predilección por nuestra patria. “Reinaré en España y con mayor veneración que en otras partes".
En total se consagraron más de 100 personas, venidas de diferentes puntos de España.
Se empezó la preparación el día de Pentecostés, realizándose la consagración el 27 de junio, finalizando el Mes del Sagrado Corazón y día de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro. Todo se fue alineando para que se pudiera cumplir una voluntad inspirada por el Cielo. Providencialmente estaba libre ese día la Basílica de la Gran Promesa de Valladolid, algo que no suele ser habitual.
La consagración se fue preparando durante 33 días, siguiendo a San Luis María Griñón de Montfort y el libro María, arca de salvación, enseñanzas releladas a Agustín del Divino Corazón. La Virgen María mantiene unas conversaciones muy profundas con esta alma y le va orientando para que abra su corazón a recibir el Espíritu de la Santísima Trinidad, que emana de su mismo corazón, donde precisamente habita la Virgen María. La consagración mariana tiene como fin último vivir plenamente para la Santísima Trinidad.
La consagración del pasado sábado fue una experiencia única para todos los que estuvimos allí. Nos enseñó a volver los ojos a Dios y a obedecer a la voluntad de Dios Padre. Todo el que consiga, a través de María, entrar en el corazón de la Santísima Trinidad, será capaz de reflejar la inmensa luz que emana ese corazón y siendo reflejo de la Santísima Trinidad, se hará mucho más grande y verá la eternidad mucho más de cerca. Es algo impresionante.
Les dejo con la fórmula de la consagración:
Consagración al Corazón de La Santísima Trinidad
Oh Corazón de La Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, misterio infinito de amor, océano insondable de luz y de vida, morada de Nuestra Madre en el Cielo. Postrado en espíritu ante vuestra Majestad divina, creo, adoro, espero y os amo, reconociendo vuestra presencia amorosa en lo más íntimo de mi alma y os bendigo por todos los dones, gracias y misericordias que habéis derramado sobre mí desde toda la eternidad.
Padre Eterno, principio sin principio, fuente de todo bien y origen de cuanto existe, me entrego enteramente a Vos. Os consagro mi vida, mi familia, mis trabajos, mis alegrías y sufrimientos. Recibidme como hijo vuestro y haced que viva siempre bajo la sombra de vuestra Providencia y en la obediencia perfecta a vuestra santa voluntad. Verbo Eterno del Padre, Jesucristo, Señor y Redentor mío, me abandono completamente a vuestro Corazón. Os consagro mi mente para que piense según vuestra verdad; mi corazón para que ame según vuestra caridad; y mi voluntad para que se conforme plenamente a vuestros designios. Haced que toda mi vida sea una respuesta fiel a vuestro amor redentor y una ofrenda agradable al Padre. Espíritu Santo, Amor subsistente del Padre y del Hijo, dulce huésped del alma, fuego divino y santificador, os consagro todas las potencias de mi ser. Purificad mis pensamientos, iluminad mi inteligencia, fortaleced mi voluntad y consumid en vuestra llama santa todo aquello que me aparte de Dios. Transformadme en templo vivo de vuestra presencia y haced fructificar en mí vuestros dones y virtudes.
Corazón de La Divina Trinidad, un solo Dios en tres Personas, y habitáculo del Inmaculado Corazón de María, os ofrezco y consagro mi alma, mi cuerpo, mis sentidos, mi memoria, mi entendimiento y mi voluntad; mis palabras, acciones y omisiones; mi pasado, mi presente y mi futuro. Tomad posesión plena de todo cuanto soy y de todo cuanto tengo. Que ya no viva para mí mismo, sino para vuestra gloria. Que cada latido de mi corazón sea un acto de adoración al Padre, de unión con la Madre y el Hijo y de docilidad al Espíritu Santo. Que mi vida entera se convierta en una alabanza perpetua a vuestro amor trinitario, hasta el día en que pueda contemplaros cara a cara y perderme para siempre en el abrazo eterno de vuestra infinita misericordia.
A Vos, Padre, Hijo y Espíritu Santo, junto a vuestra Hija, Madre y Esposa, honor, gloria, adoración y alabanza por los siglos de los siglos.
Valladolid 27 de junio de 2026
Basílica de la Gran Promesa
Por Javier Navascués
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