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15.09.26

Filosofía y teología del Mas Allá: Las oraciones de los santos

Eficacia de las oraciones de los santos[1]

En el artículo tercero de esta cuestión dedicada a las oraciones de los santos, se trata el problema de si son siempre escuchadas las oraciones de los difuntos que están en el cielo y que si en todos los casos son eficaces. Podría decirse que no lo son o no siempre e intentar probarlo con varios argumentos.

El primero, porque: «Pues de ser escuchadas, con mayor razón escucharía Dios lo que ellos piden para sí. Y en esto no son escuchados, pues se dice que a los mártires que pedían venganza de quienes están en este mundo se «les contestó que esperasen todavía un poco, hasta que se completara el número de sus hermanos» (Ap 6, 10-11). Según esto, menos serán escuchados en lo que piden para otros»[2].

La argumentación no es válida, porque, observa Santo Tomás: «Dicha oración de los mártires no es otra cosa que su deseo de alcanzar la túnica del cuerpo y entrar en la sociedad de los santos que se han de salvar y la aceptación de la disposición de la justicia divina de castigar a los malos. Por esto dice la Glosa sobre estas palabras: «Hasta cuándo, Señor…» (Ap 6, 10): «Desean un gozo mayor y la convivencia con los santos y el cumplimiento de la justicia divina» (Glosa ord.)»[3].

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1.09.26

Filosofía y teología del Mas Allá: Intercesión de los santos

La causalidad de los santos[1]

El artículo siguiente está dedicado a las peticiones a los santos. Santo Tomás sostiene en el mismo que: «Según Dionisio: «el orden establecido por Dios es que las cosas todas vuelvan a Él por sus medios últimos» (La jerarquía eclesiástica, c. 5, p. 1, 4). Así, pues, como los santos del cielo son los más cercanos a Dios, el orden de la ley divina requiere que nosotros, que peregrinamos hacia Dios unidos al cuerpo, volvamos a Él mediante los santos; lo que sucede al comunicársenos su divina bondad mediante ellos».

Los santos, los bienaventurados que están en el cielo, son un medio por el que Dios nos transmite bienes, porque ellos se los han pedido para nosotros, y regresamos a Él para continuar obtener más por medio de ellos. De manera que: «como nuestra vuelta a Dios ha de estar en consonancia con el proceso de bondades que nos ha dispensado, así como mediante los ruegos de los santos nos llegan los beneficios divinos, así también debemos volver a Dios para recibir nuevamente sus beneficios mediante los santos. Por eso los elegimos intercesores nuestros ante Dios, y como mediadores, cuando les suplicamos que rueguen por nosotros»[2].

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