La importancia de las deudas en el Padrenuestro

Le Pater Noster – James Tissot

Soy de aquellos a quienes el cambio en el Padrenuestro, cuando de perdonar deudas pasamos a perdonar ofensas, dejó algo perplejo. Y por supuesto que me parece magnífico perdonar ofensas, pero cuando me paro a pensarlo con un poco de atención, me parece que, aunque similares, una ofensa no es lo mismo que una deuda. Y por otro lado, lo cierto es que la oración del Padrenuestro, tal y como la enseñó Jesús a sus discípulos y fue recogida y transmitida, habla de deudas. Creo también que, como norma general, nunca me ha parecido buena idea cambiar las palabras que hemos recibido como directamente pronunciadas por Cristo.

Debo confesar, no obstante, que tampoco le había dado muchas más vueltas al asunto. Hasta que me topé con un librito de Simone Weil precisamente sobre el Padrenuestro; una serie de reflexiones, breves, sobre esta oración que la filósofa francesa aprendió de memoria cuando no tenía fe y que repetía, fascinada, a diario.

Allí, comentando el citado pasaje, Weil dice explícitamente que cuando decimos, al recitar el Padrenuestro, que perdonamos a nuestros deudores, «No se trata solo de la reparación de las ofensas que creemos haber sufrido».

La cuestión es más profunda, señala Weil, y explica que cuando nos decimos dispuestos a perdonar a nuestros deudores, estamos dispuestos a perdonar «todo lo que creemos que se nos debe, y cuya ausencia nos proporcionaría una sensación de frustración. Son todos los derechos que creemos poseer». Las ofensas, sigue, «son solamente casos particulares de una ley universal».

La consecuencia de este perdonar a nuestros deudores, de perdonar no sólo las ofensas, sino aquello que nos deben, aquello que nos merecemos (o que creemos merecer), es enorme: es «cuando se renuncia a todos nuestros derechos, a todos los frutos del pasado, sin excepción», concluye Simone Weil, cuando «podemos pedir a Dios que nuestros pecados pasados no aporten a nuestra alma sus miserables frutos de mal y error».

No sé a ustedes, pero a mí me ha hecho entender con más profundidad la radicalidad que supone perdonar a nuestros deudores como paso previo para pedirle a Dios que nos perdone a su vez nuestras deudas.

 

3 comentarios

  
Federico Ma.
En la versión de S. Lucas se lee "perdona nuestros pecados". Y Sto. Tomás entiende por las "deudas" de la versión de S. Mateo los pecados: "Debemus autem Deo illud quod auferimus de iure suo. Ius autem Dei est ut faciamus voluntatem suam, praeferendo eam voluntati nostrae. Auferimus ergo Deo ius suum, cum praeferimus voluntatem nostram voluntati suae; et hoc est peccatum. Peccata ergo sunt debita nostra. Est ergo consilium spiritus sancti ut petamus a Deo veniam peccatorum; et ideo dicimus: dimitte nobis debita nostra" (In or. dom., a. 5).
06/10/26 1:16 PM
  
Federico Ma.
Y en el mismo lugar Sto. Tomás parece dar por sinónimos "deudas" y "ofensas":

"...ex parte nostra requiritur ut nos dimittamus proximis nostris offensas factas nobis. Unde dicitur: sicut et nos dimittimus debitoribus nostris: aliter Deus non dimitteret nobis".

06/10/26 1:36 PM
  
Sancho
Sospecho que el motivo del extraño cambio es que perdonar las deudas incluye las económicas, como explicó Jesucristo en la parábola del siervo despiadado; igual también por eso se termina ahora la oración diciendo, en lengua vernácula, "líbranos del mal" en vez de "líbranos del maligno"....
06/10/26 1:49 PM

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