29.07.18

Una propuesta de renovación pedagógica para la escuela católica

Introducción

Hace muchos años, las instituciones educativas católicas (las no católicas también) emprendieron la búsqueda desenfrenada y alocada de nuevas metodologías. Se trata de una especie de peregrinación sin rumbo para encontrar la piedra filosofal de una nueva metodología educativa que resolviera de un plumazo los problemas que aquejan a la escuela en nuestros tiempos. En esta alocada aventura no falta un cierto ingrediente de propaganda y marketing con la finalidad de atraer una clientela ansiosa por conseguir que sus hijos sean felices en la escuela y vivan experiencias enriquecedoras.

Leer más... »

18.07.18

La Escuela Católica: comunión de amor

Introducción

Este artículo no es una descripción de todos los colegios concertados ni de todos los colegios católcios. Ni siquiera es una descripción de mi colegio. Tampoco pretende ser un ejercicio vanidoso de autobombo para elogiarme a mí mismo: a mí me falta mucho para ser un maestro o un director santo.

No obstante, mi reflexión parte de mi propio ejercicio de la labor como profesor y director de un colegio católico. Y desde ahí, este artículo pretende ofrecer una aportación personal en positivo sobre cómo considero yo que debería ser un colegio católico: en negativo he escrito ya muchos criticando la deriva de muchos colegios que se denominan católicos y distan mucho de serlo (desde mi punto de vista).


Siempre se dice que cada escuela conforma una “comunidad educativa” en la que intervienen los profesores, el personal no docente, los padres y los alumnos. Incluso la regulación administrativa determina que esta comunidad educativa tenga su órgano de representación en los consejos escolares. En el caso de los consejos escolares de los centros privados concertados, hay que añadir a la entidad titular del centro.

Si toda escuela es una comunidad educativa, una escuela católica tiene que ser una comunión de amor: una unión de hijos de Dios en la verdad y en la caridad. “La Iglesia ve en el hombre, en cada hombre, la imagen viva de Dios mismo” (Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, 105): este es el punto crucial que debería marcar la diferencia entre una escuela laica y una escuela verdaderamente católica. El hecho diferencial de una escuela católica no es la disciplina ni el bilingüismo ni la excelencia académica: es el amor. Y la única norma que se debe establecer de modo inflexible e incuestionable en ella es la caridad, entendiendo por caridad el modo de amar de Dios: un amor incondicional, un amor que no espera nada a cambio, un amor que perdona siempre; un amor que es servicio, donación de uno mismo; un amor que no se limita a los amigos o a quienes nos caen bien o a quienes piensan como uno, sino que es un amor universal que tiene que incluir también a los enemigos, a los que me caen mal o a quienes piensan de manera radicalmente distinta de mí. La caridad es el amor de un Padre bueno que siempre está dispuesto a abrazar a sus hijos, a perdonarlos y a salvarlos. La caridad es el amor de Cristo en la cruz: un amor tan grande por cada uno de nosotros que llegó a derramar su preciosísima sangre y a entregar su propia vida para salvarnos a nosotros. La caridad es el amor que tan bellamente canta y describe San Pablo en la Primera Carta a los Corintios:

Aunque hablara las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo caridad, sería como el bronce que resuena o un golpear de platillos.

Y aunque tuviera el don de profecía y conociera todos los misterios y toda la ciencia, y aunque tuviera tanta fe como para trasladar montañas, si no tengo caridad, no sería nada.

Y aunque repartiera todos mis bienes, y entregara mi cuerpo para dejarme quemar, si no tengo caridad, de nada me aprovecharía.

La caridad es paciente, la caridad es amable; no es envidiosa, no obra con soberbia, no se jacta, no es ambiciosa, no busca lo suyo, no se irrita, no toma en cuenta el mal, no se alegra por la injusticia, se complace en la verdad; todo lo aguanta, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.

(Lo de aguantarlo todo y soportarlo todo viene muy a cuento hablando de una escuela…)

Leer más... »

16.07.18

La Batalla por la Escuela

Terminó el curso hace unos días. En el Colegio sólo quedamos el personal de limpieza y secretaría y el equipo directivo. Queda limpiar y arreglar el colegio y dejarlo todo listo para empezar en septiembre el próximo curso. Ya no hay niños bulliciosos corriendo por el patio del colegio ni profesores atareados con sus clases. Todo está tranquilo y silencioso. Dentro de unos días, el P. José Carlos vendrá a retirar al Santísimo del Sagrario de la capilla del colegio. Y entonces quedarán las cuatro paredes de un edificio sin vida. Porque mientras esté presente el Maestro, hay vida dentro de esa casa. Pero sin Él, queda la cáscara vacía. Esto no lo podrán entender quienes no tiene fe. Pero la diferencia entre que esté presente en el colegio el Señor en el Santísimo Sacramento y que no esté, resulta abismal, inmensa, inconmensurable…

Leer más... »

26.06.18

24.05.18

La Escuela Intranscendente del Nuevo Paradigma

Hay muchas escuelas supuestamente católicas (digo muchas, no todas) que han sido las abanderadas del modernismo o, lo que es lo mismo, de la Iglesia del Nuevo Paradigma, desde hace más de cincuenta años. Los religiosos neoparadigmáticos no dudaron en cambiar la tradición y el carisma de sus fundadores por las novedades de la modernidad. La mayoría de esas órdenes religiosas (no todas) languidecen en una muerte lenta que prolongará su decadencia y su agonía hasta que desaparezcan. Hoy en día estas órdenes religiosas tienen más jubilados que miembros activos. Es lo que pasa cuando el sarmiento se separa de la Vid Verdadera, que es Cristo: que el sarmiento se seca y no sirve ya más que para echarlo al fuego.

Leer más... »