(325) Amoris laetitia y el convencionalismo teológico

La tesis que vengo sosteniendo en esta serie de artículos es que el personalismo político, filosófico y teológico (la Nueva Teología), al introducir las categorías conceptuales del pensamiento moderno en el catolicismo, ha producido indirectamente una crisis de identidad en el pensamiento católico, especialmente en dos aspectos: en la filosofía politica y en la teología moral. 

En la primera, la doctrina católica oscurecida ha sido la realeza social de Cristo; en la segunda, la ley moral y sus conceptos clave: pecado, sacrificio, pena, castigo, expiación, orden ontológico, etc.

No podemos ocultar, en conciencia, una dolorosa convicción. Ha sido con la publicación, el 19 de marzo de 2016, de la exhortación apostólica postsinodal Amoris laetitia, que los principios del convencionalismo personalista han adquirido “oficialidad explícita", sobre todo en lo referente a la teología moral. Digo en lo referente a la teología moral, porque la doctrina politica ya llevaba tiempo siendo socavada mediante la difusión pastoral del maritainismo. 

Es por esta razón que la teología moral católica se encuentra, actualmente, en una difícil encrucijada. Está en juego su ser o no ser. Está en juego servir o no servir a las almas y a la Iglesia. Está en juego salir de la oscuridad y emerger hacia sí misma, recuperando su identidad; o hundirse más en la sombra y prolongarse, más aún, hacia las negras aguas del ethos global.

 
1.- La ambigüedad no es santificable.— Como hemos visto en anteriores articulos, la ambigüedad no es santificable. Porque en el cristianismo la importancia de la palabra es máxima. 

Las ideas equívocas en materia de fe y costumbres siempre pasan factura. De alguna manera, suponen una agresión a la razón, cuya potencia cognitiva suspende en la indefinición y la oscuridad; y a la fe, cuya teologalidad interfiere introduciendo duda e incertidumbre; de forma que se puede hacer mas daño con la ambigüedad que con el error refutable. La ambigüedad tiene efectos profundamente nocivos en teología moral, perjudicando también la función docente de la Iglesia.

 

2.- El convencionalismo ético de Amoris laetitia. — ¿Cómo se llama la ambigüedad en teología moral? Se llama convencionalismo. Procede del nominalismo moderno, su rostro jurídico es el positivismo, su hechura moral es la moral de situación y el consecuencialismo, y su divulgador es el personalismo constitucionalista. Debido a la ambiguedad presente en muchos pasajes de Amoris laetitia, cabe una lectura de sus tesis en clave convencionalista, a modo de trasfondo intelectual.

De la definición que da la RAE de convencional nos interesan las acepciones uno a cuatro, que recogen los detalles semánticos importantes para su comprensión: relativo al convenio o pacto, que se establece en virtud de la costumbre, poco original y acomodaticio, que se atiene a normas mayoritariamente observadas.

Convencional, en teología moral, nos remite a lo meramente penal, esto es: a lo desligado de la naturaleza de las cosas, del orden creado y de la ley moral. Una norma convencional es aquella que es independiente del orden moral, fundamentada en un convenio o pacto o costumbre o en la sola voluntad del legislador, y su infracción, por regla general, no supone culpa moral sino mera sanción jurídica (como puede ser privar de la comunión a los que permanecen en lo que en lugar de pecado se pasa a denominar, administrativamente, “situación irregular").

 

3.- El pensamiento clásico, sin embargo, enseña que no basta la voluntad del legislador para que una norma sea obligatoria. Es preciso que esa voluntad sea legítima, que no mande nada contra la ley natural, que no se desentienda de la naturaleza de las cosas, que no ofenda los universales, que no se fundamente en acuerdos de uso interno ni convenios de gestión ni en la sola “voluntad administrativa” del que manda, sino en el orden creado.

El convencionalismo, por el contrario, frente a la concepción sub specie aeternitatis del numen tradicional, interpreta los preceptos de la ley natural como si fueran parte de un reglamento de orden interno, establecido arbitrariamente por la autoridad humana. La vinculación con el orden del ser deja de ser necesaria, porque el sentido de las normas es puramente funcional y procede de un pacto de voluntades, no de la esencia de las cosas.

En consecuencia, reinterpreta la ley natural no como ley moral sino como ley meramente penal, o lo que es lo mismo, como norma directiva de carácter corporativo, cuya activación depende del compromiso de la conciencia subjetiva y no de la naturaleza de lo mandado.

 

4.- En esta perspectiva queda profundamente desfigurado el papel de la autoridad de la Iglesia como custodia de la ley natural. Y es que si se toma la ley moral como si fuera ley meramente penal, es decir, ley cuyos preceptos no obligan moralmente (aunque sí jurídicamente) porque son meramente normas directivas (pastorales) desvinculadas de la naturaleza de las cosas, entonces la autoridad que las defiende (la Iglesia), si pretendiera imponerlas obligando a culpa, sería tachada de rigorista, legalista, condenatoria, abusiva, por imponer cargas demasiado pesadas e imposiciones excesivas.

Por eso, en lugar de preceptos de la ley natural, el convencionalismo prefiere hablar de normas generales sin ligazón con la naturaleza de la persona singular. Da a entender confusamente que lo moral, en ciertas situaciones, no tiene por qué ir unido a lo jurídico, que está en otro plano, no existencial sino “abstracto” o ideal o teórico. Como se deduce de este punto de la exhortación:

«Si se tiene en cuenta la innumerable diversidad de situaciones concretas, como las que mencionamos antes, puede comprenderse que no debía esperarse del Sínodo o de esta Exhortación una nueva normativa general de tipo canónica, aplicable a todos los casos (AL n. 300)»

Es decir que el orden moral, en ciertos casos irregulares, debe quedar separado del orden jurídico, por eso:

«Es mezquino detenerse sólo a considerar si el obrar de una persona responde o no a una ley o norma general (AL n.304)»

Porque las normas generales, bajo esta perspectiva, por ser normas desligadas de la naturaleza común, no alcanzan la universalidad de los casos. Por eso se dice que:

«Es verdad que las normas generales presentan un bien que nunca se debe desatender ni descuidar, pero en su formulación no pueden abarcar absolutamente todas las situaciones particulares. (n.304)»

Y se pretende incluso, abusivamente, en el punto 311, que la teología moral se incorpore los principios anteriores:

«La enseñanza de la teología moral no debería dejar de incorporar estas consideraciones  (n.304)»

Descalificando toda teología que los ignore:

«Por ello, siempre conviene considerar “inadecuada cualquier concepción teológica que en último término ponga en duda la omnipotencia de Dios y, en especial, su misericordia” (n.311)»

 

y 5.- En conclusión, la ambigüedad de Amoris laetitia hace posible una relectura de la ley moral en clave convencionalista, dando a entender que en ciertas situaciones la ley moral puede considerarse, con el debido discernimiento, mera ley penal, es decir, «aquella cuyo quebrantamiento no supondría culpa moral alguna (aunque sí jurídica)». (Antonio ROYO MARÍN, Teología moral para seglares, BAC, Madrid 1957, p. 122).

Pero el pensamiento tradicional católico nos enseña que «no pueden admitirse leyes meramente penales cuando se trate de verdaderas leyes», (Íbid., p.125.) porque el legislador no puede ignorar la naturaleza de las cosas y separar el orden jurídico del orden moral, como pretende el convencionalismo positivista, surgido del nominalismo, sobre todo del protestante.

Sabemos que toda ley verdadera y legítima, en cuanto reflejo de la ley natural y eterna, «establece un vínculo moral que nadie puede sustraerle, y obliga, por consiguiente, en conciencia a su cumplimiento» (Íbid., p.125.)

Si se pueden transgredir en ciertas situaciones los Mandamientos de la ley de Dios, y al mismo tiempo no tener culpa alguna, y crecer en gracia y virtudes, es que los Mandamientos de la ley de Dios son tratados abusivamente, cual si fueran leyes meramente penales, simples normas directivas que sirven de sola inspiración personal (como sugiere Amoris laetitia en el n.305).

Se pierde así la relación de los actos humanos con el orden natural, quedando suspendidos en el subjetivismo, y a merced de la conciencia personal, que es en definitiva quien decide autodeterminarse por sí sola a un reglamento voluntario. La autoridad de la Iglesia para custodiar y reproponer la ley moral queda cuestionada, al ser reinterpretada tendenciosamente como potencia absoluta. También su potestad queda comprometida, desvirtuando el carácter moral de su derecho penal, que pierde todo sentido al ser vaciado de contenidos morales y ontológicos, pasando a ser meramente penal, o sea, meramente coactivo.

La teología moral se encuentra, por tanto, en una seria disyuntiva. O recupera el numen clásico y vuelve a interpretar las leyes en sentido tradicional, aristotélico tomista, o no podrá salir de la crisis en que el personalismo la ha sumergido desde hace más de cincuenta años.

 

David Glez. Alonso Gracián

 

12 comentarios

  
Ramvel
Investigando qué piensan algunos "referentes" católicos, he visto el siguiente enlace de Radio María Argentina (Divorcidos en nueva unión el discernimiento como camino de comunión)

https://radiomaria.org.ar/programacion/divorciados-en-nueva-union-el-discernimiento-como-camino-de-comunion/

El Director de la Radio, el P. Soteras, a pesar de insistir en que "no cambia nada de lo que la Iglesia ha enseñado", deja "abierta" la posibilidad de que algunas parejas puedan comulgar sin que exista la nulidad matrimonial.

Ciertamente se ha abierto una nueva grieta por donde seguirá entrando el humo de satanás... si se ensancha un poquito, entrará satanás mismo.
08/01/19 4:52 PM
  
Alonso Gracián
Ramvel:

Dice ud:

a pesar de insistir en que "no cambia nada de lo que la Iglesia ha enseñado", deja "abierta" la posibilidad de que algunas parejas puedan comulgar sin que exista la nulidad matrimonial.


Es uno de lo distintivos de la crisis actual, la falta de coherencia lógica, el vale una cosa y también la contraria, el sí y no, y el no y sí. La ambigüedad moderna ha penetrado de tal manera que hay que, primero, nacer de nuevo, y segundo, aprender a pensar.



08/01/19 10:32 PM
  
Luis Fernando
En Infocatólica se han escrito muchos artículos sobre Amoris Laetitia. Pues bien, este está en el podium de todos ellos. Es de los más clarificadores, si no el que más, sobre la raíz del mal que asola a la Iglesia y a su doctrina.

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A.G.:
Hay que decir que este diagnóstico en gran parte es fruto de las conversaciones muy provechosas entre Luis Fernando, Pedro Llera y un servidor.
09/01/19 1:36 AM
  
Forestier
Hace años que sostengo que la ambigüedad en los principios fundamentales e innegociables de la ley natural, desemboca en el vacío sobrenatural de la religión (que es el cáncer que está devorando al anglicanismo y varias iglesias protestantes) Y es que la religión se fundamenta antropológicamente en el ser humano

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A.G.:
Interesante lo que dice. Desde luego, la gracia da por supuesto la naturaleza, a la cual perfecciona. Tenga en cuenta que es la Nueva Teología la que vacía lo sobrenatural y lo suspende en el aire, como hace la teología muy dañina de De Lubac, Rahner etc. , que convierte lo sobrenatural en una cáscara sin semilla. Sobrenaturalismo nominalista. Y es que no se puede despreciar al Filósofo y al Aquinate en vano.
09/01/19 10:21 AM
  
Soledad
"Las ideas equivocas en materia de fe y costumbre siempre pasa factura". La realidad está llena verdaderas quiebras y bancarrota, lo vemos en la crisis que padecemos.

"Causa más daño la ambigüedad que el error refutable", este último es más evidente.

En la contestacion a Ramvel "..... aprender a pensar"

Creo son tres retos a los que nos enfrentamos los católicos en el día a día.
Añadiría estar con las "antenas puestas" y la humildad de no dar nada por sabido.
Conservar la fe íntegra requiere de esfuerzo personal, a poco que te descuides,! zas!, el error a penetrado en tu mente.Poner los medios para no poner en peligro el tesoro más preciado:la fe.

Mi sensación personal es que carezco de los resortes para diagnosticar las ideas equivocas que circulan sin control. Estoy más insegura que en mi adolescencia. Doy gracias a Dios de ser consciente de ello, veo mis propias carencias.

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A.G.:
Esfuerzo personal el de conservar íntegra e inmaculada la doctrina, pero siempre con el auxilio de la gracia, nunca lo olvidemos Soledad. Me gusta la alusión a la humildad, que, bien entendida, es sumamente necesaria.
09/01/19 3:27 PM
  
vicente
siempre es lo mismo: la Doctrina es inmodificable en esencia, pero la pastoral ha de tener en cuenta a las almas.
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A.G.:
Pero ese tener en cuenta a las almas debe hacerse CON la doctrina salvífica, no al margen o contra ella o evitándola u oscureciéndola o presentándola de forma ambigua. No hay pastoral sana sin doctrina sana.
09/01/19 5:37 PM
  
Juan F
Estimado Señor Alonso, he seguido sus últimos escritos y la verdad es que me han ayudado mucho a entender la razón por la cual estamos en este relativismo... para un ignorante en leyes como lo soy yo, ha sido muy, pero muy instructivo! Dios lo siga guiando! Ven Señor Jesús!

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A.G.:
Me alegro muchísimo le sirvan estos artículos, doy gracias a Dios. Realmente, en la deformación del sentido de lo justo, y por tanto de sus leyes, se encuentra una de las causas de los males que nos afligen. Seguiremos profundizando.
09/01/19 10:56 PM
  
vicente
el Santo Padre Francisco no ha cambiado la doctrina de la Iglesia.
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A.G.:
Nadie puede cambiar la doctrina de Jesucristo, aunque sí por desgracia la forma en que se enseña. El deterioro de la función docente de la Iglesia es evidentísimo. Porque, en definitiva, lo que se ha deteriorado, es el pensamiento católico.
10/01/19 2:01 PM
  
José Díaz
Si las cosas son como dice, Alonso –y yo así lo creo- entonces me asalta la sospecha de que, separando ley y moralidad, el convencionalismo termina produciendo, de forma paradójica, el efecto justamente contrario, es decir, el de unir moralidad y ley a través de un subjetivismo voluntarista impuesto a las sociedades por la fuerza de los Estados. Legisladores y poderes mediáticos elevan a rango de ley su concepción del hombre y del mundo sirviéndose de un ejercicio de adoctrinamiento ideológico constante que otorga a la ley positiva impuesta la condición de verdad moral. Vemos esto de forma nítida en las leyes sobre el aborto y la ideología de género, aprobadas como derechos humanos fundamentales bajo pena de coerción para quienes se atrevan a discutirlos. Cuestionarlos significa, a ojos de esta suerte de convencionalismo moral, oponerse a los denominados valores democráticos, concebidos como bien moral por excelencia. De aquí se sigue una funesta consecuencia: el reinado social de Cristo –reinado de libertad verdadera, de verdad liberadora- es reemplazado por un totalitarismo que se hace depender de la voluntad de un poder arbitrario. De esta forma es erigida una ciudad del hombre en la que, en palabras de Isaías, el bien es llamado mal y el mal es llamado bien, las tinieblas son tenidas como luz y la luz como tinieblas, y lo amargo se vuelve dulce y lo dulce amargo (Is 5, 20). ¡Ay de aquellos que así obran, advierte el profeta! ¡Ay de aquellos, nos recuerda Jeremías, que dejaron a Aquel que es fuente de agua viva y se construyeron cisternas rotas! En ese año 2019 en el que celebramos el primer centenario de la consagración de España al Sagrado Corazón de Jesús debemos proclamar, como Alfonso XIII en aquella hermosa oración que pronunció en el Cerro de los Ángeles que sólo en Cristo reciben las leyes sanción justa, y digamos: “venga a nosotros tu santísimo reino, que es reino de justicia y amor, reinad en los corazones de los hombres, en el seno de los hogares, en la inteligencia de los sabios, en las aulas de la ciencia y de las letras y en nuestras leyes e instituciones patrias”.
A.G. un fuerte abrazo y que el Señor y María Santísima Inmaculada le bendigan.


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A.G.:
Apreciado José Díaz, le agradezco sus comentarios, que siempre son de provecho. Me parece muy interesante la conclusión a la que llega Ud., de hecho, describe el poder del estado moderno. Que como supervoluntad de poder, establece un vínculo artificial, convencional, administrativo, entre la ley y el ethos social.

Es el poder educativo de las leyes, pero para el mal.

La mención a la realeza social de Nuestro Señor es importante. Porque, realmente, tras la redención, no hay potestad legítima en la tierra que no sea delegación de Cristo Rey.

Abrazo en Cristo y su Madre Inmaculada.
11/01/19 11:27 AM
  
HUGO ALBERTO VERDERA
Como siempre, estimado amigo Alonso, exacto, profundo y plenamente ortodoxo. Su conceptualización de la ambigüedad como instrumento demoledor de la auténtica doctrina es realmente indiscutible. Siga ud. razonando y escribiendo con su talento y precisión, pues así debe actuar un laico intelectual católico en su compromiso en la hora presente. Así, ud. evangeliza como quiere Jesucristo. Este es el camino que hoy no puede ser soslayado sin caer en la trampa del enemigo. Un cálido saludo, en el Salud-Dador y en su Santísima Madre, nuestra madre por el acto de salvífico de infinito amor de su divino hijo. Su amigo, Hugo.

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A.G.:
Le agradezco mucho sus palabras, apreciado Hugo, que me animan a continuar. Como bien dice, la ambigüedad es demoledora, es un instrumento más efectivo que el error, por la sofisticación de sus mecanismos de engaño.

Por mi parte, le animo yo también a continuar su labor formadora y evangelizadora, en la tradición hispánica y tomista, tal y como recibió de sus maestros. Un saludo en Cristo y su Madre Inmaculada.

11/01/19 1:30 PM
  
jr
Ciertamente el iusposivismo hace de la ley un artificio racional divorciado de todo cuestionamiento moral y de cualquier fundamentación que no sea la voluntad. Empero ello no es a título gratuito, sino que responde a un proceso evolutivo. Porque, más allá de la forma y del fondo, la ley implica un espíritu, una conciencia, una vocación de sometimiento a su autoridad, sin lo cual, se hace inutil.

Por ello el" problema" de Amoris Laetitia no es solamente de la forma ni del fondo de su dispositiva, sino, más allá, del espíritu que la anima. Es decir, la dificultad mayor no es lo que dice ni cómo lo dice ni el cómo lo pudiere decir, sino por qué lo dice.

Ante la presunta "necedad", o el vicio en la forma o en la sustancia, de un documento papal, la iglesia tiene suficiente capacidad y fortaleza intelectual para sobrellevar y equilibrar las divergencias hacia un mismo propósito de fe. Lo contrario negaría la esencia misma de su existir...

Ahora, si se considera la legitimidad del contexto y el trasfondo social del documento, entonces se llega al verdadero epicentro del problema: la realidad social.

De esa manera, Amoris Laetitia constituye un intento de dar respuesta a la realidad social. Esa es su virtud. Se puede estar de acuerdo o en desacuerdo con ella, pero es innegable su asiento en una realidad que no se puede ocultar con un dedo,como se tapa el sol.

Cuantitativa y cualitativamente, la iglesia católica ha crecido inmensamente, y hoy por hoy está en su mejor momento. Lo que si ha perdido y va perdiendo de forma cada vez más acelerada, es su hegemonía moral en la sociedad. Ya poco atienden los ciudadanos los llamados del clero , prefiriéndose la consulta "espiritual" por twitter a Beyoncé, a Justin Bieber o a Shakira, que al cura de la parroquia...

De manera que, hoy día la iglesia católica se enfrenta a su mayor dilema: Fortalecerse hacia dentro, cerrando filas en torno de criterios restrictivos que sectaricen a una institución religiosa conforme, entonces, con existir para sÍ ,dando a la sociedad lo que le permita y le alcance el sopeso entre "sus" principos y fines, y los de la sociedad... O abrirse a las nuevas realidades sociales y mutar, sin desnaturalizarse, para ofrecer instrumentos morales, éticos, racionales y espirituales, eficaces a un ser humano bordeando los precipicios de la libertad desbocada, de la espiritualidad eunuca y de la moral prostituida...

Ambas formas le sirven a la iglesia católica. Una, más fácil y de la mano con la filosofía, la protege de la sociedad. La otra, compleja, riesgosa y en conciencia con la sabiduría, la integra al ser social humano.

La mesa está servida, que cada quien escoja.


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A.G.:
Su visión del asunto muestra una gran confusión, no tiene claro el orden de las esencias, ni considera con justicia la naturaleza de la ley moral ni del pecado.

Ni el positivismo jurídico es inevitable fruto de la evolución, ni es bueno, ni el magisterio está para esas mutaciones acomodaticias que Ud. propone. También esa disyuntiva que ud. presenta es una falsa disyuntiva.
15/01/19 1:44 AM
  
jr
La "confusión" es insita a todo planteamiento contradictorio a la verdad asumida.Sócrates, Copérnico, Galileo, Giordano Bruno,estuvieron muy confundidos...
De manera que al conocimiento y a la verdad le es provechoso que de vez en cuando aparezcan los confundidos... Sin mengua del que aboga por el diablo...

- El positivismo es tan bueno o malo como se quiera y desde dónde se le pondere. Su divorcio de la moral, es perverso, tal como lo expone preclaramente el articuista.
Pero también gracias a él se configuró definitivamente la ciencia; la misma que ha posibilitado que hoy muchísimos creyentes puedan orar junto a sus familias, y no que éstos recen frente a sus lápidas ¿O es que el católico no toma medicamentos ni va al quirófano? No se diga del refrigerador, del celular, televisión, radio, vehículos,... Este mismo sitio web que abre una ventana el pensamiento católico, es producto de un desarrollo tecnológico del cual el positivismo es actor fundamental...
¿Cómo se le dice a una madre cuyo hijo se ha salvado gracias a una aperación a corazón abierto, por ejemplo, que mejor lo hubiese dejado morir, pues esa tecnología es fruto del pensamiento positivista?
¿Que pudo haber sido de mejor manera el desarrollo jurídico y tecnológico de las sociedades? Sin lugar a dudas sí. Pero no ocurrió de esa forma, y lo que queda es la menuda tarea de "moralizar" las leyes, la tecnología y la ciencia.

El error de responsabilizar a los individuos por los procesos históricos que los configuran, desnaturaliza la historia y menoscaba su aleccionamiento Napoleón solito consquistó a Europa. Hitler solito hizo el nazismo. Comte solito creó el malvado positivismo... El papa Francisco solito hizo Amoris Laetitia, sin una realidad social generatriz.

Visto así¿ Será la historia un error, la evolución de las sociedades es un error, nosotros los seres humanos que existimos, seremos un error.?

El prodigio evolutivo del ser humano no tiene parangón. Tantas torpezas, tantos errores, tantos vaivenes morales, tantas incertidumbres, tantas negaciones, tantas desesperanzas, tanta incredulidad, tanto desconocimiento... y sin embargo, la virtud ha podido más.. Empero, no a título gracioso, por generación espontanea, sino a pulso, por el aleccionamiento de las moralejas de la realidad, a veces muy cruda y cruel, otras contradictoria y absurda, pero siempre con la posibilidad virtuosa de proseguir el camino...

- Más allá de la inoficiosa diatriba respecto de la falsedad o no de la disyunción planteada; algo muy parecido a sus proposiciones está ocurriendo en la actualidad; evidenciado por Amoris Laetitia, tanto en la acción como en la reacción.
La única forma de confrontar estas circunstancias evolutivas es plantearlas en toda su crudeza, pues de falsos y absurdos descartados, están pavimentadas las calzadas de los cismas...

Sí, es verdad, tal vez la forma como se ha planteado no es la más ortodoxa, resultando más bien "confusa"; pero necesariamente ha de ser así, de otra manera, sin tales "confusiones" no evolucionarián las sociedades ni sus instituciones.

-Las mutaciones acomodaticias por principios no deben ocurrir, pero las forzosas sí se han producido desde siempre y seguirán transformando a la Iglesia católica.

-En definitiva, simplemente se exponen posibilidades, conforme a la realidad.
Si vemos el caso de dos Papas coexistiendo, el caso China, el caso Chile, el caso Amoris Laetitia, los casos pedofilia, y las decenas de casos que muy bien reseña este sitio web semanalmente; pues resulta evidente que existe una confrontación conceptual dentro de la Iglesia católica; no propiciada ni por unos ni por otros, expresante de una realidad de sociedades humanas urgidas de referenciales morales, éticos y espirituales.
16/01/19 3:13 AM

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