Sí, Dios existe
En estos días está muy viva la discusión sobre si Dios existe o no. Desde luego una cuestión tan seria no se puede resolver poniendo propaganda en los autobuses. Eso es una frivolidad.
La pregunta sobre Dios es inevitable. Alguien ha dicho que es lo que nos distingue de los animales. Nos distingue de los animales la capacidad de percibir la realidad en cuanto tal, esa capacidad de vernos existiendo como desde fuera, el poder sorprendernos ante el hecho misterioso de existir. Esa vinculación a lo real, a la realidad en cuanto tal, es lo que nos lleva sin remedio a preguntarnos por qué existimos, por qué el ser y no la nada. Más familiarmente podemos decir que los hombres tenemos necesidad de saber si existe Dios para saber del todo qué y quiénes somos nosotros. Como no sabemos del todo quiénes somos sin saber quiénes son nuestros padres, tampoco sabemos del todo qué es el hombre sin saber si ha sido creado con sabiduría y amor por un Dios personal que cuida de nosotros, o bien somos el fruto casual de una evolución que nadie sabe cómo ha empezado ni cómo ni por qué ha llegado a donde ha llegado. Si no existe Dios, eso quiere decir que detrás de nosotros no hay nadie, estamos aquí sin razón ninguna, por pura chiripa, en la soledad más absoluta. El llegar a ser de una manera o de otra pertenece a nuestra identidad y marca esencialmente nuestra existencia.

Antes de hablaros de nuestro siguiente tema en Hablemos de Religión, deseo proponeros la lectura de este resumen de aquellas excelentes catequesis del Papa para Europa, que hice unas semanas después de la visita de Benedicto XVI a su Baviera natal, en los primeros días de septiembre de 2006. Durante aquellos encuentros, en un ambiente profundamente humano y cordial, el Papa quiso ofrecernos unas reflexiones extraordinariamente oportunas para todos los cristianos europeos.
En nuestros medios de comunicación se habla con frecuencia de religión. En nuestra sociedad hay un debate latente acerca de si la religión es una actividad buena para el hombre o es más bien una deficiencia, un arrastre de otras épocas, que traba la libertad y retrasa el desarrollo del hombre y de la sociedad. En muchas tertulias y conversaciones aparecen estas discusiones y estas opiniones.