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20.09.09

El Santo Cristo, el mejor testigo y más solícito protector


Estuve en La Laguna, como algunos sabéis, predicando cinco días antes a la celebración de las fiestas del Santo Cristo, cuya foto veis aquí. Escribí la semana pasada un resumen de mis meditaciones allí. Pero voy a compartir con vosotros, profundizando más, lo que allí prediqué, porque creo que este tema, que es uno de los misterios de nuestra fe, es de interés aquí como allí, ahora y siempre actual.

Se acabaron los tiempos de la frivolidad religiosa, se acabaron los tiempos en que era fácil, quizás demasiado fácil, ser cristiano. Estamos viviendo tiempos en los que quienes queramos ser cristianos, tenemos que quererlo de verdad, desafiando los poderes de este mundo, desafiando las modas y soportando el desprecio y la marginación de quienes pretenden ser más sabios y más poderosos que el Dios del Cielo.

Mientras preparaba los temas para estas predicaciones, me preguntaba ¿y que les puedo decir yo a mis hermanos de La Laguna para animarles a celebrar con hondura y con provecho sus fiestas del Santo Cristo? Al leer la historia gloriosa de vuestra Ciudad he visto que esta imagen admirable de Cristo en la Cruz os acompaña desde los tiempos de la evangelización de las islas. Con la fe cristiana llegó hasta vosotros esta imagen admirable que os acompaña desde entonces. Es obligado pensar que esta presencia no ha ocurrido sin una intención de la divina Providencia. Esta imagen venerable es, por cierto, una joya cultural y artística, pero es sobre todo un signo elocuente de la providencia de Dios hacia vosotros. Y aquí encontré la respuesta a mi pregunta y el alivio de mi inquietud. No tengo que inventar nada, basta con que sepamos escuchar el mensaje de Jesucristo.

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14.09.09

La locura de la Cruz o la sabiduría del Amor

Con razón muchos escritores cristianos han ponderado las paradojas del cristianismo. Como la cosa más natural del mundo, estamos celebrando hoy con la mayor solemnidad “La exaltación de la Santa Cruz”. ¿Acaso no es la cruz un instrumento de tortura y de muerte? ¿Es que se puede celebrar la exaltación de la horca o de la guillotina? Esta paradoja, este contraste manifiesta la novedad, la originalidad y la grandeza de nuestra fe cristiana que es capaz de cambiar el significado y la comprensión de la vida y de la muerte.

No somos masoquistas, no ensalzamos el dolor ni aborrecemos la vida, no honramos cualquier instrumento de muerte, honramos la cruz de Cristo, porque en ella quiso morir por nosotros. Desde entonces la Cruz ya no es símbolo de muerte sino que es es el símbolo universal del amor y de vida. No es tampoco, como dicen algunos, símbolo de discriminaciones y de conflictos. Los brazos abiertos de la cruz nos invitan a ensanchar nuestro corazón como el corazón de Cristo, que murió por todos, para que todos reconociéramos el amor del Padre común y llegáramos a convivir como un solo pueblo de hermanos.

La cruz es el recuerdo constante de la bondad de Dios, es el argumento más convincente de la amabilidad de nuestra vida, es el fundamento de la esperanza y de la paz del mundo. No se comprende como algunas personas mal informadas la pueden considerar como fuente de divisiones y conflictos y la consideran incompatible con una convivencia libre y pacífica. Los cristianos podemos garantizar que la cruz de Jesucristo es el símbolo más elocuente, más universal y más eficaz de la reconciliación y de la esperanza del mundo. En estos momentos voy a intentar resumir ante vosotros el significado de la Cruz de Cristo en tres grandes cuadros.

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