Juan Manuel Aznárez cuenta la transformación espiritual que produjo en su vida tener un hijo ciego

Juan Manuel Aznárez Chacón (Toledo) es periodista, especialista en comunicación institucional y director de proyectos editoriales. Estudio Derecho por la Universidad Autónoma de Madrid, muy pronto orientó su vida profesional hacia el periodismo y la comunicación, ámbitos en los que acumula más de tres décadas de experiencia.
A lo largo de su trayectoria ha trabajado en radio, prensa escrita, televisión y medios digitales, desarrollando también labores de comunicación estratégica para instituciones públicas, empresas y organizaciones sociales. Fue responsable de prensa de la Delegación del Gobierno en Castilla-La Mancha y posteriormente director de Comunicación del Partido Popular de Castilla-La Mancha. En la actualidad dirige proyectos editoriales y de comunicación desde GMC Toledo, es director de Comunicación de ASITECO y desarrolla iniciativas de comunicación corporativa a través de Gestión de Medios y Contenidos S.L.
Como reportero independiente ha cubierto acontecimientos políticos y sociales, conflictos internacionales, catástrofes naturales y procesos de cambio en distintos países. Su vinculación con la oposición democrática en el exilio de Guinea Ecuatorial dio lugar al libro A la sombra del Elón, un testimonio periodístico sobre la lucha por la libertad en ese país africano.
Sin embargo, más allá de su trayectoria profesional, Juan Manuel Aznárez se define ante todo como padre y creyente. Padre de dos hijos, la experiencia de acompañar durante cuarenta años a Sergio, nacido con ceguera total y posteriormente diagnosticado con Trastorno del Espectro Autista (TEA), transformó profundamente su manera de entender la vida. El camino recorrido junto a su hijo, el cuidado de su madre y el redescubrimiento de la fe en la parroquia de San Fernando, en Cuenca, le han llevado a descubrir que las lecciones más importantes no siempre se aprenden viajando por el mundo, sino en el silencio del hogar, en una comunidad cristiana y en el amor cotidiano de la familia.
En esta entrevista comparte ese itinerario vital con la esperanza de que su experiencia pueda servir de aliento a otras familias que atraviesan situaciones similares.
¿Cómo reaccionó cuando le dijeron que su hijo había nacido ciego?
Sentí un vértigo difícil de describir. Tenía veintinueve años y, de pronto, el mundo que había imaginado para mi hijo desapareció en un instante. Me quedé completamente desorientado. Hasta entonces, el único ciego que conocía era el vendedor de cupones que veía cada mañana por mi barrio. No sabía absolutamente nada sobre la ceguera. No sabía cómo educar a un niño que nunca vería mi rostro, ni cómo sería su infancia, ni su futuro. Solo sabía que era mi hijo.
Recuerdo aquellos primeros días como una batalla interior. En realidad, comprendí que delante de mí solo había tres caminos. El primero era el de la huida: negar aquella realidad, pensar que alguien más preparado que yo podría hacerse cargo de él. El segundo era aceptarlo como quien acepta una condena, resignándome a vivir una vida marcada por el sacrificio y la tristeza. Pero había un tercer camino, el único que merecía la pena recorrer: querer a mi hijo con todas mis fuerzas, defenderlo, aprender todo lo necesario para darle la mejor vida posible y caminar a su lado, pasara lo que pasara.bEse fue el camino que elegimos su madre y yo.









