La historia de la Virgen de Guadalupe no se limita a un solo país ni a una sola época. Su imagen y devoción traspasó la sierra de Extremadura y el cerro del Tepeyac, en México, hasta llegar a lugares inesperados como Polonia. Según fuentes cristianas, la talla original de la Virgen fue realizada en el siglo I por San Lucas, quien plasmó en una tabla el rostro de María. Tras la muerte del evangelista, la imagen permaneció junto a su sepultura, hasta que en el siglo IV el emperador Teodosio la trasladó a Constantinopla. Años más tarde, en 582, el cardenal Gregorio –futuro papa– llevó la sagrada talla a Roma. Antes de donar la escultura al arzobispo de Sevilla, encargó una copia pintada de la imagen santísima realizada por San Agustín de Canterbury. La historia de la Virgen de Kodeń está relacionada justamente con esa pintura.
Mikołaj Sapieha: el noble que desafió al papa
En el siglo XVII, según la tradición, el noble Mikołaj Sapieha peregrinó a Roma para pedir la curación de una grave enfermedad. Tras rezar larga y fervientemente ante la Virgen de Guadalupe –también llamada Gregoriana– habría recibido una sanación milagrosa. Quiso entonces llevar la imagen a su iglesia en Podlasie, pero el papa se lo negó. Sin rendirse, Sapieha tomó una decisión arriesgada: robó la pintura y la trasladó en secreto a Kodeń con ayuda de un sacristán al que soborno. La reacción no se hizo esperar: el papa Urbano VIII lo excomulgó y exigió la devolución del cuadro. Sin embargo, Sapieha prestó un gran servicio a su patria al oponerse con éxito a los planes del rey polaco Władysław Waza que pretendía casarse con la princesa protestante Elisabeth Neuburg, evitando así que Polonia cayera bajo la influencia del protestantismo. En reconocimiento a estos méritos, el pontífice levantó la excomunión y permitió que la imagen permaneciera definitivamente en Kodeń. Aunque algunas fuentes sostienen que Sapieha pudo haber comprado el cuadro –tal vez incluso en España–, lo cierto es que llegó a Kodeń y allí se convirtió en un símbolo de identidad y resistencia. En los años 70. el cardenal y futuro papa Karol Wojtyła reflexionaría sobre aquel episodio: Según el juicio humano, Sapieha cometió un acto impío. Sin embargo, parece que para comprender esta bendita culpa hay que darse cuenta de que, antes de ser sustraída, la imagen le había sido regalada de alguna manera. No por el papa Urbano VIII. Creo que se la regaló la propia Madre de Dios.
Virgen de Kodeń en tiempos de particiones
Durante las particiones de Polonia en el siglo XIX, la Virgen de Kodeń volvió a situarse en el centro de la historia del país. En 1875, la administración zarista destruyó la iglesia original, la convirtió en un templo ortodoxo y ordenó trasladar la imagen a Częstochowa. La confiscación formaba parte de un plan de represión que los rusos emplearon contra los católicos tras el levantamiento de enero de 1863: se prohibieron peregrinaciones, se suprimieron rituales y miles de fieles fueron obligados a integrarse en la Iglesia ortodoxa. El cuadro permaneció lejos de su santuario hasta la recuperación de la independencia polaca tras la Primera Guerra Mundial.
Soldados malditos y Nuestra Señora de Kodeń
La historia de la Virgen también se entrelaza con la posguerra polaca. El final de la II guerra mundial no significó la libertad para Polonia. Los soldados malditos continuaron la resistencia armada contra el régimen comunista desde los bosques de Podlasie. Muchos llevaban escapularios con la Virgen de Kodeń, y algunos se los introducían en la boca antes de ser ejecutados. Enterrados en tumbas sin nombre, su existencia quiso ser borrada a toda costa por el agresor ruso, pero un rastro de su identidad permaneció intacto: los escapularios ennegrecidos con la imagen de la Virgen. Estos hallazgos confirman la fuerte intercesión que la Virgen ejerció sobre quienes, incluso al borde de la muerte, seguían defendiendo la fe y la patria.
La historia de la Virgen de Guadalupe revela una continuidad espiritual que atraviesa siglos y fronteras. Desde su talla atribuida a san Lucas hasta su presencia en Roma, y su sucesiva llegada a España y América, y finalmente su arraigo en Polonia, la figura mariana refleja un puente entre culturas y tierras distantes, pero unidas bajo la misma fe. España, México y Polonia reconocen en ella no solo a una intercesora celestial, sino a un símbolo de identidad colectiva. A lo largo de los siglos, la imagen de Guadalupe ha acompañado a sus fieles en la evangelización, en la defensa de su identidad e incluso en su lucha por la supervivencia. Las invasiones musulmanas en la península ibérica, la opresión zarista o la ocupación nazi y comunista en Polonia hicieron de estas advocaciones símbolos de una fuerza espiritual capaz de sostener a un pueblo en los momentos más oscuros. Hoy, siglos después de aquel controvertido «robo» y tras múltiples episodios de represión, la Virgen de Kodeń sigue siendo uno de los iconos más venerados de Polonia. Cada año, cientos de peregrinos se acercan de rodillas hacia su santo rostro pidiendo favores y agradeciendo milagros.








