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16.05.17

Forma y orden de la Oración de los fieles (IV)

Mal ejemplo, aunque muy extendido, es que el lector en vez de proponer una intención para que todos oren, se dirige Él a Dios. Pensemos –repitamos- que el diácono o lector se dirigen directamente a los fieles motivándolos para que sean ellos los que oren, no los sustituyen orando ellos directamente a Dios. Y aunque este uso esté muy extendido -¡la falsa creatividad!- eso no justifica que sea correcto ni lícito.

Mostremos ejemplos para ver claro:

“Te pedimos Señor, por los nuevos esposos M Carmen y Emilio que hoy han contraído matrimonio, para que les ayudes a fortalecer su amor y lo hagan nuevo cada día. Escúchanos, Señor.

Te pedimos Señor por  M Carmen, para que con la ayuda de María sea sencilla, humilde y fiel a este proyecto de amor. Escúchanos, Señor.

Te pedimos por Emilio para que sea reflejo de Ti. Dale paciencia, constancia y entrega en este camino de amor y servicio a los demás…

Te pedimos por la Iglesia para que sea fiel a los valores del Evangelio, transmitiendo el amor, la ternura y la misericordia que Dios tiene a toda la humanidad.

Te pedimos por los que hoy no han podido estar junto a nosotros celebrando este sacramento del Amor, por todos aquellos familiares y amigos que un día nos dejaron, esperando tu resurrección. Hazles participes de nuestra alegría y nuestro gozo, en espera del abrazo fraterno.

Te pedimos por los pobres, los enfermos, por todos aquellos que son tus favoritos, para que poco a poco todos intentemos hacer un mundo mejor. Ayúdanos a ser la voz de los sin voz y a ser más sensibles ante las injusticias y necesidades de este mundo”.

El lenguaje es directo, rompiendo la tradición litúrgica. No se proponen intenciones, sino que el lector es el orante.

Además el lenguaje está impregnado del secularismo vigente: ni una palabra para pedir la santidad matrimonial, ni una para hablar de los hijos como don de Dios.

Añádanse las alusiones tales como la palabra talismán “valores”, “mundo mejor”, “proyecto de amor”, etc…

Volvamos a leer ese formulario después de estas advertencias, y realmente nos sorprenderán sus deficiencias.

Otro ejemplo con otro formulario dirigido a Dios; formularios reales, que se han empleado:

“Señor, te pedimos la paz entre los pueblos y entre las personas, para que todos podamos vivir a gusto [sic!] en el mundo. Roguemos al Señor…

Te pedimos por las personas de nuestra ciudad y de nuestra parroquia, para que sigan trabajando en las cosas buenas que nos unen. Roguemos al Señor…

Te pedimos por nuestros maestros, para que sigan trabajando y enseñando a los niños y a las niñas a que cuiden nuestro mundo [otra vez, sic!], que es tu regalo Señor. Roguemos al Señor…”

Aquí de nuevo observamos que se arrebata a los fieles la oración (el derecho de todos los fieles bautizados de orar) para ser el lector el que se dirija a Dios; además el estilo literario sumamente deficiente: comienza dirigiéndose a Dios y de pronto se interrumpe para dirigirse a los fieles: “Roguemos al Señor”.

Lo mismo en este otro ejemplar:

“Te pedimos Señor por los que están en la pobreza y exclusión: para que los cristianos seamos sensibles ante esta realidad que sufren muchos hermanos nuestros. Que denunciemos esta situación injusta y se sientan acompañados”.

Además de mezclas de estilo (tanto a Dios como a los fieles), ¿la petición es por los que “están en la pobreza y exclusión”, o si leemos atentamente, la petición real se plantea hacia los que celebran para “que seamos sensibles… que denunciemos esta situación injusta”? ¿Se pide por una necesidad real o al final es siempre un eterno “por nosotros”?

Ojalá que la disección de este tipo de intenciones-preces nos permita adquirir un paladar sabio para orar y no introducir elementos distorsionantes en la liturgia. Porque, estamos ya tan acostumbrados a esto, que, ¡encima!, nos parece normal y bien.

 La oración de los fieles es llamada también oración universal por la razón de que en esta plegaria entran las necesidades de toda la Iglesia, del mundo y de los hombres y no de manera exclusiva las necesidades concretas de estos fieles que oran. La plegaria eucarística por su naturaleza no es universal sino eclesial, recalcando que se ora en comunión con el Papa y el Obispo, con la Iglesia que peregrina, con la Iglesia que se purifica –los difuntos- y con la Iglesia del cielo:

“En las intercesiones de la Plegaria eucarística se trata también de algo distinto de la Oración de los fieles. La Plegaria eucarística la pronuncia solamente el sacerdote y da a entender que la Eucaristía se celebra en comunión con toda la Iglesia, celeste y terrena, y la oblación del sacrificio de Cristo se hace por todos sus miembros, vivos y difuntos, cuya fe y entrega bien conoces y que nos han precedido con la señal de la fe, algunos de los cuales son especialmente recomendados a causa de la celebración de un sacramento, o de la muerte o de una especial participación en la oblación. Este es el sentido de la recitación de los nombres (lectura de los Dípticos) que se hace en diversas liturgias en este momento, y para la que se proponen diversos textos en las plegarias eucarísticas del Misal romano (Intercesiones particulares)” (Orientaciones pastorales…, n. 4).

Sin embargo, aquí, en la oración de los fieles, entran los problemas, angustias y esperanzas de todos. 

“Si la Iglesia local debe representar del modo más perfecto posible a la Iglesia universal, los fieles deben hacer suyas, ante todo, las necesidades que afectan a todo el pueblo de Dios y al mundo por el cual intercede siempre la Iglesia. Laudablemente se pide también por las intenciones de los que se han reunido” (Orientaciones pastorales… n. 2b).

En esta plegaria, la Iglesia ofrece “súplicas por la salvación de todos”, con un corazón grande, universal, como el de Cristo mismo, el Redentor.

“Conviene que esta oración se haga de ordinario en las Misas con participación del pueblo, de tal manera que se hagan súplicas por la santa Iglesia, por los gobernantes, por los que sufren diversas necesidades y por todos los hombres y por la salvación de todo el mundo” (IGMR 69).

De esta forma, las intenciones que se proponen a la oración de los fieles se agrupan en cuatro grandes campos que deben estar siempre presentes si no queremos que deje de ser “universal”. No significa que deban ser siempre cuatro las intenciones, pueden ser más en número, pero deben incluir estas cuatro realidades y normalmente por este orden:

  1. La Iglesia
  2. Gobernantes y autoridades
  3. Necesidades de los que sufren
  4. Los participantes en esta Eucaristía.


El Misal lo señala diciendo:

“Las serie de intenciones de ordinario será:    

a) Por las necesidades de la Iglesia.

b) Por los que gobiernan y por la salvación del mundo.

c) Por los que sufren por cualquier dificultad.

d) Por la comunidad local.

Sin embargo, en alguna celebración particular, como la Confirmación, el Matrimonio o las Exequias, el orden de las intenciones puede tener en cuenta más expresamente la ocasión particular” (IGMR 70).

“Un caso peculiar lo constituyen las Misas rituales (Confirmación, Matrimonio, Exequias, etc.) o las Misas por diversas necesidades o con ocasión de un acontecimiento especial en el que la comunidad se reúne para orar por una intención muy concreta. En estas circunstancias, el orden y el contenido de las intenciones pueden amoldarse mejor a la ocasión” (Orientaciones pastorales…, n. 3).

Y aún así, en las Misas rituales de estos sacramentos antes citados, se incluyen intenciones universales, aunque predominen más las referidas al sacramento que se acaba de celebrar. Por ejemplo, en el Ritual de la Confirmación, no todas las preces son una tras otra exclusivamente para pedir por los que se han confirmado (como ocurre cuando no se atiende al ritual sino que se elaboran “creativamente”), sino que también se ruega por otras necesidades:

“Por la santa Iglesia de Dios, para que, congregada por el Espíritu Santo en la confesión de una misma fe, crezca en el amor y se dilate por el mundo entero hasta el día de la venida de Cristo…” (RC 37),

“Por todos los hombres que están en pecado, para que el Espíritu Santo les haga comprender lo equivocado de su camino, se conviertan y vuelvan a la gracia de Dios” (RC 38).

Y lo mismo en el Ritual del Matrimonio: no todas las intenciones piden por los nuevos esposos, sino que incluyen otra serie de necesidades:

“Por todos los Matrimonios: para que en el amor mutuo y en la fidelidad constante, sean en nuestra sociedad fermento de paz y unidad” (RM 75).

“Para que todos los que se preparan al Matrimonio tengan conciencia de las exigencias de la fidelidad y del amor” (RM 106).

“Por todos los hogares de la tierra, por todos los esposos, los padres y los hijos, por los ancianos y los huérfanos, por las familias que no tienen hogar o carecen de los recursos necesarios, y por los esposos que viven separados” (RM 136).