21.10.18

Rígidos

Rígidos

rígido, da

Del lat. rigĭdus.

1. adj. Que no se puede doblar (‖ torcer).

2. adj. Riguroso, severo.

 

Hace pocos días, el Santo Padre nos advertía de nuevo contra los hipócritas y fariseos. Los fariseos y los doctores de la Ley eran personas rígidas, no dispuestas a cambiar. “Pero siempre, bajo o dentro de una rigidez  - dice el Papa - hay problemas. Graves problemas (…). Detrás de las apariencias de buen cristiano, apariencias quede claro, que siempre trata de figurar, de maquillarse el alma, hay problemas. Allí no está Jesús. Ahí está el espíritu del mundo”.

Los hipócritas son los que predican una cosa y hacen la contraria (“haced lo que ellos dicen pero no hagáis lo que ellos hacen”); los que presumen de dignidad y de santidad y llevan una vida depravada. “Cuidaos de la levadura de los fariseos, que es la hipocresía”, dice el Señor. Y a continuación señala: “No hay nada oculto que no deba ser revelado, ni nada secreto que no deba ser conocido. Por eso todo lo que vosotros habéis dicho en la oscuridad, será escuchado en pleno día; y lo que habéis hablado al oído, en las habitaciones más ocultas, será proclamado desde lo alto de las casas”.

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11.10.18

Llena eres de Gracia

La Virgen María es la llena de gracia. El Espíritu Santo la cubrió con su sombra y concibió al Hijo de Dios. Ella fue elegida por Dios para ser nada menos que su Madre, la madre del Hijo único de Dios: Nuestro Señor Jesucristo. Por eso, Dios la preparó y por ello fue concebida sin pecado original. Quien iba a acoger en su seno al Creador no podía estar manchada por el pecado de nuestros Primeros Padres. Ella nació limpia de pecado. Y cuando llegó el momento, el Señor la pudo llenar de su gracia para que fuera siempre santa e irreprochable.

Pero ¿qué significa eso de estar “llena de gracia”? ¿Qué es la gracia? Como ya casi nadie predica sobre la gracia, este concepto católico parece que ya no está nada claro para muchos. Mi amigo y hermano Alonso Gracián sabe de esto muchísimo más que yo, pero me arriesgaré a meterme en el tema por amor a la Santísima Virgen María.

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6.10.18

Ángel de Luz

San Ignacio de Loyola nos enseña en las anotaciones a sus Ejercicios Espirituales a discernir correctamente: a saber distinguir las inspiraciones del Espíritu Santo y las del Demonio.

En la Contemplación de las Dos Banderas, los Ejercicios nos presentan dos ejércitos: el de Cristo y el de Satanás. Y cada uno, ofrece a sus soldados un discurso:

Considerar el sermón que les hace (el Deminio), y cómo los amonesta para echar redes y cadenas; que primero hayan de tentar de codicia de riquezas, como suele, ut in pluribus, para que más fácilmente vengan a vano honor del mundo, y después a crecida soberbia; de manera que el primer escalón sea de riquezas, el segundo de honor, el tercero de soberbia, y de estos tres escalones induce a todos los otros vicios.

Considerar el sermón que Cristo nuestro Señor hace a todos sus siervos y amigos, que a tal jornada envía, encomendándoles que a todos quieran ayudar en traerlos, primero a suma pobreza espiritual, y si su divina majestad fuere servida y los quisiere elegir, no menos a la pobreza actual; 2o, a deseo de oprobrios y menosprecios, porque de estas dos cosas se sigue la humildad; de manera que sean tres escalones: el primero, pobreza contra riqueza; el segundo, oprobrio o menosprecio contra el honor mundano; el tercero, humildad contra la soberbia; y de estos tres escalones induzcan a todas las otras virtudes.

Cada uno de nosotros tiene que elegir a qué capitán seguir: a Satanás o a Cristo. Atribuyen a San Vicente de Paul esta frase: Nuestro negocio es ganar el cielo. Todo lo demás es una gran pérdida de tiempo. Todo es bueno en tanto en cuanto contribuya a nuestra salvación; y todo es malo, si contribuye a nuestra condenación. Porque nosotros vivimos con la mirada puesta en la vida eterna: en el Cielo; y no en la búsqueda del bienestar, el placer o los honores de este mundo, que es pasajero.

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26.09.18

Impostura y apostasía

Que la Iglesia está sufriendo una profunda crisis resulta tan evidente que no hace falta ni argumentación. Basta con leer las noticias que recibimos a diario por los distintos medio de información: entre ellos, InfoCatólica. Algunos hablan de una verdadera guerra civil dentro de la Iglesia. Otros comparan los escándalos de abusos sexuales por parte de religiosos y sacerdotes – y el encubrimiento por parte de algunos obispos – con una catástrofe que amenaza con derrumbar el edificio de la Iglesia y emplean la analogía de las Torres Gemelas de Nueva York. Algunos comparan la crisis actual con la arriana del siglo IV o con la reforma protestante del siglo XVI. Otros avisan de un posible cisma que, de hecho, ya se estaría dando dentro de la Iglesia, aunque aún no de derecho.

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18.09.18

Veinticinco años de matrimonio: Carta a mis hijos

No son los que me dicen: “Señor, Señor”, los que entrarán en el Reino de los Cielos, sino los que cumplen la voluntad de mi Padre que está en el cielo. Así, todo el que escucha las palabras que acabo de decir y las pone en práctica, puede compararse a un hombre sensato que edificó su casa sobre roca. Cayeron las lluvias, se precipitaron los torrentes, soplaron los vientos y sacudieron la casa; pero esta no se derrumbó porque estaba construida sobre roca.

18 de septiembre de 2018 

Queridos hijos:

Hoy celebramos mamá y yo los veinticinco años de matrimonio: nuestras bodas de plata. Hoy es un momento especialmente feliz para nosotros. Celebramos una vida llena de amor y vosotros sois el fruto de ese amor, el regalo que el Señor ha querido darnos no solo a mamá y a mí, sino también al mundo, porque, con vuestras vidas, este mundo es un poco mejor y más hermosos que antes de que nacierais. Vuestra madre y yo os queremos con toda el alma. Daríamos gustosamente la vida por cada uno de vosotros y rezamos para que los tres sigáis el camino del Justo. En la última “reunión familiar” os lo dije a los tres: lo más importante es que seáis santos y que algún día comamos juntos el banquete de la mesa celestial.

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