12.04.17

Educatio Servanda: adoctrinamiento en ideologías ilegales y clases de ganchillo

 

“Porque se dicen discurriendo desacertadamente: «Corta es y triste nuestra vida; no hay remedio en la muerte del hombre ni se sabe de nadie que haya vuelto del más allá. Por azar llegamos a la existencia y luego seremos como si nunca hubiéramos sido. Porque humo es el aliento de nuestra nariz y el pensamiento, una chispa del latido de nuestro corazón; al apagarse, el cuerpo se volverá ceniza y el espíritu se desvanecerá como aire inconsistente. Caerá con el tiempo nuestro nombre en el olvido, nadie se acordará de nuestras obras; pasará nuestra vida como rastro de nube, se disipará como niebla acosada por los rayos del sol y por su calor vencida. Paso de una sombra es el tiempo que vivimos, no hay retorno en nuestra muerte; porque se ha puesto el sello y nadie regresa.

Venid, pues, y disfrutemos de los bienes presentes, gocemos de las criaturas con el ardor de la juventud. Hartémonos de vinos exquisitos y de perfumes, no se nos pase ninguna flor primaveral, coronémonos de rosas antes que se marchiten; ningún prado quede libre de nuestra orgía, dejemos por doquier constancia de nuestro negocio; que nuestra parte es ésta, ésta nuestra herencia.

Oprimamos al justo pobre, no perdonemos a la viuda, no respetemos las canas llenas de años del anciano. Sea nuestra fuerza norma de la justicia, que la debilidad, como se ve, de nada sirve.

Tendamos lazos al justo, que nos fastidia, se enfrenta a nuestro modo de obrar, nos echa en cara faltas contra la Ley y nos culpa de faltas contra nuestra educación. Se gloría de tener el conocimiento de Dios y se llama a sí mismo hijo del Señor. Es un reproche de nuestros criterios, su sola presencia nos es insufrible, lleva una vida distinta de todas y sus caminos son extraños. Nos tiene por bastardos, se aparta de nuestros caminos como de impurezas; proclama dichosa la suerte final de los justos y se ufana de tener a Dios por padre.

Veamos si sus palabras son verdaderas, examinemos lo que pasará en su tránsito. Pues si el justo es hijo de Dios, Él le asistirá y le librará de las manos de sus enemigos. Sometámosle al ultraje y al tormento para conocer su temple y probar su entereza. Condenémosle a una muerte afrentosa, pues, según él, Dios le visitará.»

Así discurren, pero se equivocan; los ciega su maldad; no conocen los secretos de Dios, no esperan recompensa por la santidad ni creen en el premio de las almas intachables. Porque Dios creó al hombre para la incorruptibilidad, le hizo imagen de su misma naturaleza; mas por envidia del diablo entró la muerte en el mundo, y la experimentan los que le pertenecen.”

Sabiduría, 2

 

El pasado 22 de marzo, Lola González firmaba un artículo en Infovaticana, titulado “La Fundación Educatio Servanda, en el punto de mira del lobby LGTB”, en el que afirmaba que la Asociación Arcópoli exigía al gobierno regional de Madrid que investigara los “valores e ideario” de la Fundación Educatio Servanda, tras el apoyo de esta institución a Carlos Martínez, director del Colegio Juan Pablo II de Alcorcón.

De la noticia me llamó especialmente la atención este párrafo:

“La asociación LGTB señala que el director de este colegio católico podría estar transmitiendo una “ideología ilegal” en los centros de la Fundación Educatio Servanda y “adoctrinando” al alumnado con el respaldo de la dirección”.

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11.03.17

Breaking News: Nuevos hallazgos en Qumrán harán que se tambaleen los cimientos de la Iglesia

El Reverendo Aetandi Gos, teólogo islandés, experto en estudios bíblicos y en paleografía griega, latina y aramea, acaba de hacer público un descubrimiento transcendental que puede hacer que se tambaleen los cimientos de la Iglesia Católica. En una cueva cerca del Mar Muerto, en Qumrán, acaba de aparecer una nueva colección de vasijas con decenas de manuscritos en un excelente estado de conservación. Al parecer los manuscritos contienen comentarios a textos del Antiguo Testamento, pero también aparecen glosas a los evangelios sinópticos, al evangelio de Juan, al Apocalipsis y a las cartas de San Pablo. Pero lo más asombroso ha sido el descubrimiento de un quinto Evangelio: el Evangelio de Judas. Se conocía su existencia por los escritos del obispo Ireneo de Lyon en el año 180, pero no se había encontrado hasta ahora el texto original.

Reproducimos a continuación la entrevista que el Reverendo Gos concedió a la prestigiosa revista New theology on the knees.

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4.02.17

Contra el Modernismo

El hereje modernista es el posverdadiano en católico. Obviamente, yo no soy nadie para convertirme en “martillo de herejes” ni para condenar a nadie. Para eso están los Papas y los obispos. Por eso, es preciso recordar lo que San Pio X denunciara en su Encíclica Pasciendi, escrita en 1907. Esa Encíclica lo deja todo muy clarito. Si entonces el Modernismo era un peligro, ahora estamos aún peor. Así empieza San Pío X su Encíclica:

Jamás han faltado, suscitados por el enemigo del género humano, «hombres de lenguaje perverso», «decidores de novedades y seductores», «sujetos al error y que arrastran al error»”. (Pascendi, Introducción).

“En estos últimos tiempos ha crecido, en modo extraño, el número de los enemigos de la cruz de Cristo.[…] Guardar silencio no es ya decoroso, si no queremos aparecer infieles al más sacrosanto de nuestros deberes.

“Lo que sobre todo exige que rompamos sin dilación el silencio es que hoy no es menester ya ir a buscar los fabricantes de errores entre los enemigos declarados: se ocultan en el seno y gremio mismo de la Iglesia, siendo enemigos tanto más perjudiciales cuanto lo son menos declarados”.

“Hablamos, venerables hermanos, de un gran número de católicos seglares y, lo que es aún más deplorable, hasta de sacerdotes, los cuales, so pretexto de amor a la Iglesia […]asaltan con audacia todo cuanto hay de más sagrado en la obra de Jesucristo, sin respetar ni aun la propia persona del divino Redentor, que con sacrílega temeridad rebajan a la categoría de puro y simple hombre”. (Pascendi, 1)

Ellos traman la ruina de la Iglesia, no desde fuera, sino desde dentro: en nuestros días, el peligro está casi en las entrañas mismas de la Iglesia y en sus mismas venas; y el daño producido por tales enemigos es tanto más inevitable cuanto más a fondo conocen a la Iglesia”. (Pascendi, 2).

Resumimos: hay seglares, sacerdotes (y ahora yo añadiría a la lista a más de un obispo) que desde las mismas venas de la Iglesia traman su ruina. Son enemigos de la cruz de Cristo que no respetan ni lo más sagrado: ni siquiera la figura del propio Redentor. Ante esta amenaza, guardar silencio ya no es decoroso.

¿Verdad que resultan actuales estas palabras?

¿En qué consiste la falsa doctrina modernista?

1.- La razón humana, encerrada rigurosamente en el círculo de los fenómenos, es decir, de las cosas que aparecen, y tales ni más ni menos como aparecen, no posee facultad ni derecho de franquear los límites de aquéllas. Por lo tanto, es incapaz de elevarse hasta Dios, ni aun para conocer su existencia, de algún modo, por medio de las criaturas: tal es su doctrina. De donde infieren dos cosas: que Dios no puede ser objeto directo de la ciencia; y, por lo que a la historia pertenece, que Dios de ningún modo puede ser sujeto de la historia”. (Pascendi, 4).

No podemos conocer a Dios mediante el entendimiento. De un plumazo, los modernistas se cargan la teología, el catecismo y todos los dogmas de la Iglesia.

Nada les detiene, ni aun las condenaciones de la Iglesia contra errores tan monstruosos. Porque el concilio Vaticano decretó lo que sigue: «Si alguno dijere que la luz natural de la razón humana es incapaz de conocer con certeza, por medio de las cosas creadas, el único y verdadera Dios, nuestro Creador y Señor, sea excomulgado». Igualmente: «Si alguno dijere no ser posible o conveniente que el hombre sea instruido, mediante la revelación divina, sobre Dios y sobre el culto a él debido, sea excomulgado». Y por último: «Si alguno dijere que la revelación divina no puede hacerse creíble por signos exteriores, y que, en consecuencia, sólo por la experiencia individual o por una inspiración privada deben ser movidos los hombres a la fe, sea excomulgado». (Pascendi, 4).

2.- “El sentimiento religioso, que brota por vital inmanencia de los senos de la subconsciencia, es el germen de toda religión y la razón asimismo de todo cuanto en cada una haya habido o habrá. […]Tenemos así explicado el origen de toda religión, aun de la sobrenatural: no son sino aquel puro desarrollo del sentimiento religioso. Y nadie piense que la católica quedará exceptuada: queda al nivel de las demás en todo. Tuvo su origen en la conciencia de Cristo, varón de privilegiadísima naturaleza, cual jamás hubo ni habrá, en virtud del desarrollo de la inmanencia vital, y no de otra manera”.

¡Estupor causa oír tan gran atrevimiento en hacer tales afirmaciones, tamaña blasfemia!¡Y, sin embargo, venerables hermanos, no son los incrédulos sólo los que tan atrevidamente hablan así; católicos hay, más aún, muchos entre los sacerdotes, que claramente publican tales cosas y tales delirios presumen restaurar la Iglesia! (Pascendi, 8).

El hecho religiosos tiene una explicación puramente inmanente: es un hecho vital que forma parte de la propia naturaleza del ser humano. La fe es un sentimiento íntimo que surge de una necesidad del subconsciente humano: un sentimiento, no un conocimiento. La fe es un invento del propio hombre para colmar una necesidad o acallar y tranquilizar el miedo a la muerte. Y ese sentimiento religioso que surge de manera inmanente en cada uno de nosotros es el origen de todas las religiones: el cristianismo es una más, tal vez la más perfecta: pero una más. No hay que saber: hay que sentir, hay que tener experiencias de interioridad que susciten sentimientos. Lo que cuenta es lo afectivo, lo emotivo, lo que me haga sentir bien. Pero Cristo importa poco o nada: llámalo Dios, llámalo energía… Algo hay, pero no lo que predica la Iglesia. Por eso la New Age tiene tantos adeptos.

Y si todas las religiones surgen del sentimiento religioso que brota del subconsciente, podemos deducir que todas las religiones son igualmente verdaderas (o igualmente falsas). ¿Por qué va a ser más verdadera la religión cristiana que el Islam o el Budismo o el Judaísmo? ¿Qué más da cómo llamemos a Dios? ¿Qué importa la Biblia o el Corán? En última instancia, todos creemos en el mismo Dios. Lo importante es el amor, la tolerancia, el respeto.

San Pío X lo dice así:

Desde luego, es bueno advertir que de esta doctrina de la experiencia, unida a la otra del simbolismo, se infiere la verdad de toda religión, sin exceptuar el paganismo. Pues qué, ¿no se encuentran en todas las religiones experiencias de este género? Muchos lo afirman. Luego ¿con qué derecho los modernistas negarán la verdad de la experiencia que afirma el turco, y atribuirán sólo a los católicos las experiencias verdaderas? Aunque, cierto, no las niegan; más aún, los unos veladamente y los otros sin rebozo, tienen por verdaderas todas las religiones. Y es manifiesto que no pueden opinar de otra suerte, pues establecidos sus principios, ¿por qué causa argüirían de falsedad a una religión cualquiera? (Pascendi, 13).

A partir de aquí, la evangelización o el proselitismo están de más. Es normal que nos encontremos con misioneros que después de cuarenta años presuman de no haber bautizado a nadie. Normal… Pero Extra Ecclesiam nulla salus”:

Cuarto Concilio de Letrán (1215):

“Hay solo una Iglesia Universal de los fieles, fuera de la cual nadie está a salvo”.

Concilios Vaticano II. Constitución Dogmática Lumen Gentium:

“El sagrado Concilio pone ante todo su atención en los fieles católicos y enseña, fundado en la Escritura y en la Tradición, que esta Iglesia peregrina es necesaria para la Salvación. Pues solamente Cristo es el Mediador y el camino de la salvación, presente a nosotros en su Cuerpo, que es la Iglesia, y Él, inculcando con palabras concretas la necesidad de la fe y del bautismo (cf. Mc., 16,16; Jn., 3,5), confirmó a un tiempo la necesidad de la Iglesia, en la que los hombres entran por el bautismo como puerta obligada. Por lo cual no podrían salvarse quienes, sabiendo que la Iglesia católica fue instituida por Jesucristo como necesaria, rehusaran entrar o no quisieran permanecer en ella”.

3.- Cristo en realidad es solo un hombre: eso es lo que nos dice la ciencia. El Jesús histórico fue transformado y adulterado por la Iglesia, convirtiéndolo en el Cristo de la fe. Por lo tanto, hay que deconstruir todo lo que la Iglesia ha ido echando encima de la figura de Jesús para conocerlo realmente en su realidad histórica. Debemos eliminar todo aquello que ha desfigurado al verdadero Jesús: sus palabras, sus milagros, sus acciones… Todo aquello que no se corresponde con la realidad histórica del verdadero Jesús y su tiempo. Los milagros no son más que mitos, relatos ficticios: elaboraciones de la primitiva comunidad cristiana para justificar la condición de Jesús como Hijo de Dios, como Mesías, como Cristo. Los relatos de los evangelios no son sino narraciones míticas sin fundamento histórico alguno. Ni hay curaciones milagrosas, ni resucitación de muertos, ni multiplicación de panes y peces ni nada de nada. Por supuesto, Jesús no fundó ninguna Iglesia, sino que esta es un invento de los primeros cristianos, especialmente de San Pablo.

San Pío X:

Si tal vez se objeta a eso que hay en la naturaleza visible ciertas cosas que incumben también a la fe, como la vida humana de Jesucristo, ellos lo negarán. Pues aunque esas cosas se cuenten entre los fenómenos, mas en cuanto las penetra la vida de la fe, y en la manera arriba dicha, la fe las transfigura y desfigura, son arrancadas del mundo sensible y convertidas en materia del orden divino. Así, al que todavía preguntase más, si Jesucristo ha obrado verdaderos milagros y verdaderamente profetizado lo futuro; si verdaderamente resucitó y subió a los cielos: no, contestará la ciencia agnóstica; sí, dirá la fe. Aquí, con todo, no hay contradicción alguna: la negación es del filósofo, que habla a los filósofos y que no mira a Jesucristo sino según la realidad histórica; la afirmación es del creyente, que se dirige a creyentes y que considera la vida de Jesucristo como vivida de nuevo por la fe y en la fe. (Pascendi, 15)

4.- La Iglesia, dicen (los modernistas), y los sacramentos no se ha de creer, en modo alguno, que fueran instituidos por Cristo. (Pascendi, 19)

Los sacramentos no son más que símbolos. Jesús no instituyó ningún sacramento. Estos son otro invento de la primitiva Iglesia. Sirven para dar a la religión algo sensible que pueda suscitar o avivar los sentimientos religiosos: pero nada más.

Pero el Concilio de Trento sentencia respecto a los sacramentos:

«Si alguno dijere que estos sacramentos no fueron instituidos sino sólo para alimentar la fe, sea excomulgado».

El sacramento de la penitencia tiene como finalidad alcanzar una especie de catarsis, pero no hace falta porque lo importante es tener la conciencia tranquila (esté la conciencia bien formada o no). Yo me confieso directamente con Dios, no necesito contarle al cura los pecados. También quedan muy apañadas las celebraciones comunitarias con absolución general, sin necesidad de pasar la vergüenza de pasar por el confesionario: resultan mucho más cómodas y valen igual… En realidad, para los modernistas ya casi nada es pecado.

El bautismo no es necesario ya para la salvación. Todos se salvan: bautizados o no bautizados. Todos somos hijos de Dios. Dios nos quiere a todos por igual. Todos vamos al cielo.

El matrimonio no es ya indisoluble: eso es un ideal deseable pero inalcanzable. Puedes divorciarte y volverte a casar y seguir comulgando, si tu conciencia está tranquila y te sientes bien contigo mismo.

¿Qué decir de la Eucaristía? No pasa nada por no ir a misa. Las misas son aburridas: siempre lo mismo. Por eso hay que innovar y renovar creativamente la liturgia: bailes, guitarritas, canciones poperas con letras ñoñas, muchos abrazos en el momento de la paz (eso sí me hace sentir bien y exalta el sentimiento religioso). Los misales son una referencia puramente potestativa que el cura puede modificar a su gusto. Y la comunión se ha convertido en un derecho individual: da igual estar en pecado mortal, da igual no haberse confesado en años… ¿Estás a gusto con tu conciencia? Pues ya está. Eres adúltero, lujurioso, corrupto, asesino, mentiroso… ¿Qué tiene eso que ver? Yo voy y comulgo y punto. ¿Quién es el cura para quitarme a mí de comulgar? Así las misas se vuelven motivo de condenación más que de salvación para muchas almas que no saben que no deben comulgar pero sienten que sí pueden.

En la misa modernista, el protagonista no es Cristo, sino el cura. Este cura me entretiene y me gusta; este, no. Hay que hacer misas para niños, que son un espanto; misas para jóvenes, que son un horror; y luego están las misas para los viejos, que son las más aburridas. La misa debe ser renovada, debe ser un espectáculo divertido, porque si no, espantamos a la gente de las Iglesias. Hay que estar con los tiempos. Lo viejo no vale.

La transubstanciación es otro concepto del pasado que no es aceptable en la actualidad. La consagración es un símbolo (todo para ellos es un símbolo) que representa la presencia misteriosa de Cristo en medio de la asamblea de los fieles (que también, pero no solo). Pero el pan es pan y el vino sigue siendo vino. No es Cristo realmente el que se hace presente en el pan y en el vino. No hay milagro. Todo es inmanente. No hay sacralidad en nada. Todo es feo y vulgar. Cada vez menos se arrodillan ante el Santísimo en el momento de la consagración: ¿para qué? Total ahí no hay más que pan y vino…

Pero el Concilio de Trento aclara y define en la sesión XIII, cánones 1-3 para que no haya duda o confusión lo siguiente:

1. Si alguno negare que en el santísimo sacramento de la Eucaristía se contiene verdadera, real y sustancialmente el cuerpo y la sangre, juntamente con el alma y la divinidad, de nuestro Señor Jesucristo y, por ende. Cristo entero; sino que dijere que sólo está en él como en señal y figura o por su eficacia, sea anatema.

2. Si alguno dijere que en el sacrosanto sacramento de la Eucaristía permanece la sustancia de pan y de vino juntamente con el cuerpo y la sangre de nuestro Señor Jesucristo, y negare aquella maravillosa y singular conversión de toda la sustancia del pan en el cuerpo y de toda la sustancia del vino en la sangre, permaneciendo sólo las especies de pan y vino; conversión que la Iglesia Católica aptísimamente llama transustanciación, sea anatema.

3. Si alguno negare que en el venerable sacramento de la Eucaristía se contiene Cristo entero bajo cada una de las especies y bajo cada una de las partes de cualquiera de las especies hecha la separación, sea anatema.

El orden sacerdotal tampoco es un sacramente que tenga demasiada importancia (tal vez ninguna): cualquiera puede dar la comunión, cualquiera puede tomar en sus manos al Señor para comulgar. A fin de cuentas, por el bautismo todos compartimos la condición de sacerdotes. Los modernista abogan por el sacerdocio femenino, por la supresión del celibato…

5.- Los Mandamientos de la Ley de Dios ya no le sirven al mundo de hoy. El único mandamiento que vale es el mandamiento del amor. Pero no el amor que predicó Cristo, no: el amor a la manera de los modernitas; un amor que justifica la fornicación, que considera normal la masturbación, las relaciones homosexuales, las relaciones sexuales extramatrimoniales, los anticonceptivos, la fecundación artificial, los vientres de alquiler, el aborto, el divorcio, el adulterio… La Iglesia modernista respeta y valora las decisiones tomadas en conciencia, siempre y cuando no decidan, interfieran o lesionen derechos fundamentales de los demás. La validez universal de las normas morales queda derogada. El relativismo moral ha ganado.

El Dios del Antiguo Testamento no es el Dios de Jesús de Nazaret. El Dios de Jesús es un Dios Padre misericordiosos, que perdona siempre y todo; y sin necesidad de propósito de enmienda ni de dolor de los pecados; sin tener que decir los pecados al confesor ni tener que cumplir ninguna penitencia. Nada que ver con el juez vengativo del Antiguo Testamento.

Sin embargo, Jesús lo deja muy claro:

Vino uno y le preguntó: Maestro bueno, ¿qué tengo que hacer para ganar la vida eterna?

Jesús le contestó: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno salvo uno: Dios. Pero si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos.

Le dijo: ¿Cuáles?

Y Jesús dijo: no matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no mentirás, honra a tu padre y a tu madre; y amarás al prójimo como a ti mismo.

6.- En la Iglesia Católica un dogma es una verdad absoluta, definitiva, inmutable, infalible, irrevocable, incuestionable y absolutamente segura sobre la cual no puede flotar ninguna duda. Una vez proclamado solemnemente, ningún dogma puede ser derogado o negado, ni por el Papa ni por decisión conciliar. Por eso, los dogmas constituyen la base inalterable de toda la Doctrina Católica y cualquier católico está obligado a aceptar y creer en los dogmas de una manera irrevocable. El acceso a un Dogma es un acto volitivo, en consecuencia la relación con el dogma es un acto plenamente libre.

Con los dogmas, a los modernistas les da la risa. No solo pueden cambiarse, sino que deben cambiarse. Así lo señala Pío X:

No sólo puede desenvolverse y cambiar el dogma, sino que debe; tal es la tesis fundamental de los modernistas, que, por otra parte, fluye de sus principios.

Dado el carácter tan precario e inestable de las fórmulas dogmáticas se comprende bien que los modernistas las menosprecien y tengan por cosa de risa; mientras, por lo contrario, nada nombran y enlazan sino el sentimiento religioso, la vida religiosa. Por eso censuran audazmente a la Iglesia como si equivocara el camino, porque no distingue en modo alguno entre la significación material de las fórmulas y el impulso religioso y moral, y porque adhiriéndose, tan tenaz como estérilmente, a fórmulas desprovistas de contenido, es ella la que permite que la misma religión se arruine. (Pascendi, 11).

En toda religión que viva, nada existe que no sea variable y que, por lo tanto, no deba variarse. De donde pasan a lo que en su doctrina es casi lo capital, a saber: la evolución. Si, pues, no queremos que el dogma, la Iglesia, el culto sagrado, los libros que como santos reverenciamos y aun la misma fe languidezcan con el frío de la muerte, deben sujetarse a las leyes de la evolución. (Pascendi, 25).

Los modernistas no aceptan la autoridad de la Iglesia ni, mucho menos, las verdades dogmáticas que proclama y que constituyen la base doctrinal de la Iglesia: la Verdad de la Iglesia. Los dogmas cierran el camino al progreso de la Iglesia y a su necesaria modernización y actualización. Hay que armonizar los dogmas con la ciencia y con la historia. Hay que democratizar la Iglesia y descentralizar el poder. Hay que reformar la curia y las Congragaciones romanas, especialmente el antiguo Santo Oficio. Así los dogmas puedes ser cambiados y transformados democráticamente para adaptarlos al mundo actual.

No es extraño así que una monja cuestione la virginidad de María, que un cura considere anticuado el concepto de transubstanciación, que un religioso bendiga las relaciones homosexuales y los matrimonios gays; que otro bendiga el aborto, la fecundación artificial o los anticonceptivos; que un obispo diga que se puede comulgar en pecado mortal o que otro ordene que se den los sacramentos a quienes optan por la eutanasia para quitarse la vida; y así un largo etcétera.

Señores: la Verdad es Cristo. La verdad revelada a la Iglesia supone el depósito de la fe que se debe custodiar y transmitir. Y Dios no cambia. Jesús es el mismo ayer y hoy, y lo será para siempre.

Conclusiones

El “discernimiento” es necesario. Estemos atentos. El Demonio miente: es el padre de la mentira. La “cola serpentina” nos ofrece tentaciones que aparentemente nos proporcionan felicidad: pero que a la larga nos esclavizan y nos matan. San Ignacio de Loyola lo tenía claro:

Propio es del ángel malo, que se forma sub angelo lucis, entrar con la ánima devota y salir consigo, es a saber, traer pensamientos buenos y santos conforme a la tal ánima justa, y después poco a poco procura de salirse, trayendo a la ánima a sus engaños cubiertos y perversas intenciones”.

Debemos mucho advertir el discurso de los pensamientos; y si el principio, medio y fin es todo bueno, inclinado a todo bien, señal es de buen ángel; mas si en el discurso de los pensamientos que trae, acaba en alguna cosa mala, o menos buena que la que el ánima antes tenía propuesta de hacer, o la enflaquece o inquieta o conturba a la ánima quitándola su paz, tranquilidad y quietud que antes tenía, clara señal es proceder de mal espíritu, enemigo de nuestro provecho y salud eterna.

Por ejemplo, procede del Maligno la manipulación de la palabra de Dios cuando se utiliza el capítulo 25 (31-46) del Evangelio de Mateo (el juicio final), descontextualizando su contenido respecto al resto de las Sagradas Escrituras, para justificar que lo único importante es la opción por los pobres: dar de comer al hambriento, de beber al sediento… Y que todo lo demás, todo lo que no sea el amor, la caridad, la opción por los pobres, no vale nada. Importan los niños muertos en las guerras, pero no la virginidad de María, que es secundario; ni la adoración eucarística, que es una tontería y una pérdida de tiempo. Por esa vía, se desacraliza a la propia Iglesia y se convierte su doctrina en pura ideología mundana. Y así, el único sentido de la Iglesia se reduce a su acción filantrópica, humanitaria, caritativa… ¿Está eso mal? Por supuesto que no. Pero si el amor a los pobres conduce a despreciar a Cristo o a su Santísima Madre, eso es obra de Satanás y no de Dios. Amar a Dios nos lleva inevitablemente a amar al prójimo. Pero la Iglesia no es una ONG. Es mucho más.

Satanás odia al hombre, creado a imagen y semejanza de Dios. Por eso el Demonio recurre a las medias verdades, a las ambigüedades, a lo aparentemente bueno, para conducirnos a la perdición y a la muerte. Satanás es un gran teólogo. Por eso tenemos que saber distinguir lo bueno de lo pecaminoso:

1.- Quien niega un dogma no está en comunión con la Iglesia. Después de negar la virginidad de María, vendrá negar la divinidad de Cristo, la transubstanciación y todo lo demás. Los dogmas marianos no se tocan. El dogma de la transubstanciación no se toca. Ni ninguno otro.

2.- Quien predica el amor cristiano pero induce a incumplir los mandamientos es un mentiroso y un malvado. Quien ama a Dios cumple sus mandamientos. Los Mandamientos son criterios de discernimiento infalibles: cuando algo aparentemente bueno o atrayente te lleva a incumplir uno solo de los mandamientos, es obra del Demonio y no de Dios.

3.- Lo que crea confusión, división o enfrentamientos no viene de Dios.

4.- Lo que agrada al mundo no agrada a Dios. Cuando el mundo aplaude, malo. Si el anuncio del Evangelio y la coherencia eucarística no te acarrea persecución, algo está fallando en tu vida cristiana.

Los modernistas son expertos en la ambigüedad calculada, en aparentar bien para conducir a la perdición, en ofrecer salvación mientras conducen a los incautos a su condenación eterna.

Volvemos a la Pascendi:

Ninguno se maravillará si lo definimos (al modernismo) afirmando que es un conjunto de todas las herejías”.

“Cuadra, pues, bien al clan de los modernistas lo que tan apenado escribió nuestro predecesor: «Para hacer despreciable y odiosa a la mística Esposa de Cristo, que es verdadera luz, los hijos de las tinieblas acostumbraron a atacarla en público con absurdas calumnias, y llamarla, cambiando la fuerza y razón de los nombres y de las cosas, amiga de la oscuridad, fautora de la ignorancia y enemiga de la luz y progreso de las ciencias.»”.

Guardar silencio ya no es decoroso si no queremos ser infieles a Cristo. Pocos son los que levantan la voz y hablan claro ante la confusión reinante en la Iglesia a día de hoy. Ya está bien de ambigüedades, de miedos, de falsos respetos humanos, de doctrinas corrompidas por las glosas heréticas de los modernistas… Ya está bien. No soy yo, que no soy nadie, quien se tiene que enfrentar a los herejes. Pero si todos callan, hasta las piedras hablarán. Algún día todos – más pronto que tarde, porque los años no pasan en balde – nos tendremos que presentar ante el Señor y Él nos juzgará. Tengamos más miedo al juicio de Dios que a las opiniones del mundo o a las críticas de los medios mundanos o a vernos perjudicados en nuestras carreras. Los católicos de a pie, los que no somos nada más que feligreses de una parroquia de pueblo, ni aspiramos a nada más, tenemos derecho a vivir nuestra fe sin sobresaltos, sin que cada día se cuestionen nuestros dogmas, nuestro credo, nuestros sacramentos, nuestros mandamientos.

La Iglesia es depositaria de la Verdad revelada por Dios. Cristo es la Verdad y la cabeza de la Iglesia. La Iglesia es el Cuerpo Místico de Cristo. Y la misión de la Iglesia es comunicar esa Verdad a todas las naciones y llamar a todos los hombre a la conversión: lleva a todos los hombres a Cristo. Aceptar o negar esa Verdad depende de una decisión libre de cada persona. Quien la acepta, se salvará. Quien la rechace, se condenará. Los dogmas se aceptan o se rechazan. Pero quien los rechaza no puede seguir en comunión con la Iglesia. Y es la jerarquía de la Iglesia quien debe poner a cada uno en su sitio con la autoridad que tiene.

Yo estoy hasta el gorro de los modernistas. ¿Y ustedes?

15.01.17

La Era de la Posverdad: la razón ha muerto

En 1979, los Monty Python estrenaron La Vida de Brian. Por aquel entonces, nadie había oído hablar, al menos en España, de la ideología de género. Sin embargo, no me negarán que el sketch que les enlazo aquí resulta de una actualidad asombrosa:

Lo que en la España de 1980 provocaba hilaridad ahora, en 2017, es lo “normal” y, si te atreves a cachondearte del tema o lo criticas, acabarás con sanciones administrativas o con denuncias ante la fiscalía por homofobia o por incitación al odio.

“Es un símbolo de su lucha contra la realidad", afirma el líder del Movimiento Anti-imperialista. Stan quiere ser Loretta y defiende su derecho a parir. “¿Donde vas a gestar al feto? ¿En un baúl?". En los años 80, no se habían desarrollado como hoy en día las técnicas de reproducción asistida ni se habían “inventado” los vientres de alquiler. 

Los Monty Python se adelantaron a su tiempo y hoy en día deben ser reconocidos como auténticos precursores de la Era de la Posverdad. Los posverdadianos no se preocupan de la realidad: cuando la realidad no encaja en su marco de ideas preconcebidas, simplemente se inventan una realidad distinta que se adapte a sus preferencias.

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16.12.16

Quiero ser modernista posverdadiano

Está decidido: quiero ser modernista. Después de tantos años, por fin he descubierto mi verdadero caminio. Ya está bien de verdades dogmáticas, propias de fanáticos integristas. Yo pertenezco a la Era de la Posverdad, que es la palabra de moda: la palabra del año para el Diccionario Oxford (registraré el término «posverdadiano» en la Sociedad General de Autores). ¿Que no habían oído hablar de esta palabra? ¿Que no la conocían? Están ustedes out. No están en la onda (ni buena ni mala: si la tienen buena, mándenmela). Han quedado ustedes desfasados, anticuados, carrozas, carcas… Permítanme humildemente que les ilustre: la posverdad significa que los hechos objetivos importan un bledo; lo que cuenta es lo que cada uno sienta o crea.

La posverdad representa el triunfo final del subjetivismo absoluto sobre la verdad objetiva. La validez universal de la norma moral objetiva ha quedado definitivamente abrogada. Algo es bueno si yo opino y siento que es bueno; y es malo, si siento lo contrario.

Otro tanto sucede con la percepción de la realidad. No existe una realidad objetiva, sino tantas realidades virtuales como individuos. Si yo me siento un pez y creo que soy un pez, entonces ¿por qué no voy a ser un pez? ¿Qué más da lo que diga la biología? La verdad científica no importa: solo cuenta lo que yo siento, lo que yo creo, lo que yo opino o lo que yo quiero. Esto es una especie de egolatría narcisista y hedonista. La posverdad, como diría mi buen amigo Néstor Mora, es líquida y poliédrica: es el triunfo de Matrix.

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