19.04.19

¿Estáis dispuestos a sufrir por Cristo?

En 1712, San Luis María Grignion de Montfort escribe su Tratado de la verdadera devoción a la Santísima Virgen, obra fundamental en los tiempos que corren y que todos los fieles católicos deberían conocer y leer. En ese Tratado podemos leer cosas como estas:

María y los últimos tiempos

La salvación del mundo comenzó por medio de María y por medio de Ella debe alcanzar su plenitud.

Ella es el medio seguro y el camino directo e inmaculado para ir a Jesucristo y hallarle perfectamente. Por Ella deben, pues, hallar a Jesucristo las personas santas que deben resplandecer en santidad. Quien halla a María, halla la vida (ver Prov 8,35), es decir, a Jesucristo, que es el Camino, la Verdad y la Vida (Jn 14,6).

María debe resplandecer, más que nunca, en los últimos tiempos en misericordia, poder y gracia: en misericordia, para recoger y acoger amorosamente a los pobres pecadores y a los extraviados que se convertirán y volverán a la Iglesia católica; en poder contra los enemigos de Dios, los idólatras, cismáticos, mahometanos, judíos e impíos endurecidos, que se rebelarán terriblemente para seducir y hacer caer, con promesas y amenazas, a cuantos se les opongan; en gracia, finalmente, para animar y sostener a los valientes soldados y fieles servidores de Jesucristo, que combatirán por los intereses del Señor.

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14.04.19

¡Basta ya, Señor!

“¡Basta ya, Señor! ¡Quítame la vida, pues yo no soy mejor que mis padres!”

¡Cuantas veces me siento igual que Elías! No puedo más. Estoy cansado. Muy cansado. Me echaré a esperar que el Señor me quite la vida. Tengo el corazón roto, destrozado. No quiero vivir más.

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4.04.19

Dad al César lo que es del César

 

Es un clásico que cada vez que alguien toca el tema de la relación entre fe y política alguien sale con la consabida frase del Evangelio: “dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios” (Mt. 22, 21). Y lo normal es que los apóstatas y todos los “modernos” manipulen esa frase de Nuestro Señor usándola como coartada para justificar lo injustificable: que uno pueda conciliar el hecho de ser católico con el de votar o incluso militar en partidos políticos cuyas ideologías y programas contravienen abiertamente la doctrina y la moral de la Iglesia. Para todos estos, la fe sería un asunto privado y particular, que se debe limitar al culto dentro del templo o en la intimidad de tu propia casa o de tu propia conciencia. Pero la vida pública sería otro ámbito independiente donde la fe no tendría nada que decir. Así, se puede, según estos farsantes, ir a misa los domingos o a diario, confesarse y, al mismo tiempo, militar o votar a formaciones políticas que propugnan el aborto, la eutanasia, la gestación subrogada (eufemismo abyecto para referirse al alquiler de vientres de mujeres para gestar hijos de otros), la ideología de género o el control estatal, con pretensiones totalitarias, de la educación. Y no se ponen ni “coloraos” ante tanta indignidad.

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31.03.19

¡Dios mío! ¡Cuánto dolor!

Hoy se nos ha ido un niña con tan solo cuatro meses. Se llamaba María del Mar, como su madre. Era una niña preciosa. Sus padres la querían con locura. Y ha fallecido, probablemente de muerte súbita. De repente.

María del Mar y Dani, sus padres, están destrozados por el dolor. Y cuantos los conocemos y los queremos, también.

Seguro que esa niña ya está en el cielo, en los brazos amorosos de María Satísima, que la cuidará y la mimará. Dios, que es un Padre bueno, la colmará de ternura.

Pero no hay dolor más grande que perder a un hijo. Esa niña no era hija mía ni pariente. Pero era también un poco mía. Y era un poco de todo el Colegio. Era una de nuestras niñas: era de nuestra familia. Y el Señor se la ha llevado. Seguro que Él tendrá sus motivos y seguro que será para bien de todos, aunque ahora no entendamos nada y el dolor y el sufrimiento nos encoja el corazón.

Ahora solo podemos compartir el dolor de esos padres, llorar con quienes lloran. Y rezar por ellos.

Pero solo rezar no es bastante. María del Mar y Dani tienen otros tres hijos: Dani, Juan Antonio y Cristiano. Esos tres niños vienen a nuestro colegio. Y también son nuestros niños.

Y no hay derecho. La vida se ceba con los más pobres… Esta familia malvive en una casa infrahumana. No tienen trabajo ni el padre ni la madre. Viven de las ayudas de unos y de otros. Pero eso no es vida. Todo el mundo tiene derecho a vivir con dignidad, a tener un trabajo, una casa decente… Esta familia se merece una oportunidad, se merce que alguien les ofrezca un trabajo. Dani y María de Mar se merecen ser tratados con respeto. Y sus hijos se merecen una vida digna y crecer sanos y formarse y crecer y madurar. Y ser felices. Que en la civilizada Europa, que en la España del Estado del Bienestar, haya familias que tengan que vivir así, en la miseria, es para que se nos caiga la cara de vergüenza a todos. A mí, por lo menos, se me cae.

Y no, María del Mar y Dani no son perfectos, no son santos. Yo, tampoco. Ni usted, que me está leyendo ahora. Pero ellos no han tenido ninguna oportunidad. Ninguna. No es cristiano consentir que una familia viva en las condiciones en las que viven esos padres con sus tres hijos. Y si nadie hace nada, tendremos que hacerlo nosotros. No vale mirar hacia otro lado. No vale juzgar ni condenar. No vale. La vida de esa familia también es responsabilidad nuestra, porque esos padres son nuestros hermanos. Y sus hijos son nuestros hijos. Y nosotros no somos mejores que ellos. Y, si no, el que esté libre de pecado, que les tire la primera piedra. Aunque de pedradas ya van bien servidos…

María del Mar, con cuatro meses, ya se ha ido al cielo. Que su partida a la casa del Padre nos mueva el corazón para que sus padres y sus hermano puedan tener una vida mejor. Y Dios nos perdone a todos.

27.03.19

Reivindicación de la Santa Doctrina de la Iglesia

Este texto fue publicado originalmente en Marchando Religión con el título Personalismo y tomismo. Ahora lo traigo a mi blog con cierto temor, porque no es un simple post: es más bien un ensayo. Y por su extensión, no es este el medio más adecuado para su publicación.


Este ensayo parte de la lectura de la obra del profesor Juan Manuel Burgos, Antropología: una guía para la existencia. Y lo que pretendo es hacer una lectura crítica de la antropología personalista expuesta por este autor, sobre todo en lo que se refiere a tres aspectos importantes: la dignidad de la persona; la libertad y el concepto de autodeterminación; y las preguntas últimas sobre el sentido de la existencia.

Al mismo tiempo, mi intención es reivindicar la vigencia y el valor de la filosofía tomista y la necesidad de recuperar su protagonismo y su primacía en la vida de la Iglesia para terminar con la actual situación de confusión que amenaza con echar abajo la doctrina y la moral de la Iglesia Católica. Volver a la doctrina tradicional de los Padres y los Doctores de la Iglesia y combatir la filosofía moderna y la Nueva Teología me parecen tareas ineludibles e inaplazables en el actual estado de cosas.

1.- El peligro de las filosofías modernas

Hace unos meses, tras una conferencia impartida por uno de los filósofos más renombrados del personalismo en España, se me ocurrió preguntarle qué valor añadía el personalismo respecto al tomismo. La contestación fue bochornosa: el tomismo es del siglo XIII y el personalismo es una filosofía moderna, actual… El argumento no puede ser más peregrino y falaz, puesto que según eso, la teología de Hans Küng sería superior a la de San Agustín y la filosofía de Marx debería ser superior a la de Aristóteles o a la de Platón. Eso implica que la verdad, al parecer, evoluciona con la historia y lo que hoy es verdad mañana puede no serlo. Una barbaridad.

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