Domingo
El cuarto evangelio deja constancia de la aparición de Jesús resucitado a los suyos “al anochecer de aquel día, el primero de la semana” y, de nuevo, “a los ocho días” (Jn 20,19.26). El día primero de la semana, el primer día después del sábado, pasó a llamarse “domingo”, “día del Señor”, porque en ese día tuvo lugar la resurrección de Jesucristo de entre los muertos.
San Agustín comenta que “el Señor imprimió también su sello a su día, que es el tercero después de la pasión. Este, sin embargo, en el ciclo semanal es el octavo después del séptimo, es decir, después del sábado hebraico y el primer día de la semana”. Jesús resucitado inaugura la nueva creación y la nueva alianza y abre, asimismo, el día que no tendrá ocaso: la vida eterna.
Nadie vio el hecho mismo de la resurrección. Se trata de un acontecimiento transcendente que irrumpe en la historia. Benedicto XVI, usando una metáfora, dice que se trata de la mayor “mutación”, del salto más decisivo en absoluto hacia una dimensión totalmente nueva que se haya producido jamás en la larga historia de la vida y de sus desarrollos.

Rino Fisichella, Il nodo ligneo. Sul rapporto fede e ragione, Edizioni San Paolo (collana Sub lumine fidei), Cinisello Balsamo 2021, 254 páginas, ISBN 9788892226043, 25 euros.
¡Triste de mí que he cruzado
En otro blog de este portal se informa de que un sacerdote, que ejerce su ministerio en el ámbito rural, ha celebrado - se sobrentiende que solo él - trece veces la Misa del Domingo de Ramos y que tiene proyectadas cuatro celebraciones para el Jueves y otras tantas para el Viernes santo.
Si quisiésemos resumir el cristianismo en pocas palabras, podríamos evocar esta frase que Jesús pronuncia en su última cena: “Haced esto en memoria mía”. Una acción, la entrega ritual de su cuerpo y de su sangre, se convierte en el memorial que recuerda y hace presente a Cristo mismo.












