Balcarce: “Las ideologías nacen del naturalismo, del cerrarse a la trascendencia y al don de Dios”

Ignacio Balcarce es un filósofo argentino, escribe para diferentes blogs y portales. Desarrolla actividades como analista político, crítico literario, docente y asesor independiente. Sobrevive en una Argentina en llamas. Su tristeza es no ser santo.
Habla del curso del Instituto Elevan para jóvenes ¿Quién gobierna tus ideas?… El impartirá unas clases sobre la revolución de las ideologías frente a la verdad católica.
¿Por qué un curso para jóvenes preguntándoles quién gobierna sus ideas?
Instituto Elevan está desarrollando un curso de liderazgo político y doctrina social de la Iglesia para jóvenes. Dentro de ese mismo curso se imparten algunas clases abiertas para todos aquellos que estén interesados en comprender más nuestro mundo caótico. El curso está programado en diferentes módulos que apuntan a una formación integral con excelentes profesionales de distintas áreas y disciplinas. En ese contexto me ha tocado la responsabilidad de dictar una serie de cuatro clases -que serán transmitidas de modo virtual- dedicadas a pensar el complejo universo de las ideologías.
Al bucear en esos sinuosos laberintos queremos identificar la procedencia del pensar ideológico, eso conduce a tratar con causas de distinto orden, donde se entrecruzan lo teológico y lo antropológico con cuestiones más visibles, como son las disputas geopolíticas que hoy sacuden el sistema internacional. A su vez la reconfiguración mundial a la que hoy asistimos tiene sus aspectos menos visibles, más subterráneos. Dentro de lo que hoy llaman “guerra híbrida” las ideologías son un arma indispensable. Pero todo esto debe ser ordenado, estableciendo las relaciones adecuadas para poder entender en qué mundo vivimos, quiénes gobiernan, qué propósitos tienen, qué podemos hacer nosotros, etc.
El joven precisamente tiende a pensar que elige libremente su forma de vida, pero es esclavo de las modas imperantes…
Hacer buen uso de la libertad implica conocer la verdad. Si la inteligencia se encuentra empañada por narrativas ideológicas la libertad se restringe y las posibilidades de decisión quedan viciadas en su raíz. El curso intenta transmitir hábitos de pensamiento riguroso para que los jóvenes aprendiendo a pensar con complejidad sean realmente libres y tomen sus decisiones desde una comprensión honesta de la realidad. Las ideologías seducen por simplificar, señalar responsables externos y ofrecer falsas soluciones que nos pueden resultar cómodas. Manipulan la insatisfacción y el descontento social.
Al inducir confusión, división y desarraigo en las sociedades nuestros jóvenes pierden las referencias objetivas y quedan entregados a las modas, a la corrección política, a la pseudocultura que predomina en los medios de comunicación. Las ideologías son nocivas porque socavando el orden social deshacen las estructuras que contienen, otorgan sentido y brindan pertenencia. En escenarios ideologizados como son las sociedades occidentales actuales los jóvenes son muy vulnerables a la manipulación, incluso cuando creen expresar su libertad. La dominación se puede volver muy sutil y otras veces muy grotesca.
¿Por qué se trata de la revolución de las ideologías frente a la verdad católica?
Hablar de verdad católica no es una redundancia innecesaria. La verdad es una sola pero he querido remarcar que la verdad se conoce por el esfuerzo de la razón natural que se complementa en la aceptación del don de Dios, la Revelación. De modo que tenemos una visión muy completa de lo que somos y cómo debemos vivir según el designio de Dios. Esto ha sido explicado en la constitución dogmática Dei Filius del Concilio Vaticano I.
Las ideologías por su parte nacen del naturalismo. Es decir, de la opción de cerrarse a la trascendencia y al don sobrenatural de Dios. El proceso para explicar al hombre desde la inmanencia de la historia y organizar la vida social sin su fundamento trascendente es lo que llamamos la Revolución. Las ideologías como construcciones teóricas, con sus respectivos sistemas político-institucionales, son las ficciones que la Revolución ofrece para destruir la Cristiandad y levantar la ciudad laica. A lo largo del curso intentaremos rastrear ese itinerario revolucionario.
¿Por qué toda ideología es una falsa filosofía?
Marx -que era un ideólogo- utilizó el concepto de ideología para referirse a la conciencia alienada como fase de incomprensión de la realidad por parte de un sector oprimido en el devenir histórico. Las ciencias sociales recuperan el concepto para designar un sistema de ideas cerrado, más o menos sesgado. Desde el pensamiento cristiano la ideología se contrapone al realismo filosófico. Las ideologías son diseños mentales construidos en orden a una transformación social. Es el propósito de la praxis lo que sostiene el sistema de ideas, que opera como un paquete de tópicos preestablecidos que se deben difundir y ganar adhesiones para concretar el proyecto.
No guardan interés alguno por la verdad. Por supuesto que los ideólogos usurpan el prestigio de la filosofía y pretenden pasar por filósofos. Los iluministas franceses ya se hacían llamar les philosophes cuando no cumplían ninguno de los requisitos mínimos para hacer filosofía. Hay que ser claros y distinguir auténtica filosofía de las ideologías. Son cosas distintas. Otra clave de las ideologías es la absolutización de aspectos parciales de la realidad. Por eso muchos intelectuales las han reconocido como sustitutas de la religión o mismas religiones seculares.
¿Cómo el magisterio de la Iglesia ha ido condenando todas las ideologías?
El magisterio de la Iglesia debe ser nuestra brújula para esclarecer tan espinoso asunto porque desde allí se han desenmascarado las ideologías en sus principios, en sus bases mismas. El magisterio no va a lo accesorio, no se trata de rivalizar en eficiencia económica, de mayor participación política, más libertad o mayor igualdad. El problema yace en los presupuestos desde donde parten, a saber: naturalismo, racionalismo e inmanentismo. Errores que afectando la relación del hombre con Dios producen el desorden social, familiar y personal.
Esto está expuesto en los grandes documentos eclesiásticos, desde Mirari vos y el Syllabus a la Libertas, Inmortale Dei, Quod Apostolici Muneri, Rerum Novarum o Divini Redemptoris, por citar solo algunos.Son documentos donde encontramos las condenas al liberalismo, el socialismo, el comunismo, etc. También tenemos la caracterización y condena de la masonería, el nazismo y el fascismo. La Iglesia celosa de la verdad y protectora de toda la humanidad ha sabido advertirnos de estas amenazas con maternal sabiduría. Desde esos mismos ejes podemos desmontar las ideologías más vigentes y de moda. Sobre eso trabajaremos.
¿Cuál es la doctrina que propone la Iglesia frente a las ideologías?
Hay que empezar por afirmar la potencia cognitiva del ser humano. Recuperar un sentido amplio de razón -no la razón utilitaria de los iluministas ni el irracionalismo romántico y posmoderno- y demostrar cómo la razón se complementa con la fe para conocer a Dios en su revelación y en su religión verdadera. La Iglesia resguarda una verdad perenne a la que todo corazón humilde puede acceder. La Iglesia propone una verdad redentora que es universal, llamada a recaer sobre toda cultura y que se asume por gracia y por su coherencia lógica e histórica. Cristo a través de su Iglesia ha dejado todos los medios para que creyendo tengamos vida eterna en Él.
Es una verdad sólida, es una certeza, tenemos todo para creer y responder positivamente al Dios que se ha comunicado con los hombres. Occidente lo comprendió y forjó la Cristiandad, un régimen sociopolítico asentado en los principios del Evangelio. Cristo es Rey y debe reinar en todos los ámbitos, y eso es provechoso para todos. Los no creyentes no corren ningún riesgo en una sociedad católica. Pero por otro ramal tenemos las ideologías que son mitos inconsistentes, sistemas contradictorios, mecanismos para evadir la realidad. Decía el Cardenal Pie que cuando Dios no gobierna con los beneficios de su presencia, termina gobernando con las calamidades inseparables de su ausencia. En eso estamos.
¿Por qué la verdad que propone la Iglesia nunca pasa de moda?
Porque es una verdad que interpela lo más profundo del ser humano. Fuimos hechos para Dios, fuimos hechos para la verdad. Todo hombre, en todo tiempo y en todo lugar necesita de Dios. El deseo de felicidad y plenitud exigen ese encuentro. Pero no se trata de una búsqueda de vago bienestar personal, es la realidad misma, en su estructura más profunda, la que nos demanda a través de nuestra naturaleza buscar la verdad que nos explica y satisface. Esa es la predicación de la Iglesia. Dios es la verdad, se ha dado a conocer y todo hombre debe darle su respuesta. Su palabra no muda. Sus promesas son irrevocables. Su misericordia nos espera.
¿En qué medida la Iglesia se adapta a los tiempos sin rebajar la doctrina?
El curso empezará con algunas reflexiones de teología de la historia sobre una ideología que llamo la “modernidad”. Que no es una edad histórica. Es una corriente cultural predominante y es una categoría historiográfica ideológica que supone que la historia ha entrado en una etapa definitiva, superadora de todas las anteriores. Es un historicismo progresista que le atribuye a cada edad histórica una conciencia propia, un zeitgeist (espíritu de los tiempos). Esta supuesta madurez de la conciencia le exige al hombre replantear todo su hacer con arreglo a la época que le toca vivir. A la modernidad le tocaría asumir la racionalidad científica y despojarse de las supersticiones religiosas. Este esquema absurdo envuelve a todas las ideologías. Si bien la posmodernidad implica un desencanto con esa racionalidad que no produce los frutos esperados mantiene una idea progresista de libertad en su irracionalismo. En oposición a esos modelos, la Iglesia sabe que ni Dios, ni su revelación, ni el hombre, ni la verdad, son mutantes históricos.
Podemos profundizar los conocimientos de la doctrina, pero siempre en un mismo sentido y bajo un mismo respecto. Dios es inagotable, siempre se lo puede conocer más y mejor, pero sobre los cauces dogmáticos de una revelación que ya está concluida y la tradición. Claro que también abordaremos el drama del modernismo teológico. Esto es cuando el dogma es interpretado como representación simbólica de experiencias religiosas humanas y por tanto, ese dogma queda sometido a resignificaciones constantes bajo las nuevas experiencias del hombre actual. En estas temerarias reformulaciones se llega hasta la desdivinización de nuestro Señor Jesucristo y eclesiologías desconcertantes. Lamentablemente, esta desfiguración escandalosa de la doctrina condenada por papas y obispos hoy circula en las más altas esferas de la Curia.
Pero si les interesa la propuesta y quieren ahondar en estos temas no duden en consultar al Instituto Elevan e inscribirse, son ellos los que están detrás de esta loable empresa. Aprovecho para encomendarla a Cristo el Señor de la Historia y a su Madre, María Santísima, Sede de Sabiduría.
Por Javier Navascués
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