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18.08.26

Filosofía y teología del Mas Allá: Oraciones a los santos

El culto a Dios y a los santos

En la cuestión siguiente, santo Tomás trata de la oración de los santos que están en el cielo. En cada uno de sus tres artículos se ocupa de si a los santos les llegan las oraciones que les dirigimos, si hay que pedirles que rueguen a Dios por nosotros, y si son siempre atendidas sus oraciones por Dios.

Las tres preguntas suponen su veneración o reverencia, pero no adoración. Se entiende por adoración, el acto interno de reconocimiento de la excelencia infinita y de la soberanía de Dios. Supone también el acto externo de manifestar y «testimoniar reverencia a Dios»[1].

Es innegable que «a Dios se le debe reverencia por su excelencia, pero ésta se encuentra comunicada en algunas criaturas, pero no en condiciones de igualdad, sino de participación. Es distinta, por lo tanto, la veneración a Dios, que es culto de latría, y la veneración a la excelencia de las criaturas que es de dulía»[2], una simple veneración, pero sin adoración.

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3.08.26

Filosofía y teología del Mas Allá: Las indulgencias

Los sufragios de los pecadores[1]

En el artículo siguiente, Santo Tomás trata de la validez de sufragios que hacen los malos. Para determinarla, considera dos aspectos de estos sufragios. Primero: «la obra en cuanto obra, como el sacrificio del altar. Y, pues nuestros sacramentos tienen eficacia por sí mismos independiente de la acción del que obra, cualquiera que sea el que la realiza, en cuanto a esto, aprovechan a los difuntos los sufragios de los pecadores».

Segundo: en cuanto a la obra del que obra. Y entonces hay que distinguir, porque la acción del pecador, haciendo sufragios, puede considerarse de una manera en cuanto que es suya, y de esta suerte, en absoluto puede ser meritoria ni para sí ni para otro».

De otra manera: «en cuanto que es de otro, lo cual puede suceder doblemente: en cuanto que el pecador, al hacer sufragios, representa a toda la iglesia, como el sacerdote que recita en la Iglesia las exequias de los difuntos. Y, pues, él entiende en realizarlas en su nombre o en su lugar, como prueba Dionisio (Jerarquía celeste, c, 13, 4), de aquí que los sufragios de dicho sacerdote, aunque sea pecador, valen para los muertos.

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