El gimnasio y la "Magnifica humanitas"
Los pabellones dedicados al ejercicio, al entrenamiento, al variado mundo del “fitness” forman parte de nuestra vida. Por razones de salud, por motivos estéticos, por el deseo de sentirse mejor, por recomendación médica… son muchas las personas que se apuntan a un gimnasio. “Mens sana in corpore sano”, dice el conocido adagio latino, que invita a cultivar el bienestar integral, de la mente y del cuerpo; de la unidad de ambos que configura la naturaleza humana.
Hay quien tiende a abandonarse, a descuidar de modo irresponsable el propio estado físico y mental comiendo o bebiendo más de la cuenta, llevando un estilo de vida excesivamente sedentario, consumiendo tabaco u otras sustancias nocivas. En el extremo contrario, se puede caer en un exceso de preocupación por el propio aspecto, bien sea dejándose atrapar por la cautividad del narcisismo o sucumbiendo al empeño imposible de conjurar los signos del paso del tiempo, de la temible vejez que se aproxima sin molestarse en pedir permiso.
La obsesión por una delgadez inalcanzable, por una musculatura perfecta, por una silueta atlética; la atención maníaca a una alimentación baja en calorías y rica en proteínas; la prioridad concedida, sobre cualquier otra cosa, al tiempo de entrenamiento; el excesivo gasto invertido en tratamientos estéticos; la autoinspección frente al espejo en busca de eventuales imperfecciones… pueden ser indicios de que quizá el responsable propósito de cuidarse degenera en una actitud que confina con la neurosis.













