InfoCatólica / El blog de Monseñor Sebastián / Archivos para: 2009

25.05.09

La Iglesia y el sida

A propósito de las palabras del Papa en Africa sobre los riesgos de las campañas que pretenden luchar contra el contagio del SIDA recurriendo exclusivamente al uso del preservativo, quiero ofrecer aquí algunas consideraciones aclaratorias. Tengo la impresión de que se habla muy confusamente sobre la posición de la Iglesia. A algunos les dará igual, porque sólo buscan excusas para atacar a la Iglesia y a la fe cristiana. Pero otras muchas personas de buena voluntad merecen una aclaración.

En primer lugar, es conveniente recordar que la lucha sanitaria contra la difusión del SIDA no es misión ni responsabilidad propia de la Iglesia. La Iglesia no es una institución sanitaria. Son los organismos sanitarios, nacionales e internacionales, los que tienen la obligación de informar a la población sobre cómo tienen que actuar para defenderse de ese terrible contagio.

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11.05.09

María en la devoción del Pueblo de Dios (II)

III. Fiel en el silencio y en el dolor

El pueblo cristiano ha visto en María el ejemplo del amor silencioso y fiel, la confianza de Caná y la fortaleza del Calvario, la prueba del sábado santo y el gozo de la resurrección. La devoción de los cristianos a la Virgen de los Dolores, a la Virgen de la Soledad, las muchas maneras de representar y de venerar el dolor y la fidelidad de la Virgen María en la prueba terrible de la Pasión y muerte del Señor, tiene, al menos, una doble significación. En primer lugar es una forma de manifestar la autenticidad y la fidelidad del amor de María a su Hijo, la intensidad y la fortaleza de la fe que no duda ni se debilita ni se acobarda en los momentos de la más dura prueba, y es también una manera de buscar protección y fortaleza en las dificultades de la vida en este mundo que los cristianos siente tantas veces con especial dureza. La Virgen María, que estuvo firme junto a la Cruz de su Hijo, la Mujer fiel que sostuvo la fe de los Apóstoles y de la Iglesia naciente en los días oscuros de la Pasión y Muerte de Jesús, podrá también ayudarnos en las horas duras y oscuras de nuestra vida. Ella la Mujer por excelencia, la verdadera Eva, la Madre universal, modelo y consuelo de todas las madres, de todas las mujeres, de todos los hombres y mujeres en los muchos momentos dolorosos de la vida y de la muerte. Las imágenes, los títulos, las devociones a la Madre de los Dolores se multiplican. En su dolor y en su soledad María es ejemplo de fidelidad, de fortaleza, de esperanza, apoyo y ayuda de los que tienen que sostener a los demás cuando la vida se hace dura como el desierto y oscura como la noche.

IV. Glorificada y coronada en el Cielo

A los cristianos nos gusta ver a la Virgen María glorificada en el Cielo, rodeada de ángeles y de santos. La consideración de María glorificada nos ayuda a creer de verdad en la resurrección y en la vida eterna. Todo lo que es María lo es por su vinculación maternal a Cristo. Ella forma parte de la humanidad de su Hijo y por eso mismo compartió maternalmente su vida y su misión. Y ahora comparte también su gloria y su función salvadora en relación con todos nosotros. Pues bien, esa mujer que está ahora con Cristo en el Cielo, es nuestra. María es nuestra, es parte de nosotros mismos, forma parte de nuestra humanidad y de nuestra familia espiritual. Si Ella está en el Cielo, su ascensión confirma y facilita nuestra fe en la resurrección y en la vida eterna.

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6.05.09

María en la devoción del Pueblo de Dios (I)


Introducción

El título María en la devoción del Pueblo de Dios suena muy bien, pero es tan amplio que resulta imposible de dominar. ¿Cómo recoger en unos cuantos folios el inmenso despliegue de piedad y devoción del Pueblo de Dios a la Madre del Salvador? Veía posibles maneras de abordarlo pero todas me parecían excesivamente amplias, desbordantes. Por fin me decidí por presentaros una especie de radiografía de los sentimientos que los cristianos expresamos en nuestra devoción por la Madre de Dios.

La presencia de María en la vida de Jesús y en la historia de la Iglesia ha sido una “presencia silenciosa” que rodea y empapa la vida de los cristianos y de la Iglesia entera. El Nuevo Testamento habla poco de Ella, pero de una manera iluminadora. Pablo en su carta a los gálatas alude a ella por primera vez “nacido de mujer” (4,5). De esta manera Pablo expresa del mejor modo posible la verdad de la encarnación de Dios y la normalidad de la humanidad de Cristo.

Por fin me decidí a centrar mi exposición en la respuesta a estas sencillas preguntas: ¿Qué sentimientos expresan los fieles cristianos cuando invocan a la Virgen María? ¿Cuál es el dinamismo interior que mueve a los cristianos a relacionarse con la Madre del Salvador?

I. Ermitas y santuarios

Lo primero que podemos considerar como expresión de la devoción popular a la Stma. Virgen María es la profusión de Ermitas y Santuarios que los fieles cristianos dedican a la Señora en los alrededores de los pueblos y ciudades. Es sabido que las cumbres de los montes son lugares especialmente “religiosos”. En ellos el hombre de todos los tiempos ha sentido de manera especial la presencia de Dios y ha intentado acercarse a El. En la geografía cristiana las cumbres de los montes, los lugares más escondidos de los valles, los cruces de los caminos, han sido con mucha frecuencia escogidos por los fieles cristianos para levantar pequeñas ermitas dedicadas a la Madre del Redentor. Entre nosotros no hay pueblo que no tenga en las cumbres de su entorno una o varias ermitas dedicadas a la Virgen María. En muchos puntos de la vieja Europa cristiana y de América hispana existen Santuarios famosos dedicados a María.

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14.04.09

Hijos de la Resurrección

Desde hace días me ronda por la cabeza escribiros cuatro palabras sobre la experiencia pascual. Aunque nos llame un poco la atención, este título es una buena forma de llamar a los cristianos. Hijos de la Resurrección es lo que somos. En nuestra mentalidad actual, los cristianos no tenemos suficientemente en cuenta la resurrección de Cristo. Decimos y repetimos que la resurrección de Jesús es la fiesta más importante del año, pero tengo la impresión de que no logramos integrar esta afirmación en nuestra conciencia personal, y por tanto tampoco en la verdad de nuestra vida. Yo intento explicármelo así.

Comenzamos a ser cristianos por nuestra fe en Cristo, reconocido como Hijo de Dios encarnado, muerto por nuestros pecados y resucitado para nuestra salvación. Una fe, por supuesto, profesada con la Iglesia, sellada y confirmada por los sacramentos. Esta fe es una estrecha relación personal con el Cristo real que, ahora, es el Cristo resucitado, sentado a la derecha del Padre y constituido Señor de vivos y muertos.

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8.04.09

El riesgo de la "teología complaciente"

Ha llegado a mis manos un papel, escrito por un profesor de Teología catalán, que se titula muy rotundamente “No existe un derecho al aborto” y que es en realidad una sibilina justificación de las leyes permisivas y desmoralizadoras de nuestros Gobiernos socialistas sobre el aborto. Un modelo de “teología complaciente". Para respetar la objetividad pongo por delante el texto en cuestión. Es éste:

No existe un derecho al aborto

No existe un derecho al aborto. Ello no significa que legalmente no pueda haber una despenalización: en un Estado laico, ni un delito es un pecado, ni legal equivale a moral. La ley civil tiene como objetivo la convivencia, no la moral: no pretende entrar en las conciencias, sino regular conductas que afectan a la paz social. Por eso las leyes pueden penalizar cosas no inmorales (hablar por el móvil conduciendo) y no penalizar cosas inmorales (el adulterio). Pero una cosa es lo legalmente tolerado y otra lo moralmente permitido.

Nadie tiene derecho a eliminar una vida que está ya humanamente programada. Se busca moralizar el aborto arguyendo desde el “derecho al propio cuerpo” y los “derechos de la maternidad". Pero esos derechos (como casi todos) tienen un límite: nadie puede esgrimir un derecho contra el derecho de otro: de lo contrario, el violador tendría derecho a violar “porque se lo pide el cuerpo". Y la mujer, derecho a abortar hasta en el noveno mes (y echar luego los fetos a una trituradora como se hizo en Barcelona). La maternidad tampoco da derecho a la mutilación genital de una hija, ni a prostituirla para ganar dinero: pues el misterio de la maternidad consiste en esa maravilla de algo que, siendo en algún sentido propio, es a la vez extraño. Y lo es por su contextura vital, no por su tamaño o su edad.

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