La predestinación según Santo Tomás de Aquino

Santo Tomás

Muy interesante debate ha habido recientemente entre nuestro compañero Dante Urbina y el calvinista Jonathan Ramos acerca de la predestinación. En lo que sigue queremos exponer, en la medida en que lo permitan nuestras deficiencias, el pensamiento completo de Santo Tomás sobre el tema, acudiendo a la cuestión 23 de la primera parte de la Suma Teológica.

Donde Santo Tomás plantea plantea 8 interrogantes:

1. Si los hombres son predestinados por Dios.

2. Si la predestinación pone algo en el predestinado.

3. Si reprueba Dios a algún hombre.

4. Si los predestinados son elegidos por Dios.

5. Si el conocimiento previo de los méritos es causa de la predestinación.

6. Si la predestinación es cierta.

7. Si es cierto el número de predestinados.

8. Si la predestinación puede ser ayudada por las oraciones de los santos.

Aquí no vamos a analizar la respuesta que da a todos ellos, ni todas las objeciones, sino sólo lo que consideramos necesario y útil para hacer posible una claridad básica sobre lo que sostiene el Aquinate en este punto.

Todos los resaltados en negrita son nuestros.

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En el artículo primero Santo Tomás se pregunta si los hombres son predestinados por Dios, y responde afirmativamente.

A Dios le corresponde predestinar a los hombres. Pues, como quedó demostrado, todo está sometido a la providencia divina. Y como también se dijo, a la providencia le corresponde ordenar las cosas al fin. Y el fin al que son ordenadas las cosas por Dios es doble. Uno, que sobrepasa la capacidad y proporción de la naturaleza creada, y este fin es la vida eterna, que consiste en ver a Dios, algo que sobrepasa la naturaleza de cualquier criatura, según quedó establecido. El otro fin es proporcionado a la naturaleza creada, y que puede alcanzar con sus fuerzas la misma naturaleza creada. Y a aquello a lo que no puede llegar algo con la capacidad de su propia naturaleza, es necesario que sea transmitido por otro, como la flecha es lanzada al blanco por el arquero. Por eso, y hablando con propiedad, la criatura racional, capaz de llegar a la vida eterna, es conducida a ella como si fuera transmitida por Dios. La razón de dicha transmisión preexiste en Dios, como también en El preexiste la razón del orden de todas las cosas al fin, que es la providencia, como ya dijimos. La razón de algo que se va a hacer que existe en la mente del autor es una determinada preexistencia de lo que se va a hacer que hay en él. Por eso, la razón de la predicha transmisión de la criatura racional al fin de la vida eterna se llama predestinación; pues destinar es “enviar”. Queda claro que la predestinación, en cuanto a sus objetos, es una parte de la providencia.”

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Aquí tenemos que traducir “transmissio” por “transmisión”, porque no encontramos otra palabra en castellano que no sea menos clara. “Transmitir”, aquí, significa “enviar” o “conducir” o “llevar” o “hacer llegar”. La idea es que la creatura racional necesita ser “llevada” por Dios allí donde ella no puede llegar por sus solas fuerzas naturales, por tratarse de un fin sobrenatural como es la vida eterna.

Es cierto que el latín “mittere” es “enviar”, como aparece al final del texto. Pero se puede entender mal, como quien le da a alguien una orden para que vaya a algún lugar y luego se desentiende del asunto. Con eso no alcanzaría para que el otro llegase allí donde no puede llegar con sus solas fuerzas naturales. Se lo debe “transmitir” en el sentido de “llevar”, “conducir ayudando, tomando de la mano”. Ésa es la idea, como se ve por el contexto.

O sea, según Santo Tomás, la predestinación divina es la razón, como si dijésemos, el plan, de la transmisión (traducimos por “envío” porque suena mejor en algunos contextos) de la creatura racional al fin de la vida eterna. Ese plan es parte del plan providencial.

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Luego, en el artículo tercero, Santo Tomás pregunta si Dios reprueba a alguien.

Responde:

Dios reprueba a algunos. Ya se dijo anteriormente que la predestinación es parte de la providencia. Y a la providencia, como también se dijo, pertenece permitir la existencia de algún defecto en las cosas que le están sometidas. Por eso, como por la providencia divina los hombres están ordenados a la vida eterna, también pertenece a la providencia divina permitir que algunos no alcancen este fin. Y a esto se llama reprobar. Por lo tanto, así como la predestinación es parte de la providencia con respecto a aquellos que están divinamente ordenados a la salvación eterna, así también la reprobación es parte de la providencia con respecto a aquellos que no alcanzan dicho fin. De ahí que la reprobación no significa solamente presciencia, sino que agrega algo según nuestro modo de entender, como también la providencia, como ya se dijo. Así como la predestinación incluye la voluntad de otorgar la gracia y la gloria, así también la reprobación incluye la voluntad de permitir a alguien caer en culpa y de inferir la pena de la condenación por la culpa. (Ia. q. 23 a. 3 co.)

Una primera conclusión obvia es que para Santo Tomás no existe la doble predestinación. Los predestinados son los que son “transmitidos” por Dios a la vida eterna, los que no lo son no son predestinados al infierno o a la condenación eterna, sino que son “réprobos”. En lo que sigue se verá que no es una mera diferencia de vocabulario.

En esta definición que da Santo Tomás de la reprobación divina (“la Voluntad de permitir a alguien caer en la culpa y de inferir la pena de la condenación de la culpa”) se incluyen los dos aspectos denominados “reprobación negativa”, que consiste en la permisión del pecado o al menos la incluye, y la “reprobación positiva”, que consiste en el decreto divino de condenación por las culpas previstas por Dios.

La tesis tomista clásica es que la primera es anterior a la previsión divina de las culpas, la segunda posterior, como veremos.

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Es importante analizar aquí las objeciones que se plantea Santo Tomás y la respuesta que da a las mismas.

La primera objeción dice:

Nadie reprueba a quien ama. Pero Dios ama a todos los hombres, según aquello de Sab 11,24: “Amas todo lo que existe, y no odias nada de lo que hiciste”. Luego Dios no reprueba a ningún hombre.”

Responde Santo Tomás:

Dios ama a todos los hombres y también a todas las criaturas en cuanto que para todos quiere algún bien; y, sin embargo, no quiere cualquier bien para todos. Cuando no quiere para algunos el bien de la vida eterna, se dice que los odia o los reprueba.”

En la respuesta a esta objeción Santo Tomás elimina cualquier rastro de igualitarismo en la concepción de cómo Dios distribuye, según su Voluntad, los bienes entre las creaturas. Sobre eso se volverá más adelante.

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La segunda objeción dice:

Si Dios reprueba a algún hombre es necesario que la reprobación sea para los réprobos lo que la predestinación para los predestinados. Pero la predestinación es causa de salvación para los predestinados. Luego la reprobación será causa de perdición para los réprobos. Y esto es falso, pues se dice en Os 13,9: “Israel, tú mismo te pierdes; sólo de mí viene tu auxilio.” Luego Dios no reprueba a nadie.”

Responde Santo Tomás:

De distinta manera se relacionan la reprobación y la predestinación con la causalidad. Pues la predestinación es causa de lo esperado en la vida futura por los predestinados, esto es, la gloria; y es causa, también, de lo que se recibe en la vida presente, esto es, la gracia. En cambio, la reprobación no es causa de lo que hay en la vida presente, esto es, la culpa, pero es la causa del abandono por parte de Dios. Sí es causa de lo que se retribuirá en el futuro, esto es, la pena eterna. Pero la culpa proviene del libre albedrío del que es reprobado y es abandonado por la gracia. Y según esto se verifica lo dicho por el profeta: “Israel, tú mismo te pierdes”.

Aquí se ve que la diferencia entre “réprobos” y “predestinados al infiernono es meramente verbal.

Hay una diferencia sustancial entre Santo Tomás y el calvinismo: para el Aquinate, Dios no es causa de los pecados de las creaturas racionales, que, contra lo que sostiene el calvinismo al menos para los seres humanos después del pecado original, tienen libre albedrío, es decir, capacidad de elección.

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La frase “pero es la causa del abandono de Dios” (“sed est causa derelictionis a Deo”) es un tema muy interesante. Algunas traducciones, como la antigua de la BAC, prefieren directamente no traducirla, la omiten.  Otras, como la nueva de la BAC, la omiten también, y en su lugar ponen, hablando de la culpa, “en la que Dios no tiene parte”, lo cual es una gran verdad, pero no está en ese texto de Santo Tomás. En cambio, la traducción, por ejemplo, de los Dominicos ingleses pone: “but it is the cause of abandonment by God, lo cual es correcto.

El sentido de esa frase es claro en el texto de Santo Tomás: la reprobación divina no causa el pecado, pero sí causa el abandono de la creatura racional por parte de Dios que va incluido en la negación divina de la gracia.

Otra característica de la traducción nueva de la BAC en este pasaje es que traduce “reprobatio” por “condenación”. En vez de plantear la pregunta del artículo como “Si Dios reprueba a alguien”, la plantea como “Si Dios condena a alguien”.

No se entiende la razón de ese cambio. Como veremos por todo el contexto en esta cuestión de la Suma Teológica, esa traducción parecería ir en la dirección del calvinismo: la condenación al infierno eterno sería anterior a la previsión divina de las culpas, como va a quedar claro acerca de la “reprobación” en este texto de Santo Tomás.

Inversamente, la traducción podría también tener un sesgo molinista: si la “reprobación” es la condenación al infierno eterno, entonces no puede ser sino posterior a la previsión divina de las culpas.

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La tercera objeción, finalmente, dice:

A nadie se debe imputar lo que no puede evitar. Pero si Dios reprueba a alguien, no se puede evitar que éste perezca, pues se dice en Eccl 7,13: “Contempla las obras de Dios, porque nadie puede corregir lo que El despreció”. Luego no habría que imputar a los hombres que perezcan. Lo cual es falso. Por tanto, Dios no reprueba a nadie.”

Responde Santo Tomás:

La reprobación de Dios no merma la capacidad del reprobado. Por eso, cuando se dice que el reprobado no puede alcanzar la gracia, no hay que entenderlo como una imposibilidad absoluta, sino condicionada. Al igual que es necesario que el predestinado se salve, como ya dijimos, con necesidad condicionada, esto es, que no anula la libertad del albedrío. Por eso, si bien el reprobado por Dios no puede alcanzar la gracia, sin embargo, el que incurra en éste o aquel pecado sucede por su libre albedrío. Por eso, con razón se le imputa la culpa.”

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Para entender mejor esto hay que acudir al pasaje sobre la predestinación al que hace referencia ahí mismo Santo Tomás. En el art. 8 de la cuestión 19, siempre dentro de la Primera Parte, que habla de la Voluntad de Dios, se pregunta si la Voluntad de Dios impone necesidad a las cosas.

Y la primera de las objeciones dice que sí, porque:

“Dice Agustín en el “Enchirid.”: “Nadie se salva sino aquel a quien Dios quiere salvar. Así, hay que suplicarle que quiera, porque si El lo quisiera, sería necesario que ocurriese”.”

Responde Santo Tomás:

En aquella frase de Agustín hay que entender una necesidad en las cosas queridas por Dios que no es absoluta, sino condicional, ya que es necesario que sea verdadera esta proposición condicional Si Dios quiere esto, es necesario que esto suceda.

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Por todo el contexto, hay que entender esa respuesta de Santo Tomás en el sentido de que “es necesariamente verdadera la proposición que dice que si Dios quiere esto, esto sucede“, y no en el sentido de “es verdadera la proposición que dice que si Dios quiere esto, esto necesariamente sucede“, a pesar de que es la lectura que viene en el texto de Santo Tomás. 

Al menos si entendemos el “esto necesariamente sucede” en el sentido de “esto sucede necesariamente“.

Porque en el primer caso afirmamos, con Santo Tomás, la necesidad del condicional, no la del consecuente, como se hace en el segundo caso (con la salvedad indicada). 

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Como se ve, la respuesta de Santo Tomás no es “no, no porque Dios quiera algo va a ser necesario que eso suceda”, sino que distingue entre necesidad y necesidad.

La “necesidad condicional” y no absoluta es lo mismo que la necesidad en sentido compuesto y no en sentido dividido y la necesidad de la consecuencia, no del consecuente.

Es la misma necesidad con que el mundo, que es contingente, y puede no existir, existe, dado que Dios lo crea, y la misma necesidad con que alguien elige libremente algo, dado que lo elige libremente.

Por tanto, a la objeción que dice que si fuese cierta la reprobación, no se podría evitar que el réprobo perezca, Santo Tomás no responde “sí, se puede evitar”, sino que responde que no se puede evitar con imposibilidad condicional, no absoluta, con imposibilidad en sentido compuesto, no en sentido dividido, con imposibilidad de la consecuencia, no del consecuente.

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Por ejemplo, es verdad que si Dios crea el mundo, el mundo no puede no existir, pero al mismo tiempo es verdad que el mundo puede no existir, porque es una realidad contingente, que depende de la Libertad divina para existir o no existir.

Por tanto, si en la frase “si Dios crea el mundo, el mundo no puede no existir”, donde “Dios crea el mundo” es el antecedente y “el mundo no puede no existir” es el consecuente, “componemos” el consecuente con el antecedente, el consecuente es verdadero; si nos fijamos en la consecuencia que va del antecedente al consecuente, es verdadera, mientras que si nos fijamos en el consecuente en sí mismo considerado, es falso

Eso es lo mismo que decir que el consecuente de esa frase es verdadero en sentido compuesto (con el antecedente), no en sentido dividido, que la proposición es verdadera en tanto afirma una necesidad de la consecuencia, no del consecuente, que el consecuente es verdadero en tanto que afirma una necesidad condicional, no absoluta. 

Porque el mundo, realidad contingente, sí puede, en cuanto tal, no existir.

Y eso es lo mismo que decir que ese consecuente es falso en sentido dividido, no en sentido compuesto, que se hace una proposición falsa si se afirma la necesidad del consecuente, no solamente de la consecuencia, y que ese consecuente es falso si se lo entiende como afirmando una necesidad absoluta, y no solamente condicional. 

Es decir, el réprobo, siendo como es un ser libre y dotado además de la gracia suficiente, puede salvarse, en sentido dividido, porque por eso mismo que es libre y tiene la gracia suficiente no es necesario que se condene con necesidad absoluta, ni con necesidad del consecuente, y no puede salvarse, en sentido compuesto, con imposibilidad de la consecuencia, no del consecuente, porque no puede ser verdad que a la vez sea réprobo y se salve, como no puede ser verdad que si Dios crea el mundo, el mundo no exista, aunque el mundo sea una realidad contingente que en sí misma puede no existir.

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Es claro que aquí Santo Tomás está hablando de la Voluntad divina simple, absoluta, incondicional, que los teólogos llaman “Voluntad divina consecuente”, no de la Voluntad divina condicional, que es lo que se llama “Voluntad divina antecedente”.

En definitiva, por lo visto, es claro que para Santo Tomás a la vez es verdad que no puede ser verdad que Dios repruebe a alguien y esta persona se salve, y que esa persona puede, absolutamente hablando, salvarse.

Fuera de esta distinción entre sentido dividido y sentido compuesto, necesidad de la consecuencia y necesidad del consecuente, necesidad condicional y necesidad absoluta, sólo queda, o el calvinismo, para quien el réprobo no puede salvarse sin más, con la negación consiguiente del libre albedrío del réprobo, o la afirmación según la cual puede ser verdad que Dios repruebe a alguien y esta persona se salve, que es exactamente lo contrario de lo que enseña Santo Tomás (y San Agustín, Escoto, San Buenaventura, Molina), como estamos viendo.

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La razón de esta necesidad condicional con que suceden las cosas que Dios quiere con Voluntad consecuente, la da Santo Tomás un poco antes, en la cuestión 19, art. 6, donde pregunta si la Voluntad de Dios se cumple siempre.

Responde:

Es necesario que la voluntad de Dios siempre se cumpla. Para demostrarlo, hay que tener presente que, como el efecto se adecua al agente según su forma, la misma razón se da en las causas agentes que la que se da en las causas formales. Pues en las formas se da el hecho de que, aun cuando algo pueda fallar respecto de alguna forma particular, sin embargo, nada puede fallar respecto de la forma universal, pues puede haber algo que no sea hombre o viviente, pero no puede haber algo que no sea ente. Lo mismo tiene que suceder en las causas agentes. Pues algo puede llevarse a cabo al margen de alguna causa agente particular, pero no al margen de la causa universal, en la que están contenidas las causas particulares. Porque, si alguna causa particular falla en producir su efecto, esto sucede por la existencia de alguna otra causa particular que lo impide, y que está contenida bajo el orden de la causa universal, por lo que el efecto no puede salir del orden de la causa universal. (…) Por tanto, como la voluntad de Dios es la causa universal de todas las cosas, es imposible que la voluntad de Dios no consiga su efecto. Por eso, lo que parece escaparse de la voluntad divina en un orden, entra dentro de ella en otro, como el pecador, que en cuanto tal, pecando se aleja de la voluntad divina, entra en el orden de la voluntad divina al ser castigado por su justicia.”

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Como ya señalamos, es necesario entender la Voluntad divina de la que Santo Tomás habla a lo largo de todo este tema como la Voluntad divina consecuente, simple, absoluta.

Y lo que dice aquí Santo Tomás es que la Voluntad divina consecuente no puede fallar, no puede no realizarse aquello que Dios con Voluntad consecuente quiere que se realice, ni puede realizarse lo que Dios con Voluntad consecuente quiere que no se realice...en sentido compuesto.

La razón de ello es, dice Santo Tomás, que lo que puede evitar que una causa produzca su efecto, es otra causa que interfiere con ella. Ahora bien, dice Santo Tomás, esto les puede suceder a las causas particulares, pero no a la Causa Universal, que es Dios. Porque la Causa Universal y Primera mueve a todas las otras causas, causas segundas, a producir sus efectos. Por tanto, cualquier causa segunda que interfiriese con el orden de la Causa Primera y frustrase su propósito, estaría siendo ella misma movida por la Causa Primera para hacerlo, y por tanto, estaría dentro del orden de la Causa Primera y no fuera de él.  Es decir, tal suposición es contradictoria e imposible. Nada puede frustrar la Voluntad divina consecuente, porque todo está contenido bajo su poder.

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Pero además, no puede haber eventos cuya realización más bien que la de su contrario se resuelva independientemente de la Causa Primera. Porque en el concepto de la Causa Primera se incluye que sea Causa Primera de todo lo que sucede fuera de ella, en todo lo que ello tiene de ser y de bien.

Esto se sigue del hecho de que hay una sola Causa Primera, de modo que toda otra causa, y por tanto, todo efecto, en lo que tiene de ser y de bien, se remite en definitiva a Ella.

Por tanto, no solamente se hace infaliblemente todo lo que la Causa Primera quiere con Voluntad consecuente, sino que ello abarca todo lo que sucede fuera de Dios, en todo lo que ello tiene de ser y de bien.

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En la primera objeción de este artículo Santo Tomás se objeta que Dios quiere que todos los hombres se salven, y sin embargo, no se salvan todos. Responde que Dios quiere que todos los hombres se salven con Voluntad antecedente, condicional, que no siempre se cumple, porque su cumplimiento depende de una condición. Y concluye diciendo que todo lo que Dios quiere simplemente hablando (en nuestra terminología, con Voluntad consecuente) se cumple, aunque lo que quiere antecedentemente no se cumpla.

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La tercera dificultad dice así:

La voluntad de Dios, que es la Causa Primera, no excluye las causas intermedias, como ya se dijo. Pero los efectos de la Causa Primera pueden ser impedidos por defecto de las causas segundas, como el efecto de caminar puede ser impedido por la debilidad de la tibia. Por lo tanto, el efecto de la Voluntad divina puede ser impedido por el defecto de las causas segundas. Luego la Voluntad de Dios no siempre se cumple.”

Responde Santo Tomás:

 “La causa primera puede ver impedido su efecto por defecto de la causa segunda cuando no es la causa universalmente primera, que comprende debajo de sí todas las causas, porque así ningún efecto puede escapar de su orden. Y esto es lo que sucede con la voluntad de Dios, como ya se dijo.”

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Luego Santo Tomás se pregunta, en el artículo 4, si los predestinados son elegidos por Dios.

Responde:

Según su concepto, la predestinación presupone la elección; y la elección, el amor. El porqué de esto está en que la predestinación, como se dijo, es parte de la providencia. Y la providencia, como la prudencia, es la razón presente en el entendimiento, preceptiva de la ordenación de algunos al fin, como ya se dijo. Y nada se predetermina ordenarlo a un fin si no hay voluntad previa del fin. Por eso, la predestinación de algunos a la salvación eterna presupone, según su concepto, que Dios quiere su salvación. Y a esto pertenece la elección y el amor. El amor en cuanto que quiere para ellos el bien de la salvación eterna; pues amar es querer el bien para alguien, según dijimos. Y la elección, en cuanto que quiere este bien para unos y no para otros a quienes reprueba, según dijimos también. Sin embargo, la elección y el amor no indican lo mismo para Dios y para nosotros. En nosotros, la voluntad al amar no causa el bien, sino que, por el bien preexistente, somos incitados a amar. Y así elegimos a quien amamos, y por eso en nosotros la elección precede al amor. Pero en Dios sucede al revés. Pues su voluntad, por la que amando quiere el bien para alguien, causa que unos alcancen el bien y otros no. Y así es claro que el amor se presupone a la elección; según el concepto, y la elección a la predestinación. Por eso, todos los predestinados son elegidos y amados.”

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En sustancia dice aquí Santo Tomás que los predestinados son elegidos, porque para predestinar a alguien a la vida eterna hay que amarlo, y amar a los que se predestina de ese modo en que no se ama a los que no se predestina, lleva a elegir.

Por donde se ve que en Santo Tomás no tendría sentido alguno el concepto de “elegir a todos”. Elegir es querer a algunas cosas y no a otras, de entre un conjunto de cosas.

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Luego Santo Tomás aclara la diferencia entre el amor de Dios y el nuestro, que consiste básicamente en que nosotros amamos bajo la atracción de un bien preexistente, mientras que el amor de Dios crea e infunde el bien en las cosas, como dice el Aquinate en otra parte.

En nosotros es primero la bondad de la cosa amada, y luego, nuestro amor. En Dios es primero el amor de Dios, y luego, como consecuencia de ello, la bondad de la cosa amada. Nosotros amamos algo porque es bueno, Dios lo ama para que sea bueno.

Eso influye en el orden que Santo Tomás establece entre el amor, la elección y la predestinación. Entre las dos últimas el orden es claro: primero Dios elige, y luego predestina a los elegidos (recordemos que estas anterioridades y posterioridades en Dios son solamente lógicas, no temporales).  Porque elegir es querer para ellos (y no para otros) la vida eterna, y predestinarlos es establecer el modo en que serán “transmitidos” a la vida eterna, es claro que lo primero es lógicamente anterior a lo segundo.

Queda el orden entre el amor y la elección. Y ahí Santo Tomás dice que nosotros, bajo la atracción del bien preexistente, elegimos entre esos bienes a cuál o cuáles de ellos amar, y entonces, los amamos, de donde en nosotros viene primero la elección, y luego el amor.

Pero para Dios no hay ninguna bondad preexistente en las creaturas, sino que toda su bondad la reciben de Él. Antes de que Dios haya libremente amado a las creaturas, no hay nada en ellas que pueda dar lugar a la elección divina. Y por tanto, en Dios viene primero el amor, y luego la elección.

Es decir, Dios no elige por la mayor o menor bondad de la creatura elegida, sino en forma absolutamente gratuita y libre (sobre esto ver más adelante) por un amor gratuito y libre del cual resultan tanto la elección como la bondad de la creatura elegida.

De modo que el orden lógico, en definitiva, de la Voluntad divina respecto de los elegidos, es amor-elección-predestinación.

Véase entonces la radical Libertad del Amor divino, que por un lado, no está condicionado por ninguna bondad preexistente de las creaturas, y por otro lado, lleva a una elección de algunas de esas creaturas, no todas, para la Vida Eterna. Sobre esto último se profundizará más adelante.

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El artículo establece, entonces, que los predestinados son elegidos. ¿Establece también que los elegidos son predestinados? Ello se sigue lógicamente de lo dicho, porque la predestinación no es más que la determinación divina de los medios que llevarán, “transmitirán”, a los elegidos a la vida eterna. La razón por la que los réprobos no son predestinados es que no han sido elegidos, eso quiere decir que son “réprobos”. Por lo que no hay lugar en la doctrina de Santo Tomás para elegidos que no sean predestinados.

De modo que podemos concluir que para Santo Tomás alguien es predestinado si y sólo si es elegido. O sea, el conjunto de los elegidos y el de los predestinados tienen exactamente los mismos miembros, de modo que son un solo conjunto.

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Son muy interesantes, sin duda, las objeciones y las respuestas a las mismas.

La primera objeción dice:

Dionisio, en el c.4 “De Div. Nom.” dice que así como el sol corpóreo sin elegir emite su luz sobre todos los seres corporales, así también Dios lo hace con su bondad. Pero la bondad divina se comunica a algunos sobre todo por la participación de la gracia y de la gloria. Luego Dios comunica su gracia y su gloria sin elección. Lo cual pertenece a la predestinación.”

Responde Santo Tomás:

Si se considera la comunicación de la Bondad divina en común, tal bondad se comunica sin elección, pues nada hay que no participe en algo de su Bondad, según se dijo. Pero si se considera la comunicación de éste o de aquel bien, no se concede sin elección, porque hay bienes que los concede a unos, que no concede a otros. Y así es como en la colación de la gracia y la gloria interviene la elección.”

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La segunda objeción dice:

La elección se hace entre los que existen. Pero la predestinación desde la eternidad se extiende también a los que no existen. Luego algunos predestinados lo son sin elección.”

Y responde Santo Tomás:

Cuando la voluntad del que elige es provocada a elegir por el bien preexistente en la cosa, entonces es necesario que la elección sea de lo que existe, como sucede en nuestra elección. Pero, como ya dijimos (sol.; q.20 a.2), en Dios no es así. Por eso, como dice Agustín: “Los que no existen son elegidos por Dios; y, sin embargo, quien elige no se equivoca”.

Este texto es importante, porque muestra que Santo Tomás no está hablando de una elección que Dios hace luego de ver las buenas o malas obras que los hombres realizan en esta vida, sino de una elección divina que es “antes de la creación del mundo”, como dice San Pablo en Ef. 1, 4.

Porque como ya dijo en el cuerpo del artículo, el amor de Dios, que está en la base de la elección divina, no se mueve por la bondad de las cosas amadas, sino que produce en ellas esa bondad, y por tanto, no necesita que las cosas existan para amarlas y elegirlas.

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Finalmente, dice la tercera objeción:

“La elección conlleva cierta selección. Pero, tal como se dice en 1 Tim 2,4: “Dios quiere que todos los hombres se salven. Luego la predestinación, que preordena a los hombres a la salvación, se da sin elección.”

Respuesta de Santo Tomás:

Como ya se dijo, Dios quiere antecedentemente que todos los hombres se salven, lo cual no es querer simplemente, sino en cierto modo, y no por tanto consecuentemente, que es querer simplemente hablando.”

O sea, nuevamente refiere la Voluntad salvífica universal a la Voluntad divina antecedente, que es condicional y por eso es querer bajo cierto aspecto y no simplemente hablando. Lo cual quiere decir que la elección divina, y la consiguiente predestinación de los elegidos, las refiere a la Voluntad divina consecuente, que es la que es voluntad simplemente hablando.

De ahí se deriva, como veremos, la infalibilidad de la elección y la predestinación divinas, pues, como ya vimos, la Voluntad divina consecuente se cumple siempre sin excepción.

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En el articulo 5 Santo Tomás pregunta si la presciencia divina de los méritos de las creaturas racionales es causa de su predestinación por parte de Dios.  

Artículo absolutamente crucial, como se puede ver por el título. La respuesta de Santo Tomás hay que citarla entera y analizarla:

Como la predestinación incluye la voluntad, según se dijo, hay que buscar la razón de la predestinación como se busca la razón de la voluntad divina. Ya se dijo anteriormente, que no hay que asignar causa a la voluntad divina por parte del acto de querer, sino que se le puede asignar causa por parte de lo querido, en cuanto que Dios quiere que algo sea por el bien de otra cosa. Ninguno fue tan insensato que dijera que los méritos son causa de la predestinación divina por parte del acto del que predestina. Pero lo que se está tratando ahora es si la predestinación tiene alguna causa de parte de los efectos. Y esto es analizar si Dios preordenó que daría a alguien el efecto de la predestinación por algunos méritos.

Hubo algunos que sostuvieron que el efecto de la predestinación estaba predeterminado para alguien por los méritos preexistentes en otra vida. Esta fue la opinión de Orígenes, quien sostuvo que las almas humanas fueron creadas todas al principio y que, según la diversidad de sus obras, les han tocado en este mundo diversos estados unidas a los cuerpos. Esta opinión la excluye el Apóstol cuando dice en Rom 9, 11 - 12: “Cuando aún no habían nacido, ni habían hecho algo bueno o malo, no por las obras, sino por El que llama, se dijo que el mayor serviría al menor.”

Hubo otros que sostuvieron que la razón y causa del efecto de la predestinación son los méritos preexistentes en esta vida. Así, los pelagianos dijeron que el inicio del bien obrar depende de nosotros y su consumación de Dios. Así, el motivo de que se dé el efecto de la predestinación a unos y no a otros, está en que uno puso ese inicio, preparándose, y el otro no. Contra esto está lo que dice el Apóstol en 2 Cor 3, 5: “No somos capaces de pensar algo por nosotros como si fuera nuestro.” Pero no es posible encontrar en nosotros un principio anterior al pensamiento. Por lo tanto, no se puede decir que en nosotros haya algún inicio que sea razón del efecto de la predestinación.

Por eso hubo otros que dijeron que los méritos consiguientes al efecto de la predestinación son la razón de la predestinación, lo cual quiere decir que Dios da la gracia a alguien, y preordenó dársela, porque previó que iba a hacer buen uso de ella, como si un rey da un caballo a un soldado que sabe que lo usará bien. Pero quienes sostienen esto parece que distinguen entre lo que es de la gracia y lo que es del libre albedrío, como si un mismo efecto no pudiera provenir de ambos. Es evidente que lo que es de la gracia es efecto de la predestinación; y no puede ponerse como motivo de la predestinación porque está incluido bajo ella. Por lo tanto, si alguna otra cosa de parte nuestra es motivo de la predestinación, eso estaría por fuera del efecto de la predestinación. Pero no es distinto lo que proviene del libre albedrío de lo que proviene de la predestinación; como tampoco es distinto lo que proviene de la causa segunda y de la Causa Primera, pues la providencia divina produce efectos por las operaciones de las causas segundas, como ya se dijo. Por lo que también aquello que se hace por libre albedrío, proviene de la predestinación.

Por lo tanto, hay que decir que podemos considerar el efecto de la predestinación de dos maneras. De un modo, en particular. Y así nada prohíbe que algún efecto de la predestinación sea causa y razón de otro; el posterior del anterior, atendiendo a la razón de causa final, el anterior del posterior atendiendo a la razón de la causa meritoria, que se reduce a la disposición de la materia. Como si decimos que Dios preordenó dar la gloria a alguien por sus méritos; y que preordenó dar la gracia a alguien para que se mereciera la gloria. De otro modo, se puede considerar el efecto de la predestinación en común. En este sentido, es imposible que todo el efecto de la predestinación en común tenga alguna causa de parte nuestra. Porque cualquier cosa que hay en el hombre ordenándolo a la salvación se comprende toda ella bajo el efecto de la predestinación, también la misma preparación a la gracia; pues tampoco se hace esto sino por el auxilio divino, siguiendo aquello de Lam 5,21: “Conviértenos, Señor, a Ti, y nos convertiremos”. Sin embargo, en este sentido la predestinación en cuanto a los efectos tiene por razón la Bondad divina; a la que está ordenado como a su fin todo el efecto de la predestinación y de la que procede como de primer principio motor.”

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Grandioso e inagotable texto del Aquinate.

Se trata de encontrar el motivo o causa de la predestinación. Siendo ésta un acto de la Voluntad divina, es claro que bajo ese aspecto no puede tener causa alguna, porque el acto de la Voluntad divina, como todo lo que hay en Dios, se identifica realmente con Dios mismo, que es el Incausado.

Lo que se pregunta es si el efecto creado de la predestinación, que en definitiva es, principalmente al menos, la gracia que Dios da a los que se salvan, puede tener alguna causa o motivo distinta de Dios mismo.

Santo Tomás aplica aquí el principio que dice que Dios no quiere algo por razón de otra cosa, sino que Dios quiere que algo sea por razón de otra cosa (“non propter hoc vult hoc, sed vult hoc esse propter hoc”).

Es decir, que en la creación de Dios algunas cosas sean por razón o causa de otras, o en orden a otras, no quiere decir que Dios haya querido a unas por razón o causa de las otras, como si la Voluntad divina fuese entonces determinada por algo creado, sino que, manteniéndose siempre trascendente respecto de todo lo creado, la Voluntad divina puede querer que algunas cosas sean a causa de otras o en función de otras.

En este sentido, lo que se pregunta entonces es si Dios ha querido que el efecto de la predestinación en las creaturas racionales sea a causa o a consecuencia de algo creado, concretamente, a causa o consecuencia de los méritos de las creaturas racionales.

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Y entonces expone tres formas de responder afirmativamente a esa pregunta, para rechazarlas todas. Dos de ellas ponen la causa de la predestinación en algo creado que no depende de la predestinación. La primera, la de Orígenes, pone esa causa en la preexistencia de las almas y en los actos que entonces esas almas realizaron, con los consiguientes méritos y culpas. La segunda, la de los pelagianos, pone la causa de la predestinación en los actos que el ser humano realiza en esta vida al comienzo de la conversión.

La tercera teoría pone el motivo de la predestinación en los efectos de la predestinación, porque supone que Dios ha previsto desde la Eternidad la buena respuesta a la gracia de algunos, y en función de esa previsión los ha elegido y predestinado. Al parecer ideas como éstas se manejaron entre los que la historia conoce como los semipelagianos.

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La primera de esas tres teorías la rechaza Santo Tomás citando el texto de San Pablo en la Carta a los Romanos acerca de Jacob y Esaú. Jacob fue elegido por Dios antes de que naciese, dice San Pablo, para que quedase bien claro que su elección no dependía de obras que él hubiese realizado, sino sólo de la libre Voluntad divina. Así lo dice Gen 25, 23 (“Yahvé le dijo: “Dos pueblos hay en tu vientre, dos naciones que, al salir de tus entrañas, se dividirán. La una oprimirá a la otra; el mayor servirá al pequeño.””) y Mal 1, 2-3 (“Os he amado, dice Yahvé. —Pero vosotros decís: ¿En qué se nota que nos has amado? —¿No era Esaú hermano de Jacob?, oráculo de Yahvé. Y sin embargo amé a Jacob y odié a Esaú.”).

Si fuese verdad lo que dice Orígenes, que las almas son premiadas o castigadas por obras realizadas antes de unirse a los cuerpos, sería falso ese pasaje de la Carta a los Romanos, con la interpretación que San Pablo hace de esos pasajes del Antiguo Testamento.  El haber sido elegido antes de nacer no sería argumento, contra lo que dice San Pablo, de que la elección no depende de las obras, porque esa elección se debería a obras realizadas antes de unirse al cuerpo.

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Para rechazar la segunda teoría Santo Tomás acude al texto de San Pablo en la segunda Carta a los Corintios, 3,5: “No que seamos suficientes de nosotros mismos para pensar algo como de nosotros mismos, sino que nuestra suficiencia es de Dios”; el argumento de Santo Tomás es que en todo caso nuestra conversión y el inicio de nuestra fe ha de comenzar por algún pensamiento, de donde se sigue que también eso tiene que proceder de Dios.

Actualmente ese pasaje se suele traducir así: “No que por nosotros mismos seamos capaces de atribuirnos cosa alguna, como propia nuestra, sino que nuestra capacidad viene de Dios,”, o también: “No que seamos suficientes en nosotros mismos para pensar que cosa alguna procede de nosotros, sino que nuestra suficiencia es de Dios,”, pero en todo caso el resultado es el mismo: nada de lo que hay en nosotros, por tanto, nada de lo que hay en nosotros como comienzo de conversión o inicio de la fe, procede de nosotros mismos de tal manera que no proceda en última instancia de Dios.

Los méritos realizados en esta vida, entonces, no pueden ser causa de la predestinación, porque también ellos proceden de Dios y por tanto están incluidos dentro del plan eterno de la predestinación divina.

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Pero la tercera teoría y la forma en que Santo Tomás la rechaza es lo que nos va a llevar al centro mismo de la cuestión, en torno al cual han corrido y siguen corriendo ríos de tinta en relación a la famosa controversia “De Auxiliis”.

Es innegable, en efecto, la semejanza de esta tercera teoría con el molinismo, y en campo protestante, con el arminianismo, que sin embargo surgen dos o tres siglos después del momento en que Santo Tomás escribe esto.

Según esta teoría, Dios primero prevé cómo han de reaccionar los individuos aún no creados a la gracia por Dios ofrecida, de modo que elige y predestina a aquellos que ve que han de aceptar la gracia, mientras que reprueba a aquellos que ve que han de rechazarla.

La crítica de Santo Tomás va al meollo del asunto, porque en efecto la finalidad de estas teorías es asegurar la infalibilidad de la predestinación y reprobación divinas sin recurrir a la moción divina eficaz de las voluntades creadas.

¿Cómo pueden ser infalibles la predestinación y la reprobación, si las voluntades libres de las creaturas escapan al control divino, por así decir? Sin duda que la presciencia divina es infalible, pero aquí no se trata solamente de que Dios sepa lo que va a suceder, sino de que suceda lo que Dios ha eternamente querido o permitido que suceda en sus decretos de predestinación y reprobación.

Y lo que esta teoría propone como solución es que el mundo al cual finalmente Dios le da la existencia con su acto creador, es aquel mundo en el que Dios ha previsto previamente en forma infalible la respuesta libre positiva o negativa de las libertades creadas. Dios no toca, por así decir, esas libertades creadas, pero ellas no pueden no hacer libremente lo que Dios ha previsto eternamente en forma infalible que harían libremente.

Por eso la crítica de Santo Tomás a esta teoría es que separa lo que viene de la predestinación divina y lo que viene del libre albedrío, es decir, esta teoría supone que los actos libres de las creaturas no forman parte del plan mismo de la predestinación.

Porque en efecto, en esta teoría la predestinación viene solamente después de que Dios ha previsto la respuesta libre “futurible” de las creaturas racionales.

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Y aquí está justamente lo que distingue al tomismo (y también al agustinismo) tanto de las teorías pelagianas como de las teorías luteranas, calvinistas o predestinacionistas en general.

Lo que se debería grabar en letras de oro y clavar en las paredes de todas las Facultades de Teología del mundo, como dice incomparablemente el Angélico:

“…no es distinto lo que proviene del libre albedrío de lo que proviene de la predestinación; como tampoco es distinto lo que proviene de la causa segunda y de la Causa Primera, pues la providencia divina produce efectos por las operaciones de las causas segundas, como ya se dijo. Por lo que también aquello que se hace por libre albedrío, proviene de la predestinación.”

Es absolutamente inútil e improcedente discurrir sobre la gracia divina y la libertad humana sin tener en cuenta lo que se dice en este pasaje de la Suma Teológica.

Tanto pelagianos como calvinistas parten del principio contrario al que aquí enuncia Santo Tomás. Lo más preocupante es que tal vez el 90 % de los católicos actuales parten también de ese principio contrario al de Santo Tomás, el falso principio que dice que lo que procede del libre albedrío de la creatura racional no procede, en todo lo que tiene de ser y de bien, de Dios, Causa Primera.

Sobre la base de ese falso principio, quedan solamente dos opciones: o repartimos en la obra de la salvación una parte que es de Dios y de su predestinación y otra parte que es de la creatura racional y su libre albedrío, o, si nos negamos a esa “repartija”, afirmamos la predestinación negando el libre albedrío (predestinacionismo luterano y calvinista, por ejemplo) o afirmamos el libre albedrío negando la predestinación (pelagianismo).

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Santo Tomás rechaza todo eso, porque rechaza el falso principio en que todo eso se apoya. Dios es la Causa Primera, es decir, la Causa que mueve a todas las otras causas, causas segundas, a producir sus efectos. Ni el más miserable y menesteroso efecto producido en el mundo deja de tener a Dios como Causa Primera. Ni el más ínfimo átomo de ser y de bien que existe en el mundo puede dejar de tener a Dios como Causa Primera. La cantidad de entidad y de realidad que se produce fuera del influjo causal divino es exactamente igual a cero.

Por tanto, si llega a ocurrir que en ese mundo hay creaturas racionales que realizan actos libres usando la capacidad de elección de su voluntad, esos actos libres de esas creaturas, en todo lo que tienen de ser, de entidad, de bien, tienen a Dios como Causa Primera.

Si en un mundo que tiene a Dios como Causa Primera hay que afirmar actos libres de algunas de las creaturas que componen ese mundo, habrá que concebir a esas libertades como lo que son, libertades creadas, libertades de creaturas, que por eso mismo sólo pueden poner sus actos de libre elección bajo el influjo causal de Dios, Causa Primera.

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Y con esto cae por tierra el sortilegio que mantiene vivos a los hermanos enemigos que son el pelagianismo y el calvinismo.

Dándose de bruces contra el misterio inmenso de la relación entre la Libertad Increada y la libertad creada es como la inteligencia escapa a la trampa que le tienden Pelagio y Lutero.

La explicación del hecho será todo lo misteriosa que se quiera, el hecho es innegable: no puede haber ninguna perfección creada en general, ni ningún acto de las creaturas en particular, que no tenga a Dios como Causa Primera en todo lo que tiene de ente y de bien.

Eso, en los actos buenos, abarca la totalidad del acto, en los actos malos deja fuera lo que tienen de malo precisamente, que es un no ser, la carencia de una perfección que el acto debería tener, y que es solamente permitido, no querido por Dios. Dios no quiere ni causa el pecado como tal, solamente lo permite, aunque sí causa todo lo que en el acto del pecado hay de ente y de bien.

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Eso que Santo Tomás enseña ahí, entonces, y sin ir a otros textos del Aquinate para no llevar esto al infinito, coincide muy fundamentalmente con la “premoción física” de los tomistas, es decir, la doctrina según la cual Dios mueve en forma eficaz e infalible las voluntades de las creaturas racionales a la realización de los actos libres de esas creaturas.

Lo dice el principio que enuncia Santo Tomás:

“…no es distinto lo que proviene del libre albedrío de lo que proviene de la predestinación; como tampoco es distinto lo que proviene de la causa segunda y de la Causa Primera, pues la providencia divina produce efectos por las operaciones de las causas segundas, como ya se dijo. Por lo que también aquello que se hace por libre albedrío, proviene de la predestinación.”

Véase también este texto de Ia. IIae, q. 10, a. 4 ad 3um:

Si Dios mueve la voluntad hacia algo, es incompatible con esta posición que la voluntad no se mueva hacia ello. Sin embargo, no es simplemente imposible. De donde no se sigue que la voluntad sea movida por Dios por necesidad.”

Donde se afirma a la vez la infalibilidad de la moción divina eficaz de las voluntades creadas libres, y la no necesidad absoluta con que éstas son movidas por Dios, sino solamente la necesidad condicional, es decir, la necesidad no en sentido dividido, sino en sentido compuesto.

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Por eso la eficacia de la gracia, en Santo Tomás, no quiere decir que la gracia sea “irresistible”. Sólo quiere decir que no es de hecho resistida, o, lo que es lo mismo, que es resistible en sentido dividido, no en sentido compuesto, como el mundo creado por Dios puede no existir en sentido dividido, no en sentido compuesto, o sea, no que absolutamente hablando este mundo no pueda no existir, sino que es imposible que al mismo tiempo sea creado por Dios y no exista. Y tampoco se le pide a un acto libre que al mismo tiempo que se realiza no se realice, sino solamente que pueda no realizarse.

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Si esto es así, no puede ser que Dios dé solamente la capacidad de obrar bien, o de decidir obrar bien, y no dé la decisión libre misma de la creatura de obrar bien. Porque en ese caso sí sería distinto lo que viene del libre albedrío de lo que viene de la predestinación y de la gracia divina, lo que procede de la causa segunda y lo que procede de la Causa Primera.

Decir, por ejemplo, que la capacidad para elegir bien viene de Dios pero que no viene de Dios el elegir bien mismo, sería hacer esa repartición entre lo que es de Dios y lo que es de la creatura que Santo Tomás rechaza en el texto citado.

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Es cierto que los agustinianos, por ejemplo, afirman también la infalibilidad del influjo divino sobre las voluntades creadas, y sin embargo no aceptan la “premoción física” tomista, porque sostienen que Dios mueve las voluntades creadas solamente mediante el atractivo del bien, y no a modo de causa eficiente, como dicen los tomistas.

Pero eso, siendo un punto importante como es, es más bien una discusión acerca de cómo mueve infaliblemente Dios a las voluntades libres creadas, mientras que la resistencia principal a la “premoción física” tomista viene del mero hecho de que afirma que Dios mueve infaliblemente a las voluntades libres de las creaturas, cosa que también afirman los agustinianos.

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Un argumento muy principal contra el calvinismo, entonces, es el que se basa precisamente en la soberanía de Dios, que es el pilar de todo el sistema calvinista, y en la “premoción física” tomista.

¿Qué idea tenemos de la Soberanía de Dios si pensamos que Él no es capaz de producir eficaz e infaliblemente los actos libres de las creaturas racionales, es decir, actos dotados de verdadera libertad de elección?

¿Hablamos en serio cuando decimos que Dios es Omnipotente, Trascendente y Misterioso?

Como dice Santo Tomás en Iª q. 19 a. 8 ad 2:

Por lo mismo que nada resiste a la Voluntad divina, se sigue que no solamente se hace lo que Dios quiere que se haga, sino que se hace contingente o necesariamente, como Él quiere que se haga.”

A ver, no es achicando el dominio de Dios sobre las cosas que le vamos a hacer un lugarcito a la libertad de las creaturas racionales. Es al contrario, como hace siempre el Grande de Aquino, llevando hasta su lógico e inexorable extremo ese mismo Dominio divino absoluto que aparece el espacio de la libertad creada.

El problema del calvinismo es el mismo que el del pelagianismo: timidez.

Y después de eso sólo nos queda constatar que efectivamente hay un misterio muy grande en la relación entre las creaturas y el Creador (¿esperable, no?) y eso sí, responder a las objeciones que intentan encontrar en ello alguna contradicción.

Ah, y exclamar con San Pablo: “O altitudo divitiarum sapientiae” (Rom. 11,33)

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Hacia el final del cuerpo del artículo, Santo Tomás hace una distinción entre un efecto de la predestinación en particular, y la totalidad del efecto de la predestinación para una persona determinada. Y dice que desde el primer punto de vista no hay problema ninguno en que un efecto de la predestinación sea causa del otro.

Por ejemplo, Dios puede querer que las oraciones de una persona le obtengan la gracia de librarse de un determinado vicio, para lo cual preordena que esta persona reciba la gracia para hacer esas oraciones y hacerlas bien. Tanto las oraciones como la liberación del vicio son un efecto de la predestinación divina, pero las primeras, supuesta la libre disposición divina previa, son causa de la segunda.

Santo Tomás aclara que en este caso hay una doble causalidad: la de lo posterior sobre lo anterior y la de lo anterior sobre lo posterior. La primera es la que corresponde a la causa final: la persona oró porque quería liberarse de ese vicio. La segunda es la que corresponde la causa meritoria, dice Santo Tomás: la persona fue librada del vicio porque rezó y rezó bien.

O como en el ejemplo que pone Santo Tomás: Dios preordenó dar la gloria a alguien por sus méritos (causalidad meritoria, de lo anterior sobre lo posterior); y preordenó dar la gracia a alguien para que se mereciera la gloria (causalidad final, de lo posterior sobre lo anterior).

Recordando lo arriba dicho: Dios no quiere esto a causa de aquello, sino que quiere que esto sea a causa de aquello. Es decir, Dios quiso que los méritos fuesen la razón por la que a alguien se le diese la gloria, y quiso que la gloria fuese el fin para el cual se le daban los méritos.

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Pero si miramos la totalidad del efecto de la predestinación, dice Santo Tomas, entonces no tiene causa o motivo alguno en la creatura.  Es decir, depende solamente de la libre y soberana Voluntad de Dios.

¿Porqué? Porque, dice Santo Tomás, “cualquier cosa que hay en el hombre ordenándolo a la salvación se comprende toda ella bajo el efecto de la predestinación.”

O sea que, si decimos que los méritos de la creatura racional son la razón por la cual Dios la predestina, esos méritos, o a su vez son efecto de la predestinación, o no lo son.

Si no lo son, tendríamos algo bueno en la creatura, que la ordena a la Vida Eterna, que hace que Dios la predestine, y que no procede de Dios, lo cual es absurdo. Nada creado puede influir sobre la Voluntad divina, y no puede haber bien alguno en la creatura que no proceda del Creador.

 Si lo son, entonces no pueden al mismo tiempo ser causa o razón de la predestinación, porque no pueden ser al mismo tiempo lógicamente anteriores y lógicamente posteriores a la predestinación, es decir, no se puede ser causa y efecto de la misma cosa bajo el mismo concepto

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Es indudable, entonces, que aquí Santo Tomás está enseñando la elección y predestinación divina “ante praevisa merita”, anterior a la previsión por parte de Dios de los méritos de las creaturas.

Ante todo porque en el cuerpo del artículo rechaza la elección y predestinación “post praevisa merita”, posterior a la previsión divina de los méritos de las creaturas racionales, es decir, esa teoría que dice que lo que determina la elección divina es la previsión divina de las respuestas positivas de esas creaturas a la gracia.

Y la rechazado porque esta teoría establece una distinción inaceptable para Santo Tomás entre lo que procede de Dios y de su gracia y lo que procede de la creatura y de su libre albedrío.

Efectivamente, si tal distinción es inaceptable, entones los méritos de las creaturas racionales también son fruto de la gracia de Dios, y entonces, no pueden ser causa de la predestinación, porque son efectos de la misma, ya que la “razón de la transmisión de la creatura racional al fin que es la Vida Eterna”, que eso es la predestinación, recordemos, según Santo Tomás, es justamente la disposición divina de la gracias que han de conducir a la creatura racional a ese fin.

Por tanto, no es posible que Dios sepa cuál va a ser la respuesta positiva de las creaturas racionales a la gracia antes de que sepa cuáles serán las gracias que Él mismo otorgará a esas creaturas para que respondan positivamente.

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Recordemos que cuando decimos que los méritos de las creaturas racionales son efectos de la gracia divina, estamos diciendo precisamente eso, y no solamente que la capacidad para tener esos méritos es fruto de la gracia divina, porque no es lo mismo la capacidad para tener los méritos, que los méritos.

Si solamente viniese de Dios la capacidad para tener los méritos, y no los méritos mismos, entonces habría algo bueno en la creatura (lo mejor de todo, en realidad, lo que la hace entrar en la Vida Eterna) que no vendría de Dios, lo que es absurdo.

Si decimos que también los méritos, y no solamente la capacidad de tenerlos la creatura, vienen de Dios, entonces no tiene sentido que Dios mire a ver qué harían las creaturas para poder saber a cuáles elegir y predestinar, no tiene sentido que Dios deba prever los méritos para ello, porque en esta hipótesis Dios no sabe cuáles serán los méritos de las creaturas racionales hasta que sabe cuáles serán los méritos que Él ha decidido causar con su gracia en esas creaturas, o sea, no puede ser que Dios predestine en base a los méritos previstos, porque los méritos sólo pueden ser previstos por Dios como efectos de Su acto de predestinar.

Esto se resume en una sola frase: Dios siempre primero.

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En la respuesta, muy breve, a la primera objeción, Santo Tomás dice que

la predestinación tiene una razón de parte de su efecto considerado en su totalidad, que es la misma bondad divina. En particular, un efecto es razón de otro, como se ha dicho.”

Que el efecto de la predestinación tomado en su conjunto, es decir, todas las gracias que finalmente conducen a una persona a la Vida Eterna, no tenga razón o causa creada, no quiere decir que no la tenga absolutamente hablando. Esa razón es la misma Bondad divina.

La idea de fondo aquí es que el único fin al que puede tender la actividad divina es Dios mismo, su misma Bondad, que como ya la posee eternamente, no es un fin a ser buscado, sino un fin a ser comunicado a otros, de modo que por la participación en la Bondad divina que han recibido las creaturas, manifiesten esa Bondad de Dios y así lo glorifiquen. Mediante la predestinación, Dios manifiesta su Bondad ante todo en los que se salvan, y con esto, Santo Tomás prepara la repuesta a la que será la tercera objeción.

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La tercera de las objeciones que Santo Tomás plantea y responde en este artículo es clásica:

Se dice en Rom 9,14: “En Dios no hay iniquidad”. Pero parece ser inicuo que se den cosas distintas a los que son iguales. Pues todos los hombres son iguales tanto por naturaleza como por el pecado original, mientras que su desigualdad radica en el mérito o demérito de sus propios actos. Así, pues, Dios no prepara cosas desiguales para los hombres, predestinando y reprobando, a no ser por el conocimiento previo de su diversidad de méritos.”

Su respuesta no es menos clásica:

En la misma bondad divina puede encontrarse la razón de la predestinación de algunos y de la reprobación de otros. Pues en este sentido se dice que Dios hizo todas las cosas debido a su bondad: para que la bondad divina estuviera representada en las cosas. Por lo tanto, es necesario que la bondad divina, que en sí es una y simple, esté representada de múltiples formas en las cosas, debido a que las cosas creadas no pueden alcanzar la simplicidad divina. De aquí que para la plenitud del universo se precisen diversos grados en las cosas, de las cuales algunas tengan un lugar alto y otras uno bajo en el universo. Y para que se conserve la multiformidad de grados en las cosas Dios permite que haya algunos males a fin de que no se impidan muchos bienes, como ya se dijo anteriormente.

Por lo tanto, tomemos todo el género humano como la totalidad de las cosas. Y así, respecto de los hombres, en algunos, a los que predestina, Dios quiso representar su bondad por modo de misericordia, perdonando, y en otros, a los que reprueba, por modo de justicia, castigando. Y ésta es la razón por la que Dios a unos predestina y a otros reprueba. A esta misma causa se refiere el Apóstol en Rom 9,22s. cuando dice: “Queriendo Dios mostrar su ira (esto es, su justicia vindicativa), y queriendo dar a conocer su poder, soportó (esto es, permitió) con mucha paciencia los vasos de la ira preparados para la perdición a fin de dar a conocer la riqueza de su gloria en los vasos de la misericordia preparados para la gloria. Y en 2 Tim 2,20, dice: En una casa grande no sólo hay vasos de oro y de plata, sino también de madera y de barro; unos, para usos honrosos; otros, para usos viles.”

Pero porqué elige a éstos para la gloria y a aquellos los reprueba, eso no tiene razón sino en la Voluntad divina. Por eso dice San Agustín en Super Ioannem: “porqué trae a éste y a aquel no lo trae, no lo quieras juzgar, si no quieres errar”.

Como también en los seres naturales, siendo la materia prima en sí toda uniforme, se puede dar una razón de por qué una de sus partes ha recibido forma de fuego y otra forma de tierra desde que Dios la creó: para qué hubiera diversidad de especies en las cosas naturales. Pero por qué esta parte de la materia está bajo esta forma y aquella bajo aquella otra, depende de la simple Voluntad divina. Lo mismo que de la simple voluntad del arquitecto depende que esta piedra esté en esta parte de la pared y aquélla en la otra, aun cuando la razón de arte estime que unas tengan que estar aquí y otras allí.

Sin embargo, aun cuando Dios no prepara cosas iguales a quienes son iguales, no por eso hay iniquidad en El. Esto se opondría a la razón de justicia si el efecto de la predestinación fuera pago de una deuda y no se diese por gracia. En lo que se da por gracia, sin perjuicio de la justicia alguien puede dar libremente lo que quiera, o más o menos, mientras a nadie dé menos de lo debido. Esto es lo que dice el padre de familia en Mt 20,14s.: “Toma lo que es tuyo y vete. ¿Acaso no puedo hacer lo que quiero?”.”

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Santo Tomás ha excluido ya en el cuerpo del artículo, que la razón de la predestinación de algunos a la Vida Eterna esté fuera de Dios mismo, es decir, en las creaturas, concretamente, en los méritos de las creaturas, pero de lo que dice en la respuesta   a esta objeción se sigue que también la reprobación divina es anterior a la previsión divina de las culpas.

En efecto, en esa respuesta no se hace mención alguna de las culpas al dar la razón de porqué reprueba a algunos, más aún, se niega que las culpas previstas por Dios puedan ser motivo de la reprobación, al decir:

Pero porqué elige a éstos para la gloria y a aquellos los reprueba, eso no tiene razón sino en la Voluntad divina.”

Por tanto, solamente en Dios mismo se podrá encontrar la respuesta a lo que ahora se está objetando.

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Y es que Santo Tomás ha definido la reprobación divina como “la Voluntad de permitir a alguien caer en la culpa y de inferir la pena de la condenación de la culpa”. Como la permisión del pecado es obviamente anterior al pecado mismo, y la reprobación incluye esa permisión, entonces la reprobación, al menos en tanto que incluye solamente esa permisión, o sea, en tanto que es la “reprobación negativa”, también es anterior al pecado, y por tanto, no puede tener su motivo en el pecado de la creatura previsto por Dios.

Es decir, Dios sólo prevé aquellos pecados que Él mismo ha permitido, porque sin esa permisión divina no ocurrirían y no serían por tanto tampoco previsibles.

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En su respuesta, Santo Tomás distingue dos cuestiones: porqué en general algunos son predestinados y otros reprobados, y porqué los predestinados son en concreto tales personas y no otras, y lo mismo los réprobos.

Su respuesta es que hay una razón para la distinción en general entre predestinados y réprobos, que es la diversa manifestación de la Bondad divina, como vimos, pero para que en concreto Pedro sea predestinado en lugar de Judas, por ejemplo, la única razón es la Voluntad divina, o sea, que así lo quiere Dios.  

Respecto de la primera pregunta, entonces, la Bondad divina se manifiesta tanto por la Misericordia de Dios como por su Justicia. La justicia es buena, no mala. Lo que es malo es la injusticia. Así, por la predestinación se manifiesta la Bondad divina por modo de Misericordia, en los son liberados y se salvan, mientras que por la reprobación divina se manifiesta la Bondad divina por modo de Justicia, en los que no se arrepienten de sus pecados y se condenan.

Enseguida nosotros queremos encontrar una razón en las creaturas para esto, y acudimos de un modo u otro a los méritos o culpas de las creaturas. Pero eso es justamente lo que Santo Tomás está excluyendo en este artículo. El efecto total de la predestinación, así como la reprobación, no tienen causa o motivo creado.

Si algún lugar había en la obra de Santo Tomás para decir que se predestina a los que responden positivamente a la gracia y se reprueba a los que la rechazan, era sin duda éste. Y Santo Tomás no sólo no dice eso, sino que lo niega explícitamente, y pone la única razón de esa diferencia en Dios mismo, en su Bondad y en las posibles formas de manifestarla en lo creado.

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Inmediatamente se plantea la objeción de la supuesta “arbitrariedad” divina, y Santo Tomás la enfrenta al final de su respuesta: no hay arbitrariedad en repartir a voluntad lo que no es debido, sino que es dado por gracia

Donde hay falta de obligación no hay responsabilidad. Cuando decimos que somos responsables de que alguien no alcance algo, si no le damos lo que necesita para alcanzarlo, pudiendo hacerlo, estamos suponiendo que de algún modo estamos obligados a darle a esa persona eso que necesita. Porque esa responsabilidad nuestra es una culpa, y no hay culpa donde no hay obligación, porque la culpa consiste en la transgresión de una norma, que por serlo, se presenta como obligatoria.

Yo no soy culpable por no tomar una taza de café, eso quiere decir que no estoy moralmente obligado a tomarla.  

Si Dios, entonces, no está obligado a predestinar a todos a la salvación, entonces no es responsable de que algunos, es decir, los réprobos, se pierdan.

Y no vale preguntar ¿por qué crea Dios a los que no predestina, sino que reprueba? Porque eso es lo mismo que preguntar por qué no crea sólo a los que va a predestinar, que a su vez es lo mismo que preguntar por qué no predestina a todos los que crea, lo cual a su vez supone que Dios está obligado a predestinar a todos los que crea.

En aquello en lo que no hay obligación se puede sin culpa ni responsabilidad alguna actuar libremente.

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Se puede objetar el siguiente texto de Santo Tomás en la Suma Teológica, Ia. IIae., q. 76, a. 3, c. En ese artículo Santo Tomás pregunta si Dios es causa de la obcecación (ceguera) y el endurecimiento.

Y responde:

La obcecación y el endurecimiento implican dos cosas. Una de ellas es el movimiento del ánimo humano, que se adhiere al mal y se aparta de la luz divina. Y en cuanto a esto Dios no es causa de la obcecación y del endurecimiento, como no es causa del pecado. Otra es la sustracción de la gracia, de lo cual se sigue que la mente no sea iluminada para ver rectamente y el corazón del hombre no se ablande para vivir rectamente. Y en este sentido Dios es causa de la obcecación y del endurecimiento.

Pues hay que tener en cuenta que Dios es la causa universal de la iluminación de las almas, según aquello de Jn 1,9: “Era la luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene a este mundo”, como el sol es la causa universal de la iluminación de los cuerpos. Pero cada uno a su modo; pues el sol obra por necesidad natural, y Dios, voluntariamente, según el orden de su sabiduría. Mas el sol, aunque de suyo ilumine todos los cuerpos, si en alguno encuentra algún obstáculo, lo deja en tinieblas, como es claro en el caso de la casa cuyas ventanas están cerradas. Sin embargo, la causa de tal oscuridad de ningún modo es el sol, pues no obra por decisión propia para introducir allí su luz, sino que la causa de ello es sólo aquel que cierra las ventanas. Pues bien, Dios, por su propio designio, no infunde la luz de su gracia en aquellos en quienes encuentra impedimentos. Por consiguiente, la causa de la sustracción de la gracia no es sólo el que pone obstáculos a la gracia, sino también Dios, que por su designio no da la gracia. Y de este modo Dios es causa de la obcecación y del entorpecimiento de los oídos y del endurecimiento del corazón.”

La objeción, entonces, consiste en decir que según Santo Tomás nadie está privado de la gracia sino por su culpa, de modo que no es cierto que para Santo Tomás la reprobación de algunos carezca de toda razón de parte de la creatura.

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Pero hay que atender a lo que dice Santo Tomás en artículo siguiente, donde la pregunta es si el endurecimiento se ordena a la salvación final del que se endurece:

La obcecación es un preámbulo del pecado. Mas el pecado se ordena a dos cosas: a una por si mismo, esto es, a la condenación; mas a otra, por la misericordiosa providencia de Dios, a la sanación, en cuanto Dios permite que algunos caigan en el pecado, para que, reconociéndolo, se humillen y se conviertan, como dice Agustín en el libro De natura et gratia. Por tanto, la obcecación, por su naturaleza, se ordena a la condenación del que se obceca, y por eso se pone como efecto de la reprobación. Mas, por la misericordia divina, la obcecación se ordena temporalmente, en forma medicinal, a la salvación de quienes se obcecan. Pero esta misericordia no se otorga a todos los obcecados, sino a los predestinados, “para quienes todo coopera al bien”, como dice Rom 8,28. Por consiguiente, respecto de algunos la obcecación se ordena a la sanación; mas cuanto a los otros, a la condenación, como dice Agustín en la tercera de sus “Quaestion. Evangel”.

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La tercera objeción viene muy a cuento:

““Dios no es aceptador de personas”, como se dice en Act 10,34. Sino que la obcecación de algunos la ordena a su propia salvación: como la de algunos judíos, que fueron cegados para no creer en Cristo y, no creyendo, lo mataron, y luego, arrepentidos, se convirtieron, según se lee de algunos en Act 2,37, y es claro por (la exposición de) Agustín en el libro De quaestion. evangel. Luego Dios convierte la obcecación de todos en su propia salvación.”

Responde el Aquinate:

El hecho de que Dios ordene la obcecación de algunos para su salvación es cuestión de misericordia, y que la obcecación de otros se ordene a su condenación, lo es de justicia. Pero que Dios otorgue misericordia a algunos y no a todos, no implica acepción de personas por parte de Dios, como dijimos en la primera parte.”

Donde la referencia es precisamente al texto del art. 5 de la cuestión 23 de la Primera Parte de la Suma, que estamos comentando.

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Hay que tener presente, además, que Dios permite el pecado, lo cual quiere decir, que no lo impide, pudiendo hacerlo. Y en efecto, el hecho de que en este texto se hable de algunos obcecados y endurecidos que finalmente son sanados y salvados muestra que Dios tiene poder para abrir, si quiere, las ventanas de esas casas que las tienen cerradas, porque es claro que, por más que sin duda que interviene el libre albedrío, quien se convierte se convierte, en definitiva, por el poder de la gracia de Dios.

¿Cómo interpretar entonces esto que dice Santo Tomás? Desde la Eternidad Dios elige a unos y reprueba a otros, sin atender a sus méritos o culpas (art. 5 de la q. 23 de la Primera Parte). Decreta también permitir los pecados de unos y de otros, y por tanto, el endurecimiento de algunos, sea predestinados o réprobos, a causa de esos pecados, del cual endurecimento se sigue que Dios les niega la gracia, (art. 3 de la cuestión 79 de la Primera Parte de la Segunda Parte) salvo que sean de los predestinados, en cuyo caso Dios les da la gracia para que se conviertan y se salven (art. 4 de esa misma cuestión).

Hay que distinguir, como hace Santo Tomás, la predestinación y la reprobación en sí mismas consideradas, y sus efectos. Cuando Santo Tomás habla de que el motivo de que Dios no dé su gracia es el pecado de la creatura, está hablando en el plano de los efectos, como ya vimos que dice también que en el orden de los efectos ciertas gracias que hacen a la predestinación pueden conferirse por obras anteriores de las creaturas, como ser las oraciones, que también son fruto, obviamente, de la gracia, y están predestinadas. Si bien mirando a la predestinación en sí misma y a la totalidad de los efectos de la misma, la predestinación no depende de nada creado.

Del mismo modo se puede decir que en el orden de los efectos de la reprobación divina, la negación de la gracia puede deberse a pecados anteriores, que han debido obviamente ser permitidos por Dios, pudiendo ser impedidos por Él con su gracia sin mengua alguna de nuestro libre albedrío, como no tiene mengua de nuestro libre albedrío el que la gracia de Dios nos convierta.  Pero el conjunto de los efectos de la reprobación divina, y ésta en sí misma considerada, no tienen causa o motivo creado.

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En la segunda parte de su respuesta, dijimos, Santo Tomás afronta la cuestión de porqué esta persona en particular es predestinada y aquella otra en particular es reprobada. La respuesta, como vimos, es que eso no tiene otra razón que la pura y simple Voluntad divina, o sea, que es así porque así lo quiere Dios.

Se entiende, en efecto, que para la manifestación de la Bondad divina por vía de Misericordia y por vía de Justicia es necesario y suficiente que haya predestinados y réprobos, no hace falta ni agrega nada el que el predestinado sea Fulano y el réprobo sea Mengano.

Por tanto, para esto último la razón no es la manifestación de la Bondad divina, sino solamente la Voluntad divina, o sea, que Dios lo quiere así.

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Hay que entender bien esta segunda pregunta, para deslindarla de la primera, puesto que Santo Tomás responde en forma diferente a ambas. No se trata simplemente de porqué Pedro es predestinado y Judas no, porque para responder a eso hay que incluir inevitablemente la respuesta a la primera pregunta basada en la manifestación de la Bondad divina.

Se trata más bien de esto: supuesto que unos son predestinados y otros reprobados, porqué Pedro está entre los predestinados y Judas entre los réprobos.

De todos modos, ambas respuestas coinciden en algo: por ninguna razón que esté en Pedro o en Judas mismo. O bien la razón es la manifestación de la Bondad divina, para la primera pregunta, o bien la simple Voluntad divina, para la segunda.

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Y si se objeta, que en el caso del condenado sin duda que hay una razón para su condenación eterna que está en él mismo, a saber, su pecado y su impenitencia final, esa es precisamente la razón por la cual, atendiendo a lo que dice aquí Santo Tomás, los tomistas distinguen entre la reprobación antecedente y la reprobación consecuente.

A la primera se la llama también “negativa”, a la segunda, “positiva”.

La primera es anterior a la previsión divina de las culpas, y es la que ocupa la primera parte de la definición o cuasi definición de “reprobación” que da Santo Tomás al comienzo. La segunda es posterior a la previsión divina del pecado y la impenitencia final de la creatura racional, y es la que se encuentra en la segunda parte de dicha definición o cuasi definición.

En esa distinción están de acuerdo todos los tomistas, discuten solamente en cuanto a cuál es el contenido de la reprobación antecedente, porque todos están de acuerdo también en que la reprobación consecuente o posterior a la previsión divina de las culpas consiste en la condenación por parte de Dios del pecador al infierno eterno, y en que ése no es el contenido de la reprobación divina antecedente.

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Con esto alcanza, sin embargo, para distinguir una vez más al tomismo del calvinismo, el cual no hace esa distinción entre las dos reprobaciones, y sostiene por tanto que Dios condena a algunos al infierno antes e independientemente de haber previsto sus pecados y su impenitencia final.

Según Donnald Sinnema, Calvino sostiene que dentro de la “reprobación”, que al mínimo contiene la “preterición” o acto de no elegir a algunos para la Vida Eterna,  se incluye la voluntad eterna de condenar al infierno por las culpas, y que esta “reprobación” depende exclusivamente de la Voluntad de Dios, y no de las culpas de las creaturas racionales, mientras que la “condenación” es el acto temporal por el que se aplica esa pena, siendo entonces solamente la segunda posterior al conocimiento de las culpas por parte de Dios y dependiente de ese conocimiento.

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En cuanto al contenido de la reprobación divina antecedente, según los distintos autores tomistas puede ser, o bien la exclusión de los réprobos de la gloria (y por tanto, de la gracia que infaliblemente conduciría a ella) a título del bien gratuito e indebido que es la gloria, no de pena por el pecado, o bien la simple no elección de los mismos para la Vida Eterna, o bien la permisión de su pecado y de su impenitencia final.

Las dos primeras se refieren directamente al fin último, la tercera, a los medios que llevan al fin, la primera consiste en una acción divina positiva, la segunda, en una inacción, por así decir, divina.

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En el artículo 6 Santo Tomas pregunta si la predestinación es segura, cierta.

Responde:

La predestinación consigue su efecto certísima e infaliblemente, pero no impone necesidad de modo que su efecto resulte necesariamente. Se ha dicho que la predestinación es parte de la providencia. Pero no todas las cosas que están sometidas a la providencia son necesarias; sino que algunas ocurren de forma contingente, según la condición de las causas próximas a las que ordenó a tales efectos la providencia divina. Y, sin embargo, como se ha mostrado, el orden de la providencia es infalible. Así pues, también es seguro el orden de la predestinación; y, sin embargo, no se anula la libertad de arbitrio de la que proviene contingentemente el efecto de la predestinación. A todo esto hay que aplicar también lo dicho anteriormente sobre la ciencia y la voluntad divinas, que, aun cuando sean absolutamente seguras e infalibles, no anulan la contingencia en las cosas.”

Que la infalibilidad de la Providencia no quita la contingencia de las cosas quiere decir que las cosas sometidas a la Providencia divina pueden no suceder, no que puedan estar incluidas en el orden de la Providencia y no suceder. Lo primero, como se ve, es el sentido dividido, y así se conserva la contingencia de los eventos sometidos a la Providencia divina, lo segundo, es el sentido compuesto, y así se entiende la infalibilidad de la Providencia y por tanto de la predestinación.

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Es lo que dice Santo Tomás al responder a la segunda objeción, la cual dice:

Establecido lo posible, no resulta lo imposible. Es posible que un predestinado, llamémosle Pedro, peque y sea muerto. De darse esto, el efecto de la predestinación queda frustrado. Así, pues, eso no es imposible. Por lo tanto, no es segura la predestinación.”

La respuesta de Santo Tomás:

Aun cuando es posible que el que está predestinado, muera en pecado mortal considerado en sí mismo, sin embargo es imposible que esto sea así supuesto (y éste es el caso en la objeción) que está predestinado. Por lo tanto, no se puede deducir que la predestinación pueda fallar.”

Es decir, considerado en sí mismo (sentido dividido) el predestinado puede condenarse, pero considerado en tanto que predestinado (sentido compuesto) no puede hacerlo.

Esto se sigue de lo que dijimos arriba acerca de que la Voluntad divina consecuente se cumple siempre, y de que nada puede obstaculizar ni impedir su cumplimiento, porque todas las causas segundas le están sometidas, sin que por ello esa Voluntad divina infalible imponga necesidad en las cosas.

Por eso, cuando en algunos pasajes Santo Tomás dice que en orden a la variedad de las cosas creadas, Dios hace que algunas cosas sucedan necesariamente, y otras contingentemente, hay que tener presente que está diciendo que Dios hace que esas cosas ocurran, y por tanto, lo hace infaliblemente. La contingencia de los eventos contingentes mira a las causas segundas de esos eventos, por ejemplo, las voluntades libres de las creaturas racionales, no a la realización del efecto querido en esos casos por la Causa Primera.

Es otra forma de aludir a la distinción entre necesidad condicional y necesidad absoluta. Eso es todo lo que hay en la realidad para Santo Tomás. La contingencia es relativa y cae bajo la necesidad condicional. La contingencia absoluta no existe ni es posible.

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En el artículo 7 pregunta Santo Tomás si es cierto el número de los predestinados.

Su respuesta:

Es cierto el número de los predestinados. Algunos sostuvieron que era cierto formalmente, pero no materialmente, como si dijéramos que es cierto que se salvarán cien o mil, pero no que sean éstos o aquéllos. Pero esto anula la certeza de la predestinación, de la que ya hemos hablado. En este sentido, hay que decir que el número de los predestinados es cierto tanto formal como materialmente.

Pero hay que advertir que se dice que para Dios es cierto el número de los predestinados no sólo por razón del conocimiento, es decir, porque sepa cuántos son los que se han de salvar (pues en este sentido conoce también el número de gotas de lluvia o de granos de arena del mar); sino por razón de elección y de una determinada definición. Para demostrar esto, hay que tener presente que todo agente tiende a producir algo finito, tal como consta en lo dicho anteriormente sobre lo infinito. Ahora bien, quien pretende una determinada medida en su efecto, idea el número de sus partes esenciales, que se requieren por sí mismas para la perfección del conjunto. Pero no elige un número por sí mismo en las cosas que no se requieren principalmente, sino solamente en función de otras, sino que las toma en tanta cantidad en cuanto son necesarias para otra cosa. (…)  Así por tanto hay que considerarlo en Dios respecto de la totalidad del universo, que es su efecto. Pues preordenó en qué medida debía ser el universo todo, y qué número era el más conveniente a las partes esenciales del universo, es decir, las que de algún modo son perpetuas, por ejemplo, cuántas esferas, cuántas estrellas, cuántos elementos, cuántas especies de cosa. Pero los individuos corruptibles no se ordenan al bien del universo de modo principal, sino secundariamente, en cuanto en ellos se salva la razón de la especie. Por lo que, aunque Dios sabe el número de todos los individuos, el número de bueyes o de mosquitos o de otras cosas no es preordenado por Dios por sí mismo, sino que la divina providencia produce de estas cosas tantas cuantas alcanzan para la conservación de la especie.

Entre todas las criaturas, las que principalmente están ordenadas al bien del universo son las creaturas racionales, que, en cuanto tales, son incorruptibles, y máximamente las que alcanzan la bienaventuranza, que alcanzan de modo más inmediato el último fin. Por lo que para Dios es cierto el número de los predestinados, no sólo por modo de conocimiento, sino también por modo de una principal definición.

No es así del todo en lo que tiene que ver con el número de los condenados, que parecen estar preordenados por Dios al bien de los elegidos, para quienes todo coopera para el bien. Acerca del número de todos los hombres predestinados, algunos dicen que se salvarán tantos hombres cuantos ángeles cayeron. Otros, que se salvarán tantos cuantos ángeles permanecieron. Otros, que tantos hombres cuantos ángeles cayeron más todos los que fueron creados. Pero es mejor decir que sólo Dios conoce el número de los escogidos que será colocado en la más sublime felicidad.

Santo Tomás no está diciendo, por tanto, que el número de los réprobos no esté preordenado por Dios, sino que no está preordenado por sí mismo, sino en función de la salvación de los elegidos.

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Finalmente, en el artículo 8 pregunta Santo Tomás si la predestinación puede ser ayudada por las oraciones de los santos.

Responde:

En torno a esta cuestión ha habido varios errores. Algunos, atendiendo a la certeza de la predestinación divina, sostuvieron que las oraciones eran superfluas, como cualquier otra cosa que se hiciera para ayudar a conseguir la salvación eterna, porque, se hagan o no, los predestinados la alcanzarán y los condenados no. Pero contra esta opinión van todas las exhortaciones de la Sagrada Escritura a orar y a hacer otras buenas acciones.

Otros, en cambio, sostuvieron que las oraciones cambian la predestinación divina. Se dice que ésta fue la opinión de los Egipcios, quienes sostenían que la ordenación divina, que llamaban Destino, podía ser impedida por distintos sacrificios y oraciones. Pero contra esta opinión está también la Sagrada Escritura. Pues se dice en 1 Re 15,19: “Quien triunfa en Israel no perdonará. No se doblegará por el arrepentimiento.” Y en Rom 11,29 se dice: “Los dones de Dios y su vocación se dan sin arrepentimiento”.

Por tanto, hay que decir de otro modo, que en la predestinación hay que considerar dos aspectos: la misma preordenación divina y su efecto. Con respecto a lo primero, la predestinación de ningún modo es ayudada por las oraciones de los santos, pues no es por las oraciones de los santos que alguien es predestinado por Dios. En cuanto a lo segundo, se dice que la predestinación es ayudada por las oraciones de los santos y por otras buenas acciones; porque la providencia, de la que es parte la predestinación, no anula las causas segundas, sino que provee sus efectos de tal forma que incluso el orden de las causas segundas entra dentro de la providencia.

Por lo tanto, así como se provee a los efectos naturales de modo que también tengan causas naturales sin las cuales no se producirían, así es predestinado alguno por Dios de tal modo, que también está comprendido bajo el orden de la predestinación todo lo que promueve la salvación del hombre, bien sean sus propias oraciones o las de los demás, u otras cosas buenas sin las que alguien no alcanza la salvación. Por eso, los predestinados deben esforzarse en orar y practicar el bien, pues de este modo se realizará con certeza el efecto de la predestinación. Por todo lo cual, se dice en 2 Pe 1,10: “Por vuestras buenas acciones procurad hacer segura vuestra vocación y elección”.”

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Es claro por lo arriba dicho que la misma razón que hay para decir que la predestinación no depende de los méritos de las creaturas es la que hay para decir que tampoco depende de las oraciones de los santos.

Todas esas cosas son efectos, no causas, de la predestinación.

Pero por lo mismo, y como ya se dijo también, un efecto de la predestinación, como es la consecución de la vida eterna, puede depender de otro efecto de la predestinación, como son las oraciones de esa persona o de otras, es decir, si Dios preordena que tal persona alcance la salvación mediante tales oraciones suyas o de otra persona.

Por lo mismo se ve lo errado del dicho que menciona Santo Tomás en ese pasaje, que se haga lo que se haga, se salvará uno, si está predestinado, o se condenará, si está reprobado. Pues si uno está predestinado, no hará cualquier cosa, sino aquello que lo conduce a la salvación, e inversamente, si está reprobado.

Visto desde nosotros, eso significa, como concluye el texto de Santo Tomás, que debemos esforzarnos por realizar aquello que nos conduce a la salvación, porque sólo bajo esa hipótesis se la puede alcanzar.

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En definitiva, no vemos qué tesis esencial del así llamado “bañecianismo” deja de estar presente, al menos implícitamente, en el pensamiento de Santo Tomás tal como se presenta en esta cuestión de la Suma Teológica.

45 comentarios

  
Vladimir
1 Timoteo 2, 4-6:
"porque él (Dios, nuestro Salvador) quiere que todos se salven y lleguen al conocimiento de la verdad.
Hay un solo Dios y un solo mediador entre Dios y los hombres: Jesucristo, hombre él también,
que se entregó a sí mismo para rescatar a todos..."

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Sin duda. Santo Tomás explica ese pasaje en el texto que estudio en el "post".

Saludos cordiales.
02/06/24 1:39 AM
  
Crux ave, spes unica
Punto 600 del Catecismo.

"Para Dios todos los momentos del tiempo están presentes en su actualidad. Por tanto establece su designio eterno de "PREDESTINACIÓN" incluyendo en él la respuesta libre de cada hombre a su gracia: "Sí, verdaderamente, se han reunido en esta ciudad contra tu santo siervo Jesús, que tú has ungido, Herodes y Poncio Pilato con las naciones gentiles y los pueblos de Israel (cf. Sal 2, 1-2), de tal suerte que ellos han cumplido todo lo que, en tu poder y tu sabiduría, habías
PREDESTINADO" (Hch 4, 27-28). Dios ha permitido los actos nacidos de
su ceguera (cf. Mt 26, 54; Jn 18, 36; 19, 11) para realizar su designio
de salvación (cf. Hch 3, 17-18).

1037 del Catecismo.

"Dios NO PREDESTINA a nadie a ir al infierno (cf. DS 397; 1567); para que eso suceda es necesaria una aversión voluntaria a Dios (un pecado mortal), y persistir en él hasta el final"

De la parte de FE del catecismo Mayor, infalible doctrina de Cristo en virtud de Lumen Gentium nº25.

¡¡¡¡¡ Qué fácil y preciso lo explica el Catecismo cuando lo han establecido el Papa en comunión con el colegio episcopal mundial !!!! En este caso San Juan Pablo II

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En las controversias "De auxiliis" del siglo XVI la Iglesia no quiso decidir entre el tomismo y el molinismo, y por eso el Catecismo pone una formulación que puede ser interpretada según ambas teologías.

El molinista dirá que el designio divino de salvación incluye la respuesta libre del hombre a la gracia divina porque Dios sólo predestina a algunos luego de haber previsto cuál sería, en caso de crearlos, su respuesta positiva libre a la gracia, ya que para el molinista Dios no puede mover en forma eficaz e infalible a las creaturas racionales a la realización de actos libres.

El tomista dirá que el designio divino de salvación incluye la respuesta libre del hombre a la gracia divina porque desde la Eternidad y antes e independientemente de toda previsión de la respuesta libre de las creaturas, Dios eligió y predestinó a algunos para la Vida Eterna y decretó mover infaliblemente sus voluntades a la realización de actos libres con los cuales llegarían a ella, de modo que Dios sólo sabe lo que harán estas creaturas racionales mirando Su libre decreto de moverlas de ese modo.

Incluso se puede interpretar ese pasaje según la teología de Marín-Solá y Maritain, para la cual Dios extrae su conocimiento de la libre respuesta de las creaturas racionales de lo que éstas efectivamente hacen en el tiempo una vez existentes, y según eso dispone el plan de la predestinación.

Ninguna de estas teologías, en efecto, ha sido al presente condenada por la Iglesia.

Lo que todo católico, como tal, debe afirmar es, por lo menos, que la predestinación no elimina el libre albedrío de las creaturas racionales (entendido como capacidad de elección), ni éste elimina la infalibilidad y la gratuidad de la predestinación divina.

En cuanto a que Dios no predestina a nadie a ir al infierno, eso es claro para todos los católicos, ya sean tomistas, molinistas, agustinianos, etc. Por eso todos ellos distinguen entre Predestinación y Reprobación.

Saludos cordiales.
02/06/24 5:10 AM
  
Luis Fernando
En las controversias "De auxiliis" del siglo XVI la Iglesia no quiso decidir entre el tomismo y el molinismo...

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Y desde entonces el semipelagianismo campó, y campa, a sus anchas. Cuando el mal no se condena, se extiende.

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En efecto, el molinismo, que creo que no sería arriesgado decir que está en la mente de la mayoría de los católicos actuales (no en el Magisterio de la Iglesia), no puede dar cuenta de la plenitud de la Revelación divina tal como aparece en las Escrituras y es interpretada por Doctores de la talla de San Agustín y Santo Tomás de Aquino.

Y del otro lado, los protestantes, en especial los calvinistas, por ejemplo, subrayan verdades fundamentales de la Revelación, dejadas en la sombra muchas veces por los católicos, mezclándolas con errores como la negación del libre albedrío, la misma autoría divina del pecado, la irresistibilidad de la gracia, la condenación al infierno por parte de Dios anterior a la previsión divina de las culpas, la muerte de Cristo en la Cruz por solamente algunos, no por todos, y la certeza de la predestinación y la salvación para todo aquel que realmente tiene fe.

Eso se podría resumir en este titular: "Necesidad sangrante del tomismo en la época actual".

Saludos cordiales.
02/06/24 5:43 AM
  
Crux ave, spes unica
En efecto, un ejemplo de pelagianismo es el pensamiento de algunos "catolicos " que piensan que es mejor llevar a sus hijos a un colegio público que a una escuela concertada.

Ese voluntarismo pelagiano que parte de la desobediencia al magisterio y a todos los documentos de la Iglesia sobre educación y niños hace de estas personas lo que se denomina el JoSÉMOTISMO, tontos a las finas yervas.

No confinan ni en la Iglesia ni en la Gracia, lo dicho, a las finas yervas.

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En algunos países eso puede deberse a que la enseñanza pública es gratuita mientras que la católica es paga, y los católicos de bajos recursos muchas veces no tienen opción. En Uruguay ha sido un reclamo tradicional de la Iglesia la situación de desigualdad en que se encuentran los padres católicos en lo relativo a la educación de sus hijos.

Saludos cordiales.
02/06/24 12:42 PM
  
Crux ave, spes unica
De la hipocresía pública en medios Catolicos dareis cuenta a Dios en breve muchos (ya os queda poco). Por un lado atacaís a San Juan Pablo II y el catecismo Mayor apoyandoos en Santo Tomas; pero cuando Santo Tomas dice en la summa que vale más una misa con 500 concelebrantes que 500 misas individuales ya no os interesa la summa teológica.


¡¡ Cuanta hipocresía !!

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Aquí nadie ha atacado al Catecismo. La Iglesia hace lo que tiene que hacer dado que hay un tema que es de libre discusión entre católicos, no puede tomar partido en un Catecismo por una de las tesis y debe limitarse a consignar lo que es común a todas ellas y que todo católico debe aceptar.

No sabía que Santo Tomás dijese eso en la Suma, me gustaría conocer la cita exacta.

En todo caso eso no haría que la Suma dejase de interesarme, ciertamente.

Me parece que se apresura Ud. a hacer acusaciones de hipocresía antes de averiguar exactamente qué es lo que piensan y dicen las otras personas.

Saludos cordiales.
02/06/24 12:56 PM
  
Néstor
Esto es lo que encontré en la Suma sobre la concelebración:

IIIa, q. 82, a. 2

“Como acabamos de manifestar, el sacerdote queda constituido con la ordenación en el grado de aquellos que recibieron del Señor en la cena la potestad de consagrar. Y, por eso, según la costumbre de algunas Iglesias, de la misma manera que los Apóstoles concenaron con Cristo que cenaba, así los recién ordenados concelebran con el obispo que les ordena. Y no por eso se reitera la consagración de la hostia, pues, como dice Inocencio III, todos deben tener la intención de consagrar en el mismo instante.”

(…)

“Si cada uno de los sacerdotes actuase con una virtud propia, serían superfluos los demás concelebrantes, puesto que la celebración de uno sería suficiente. Pero como el sacerdote no consagra más que in persona Christi, y hay muchos que son uno en Cristo (Gal 3,28), por eso no importa que este sacramento sea consagrado por uno o por varios, con tal que se respete el rito de la Iglesia.”

No dice nada ahí de los 500 concelebrantes y las 500 Misas.

Saludos cordiales.
02/06/24 2:05 PM
  
Federico Ma.
Excelente, Néstor. Muchas gracias.

Entonces, cuando se habla de «doble predestinación», habría que distinguir. Pues, en efecto, se puede hablar, conforme a la fe católica, de una doble predestinación: a la eterna salvación y a la eterna condenación, siempre y cuando esta última se entienda «post praevisa demerita». Así dice, por ejemplo, el Concilio de Valence: «…confiadamente confesamos la predestinación de los elegidos para la vida, y la predestinación de los impíos para la muerte; sin embargo, en la elección de los que han de salvarse, la misericordia de Dios precede al buen merecimiento; en la condenación, empero, de los que han de perecer, el merecimiento malo precede al justo juicio de Dios. “Mas por la predestinación, Dios sólo estableció lo que Él mismo había de hacer o por gratuita misericordia o por justo juicio”…» (Dz. 332).

Tampoco habría problema, por todo lo dicho en el post, en hablar de una «predeterminación divina» de todo cuanto de entidad hay en lo creado (es decir, exceptuando sólo el pecado en cuanto tal). Es más, habría que hacerlo, como lo dice el mismo santo Tomás. Predeterminación que no anularía el ejercicio del libre albedrío creado, obviamente, sino que lo determinaría infaliblemente sin violentarlo, por así decir.

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Muchas gracias.

Cierto, al parecer Santo Tomás fue de los primeros en decir "predestinación y reprobación", en vez de "predestinación al Cielo y predestinación al Infierno". Pero en ámbito católico, es nada más que un cambio de vocabulario, porque siempre se mantuvo, y hay que mantener, que Dios condena al pecador al Infierno (reprobación consecuente o positiva, en el "post") sólo posteriormente a haber previsto su pecado y su impenitencia final.

Lo que pasa es que la terminología de Santo Tomás es más bíblica, porque en la Biblia "predestinación" se aplica solamente a los que se salvan.

"Predeterminación" también es exacto, si se entiende con ello simplemente, en el tomismo la causalidad de la Voluntad divina sobre las voluntades creadas. Lo que pasa es que suena a "determinismo", que es lo contrario de lo que se quiere decir aquí, pues la moción divina actualiza infaliblemente en nosotros el acto libre como tal.

Saludos cordiales.
02/06/24 3:45 PM
  
Federico Ma.
También parece que se podría preguntar por qué no ha predestinado Dios a todas las personas creadas, sin que ello suponga que Dios estaría obligado a predestinarlas a todas. Porque de hecho sería posible, "previamente" al decreto de predestinación, que Dios las predestine a todas: sería posible en ese sentido, en efecto, que todos se salven. Ahora bien, supuesto que Dios ha reprobado a algunos, esto es imposible (en sentido compuesto). Pero no en absoluto. Pero la respuesta parece que va por eso que citas: "O altitudo...". Y lo de san Agustín: "no quieras preguntarlo, si no quieres errar".

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En realidad, ahí hay dos cuestiones distintas que se juntan y a veces se mezclan: porqué Dios no predestinó a todos, y porqué predestinó a Pedro en vez de Judas. En el debate, Ramos las confunde. La respuesta de Santo Tomás a la primera pregunta no es "porque quiso", ésa es la respuesta a la segunda pregunta. La respuesta a la primera pregunta, en Santo Tomás, es "porque así se manifiesta mejor la Bondad divina en lo creado, es decir, no solamente por vía de Misericordia, sino también por vía de Justicia".

Saludos cordiales.
02/06/24 3:59 PM
  
Federico Ma.
Una pregunta interesante sería si la doctrina de santo Tomás que has expuesto en lo esencial es o no susceptible de ser modificada en algún punto sin que ello implique lógicamente algo que sea contrario a la doctrina católica (repito: lógicamente, por sus implicancias, sin meterse en si de hecho haya sido o no definida esa cuestión en concreto).

Entiendo que la respuesta del tomismo clásico, consistente, como se elaboró sobre todo con ocasión de la controversia contra el molinismo, dice que no. Lo cual sería aplicable, entonces, incluso a las pretendidas "reelaboraciones" que se han dado desde el lado sedicente tomista, como, por ejemplo, las del P. Marín-Sola y de Maritain, las cuales fueron vistas en su momento por el tomismo clásico, y entiendo que con razón, como ciertos (aun contra su voluntad, pues no querían salirse del tomismo) "neomolinismos".

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Una especie de término medio entre el tomismo y el molinismo es el congruismo de Bellarmino y Suárez, que se distingue del molinismo puro porque dice que Dios elige a los que se han de salvar "ante praevisa merita", y luego usa la "ciencia media" para ver, no quiénes responden positivamente a la gracia, como dice el molinismo puro, sino a qué gracias responderán libre e infaliblemente los ya previamente elegidos.

Lo que sigue manteniendo el congruismo es que Dios no toca las voluntades libres creadas, por eso su recurso a la "ciencia media".

En cambio, Marín-Solá y Maritain admiten la premoción física y la gracia intrínsecamente eficaz, pero quieren que al comienzo Dios dé solamente gracias "rompibles", de modo que sea la libre decisión de la creatura, al menos de "no romper" esas gracias, la que determine quiénes finalmente se salvan y quiénes no. Luego de que la creatura no rompe la moción "rompible", Dios le da las gracias intrínsecamente eficaces o eficaces por sí mismas y no por el consentimiento de la creatura racional.

En lo cual es clara la semejanza, en el comienzo de la salvación, con la gracia extrínsecamente eficaz o eficaz por el consentimiento de la creatura, de los molinistas.

Estos autores rechazan la "ciencia media" molinista, no tengo presente ahora si es por otra razón que porque quieren ser tomistas, y entonces, deben recurrir a algo verdaderamente extraño, que es el conocimiento divino de lo creado por "vía de Eternidad", o sea, porque para la Eternidad divina todos los momentos del tiempo están siempre presentes.

Con lo cual hacen al conocimiento divino, y a Dios, por tanto, dependiente de las creaturas, y además, la idea que resulta de la Providencia y la Predestinación parece ser la de un agregado superfluo a lo que ya ha acontecido, como el Rey de "El Principito" que era siempre obedecido porque sólo ordenaba a la gente lo que la gente quería hacer.

Ninguna doctrina sobrevive al cambio de alguna de sus tesis esenciales, porque para eso son esenciales. En el tomismo, entiendo, lo decisivo es lo que digo en el "post": no hay ente ni bien en las creaturas que no tenga a Dios como Causa Primera.

Por eso, la gracia eficaz sólo puede ser intrínsecamente eficaz, es decir, eficaz por sí misma y no por el consentimiento de la creatura.

Porque cualquier gramo, átomo, o partícula subatómica de consentimiento que quisiese aportar la creatura racional, también tiene que tener por Causa Primera a Dios mismo.

¿Qué se le puede dar a Aquel del que se recibe todo? Respuesta: nada.

Y lo mismo si decimos que la creatura no aporta nada, sino que simplemente se limita a "no romper" la moción divina. Porque "no romper" puede significar "no querer romper", en el sentido en que una planta o una piedra tampoco quieren romper nada, o "querer no romper", que es lo que en todo caso puede decirse de la creatura racional en estas situaciones, y así entendido sí implica un acto positivo de la voluntad, que por tanto tiene a Dios como Causa Primera.

Y si se nos dice que en estos casos el "romper" es simplemente querer algo, y que entonces el "no romper" es meramente "no querer" nada, sin acto alguno de la voluntad, pero libremente, porque entre las posibilidades del libre albedrío están tanto el querer como el no querer, respondemos con Billuart que "la omisión puede ser indirectamente voluntaria, sin acto alguno de la voluntad que sea de su razón esencial, no sin algún acto que sea su causa u ocasión", y de este acto, decimos nosotros, necesariamente Dios es Causa Primera.

Por ejemplo, se puede no querer ir a Misa, no en el sentido de querer no ir, sino en el sentido de ausencia de acto de la voluntad al respecto, pero para que eso pueda darse en el sujeto, tiene que haber un acto de voluntad respecto de alguna otra cosa, por ejemplo, cortar el césped.

Dice Billuart: "Es voluntario (...) aquello de lo que somos señores, de modo que se tiene en acto lo voluntario por el ejercicio de la libertad, pero no puede darse ejercicio de la libertad sin ningún acto de la voluntad , por tanto, no puede darse lo voluntario o la omisión voluntaria en un individuo sin acto de la voluntad, no ciertamente, como se ha dicho, por razón de la obra, sino por razón del operante, o lo que es lo mismo, no que ese acto sea esencial a la omisión, sino que es su causa u ocasión. [Porque] la voluntad, en tanto que libre, es una potencia vital, y la libertad es un cierto modo de vitalidad, como la risibilidad es una propiedad de lo racional, por lo que, como no puede darse lo risible no racional, no puede darse tampoco lo libre no vital, pero no se da ningún ejercicio de la vitalidad sin acto alguno, o por suspensión de todo movimiento, porque vivir en acto es moverse en acto."

Y por la misma razón no puede haber tampoco una moción divina intrínsecamente eficaz que sea falible.

Porque "intrínsecamente eficaz" quiere decir que produce su efecto "de suyo", y eso quiere decir que no necesita nada más para producirlo. Y en esas condiciones, no puede no producirlo.

Porque si una causa no produce un efecto, debe haber una razón para ello. Y aquí la razón no puede ser la causa misma, que de suyo es suficiente para producir el efecto, ni nada distinto de la causa misma, porque estamos hablando de la Causa Primera, que mueve a todas las otras causas a producir sus efectos, y que por tanto, no puede ser obstaculizada por ninguna otra causa, como dijimos en el "post" citando a Santo Tomás.

Dios no puede dar una "moción falible" por más que por imposible quisiese hacerlo. Porque eso sería dar una moción que, en caso de fallar, o bien fallaría sin ninguna razón, lo que es absurdo, va contra el principio de razón suficiente, o bien, fallaría por una razón que, o bien es Dios mismo, o bien es algo distinto de Dios mismo, y ambas cosas son absurdas.

Dios mismo no puede ser la razón de que falle la moción divina, porque entonces no fallaría, ya que finalmente se haría lo que Dios quiere, como si alguien pasase semanas estudiando un sistema de cómo perder al poker y finalmente alcanzase ese ansiado objetivo.

Y algo distinto de Dios tampoco puede ser la razón de que falle la moción divina, por lo dicho, todo lo que es distinto de Dios está bajo el control de la Voluntad de la Causa Primera, sin la cual nada puede moverse ni mover a otra cosa.

Por eso, la idea de que Dios libremente quiera permitir que la creatura haga fallar la moción divina es absurda. Cuando no hacemos lo que la Voluntad divina antecedente quiere que hagamos, sin que lo quiera la Voluntad divina consecuente, no es que hagamos fallar la moción divina, es que Dios no nos ha movido, porque la que produce efectos reales fuera de Dios es la Voluntad divina consecuente.

No se puede hacer fallar una moción, por la misma razón por la que no se puede decir unas palabras antes de hablar. Si es moción, y en la medida en que lo es, es porque mueve, y en eso no falla. Cuando deja de mover, no es que la moción falle, es que ya no hay moción, porque "mover" y "ser movido" son correlativos.

La imaginación en estos casos nos marea totalmente. Nos imaginamos la moción como si fuese una cosa blanca que avanza tanteando buscando producir su efecto, y a veces, lamentablemente, no lo consigue.

Traducido a conceptos, eso quiere decir que nos imaginamos una moción que no mueve, o sea, que no es moción.

Es cierto que una determinada causa puede detener la moción que procede de otra causa. Pero eso no es hacer fallar propiamente la moción, sino hacer que cese: mientras ha sido moción, lógicamente, ha movido, y por tanto no ha fallado. Sí se puede hacer de ese modo que falle la intención del agente que da la moción, de llegar a tal o cual punto. Pero eso no puede pasar con una moción divina, por lo dicho, la Causa Primera controla la actividad de todas las otras causas.

Y si se dice que Dios puede permitir que una de esas causas que él controla impida que otra causa, también movida por Dios, llegue en su movimiento al fin al que Dios tiende al mover a esta causa, aquella otra causa, al producir ese efecto, o es movida por Dios, Causa Primera, o no. Lo segundo es imposible, va contra el concepto de Causa Primera, a la cual están subordinadas todas las causas segundas. Lo primero quiere decir que el único fin que en ese caso Dios busca con Voluntad consecuente es el segundo, la interrupción del movimiento anterior, y no falla en la consecución de ese fin. Las otras mociones no han fallado, porque los fines que no han alcanzado no eran, en esta hipótesis, fines de la Voluntad divina consecuente.

Y finalmente, si se dice que a esta nueva causa también Dios le da una moción falible, entonces, o se llega a una causa movida infaliblemente por Dios para frustrar todos los otros movimientos, en cuyo caso el único fin al que tiende la Voluntad divina consecuente es éste y se alcanza sin fallar, o bien se entra en un absurdo retroceso al infinito.

A esto se puede objetar que las gracias suficientes son mociones y son falibles, porque pueden no alcanzar el fin para el que se dan, que es el acto bueno de la creatura racional.

Pero las gracias suficientes son mociones que son eficaces respecto de lo que producen en el alma, que la hace capaz de realizar tal o cual operación o acción.

No es respecto de esa capacidad que producen en el alma, para la cual son eficaces, que son suficientes, sino respecto de aquello para lo cual capacitan al alma, para lo cual son suficientes y no eficaces.

Y respecto de eso que producen en el alma, son infalibles, producen infaliblemente en el alma esa capacidad de realizar un acto, que luego la persona tal vez no realice.

Sigue en pie entonces que es absurda la idea de una moción divina a la vez eficaz y falible.

Saludos cordiales.
02/06/24 4:03 PM
  
FSOLANO
¿Qué significa exactamente que Dios tiene ciencia de visión, como dicen los molinistas?

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La ciencia divina de visión la sostienen todos los teólogos católicos.

Ante todo, se distingue en Dios el conocimiento de lo meramente posible, que es llamado "ciencia de simple inteligencia", y el conocimiento de lo actualmente existente, que es llamado "ciencia de visión".

Por ejemplo, con ciencia de simple inteligencia Dios sabe que Judas podía haberse convertido, con ciencia de visión sabe que Pedro de hecho se convirtió.

Para los tomistas esas son todas las ciencias divinas que hay (exceptuando la ciencia de los futuros condicionados, ver respuesta a comentario de Federico más abajo). Los molinistas agregan una tercera, que es la "ciencia media", porque de algún modo se ubica entre las dos anteriores, ya que su objeto es lo que las creaturas racionales harían libremente en determinadas circunstancias.

Se distingue de la ciencia de "simple inteligencia"; porque ésta sólo vería que en determinadas circunstancias las creaturas racionales pueden hacer esto o no hacerlo o hacer aquello otro. Y se distingue de la ciencia de visión, porque su objeto todavía no existe.

Saludos cordiales.
02/06/24 4:26 PM
  
Luis López
Entresaco dos textos de tu argumentación:

"De ahí que la reprobación no significa solamente presciencia".

"Se trata más bien de esto: supuesto que unos son predestinados y otros reprobados, porqué Pedro está entre los predestinados y Judas entre los réprobos. De todos modos, ambas respuestas coinciden en algo: por ninguna razón que esté en Pedro o en Judas mismo. O bien la razón es la manifestación de la Bondad divina, para la primera pregunta, o bien la simple Voluntad divina, para la segunda".

Sinceramente ese misterio no logró ponerlo en pie de ningún modo. Es tremendo que Dios, -que sabemos que es pura Bondad-, haya creado a algunos hombres para ser condenados, pudiendo no hacerlo. Ese es el problema que no tiene solución por mucho que se divague. Es claro esos hombres cometieron graves pecados, por lo tanto cayeron por sus culpas. Pero todos los hombres hemos cometido pecados graves y merecemos la condenacion. ¿Por qué Dios no concedió a los reprobados una gracia eficaz para salvarse, algo que sí hace con los pecadores que se salvan? Porque sabemos que Dios no da a todos la gracia absolutamente eficaz para salvarse, pero sí da a cada uno la que necesitaría para salvarse aunque sabe que se frustrará en algunos casos, con lo que no es eficaz. Pero Dios puede hacer eficaz esa gracia y sin embargo no lo hace. Decir que es por culpa del pecador obstinado que rechaza la Gracia no vale porque los salvados reciben la gracia suficiente como los reprobados, pero en el primer caso es eficaz y en el segundo no.

Dicho en plata, hay hombres que, aunque ellos no lo sepan, han nacido para ser malditos de Dios. La sombra siniestra de Calvino parece hacerse presente.

Ante la magnitud de este terrible misterio, sólo puedo pedir humildemente que el Señor me cuente en el número de sus elegidos.

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Sin duda el misterio es muy grande, y por eso mismo es muy grande también el riesgo de entenderlo mal por falta de precisión en los términos, por ahí apunta el peligro del calvinismo. O del pelagianismo, también, por el otro lado.

Nadie es creado para ser condenado, porque si ése es el fin, el medio es el pecado, y como el que quiere el fin, quiere los medios, entonces Dios querría el pecado, lo cual es imposible, porque el pecado va contra el orden divino, y decir que Dios va contra el orden divino, al querer lo que va contra ese orden, es como decir que los círculos tienen ángulos.

Por la misma razón, nadie ha nacido para ser maldito por Dios.

Ahora, es evidente, como Ud. bien dice, que Dios puede, si quiere, llevar a la salvación a todos los hombres, sin dañar para nada el libre albedrío de los mismos, de mismo modo en que impidió que la Virgen cometiese un solo pecado, aún venial, y convirtió a Saulo en el Apóstol.

Y es claro, también, que no lo hace, es decir, no lleva a la salvación a todos. Eso tienen que reconocerlo todos, agustinianos, tomistas, molinistas, etc.

Pero así las cosas, es claro, en última instancia, que si puede hacerlo y no lo hace, es porque no quiere hacerlo. De nada sirve acudir a la libertad de las creaturas racionales, porque Dios siempre puede, precisamente, cambiar la decisión de esas libertades creadas, sin dañarlas.

Y menos sirve la frase de que "Dios respeta la libertad del hombre", como si no la hubiese respetado en el caso de la Virgen, de San Pablo, etc.

Y por eso San Pablo dice las cosas que dice en la Carta a los Romanos, cap. 9, por ejemplo.

Lo que hay que evitar es entender esas cosas de modo de hacer a Dios autor del pecado, de negar la capacidad de elección de las creaturas racionales, y de hacer a Dios autor de la condenación eterna independientemente de la previsión de las culpas del condenado, o negar la capacidad de la creatura racional de resistir a la gracia.

Porque en realidad, ésas son otras formas de buscar "claridad", inversas a la del pelagianismo.

Y en el plano práctico, sin duda, abandonarnos confiadamente a la infinita Misericordia de Dios y esforzarnos por vivir una vida realmente cristiana, con la ayuda de la gracia. Lo que dice el Concilio de Trento es que no podemos tener certeza absoluta de nuestra predestinación sin revelación divina especial.

Somos muy raros nosotros (me incluyo), porque tampoco estamos seguros de salvarnos en el molinismo o en cualquier otro sistema católico, pero el sobresalto lo tenemos solamente cuando se nos explica el sistema tomista o agustiniano.

Y no vale decir que lo que nos sobresalta es la fijeza eterna e inmutable del plan divino, porque así exactamente es también en el molinismo.

Ni siquiera podemos poner como específico del tomismo la elección independiente de los méritos el elegido, porque si bien es cierto que en el molinismo la elección se hace a partir de los méritos que la "ciencia media" descubre en algunos individuos "futuribles", no existentes todavía, también es cierto, según los principios molinistas, que Dios sabe desde la Eternidad que esos mismos individuos puestos en otras circunstancias tendrían una respuesta diferente, y elige Dios libremente ponerlos en estas circunstancias y no en aquellas, antes de prever sus méritos o culpas, que sólo va a poder preverlos, según esto, una vez que los tenga encuadrados, por así decir, en determinadas circunstancias.

Saludos cordiales.
02/06/24 8:03 PM
  
Néstor
Tampoco puede ser que la Voluntad de Dios sea solamente condicional y no haya una Voluntad divina absoluta, es decir, "consecuente".

Una voluntad condicional es una voluntad que quiere que algo sea a condición de que suceda tal o cual otra cosa. Esa voluntad por sí misma no puede producir nada en la realidad, pues depende de la realización de otra cosa.

La voluntad condicional sólo pasa a obrar efectivamente cuando deja de ser condicional, por ejemplo: "Quiero hacer A, si se da B. Se da B. Por tanto, quiero hacer A". Ese último "quiero hacer A" no es condicional, sino absoluto, y sólo por él es que A es realizado finalmente.

Si en Dios, por tanto, sólo hubiese voluntades condicionales, el mundo no existiría, e inversamente, todo lo que de hecho existe o sucede depende de una Voluntad divina no condicional, sino absoluta, sea porque Dios absolutamente lo quiere, sea porque Dios absolutamente lo permite.

Saludos cordiales.
03/06/24 3:58 AM
  
Ramontxu
Néstor, me asombra que tú, que eres tan amante del principio de no contradicción te conformes con decir que el hecho de que Dios cree a algunos hombres para condenarlos y al mismo tiempo sea infinitamente bueno, "es un misterio muy grande". Es un misterio si aceptas que esas dos cosas son posibles al mismo tiempo. Si no, es simplemente contradictorio.

Dirás que Dios no crea a nadie "para" condenarlo pero el hecho es que los crea intencionadamente, mueve intencionadamente su voluntad y su libertad de forma que pecan y los condena intencionadamente. Haz las piruetas dialécticas que quieras.

Parece que, después de todo, el principio de no contradicción tiene excepciones: lo contradictorio no es real... a menos que sea un dogma católico.

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En realidad, lo contradictorio es que Dios sea causa del pecado, como dije. Lo propio del pecado es un no ser, una privación de entidad y de bondad. El no ser no puede tener causa eficiente, no se puede hacer el no ser, sino sólo causa deficiente, es decir, es fruto del fallo de una causa. En el caso del pecado es un fallo voluntario y por eso culpable. Y para causas que fallan alcanza con las causas creadas, por otra parte, la Causa Increada no puede fallar.

Claro, si se supone esa contradicción, al decir que Dios mueve intencionadamente las voluntades creadas "de forma que pecan", dando a entender que Dios quiere que pequen, entonces se deriva una contradicción, no hay duda. Si algo es contradictorio, entonces es contradictorio.

¿Qué quiere decir "de forma que pecan"? ¿Quiere decir que Dios quiere que pequen, o que Dios permite que pequen? La contradicción se sigue sólo en el primer caso, pero la tesis tomista y católica es la segunda.

En todo caso, recordemos la regla de oro para probar una contradicción: probar que se afirma y niega el mismo predicado, tomado en el mismo sentido, respecto del mismo sujeto.

Saludos cordiales.
03/06/24 8:41 AM
  
Daniel Iglesias
Gracias por el post. De momento sólo comento que la reprobación antecedente positiva (calvinismo) es herética y la reprobación antecedente negativa (tomismo) no es dogma de fe, por lo que ningún católico está obligado a creer en ella.

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Así es efectivamente. Lo que pasa es que la reprobación antecedente negativa es la otra cara de la elección y predestinación "ante praevisa merita": elegir a unos es no elegir a otros, y elegir a unos "ante praevisa merita" es no elegir a otros "ante praevisa demerita".

Y la elección "ante praevisa merita" se impone, como dije, incluso, en realidad, en el molinismo, porque incluso en el molinismo Dios elige las circunstancias en las cuales luego las creaturas racionales responderán de este modo o de aquel otro y según la previsión que Dios tiene de esto algunas serán elegidas, dicen los molinistas, "post previsa merita", pero la elección divina de esas circunstancias y no de otras, en las cuales se da esa respuesta libre de las creaturas y no otra, fue "ante praevisa merita".

Es decir, según el molinismo Dios elige a Pedro porque ha previsto que en tales circunstancias Pedro respondería positivamente a la gracia, pero eso quiere decir que en otras circunstancias Pedro respondería negativamente, y Dios ha elegido crear a Pedro en aquellas circunstancias y no en estas, y eso lo ha hecho antes de cualquier previsión de la respuesta libre de Pedro, pues esa previsión sólo puede darse, según los molinistas, una vez que Pedro es pensado por Dios en unas circunstancias determinadas.

Pero además, la elección y predestinación "ante praevisa merita" es una consecuencia del principio fundamental que dice que fuera de Dios no hay entidad ni bondad que no proceda de Dios como Causa Primera.

De aquí se sigue que Dios mueve a las voluntades creadas a realizar sus actos libres. Y que las mueve infaliblemente, porque no hay nada que pueda estorbar el cumplimiento de la Voluntad divina consecuente, ya que toda entidad y toda bondad y todo movimiento en lo creado proceden de ella.

Según esto, Dios no puede prever un acto libre de la creatura racional que no lo tenga a Él como Causa Primera según su Voluntad consecuente .

Y entonces, si ese acto libre de la creatura previsto por Dios es una respuesta positiva a la gracia divina, es que así había querido Dios desde la Eternidad mover la voluntad de esa creatura, y si esa respuesta consiste en la perseverancia final, a la que sigue necesariamente la salvación eterna, es que así había querido Dios desde la Eternidad mover a esa voluntad creada, y por tanto, que así había Dios elegido y predestinado a esa creatura. Esa elección y predestinación están entonces en la raíz de esa respuesta positiva de la creatura racional, y por tanto, de los méritos previsibles de esa creatura, y por tanto, son anteriores a la previsión de esos méritos.

Y hay que reconocer que esta forma de ver las cosas, que no es sólo de Santo Tomás, obviamente, sino también de San Agustín, permite una interpretación, mucho más natural de la Sagrada Escritura, una interpretación que no se limite a decir continuamente que la Biblia no dice lo que parece que está diciendo. Causa un poco de pena ver a un calvinista manejando con mucha más soltura y abundancia la Escritura al tratar esta cuestión.

Esta interpretación también permite un tratamiento más receptivo de lo que dice el Segundo Concilio de Orange, donde se condenó el semipelagianismo.

Saludos cordiales.
03/06/24 11:29 AM
  
Federico Ma.
La llamada «ciencia media» molinista, tal cual la expone Molina en su Concordia (o, mejor, «blasfema discordia», como decía Báñez), pretende ser media no entre la ciencia divina de simple inteligencia y la ciencia divina de visión, sino entre la ciencia divina natural o necesaria y la ciencia divina libre. En este último sentido, asimismo, y no en el primero, la critican, como imposible, Tomás de Lemos (en las mismas Congregaciones) y del Prado.

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Es cierto, los tomistas admiten una ciencia que es media entre la ciencia de simple inteligencia, de los puros posibles, y la ciencia de visión, que es de lo existente, y que es la ciencia de los futuros condicionados.

Por ejemplo, cuando en el Evangelio el Señor dice que si en Tiro y Sidón se hubiesen hecho los milagros realizados en Corozaín y Betsaida, Tiro y Sidón se habrían convertido.

Ése es un conocimiento que no es de lo meramente posible, porque lo meramente posible es que Tiro y Sidón se convirtiesen o no se convirtiesen, ni tampoco de lo actualmente existente, aunque sea pasado, porque de hecho en Tiro y Sidón no se hizo milagro alguno.

Por eso los tomistas no dividen entre ciencia de simple inteligencia y ciencia de visión, sino entre la ciencia natural y necesaria y la ciencia libre.

Porque la ciencia de los futuros condicionados es ciencia libre, ya que el conocimiento cierto de lo que harían los habitantes de Tiro y Sidón si en sus ciudades se hiciesen milagros como los que se hicieron en Corozaín y Betsaida supone el libre decreto divino de moverlos, en esa hipótesis, a convertirse.

Por eso, la ciencia libre incluye la ciencia de los futuros condicionados, y la ciencia de visión, que es sobre lo actualmente existente. La ciencia natural y necesaria es la de simple inteligencia, y es para los puros posibles, y ahora sí, no hay más ciencias en Dios.

Los molinistas, en cambio, al sostener la “ciencia media”, sostenían que hay una ciencia divina anterior al libre ejercicio de la Voluntad divina, y por tanto, natural y necesaria, que sin embargo tiene por objeto algo que no es un mero posible, como la ciencia de simple inteligencia, sino los “futuribles”, es decir, lo que las creaturas harían libremente puestas en determinadas circunstancias. Obviamente, eso supone la negación de la “premoción física” y de la gracia eficaz por sí misma y no por el consentimiento de la creatura racional, es decir, supone que Dios está previendo actos libres de las creaturas de los cuales Él no sería la Causa Primera.

Puesto en forma coloquial, supone que Dios está previendo un escenario ateo.

Saludos cordiales.
03/06/24 6:37 PM
  
sofía
Se agradece a Daniel Iglesias que nos recuerde que no tenemos por qué creer la teoría bañeciana si no nos convence y por subrayar lo más característico del calvinismo que debemos obligatoriamente rechazar como católicos.
Y es que estas teorías pueden hacer mucho daño a la fe de los sencillos.

En cuanto al calvinismo lo encuentro repugnante y en cuanto al bañecianismo no lo entiendo en absoluto, coincido con Ramontxu en que resulta contradictorio.

Yo no veo que Santo Tomás de Aquino diga esas cosas raras sobre gracias suficientes para poder hacer el bien pero que no son suficientes para hacer el bien de hecho porque para querer hacer el bien de hecho haría falta otra gracia distinta que Dios ha decidido de antemano que solo se la dará a quienes Él haya decidido de antemano que hagan el bien de hecho. Se deduce que no quiere que las otras personas no elegidas para hacer el bien de hecho hagan el bien de hecho, pues no les da la gracia que serviría para hacer el bien de hecho y entonces por qué pedirles cuentas por no hacer de hecho lo que no pueden hacer de hecho?

En cuanto a la voluntad condicional de Dios ningún problema: Él quiere que todos los hombres se salven con tal de que no rechacen la gracia que Él da a todos suficientemente para que puedan elegir hacer el bien de hecho si quieren, pero no les va a obligar a aceptar esa gracia, respetará su libre albedrío y dejará que la rechace quien quiera rechazarla. Ahí sí es la responsabilidad del que rechaza la gracia y se le puede pedir cuentas.
Y no hay nada de semipelagianismo, porque el bien procede de Dios, de su gracia y la gracia va siempre por delante.
La voluntad absoluta de Dios es que su voluntad universal de que todos los hombres se salven esté condicionada a que los hombres acepten su gracia. Es decir, eso es así porque a Dios le da la reverenda gana de que sea así.

Es decir, yo veo que hay otros tomistas que no son bañecianos aunque los tomistas bañecianos digan que no son tan tomistas como ellos. Parece mucho más sensato y coherente lo que dicen Marin Sola o Maritain.
Pero es que incluso si me demostraran, cosa que no han hecho, que Santo Tomás coincide con el bañecianismo, entonces simplemente recordaría que Santo Tomás no se consideró nunca infalible y que además lo prueba en la práctica su negación de la Inmaculada Concepción en esos tiempos en los que se podía ser católico y discutirlo.

Saludos cordiales


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La gracia divina suficiente distinta de la gracia eficaz está implícita en todo esto que hemos comentado de Santo Tomás.

Hemos citado este pasaje:

“La reprobación de Dios no merma la capacidad del réprobo. Por eso, cuando se dice que el réprobo no puede alcanzar la gracia, no hay que entenderlo como una imposibilidad absoluta, sino condicionada. Al igual que es necesario que el predestinado se salve, como ya dijimos, con necesidad condicionada, esto es, que no anula la libertad del albedrío. Por eso, si bien el que es reprobado por Dios no puede alcanzar la gracia, sin embargo, el que incurra en éste o aquel pecado sucede por su libre albedrío. Por eso, con razón se le imputa la culpa.”

Aquí Santo Tomás dice que la reprobación divina no merma la capacidad del réprobo, y más abajo dice que el réprobo no puede alcanzar la gracia. La gracia suficiente, entonces, que también la tiene el réprobo, es compatible con la imposibilidad condicionada de hacer el bien, porque da la posibilidad en sentido dividido, o posibilidad absoluta, no en sentido compuesto, o posibilidad condicionada. Esa imposibilidad condicionada o en sentido compuesto no anula la libertad del albedrío, dice Santo Tomás, ni la imposibilidad condicionada de que el predestinado se pierda, ni la imposibilidad condicionada de que el réprobo se salve.

"Bañecianismo" total el del Aquinate.

Porque en efecto, Dios da a todos los hombres la gracia necesaria para que puedan salvarse, de lo contrario Dios no sería Justo, pues mandaría lo imposible. Y eso es lo que se conoce como la "gracia suficiente".

Pero al mismo tiempo, vemos que Santo Tomás dice que Dios elige y predestina solamente a algunos para la Vida Eterna, y que a los otros los reprueba. Es claro, entonces, que los elegidos y predestinados tienen de Dios una gracia que no tienen los réprobos, y que por tanto, es distinta de la gracia suficiente.

Esto lo admiten también los molinistas, porque no niegan que exista la gracia divina eficaz, sino que dicen que es eficaz por el libre consentimiento de la creatura racional.

Y esta gracia eficaz, independientemente de cómo se explique, la tienen, obviamente, sólo los que hacen el bien, lo cual, si incluye la perseverancia final, lleva a que se salven, y sean por tanto, de los elegidos y predestinados, según Santo Tomás.

Ningún tomista, además, afirma que haya gracias suficientes que no son suficientes para poder hacer el bien de hecho. Lo son, y eso es todo lo que se le pide a la gracia suficiente: que la creatura pueda cumplir de hecho con aquello que Dios le manda.

Para que Dios le dé a la creatura la gracia de poder cumplir de hecho sus mandatos no hace falta que le dé la gracia de cumplir de hecho sus mandatos, ésa sin duda que es otra gracia diferente, desde que hay muchos que reciben la primera y no reciben la segunda.

Si Dios deja quien quiera acepte su gracia y quien quiera la rechace, y nada más, entonces no se entiende eso de que el bien procede de Dios y de su gracia, porque si esto es así Dios y su gracia son causa del bien, lo cual no es lo mismo que decir que Dios le da la gracia a cada uno y luego deja que cada uno haga con ella lo que quiera.

En ese caso la gracia sería condición, solamente del bien, no causa del mismo, y entonces no se podría decir que el bien procede de Dios y de su gracia, porque de la condición no procede nada, sino que la condición solamente hace posibles ciertas cosas.

Si todas las Voluntades divinas respecto de las creaturas son condicionales, entonces no tiene sentido hablar de una Voluntad divina absoluta respecto de las creaturas.

Y si no hay Voluntad divina absoluta respecto de las creaturas, no hay creaturas. Si la Voluntad divina de crear el mundo fuese condicional, y no hubiese una Voluntad divina absoluta respecto de la condición, entonces no habría mundo.

Porque es imposible que la condición no dependa de la Voluntad divina, simplemente porque nada fuera de Dios es independiente de la Voluntad divina.

Y si esa condición dependiese solamente de una Voluntad divina condicional, otra vez, o entramos en un retroceso al infinito, o llegamos a una condición que depende de la Voluntad divina absoluta, y sólo gracias a esa Voluntad divina absoluta existe algo en el mundo.

Y lo mismo respecto de lo que se salvan. Si toda Voluntad divina acerca de la salvación de los hombres fuese condicional, entonces la condición no depende de la Voluntad divina, cosa absurda, o depende solamente de la Voluntad divina condicional, y entramos en el retroceso al infinito, o depende de la Voluntad divina absoluta, y entonces, sólo se salvan aquellos para los que hay Voluntad divina absoluta de que se salven.

En cuanto al "bañecianismo", ya dije que no veo tesis esencial suya que no esté al menos implícita en lo que dice Santo Tomás, pero de todos modos ¿alguno de los que hablan contra el "bañecianismo" estaría dispuesto a suscribir todo lo que dice claramente Santo Tomás en esta cuestión de la Suma? Porque es claro que en los pasajes citados Santo Tomás enseña la elección y reprobación divinas antecedentes a toda previsión divina de méritos y culpas de las creaturas racionales.

Y lo dice explícitamente:

“Pero porqué elige a éstos para la gloria y a aquellos los reprueba, eso no tiene razón sino en la Voluntad divina.”

"Por lo tanto, tomemos todo el género humano como la totalidad de las cosas. Y así, respecto de los hombres, en algunos, a los que predestina, Dios quiso representar su bondad por modo de misericordia, perdonando, y en otros, a los que reprueba, por modo de justicia, castigando. Y ésta es la razón por la que Dios a unos predestina y a otros reprueba."

"Sin embargo, aun cuando Dios no prepara cosas iguales a quienes son iguales, no por eso hay iniquidad en El. Esto se opondría a la razón de justicia si el efecto de la predestinación fuera pago de una deuda y no se diese por gracia. En lo que se da por gracia, sin perjuicio de la justicia alguien puede dar libremente lo que quiera, o más o menos, mientras a nadie dé menos de lo debido. Esto es lo que dice el padre de familia en Mt 20,14s.: “Toma lo que es tuyo y vete. ¿Acaso no puedo hacer lo que quiero?”.”

¿Cuántas materias le faltan a esto para recibirse de "bañecianismo puro"?

Saludos cordiales.
04/06/24 12:09 AM
  
sofía
En cuanto a la Biblia, por lo que dice en la contestación a algún comentario, parece que usted alaba el uso y la interpretación bíblica de los calvinistas, pero lo cierto es que ellos olvidan los pasajes que no les vienen bien - que usted coincida bíblicamente con ellos es preocupante.

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Al contrario, debemos coincidir bíblicamente con todo el mundo, si por ello se entiende aceptar lo que la Biblia realmente dice. Esto lo hacen muchas veces los calvinistas y todos los herejes, porque el problema con ellos no es ése, sino las partes que rechazan.

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Desde el punto de vista doblepredestinacionista lo que no tiene sentido es prácticamente el 99 % de la Biblia.

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Ésa es una objeción contra los doblepredestinacionistas. En cuanto vea alguno se la hago llegar.

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Qué sentido tiene, por ejemplo, que Dios nos diga que pone ante nosotros el bien y el mal y que elijamos nosotros la muerte o la vida, si en realidad no podemos elegir nada, aunque creamos que estamos eligiendo, porque es "dios" el que ha decidido de antemano que fulanito elija el bien y menganito elija el mal y nunca podría haber elegido fulanito el mal y menganito el bien.

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Sin duda, si en realidad no podemos elegir nada, no tiene sentido alguno. Otro encargo de comunicarlo a los que sostengan eso, en cuanto aparezcan.

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Sería un falso dios marionetero que se burla de sus criaturas. Si usted y yo creemos en un Dios que es el supremo Bien, que es Amor, ese doblepredestinacionismo marionetero es contradictorio con Dios. Es una monstruosidad.

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Como dije, lo dejo agendado.

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Creo que lo mejor es hacer una recopilación de lo que dice la Iglesia Católica que debemos creer, que es obligatorio creer, desde el catecismo a Trento y que quede claro lo que podemos rechazar para que cada cual aplique el sentido común dentro de la fidelidad al catolicismo.

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No está prohibido tratar de entender lo que se cree, ni Ud. tiene autoridad para prohibirlo. De hecho Ud. también ha estado exponiendo aquí su teología y no solamente el Magisterio de la Iglesia.

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Despedida cordial. Buenas noches.

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Saludos cordiales.
04/06/24 12:51 AM
  
Marta de Jesús
Interesantísimo, aunque le confieso que de sus posts, o bien no puedo leerlos o bien los leo al completo, pero no los comprendo del todo. Éste pertenece al segundo caso.

De paso me confieso afectada por mi entorno antropocéntrico, semipelagiano, con aire molinista. Increíble. Antes de saber de la existencia del tal Pelagio ni de Molina. Le doy una importancia al libre albedrío quizá mayor del debido, del real, #para entender mejor#, pues de lo contrario no veo la/gran diferencia con los protestantes y el pesimismo quizá me inundaría.

Preguntas para usted. Gracias de antemano, por si no pudiera darlas después.
#Todas las personas creadas han tenido/tienen oportunidad de salvarse con las gracias ofrecidas por Dios? Personalmente daba por hecho que sí. Y que en el juicio personal, nada más morir, nos enfrentaríamos a las gracias recibidas, pero no aprovechadas, como respuesta al por qué de nuestros pecados cometidos (permitidos, pero no queridos por Dios). Pero al leerle hoy ya no veo eso tan claro. Lo de Dios resiste a los soberbios, qué quiere decir entonces? Esa soberbia de dónde viene? Hubieran podido 'elegir' la humildad? Al leer al padre Iraburu, hace mucho hincapié en que tras cada pecado nuestro hay una gracia divina que hubiera podido evitarlo. No entiendo eso de eficaz. Para el que resiste la gracia es ineficaz, claro. Pero hubiera podido ser eficaz de no resistirse, no? Es eficaz si se hace uso de ella. O cómo es el asunto? Eso de que Dios hubiera podido enviarle una eficaz o mover su voluntad para que no la resistiera no lo entiendo. Entonces no veo la libertad del hombre ni veo el sentido de "restregar" luego pecados, si las gracias no eran eficaces.

#Hemos de predicar, rezar, ofrecer, obrar, según Dios nos vaya dando a entender y a hacer, como si fuera posible la salvación para uno y los demás? Es así como siempre lo hemos entendido, no? Pej, las oraciones de Sta. Mónica y tantos santos. Las que pide la Virgen en Fátima (muchos se condenan porque...). Etc. En un vídeo sobre Calvino que publicaron en ReL, daban a entender que él creía como misión dividir a las personas en dos grupos, dando por segura la condenación de uno de ellos. Terrible. Esa postura me parece tétrica. Creo haber leído que de aquéllas hizo surgir una especie de puritanismo. Todos querían #parecer# del bando 'salvado'. Ahora los tercios han cambiado. Con la moda del satanismo, es bien fácil que muchos presuman de réprobos. Creo, como bien dice S.Agustín, mejor no hacer cábalas de eso porque erraríamos. Entiendo el interés teológico. Pero creo que hemos de ir por la vida simplemente anhelando salvaciones, comenzando por la propia, aunque algunas parezcan improbables, y luego Dios dirá. La formación es muy necesaria, desde luego, pero veo que hasta cierto punto. Este punto es complicado. Muy complicado. Para ustedes los estudiosos. Para la mayoría, con el catecismo y una formación más sencilla, creo que se puede uno defender lo suficiente. Ahora lo terrible es que no hay ni la formación más básica.

#Si la justicia es una muestra de la bondad de Dios, y así lo creo, (pero claro, sobre todo desde mi mente afectada por el voluntarismo, por la libre elección...), entonces ese infierno eterno que vivirán los condenados, aunque a los ojos benditos sea terrible, como bien han confirmado varios santos y el propio Jesucristo, a "sus ojos" no lo será? Cree, como el padre Fortea, y quizá también otros, que los réprobos estarán satisfechos, "a su manera". Todos estaremos satisfechos, entonces?

Disculpe(n) la extensión. El tema da para mucho. He de ver ese video del debate del señor Urbina. Y quisiera leer más comentario sobre el tema, si pudiera ser, del señor Daniel Iglesias, con un don particular para explicar a los menos formados.

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Aquí hay que distinguir lo que es de fe, que todo católico debe aceptar, y los que son las posturas teológicas que intentan comprender la fe, que en la medida en que no han sido condenadas por la Iglesia, son de libre elección y discusión entre católicos.

De fe es que existe la predestinación divina de las creaturas racionales, que es infalible, es decir, que todos los predestinados se salvan y que los no predestinados no se salvan, que tenemos libre albedrío, es decir, capacidad de elección, incluso después del pecado original, que Dios quiere que todos los hombres se salven, que sin la gracia de Dios no damos un solo paso en el camino de la salvación, tampoco el paso inicial, que la gracia eficaz puede ser resistida, que Cristo murió por todos los hombres.

Desde el punto de vista teológico, el asunto es cómo entender todo ello en forma coherente.

Hay varias posturas, pero las dos clásicas son el tomismo y el molinismo. Ninguna de las dos ha sido condenada por la Iglesia hasta el día de hoy.

La diferencia básica entre las dos es que los tomistas enseñan que Dios mueve infaliblemente a las voluntades creadas a realizar actos libres, mientras que los molinistas lo niegan.

Desde esa diferencia básica, ambos sistemas quieren explicar cómo son infalibles la Providencia y la Predestinación divinas, siendo así que tenemos libre albedrío, y que algunos se salvan y otros no.

Básicamente, el tomismo responde que son infalibles, al mismo tiempo que tenemos libre albedrío, porque Dios mueve infaliblemente a las voluntades creadas a realizar actos libres. De eso se sigue que el primer paso en la salvación de las creaturas racionales es de Dios, y que por tanto, la elección de los que se han de salvar, que son por eso mismo predestinados, es anterior a la previsión divina de sus méritos e independiente de ella. Se apoya esta tesis abundantemente en textos de la Escritura y del Magisterio, en particular el segundo Concilio de Orange.

El molinismo, por su parte, explica esa infalibilidad de la Providencia y la Predestinación mediante la "ciencia media" divina: desde la Eternidad Dios prevé quiénes, puestos en determinadas circunstancias, responderán positivamente a la gracia divina, en forma libre, sin ser movidos infaliblemente a ello por Dios, y a esos los elige y predestina, y luego los crea en esas precisas circunstancias.

El "post" muestra que la tesis que aquí llamo "tomista" es efectivamente la de Santo Tomás de Aquino.

En cuanto sus consultas:

Todas las personas creadas tienen la posibilidad de alcanzar la Vida Eterna con la gracia que Dios les da, pero al mismo tiempo, Dios sabe desde la Eternidad que algunas la alcanzan y otras no. El molinista explica eso por el libre uso que cada uno hace de la gracia. El tomista responde que es así, pero que ese libre uso de la gracia, en el caso de los que la usan bien, es un don de Dios, que por tanto, les falta a los que la usan mal.

Dios resiste a los soberbios, que podían haber elegido la humildad. El molinista dice que con eso ya está todo claro, el tomista dice que todavía hay que tener en cuenta que elegir la humildad, como absolutamente todo lo que es bueno, también es un don de Dios, que por tanto le falta al que no elige la humildad.

El molinista responde que Dios les da a todos la capacidad de elegir la humildad, lo cual es una gran verdad, el tomista responde que la capacidad de elegir la humildad no es lo mismo que elegir la humildad, que ambas cosas son dones de Dios, y que son dones distintos: muchos tienen esa capacidad, pero no eligen la humildad.

La gracia eficaz, según todos los teólogos, es la que va infaliblemente acompañada de la obra buena correspondiente. El molinista lo explica diciendo que eso es así porque es el consentimiento libre de la creatura el que la hace eficaz. El tomista responde que esa "eficacia" es parecida a la autoridad del rey de "El Principito", que sólo mandaba a la gente lo que la gente que sería hacer, y así era infaliblemente obedecido.

En concreto, el tomista argumenta que ese supuesto consentimiento libre de la creatura que hace eficaz a la gracia, en todo caso, sería un gran don de Dios, como todo lo bueno en general, y que si ese don a su vez es "eficaz" en sentido molinista, lo será por otro consentimiento libre más de la creatura, y así "in infinitum": hace falta de todos modos una gracia eficaz por sí misma, y no por el libre consentimiento de la creatura, una gracia que produzca eficazmente ese consentimiento libre en vez de depender de él para ser eficaz.

El tomista objeta que si la eficacia de la gracia depende del libre consentimiento de la creatura, entonces es la creatura la que se elige a sí misma para la salvación, y no Dios el que la elije, contra lo que dicen numerosos textos de la Escritura.

La gracia eficaz puede ser resistida, dice el molinista, porque lo que la hace eficaz es precisamente la no resistencia de la creatura. El tomista dice que la gracia eficaz puede ser resistida, porque mueve infaliblemente a la creatura a realizar un acto de libre elección, y todo acto de libre elección consiste en elegir una cosa pudiendo elegir la otra, que en este caso sería, hacer aquello a lo que la gracia nos mueve, pudiendo no hacerlo y pudiendo así resistir a la gracia.

Hay un problema en la respuesta molinista, además, y es que, si la gracia es eficaz por el libre consentimiento de la creatura, cuando no hay ese consentimiento y se la resiste, entonces no es eficaz, de modo que en rigor el molinista debería decir que la gracia eficaz no puede ser resistida, lo cual es la tesis calvinista.

En realidad, para los molinistas no hay gracia eficaz, lo que hay es una gracia indiferente o "versátil" que la voluntad hace eficaz o no hace eficaz. Pero es cierto que en el molinismo, al final, y aunque ellos lo nieguen, la gracia eficaz no puede ser resistida, porque no puede al mismo tiempo darse y no darse el consentimiento de la creatura racional, y antes de ese consentimiento no hay gracia eficaz.

Lo que dice el tomista, que la gracia eficaz puede ser resistida porque produce infaliblemente un acto libre, y un acto libre es uno que siempre supone la posibilidad de no realizarlo o de realizar otro, se parece a decir que el mundo creado puede no existir, porque se sigue infaliblemente del acto divino creador, y toda creatura es contingente, es decir, puede existir y puede también no existir.

O sea, son casos en que en un sentido algo es posible, y en otro sentido, no. No puede ser que el mundo no exista si Dios lo crea, pero si lo crea, no puede crearlo sino como se crea a algo que puede no existir, de lo contrario no sería una creatura, que es contingente por definición, porque su existencia depende de que Dios libremente la cree en vez de no crearla.

Igualmente, no puede ser que el que es movido por la gracia eficaz a realizar un acto libre no lo realice, ni tampoco que lo realice de tal forma que no hubiese podido no realizarlo, porque entonces ese acto no sería libre. Todo ello se sigue necesariamente y sin contradicción del supuesto de que Dios mueve infaliblemente a las creaturas a realizar actos libres.

Repito que el principio tomista fundamental en este tema es que todo ser y todo bien en lo creado procede de Dios, de modo que tiene a Dios como Causa Primera. Dentro de ello, por tanto, hay que poner tanto la gracia que mueve infaliblemente a los actos libres de las creaturas, como a las gracias que llevan a no rechazar la gracia, que también es algo bueno, y por tanto procede de Dios, como a la libertad misma de esos actos de las creaturas. Esto último es lo que no ve el calvinismo, que niega por ello el libre albedrío.

Sostener la libre elección no es voluntarismo. El voluntarismo es creer que la libre elección de la creatura racional es independiente de la libre Voluntad divina.

Por supuesto que debemos rezar por todos, porque la salvación es posible para todos, pero al mismo tiempo sabemos que no todos se salvan, y que Dios sabe desde la Eternidad quiénes se salvan y quiénes no, pero nosotros no lo sabemos, por eso rezamos por todos.

Al menos para el conocimiento divino, entonces, es claro que desde la Eternidad hay dos grupos que tienen eternamente, ante ese conocimiento divino, los mismos miembros: el de los que se salvan, y el de los que no se salvan.

La diferencia entre el tomismo y el molinismo no está en esto, sino en qué papel juega en ese conocimiento divino eterno la Voluntad divina. Para el molinismo, la Voluntad divina se limita a sancionar lo que la Inteligencia divina prevé eternamente que harán las creaturas libres, para el tomismo, la Voluntad divina está en la raíz de esas mismas libres elecciones de las creaturas, como está en la raíz de todo ser y bien que hay en lo creado. Por eso, en el caso del acto del pecado, Dios es Causa Primera solamente de lo que hay en ese acto de ser y de bien, mientras que lo que tiene de pecado es justamente un no ser, una privación de algo que debería tener, que Dios no causa ni quiere, sino que sólo permite.

El calvinismo y los predestinacionismos en general están de acuerdo con el molinismo en que Dios no mueve infaliblemente a las voluntades creadas a realizar actos libres, o sea, ambos niegan el principio tomista. Sobre la base de ese principio, los calvinistas razonan así: "Pero Dios mueve infaliblemente a las creaturas, por tanto, éstas no tienen libre albedrío". Los molinistas, partiendo del mismo principio, razonan así: "Pero las creaturas tienen libre albedrío. Por tanto, Dios no las mueve infaliblemente".

La justicia es una muestra de la Bondad divina, precisamente porque lo justo es bueno, es decir, es bueno que se conserve el orden de la justicia, el cual exige que el que viola ese orden mediante una indebida exaltación, sea vuelto a ese orden mediante el castigo, el cual no sería castigo si no fuese un mal, pero ese mal, en tanto que es castigo justo, es bueno. Por eso es bueno que los condenados sufran terriblemente en el Infierno por la Eternidad.

Saludos cordiales.
04/06/24 12:56 AM
  
clara
Gracias Néstor por este artículo. Veo que se complementa con este otro que aparece en el Blog Reforma o Apostasía del Padre Iraburu:

(71) Gracia y libertad –VI. Santo Tomás de Aquino

Aquí una parte de ese artículo:

Dios no ama igualmente a todos los hombres. Y si alguien es más santo, es porque ha sido más amado por Dios. Es evidente que las criaturas existen porque Dios las ama: «Tú amas todo cuanto existe, y nada aborreces de lo que has hecho, que no por odio hiciste cosa alguna» (Sab 11,25). También es evidente que entre los seres creados, concretamente entre los hombres, hay unos mejores que otros, hay unos que tienen más bienes que otros. ¿Y de dónde viene que unas personas sean mucho más buenas que otras? Del amor de Dios. Dios no ama igualmente a todos los hombres. Y si uno es más bueno, es porque ha sido más amado por Dios.

Esta verdad es constantemente proclamada en la Escritura. En ella resplandece el amor especial de Dios por su pueblo elegido, Israel, «el más pequeño» de todos los pueblos (Dt 7,6-8); por María, haciéndola inmaculada ya antes de nacer; por los cristianos, «elegidos de Dios, santos, amados» (Col 3,12); por «el discípulo amado», etc. Por eso Santo Tomás enseña que,

«por parte del acto de la voluntad, Dios no ama más unas cosas que otras, porque lo ama todo con un solo y simple acto de voluntad, que no varía jamás. Pero por parte del bien que se quiere para lo amado, en este sentido amamos más a aquel para quien queremos un mayor bien, aunque la intensidad del querer sea la misma… Así pues, es necesario decir que Dios ama unas cosas más que a otras, porque como su amor es causa de la bondad de los seres, no habría unos mejores que otros si Dios no hubiese querido bienes mayores para los primeros que para los segundos» (STh I,20, 3). Es éste un principio teológico fundamental, que aplica el santo Doctor al misterio de la predestinación (I,23, 4-5) y a toda su teología de la gracia (I-II,109-114).

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En efecto, eso es doctrina tomista, que comparto totalmente.

Muchas gracias y saludos cordiales.
04/06/24 1:31 AM
  
Federico Ma.
«…supone que Dios está previendo un escenario ateo».

A eso iba, Néstor. Y muchas gracias por las lúcidas aclaraciones. Claro que si se quita al tomismo alguna de sus tesis esenciales, deja de ser tomismo. Pero no me refería a eso, sino a si, quitada o negada alguna de sus tesis esenciales, queda acaso implicado lógicamente (a lo menos) algo contrario a la doctrina católica, no ya sólo algo erróneo (pues es obvio que esto último lo entienden y entendemos los tomistas). Por eso, sobre todo a partir de lo que comenta Daniel, pienso que es importante aclarar que no es indiferente una determinada tesis teológica, por más que no haya habido al respecto un pronunciamiento magisterial que la apruebe o condene su contraria. En efecto, que la Iglesia no haya definido algo en una determinada cuestión teológica, no equivale a que en la misma se pueda sostener cualquier cosa, como si todo fuera igualmente válido y verdadero. Ya he escuchado, por ejemplo, alguna vez, al respecto de las diferencias entre tomismo y suarismo, «son cuestiones opinables». Pues no, en el sentido de que den lo mismo. La Iglesia tampoco ha definido algunas cuestiones históricas, por ejemplo, y allí nadie sensato dice que es opinable si, por ejemplo, José de San Martín murió en tal año o en tal otro.

En realidad, por más que otras posiciones rechacen algún punto concreto del molinismo, en la medida en que rechazan la gracia intrínsecamente eficaz como la entiende el tomismo, pienso que comparten lo esencial del molinismo, como decían ya del Prado y Garrigou-Lagrange. Y a la larga parece que terminan implicando lógicamente el ateísmo, por más fuerte que esto suene, en la medida en que sustraen a la divina causalidad alguna actualidad o entidad que no sería ya entonces «creada». Y eso, está claro, no es compatible con la doctrina católica.

Muchas gracias.

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En efecto. Una cosa es que un católico no esté obligado bajo pena de herejía a sostener una determinada tesis, y otra cosa es que dé lo mismo sostener esa tesis o su contraria.

En este caso, sin duda que no da lo mismo y que las consecuencias para la forma de entender la fe, la vida cristiana, la espiritualidad, en definitiva, todo en la Iglesia son muy distintas en un caso y en el otro.

Y también es cierto que en lo esencial las alternativas son dos: o Dios mueve infaliblemente a las voluntades creadas a la realización de actos libres, y ahí tenemos el tomismo, el agustinismo, y alguna otra escuela, me parece, o no.

Y ahí tenemos una bifurcación, como dije en otra respuesta: o bien las creaturas realizan actos libres que no tienen a Dios como Causa Primera, y ahí está el molinismo, o bien las creaturas son movidas infaliblemente por Dios de tal modo que carecen de libre albedrío, y ahí tenemos el calvinismo.

Saludos cordiales.
04/06/24 4:01 AM
  
Natanael
Un tema complejo. Entiendo que para la mayoría de los católicos bastaría con saber que existe predestinación (al cielo), reprobación (al infierno); que Dios "da el querer y el hacer", pero esto en cuanto el bien, puesto que los pecados tienen como causa primera al hombre y quien se condena al infierno lo hace por su culpa, no por una predestinación antecedente de Dios. Así como, que existe un tremendo misterio porque Dios, pudiendo salvar a todos del mismo modo que a María o a San Pablo, no lo hace*.

Ir más allá de esto para muchos sería pretender correr antes que andar. Los católicos, hoy en día, tenemos muy mala formación, y no se pueden abarcar temas complejos sin antes ir asimilando ciertos rudimentos básicos.

En cuanto al debate, tras leer lo que escribes entiendo que ninguno de los dos defendió la postura tomista. Por lo menos en su sentido más literal.

Jonathan expuso muchos puntos que según veo ahora eran muy cercanos, pero se empeñaba en hacer a Dios causa primera de los pecados, y por ahí trastabillaba (no tanto en otros puntos en los que parece haberse alejado ya del Calvinismo, por lo menos en el debate, pues cada día dice una cosa diferente).

Y Dante parece que optó por corregir o interpretar algunos puntos del Tomismo según lo expresado en el catecismo**, y en otros aspectos parece que sí que se acercaba más a posturas molinistas que tomistas. Por ejemplo, cuando decía que Dios sabe quiénes se van a condenar solo porque para él todo es un eterno presente, o que si Dios pudiendo salvar a todos no lo hiciera estaría siendo un mal samaritano (cito de memoria, que me perdone si le estoy malinterpretando) (puede que me esté equivocando en decir que son posturas molinistas, en todo caso por lo que leo ahora entiendo que no serían ideas cien por cien tomistas).

Por último, y fuera de tema. Basándome en debates anteriores que había tenido con personas que saben más del tema que yo. Me había quedado con la idea de que Santo Tomás establecía tres sendas: una predestinación infalible, para algunas personas fundamentales en el plan de salvación; una predestinación común al cielo, para todos los hombres (que consistiría simplemente en que Dios daría a todos las gracias suficientes para la salvación); y la reprobación para los que rechazaran la gracia y murieran en pecado mortal. No sé si esto se puede sacar de algún modo de Santo Tomás, aunque sea malinterpretándolo, o se trata de una explicación diferente que quizás intenta conciliar diferentes posturas sobre la predestinación.

* Yo entiendo que aunque en orden al plan salvífico, Dios llama a algunas personas para cumplir una misión especial; no sería adecuado corregir de un plumazo el pecado de Adán, pues sería no tomar en serio las acciones del hombre (o de la humanidad). Aunque esto no agota el misterio, porque si Dios hizo a María de modo que de hecho no iba a pecar, ¿no podría haber hecho a Adán y Eva del mismo modo? Se entiende que hay un motivo importante para la permisión del Pecado, no solo de los pecados puntuales sino del Pecado original.

** Para mí tiene su punto, puesto que Santo Tomás se equivocó por ejemplo en cuanto a la Inmaculada Concepción, y ser verdaderamente tomista incluye actuar como lo haría el Santo, es decir, corrigiendo su postura con lo declarado por la Iglesia. Aunque entiendo que lo que pone el catecismo en este punto puede entenderse a la luz de los escritos de Santo Tomás en lugar de hacerlo al contrario.

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Sin duda que nada es verdad por el solo hecho de que Santo Tomás lo haya dicho. Lo que sostenemos los tomistas es que en este punto tiene razón.

Y en efecto, sin duda que Dios podía haber hecho que Adán no pecara. Eso no tiene que ver, según los tomistas, con el modo de ser que Dios le dio a Adán, sino con la forma en que Dios movió o dejó de mover la libre voluntad de Adán. De lo primero, en efecto, se seguiría una especie de "determinismo del carácter". En lo segundo no hay determinismo, porque su negación va incluida en el menú: Dios mueve infaliblemente a la creatura racional a realizar actos libres. Y no se puede demostrar que ese menú sea contradictorio.

En cuanto a la tesis que Ud. presenta, parece decir que hay dos predestinaciones: una infalible, de algunos, y otra falible, de todos, mientras que la reprobación la explica por el rechazo de la gracia de algunos que han sido predestinados sólo faliblemente.

Una primera cuestión es si algunos de esos que han sido predestinados sólo faliblemente se salva.

En caso negativo, lo de la "predestinación falible" es sólo un rótulo y se puede sacar. Hay solamente dos grupos: los predestinados infaliblemente, que se salvan, y los no predestinados infaliblemente, que no se salvan, que es lo que dice Santo Tomás.

En caso afirmativo, tendríamos una "predestinación falible", en la que algunos de los predestinados se salvan y otros también predestinados no se salvan, que no es afirmada ni por Santo Tomás ni por Molina. Recordemos lo que dice Santo Tomás sobre la certeza de la predestinación y de quiénes son predestinados (hacia el final de "post"), y que toda la cuestión, en el fondo, surge de la necesidad de conciliar la infalibilidad de la Providencia y la Predestinación con el libre albedrío de las creaturas racionales.

Según recuerdo, el R. P. Le Guillou O.P. ha sostenido la predestinación falible, pero en eso no sigue a Santo Tomás.

Y es que una predestinación falible es una contradicción. Si Dios quiere con Voluntad consecuente que alguien se salve, esa persona se salva, porque Dios es Omnipotente y es Causa Primera a la cual obedecen todas las otras causas, incluidas aquellas que, imposiblemente, podrían obstaculizar la causalidad divina. Y si no lo quiere con Voluntad consecuente, sino con la misma Voluntad antecedente con la que quiere que se salven incluso los que se condenan ¿porqué llamar a eso "predestinación"?

Por otra parte, como digo en otra respuesta, si toda Voluntad divina es solamente antecedente, y por tanto, condicional, entonces no se produce en la realidad ningún efecto de la Voluntad divina, es decir, no hay mundo creado, porque una voluntad condicional no produce nada, sino que sólo produce en el caso de que se cumpla una condición, y si el cumplimiento de esa condición depende de una voluntad también sólo condicional, o entramos en un retroceso al infinito, o hay una voluntad no condicional, sino absoluta, consecuente, gracias a la cual solamente se produce algo.

Por tanto, nadie se salva con sólo Voluntad divina antecedente, condicional, de que se salve, sino que hace falta para ello la Voluntad divina consecuente, o sea, la predestinación infalible.

Saludos cordiales.
04/06/24 10:44 AM
  
Marta de Jesús
Se me viene otra cuestión a la mente. La aceptación de la gracia que permite arrepentirse adecuadamente es cuestión, según usted, de las circunstancias? Pedro no hubiera sido humilde, no la hubiera aceptado, en cualquier escenario? Iscariote no hubiera terminado de modo similar si hubiera vivido en otro momento? Pensaba que sí. Pensaba que Pedro se hubiera salvado en cualquier época. Que lo previsto de ellos no es solo una reacción a algo concreto vivido en un momento histórico, de un entorno específico, sino algo mucho más general, #previsión de humildad, o de soberbia y de desesperación#. No serán, quizá, exactamente los mismos pecados los que suelen arrastrar en una época u otra, pero entendía que los no servidores lo hubieran sido ante cualquier circunstancia. Entonces sigo sin percibir la diferencia entre eso y los protestantes. Cómo surgieron si Aquino es anterior a ellos? Tengo pendiente ver el video del debate.

La siguiente expresión la ve errónea? Sería molinista?#Dios creó a algunas personas, sabiendo que esas creaciones, tal y como fueron por Él creadas, iban a decantarse por no servir (o por no servir durante un tiempo), en el margen de libre albedrío dejado para nosotros, pero totalmente bajo su control (Providencia), para que el misterio de la iniquidad fuera revelado?#.

Disculpen mis elucubraciones de recién llegada. Saludos.

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Los que dicen que la aceptación libre de la gracia, o su libre rechazo, dependen de las circunstancias, es decir, son previstas por Dios en función de las circunstancias en que estarían las creaturas racionales, son los molinistas. Yo soy tomista, a Dios gracias :)

Tampoco es que Dios prevea los actos libres de las creaturas en función, digamos, de la "idiosincracia" de cada una de ellas, de su modo de ser. Porque entonces esos actos no serían libres, si se pudiesen predecir con certeza solamente conociendo el modo de ser de la creatura en cuestión.

En realidad, entre los molinistas ha habido siempre una gran discusión acerca de cómo es que la "ciencia media" divina puede saber infaliblemente lo que las creaturas harían libremente puestas en determinadas circunstancias. Si se lo hace derivar de las circunstancias mismas, se está en un determinismo de las circunstancias, que es todo lo contrario de lo que quieren los molinistas, que es salvaguardar el libre albedrío.

Si se lo hace derivar de la "índole" o "idiosincracia" propia de cada uno, conocida perfectamente por Dios, entonces estamos en lo de arriba, el determinismo del carácter o del modo de ser, que también es contrario al libre albedrío.

Y lo mismo si se hace derivar ese conocimiento divino de una combinación de ambas cosas.

El tomismo responde que Dios sabe eternamente lo que harán libremente las creaturas racionales porque ha determinado eternamente moverlas infaliblemente de tal o cual modo a la realización de esos actos libres, queriendo y causando esos actos en el caso de los actos buenos, y queriendo y causando sólo lo que esos actos tienen de ser y de bien, mientras que permitiendo, sin quererlo ni causarlo, lo que tienen de mal, en el caso de los actos malos.

La clave está en que sólo Dios, que es Omnipotente, y no las circunstancias ni el carácter de las creaturas, que son algo creado, puede producir infaliblemente actos libres.

Lo cual sin duda que es un gran misterio, pero más misterioso aún sería que esperásemos salir de un tema como éste sin misterio alguno. Y además, no se puede demostrar que sea contradictorio.

Saludos cordiales.
04/06/24 12:43 PM
  
Martín
Néstor:
Me ha llevado varios días leer el artículo sobre cuestión tan misteriosa (intrincada estaba por escribir pero no me pareció justo, en el cielo tendrá su luminosidad esta cuestión y será de una belleza inconmensurable).
Muy bien decía un comentarista (Luis Fernando) que la época actual tiene una necesidad muy grande de la claridad del pensamiento de Santo Tomás.
Creo que, en general, el mundo moderno es completamente voluntarista, y le cuesta aceptar la realidad, buscando cambiarla a voluntad y es lo que no hace nunca Santo Tomás.
Pensaba este tema quizá tenga relación, con la dificultad de aceptar la gratuidad absoluta de la salvación y de la vida eterna y que el hombre no tiene ningún derecho de ser elevado al orden sobrenatural, aunque sí fue creado con una capacidad para ello.
Pedir por ser del número de los elegidos y esforzarnos por tender hacia la perfección, leí alguna vez en Royo Marín y estar tranquilos y confiados en Dios.+

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Así es. Lo que pedimos al pedir a Dios que nos cuente entre su elegidos es que nos aplique los efectos de la predestinación, según aquello de que un efecto de la predestinación puede ser causa de otro, por ejemplo, las oraciones pueden ser causa de otras gracias y en definitiva de la gran gracia de la perseverancia final. La predestinación en su conjunto depende solamente del gratuito favor divino.

Saludos cordiales.
05/06/24 1:23 AM
  
FSOLANO
'Dios no permite el mal, lo sufre'.

Cardenal Robert Sarah.

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Habría que ver la fuente y el contexto. Así dicho es un grave error. La verdad es exactamente lo contrario: Dios no sufre el mal, lo permite. Mirando a la Naturaleza divina, y no a la naturaleza humana de Jesucristo Nuestro Señor, Dios no puede sufrir. Y lo que el Omnipotente no quiere o permite, sencillamente no ocurre.

De hecho, la definición o descripción que da Santo Tomás de la reprobación es "la voluntad de permitir que algunos caigan en la culpa y de inferir la pena de la condenación eterna por la culpa".

Y es que como dice Santo Tomás, la Causa Primera mueve a todas las causas segundas a producir sus efectos, por tanto, nada puede ocurrir que la Causa Primera no quiera o permita.

Lo contrario da la idea de un "dios" que en realidad no es Dios, porque está sujeto a las sorpresas y sobresaltos que pueden venirle de la acción imprevista e incontrolada de las creaturas.

Por eso la frase tan popular en el post-Concilio, de que Dios "corre riesgos", es otro gran disparate. ¿Qué riesgos puede correr el que lo sabe absolutamente todo desde siempre?

Mientras la teología católica no vuelva a la sana y robusta filosofía realista de sus mejores momentos, por ejemplo, el siglo XIII de Santo Tomás, no hay forma de que se salga del pantano actual.

Saludos cordiales.
05/06/24 9:16 PM
  
Federico Ma.
Adivinanza para Sofía: ¿quién dijo lo que sigue?

"...si gratia non datur ex operibus sed tantum ex hoc quod aliquis non ponit obstaculum, ergo habere gratiam dependet ex solo libero arbitrio, et non ex electione Dei, quod est error Pelagii. Respondeo. Dicendum est quod hoc ipsum, quod aliquis non ponit obstaculum, ex gratia procedit".

Traduzco:

"...si la gracia no se da por las obras, sino sólo porque alguien no pone obstáculo, ergo tener la gracia depende del solo libre albedrío y no de la elección de Dios, lo cual es el error de Pelagio. Respondo. Debe decirse que esto mismo, que alguien no pone obstáculo [a la gracia], procede de la gracia".

Pues lo dijo santo Tomás de Aquino, en Sup. Hebr., cap. 12, lect. 3. ¡Qué bañeciano que es santo Tomás!
06/06/24 3:28 AM
  
Federico Ma.
Sigue la adivinanza, ahora sobre gracia suficiente y gracia eficaz:

"Col. I, 20: pacificans per sanguinem crucis eius, sive quae in terris, sive quae in caelis sunt; quod est intelligendum quantum ad sufficientiam, etsi omnia non restaurentur quantum ad efficaciam".

"Col 1, 20: pacificando por la sangre de su cruz lo que hay en la tierra y lo que hay en el cielo; lo cual debe entenderse cuanto a la suficiencia, aun cuando no todas las cosas sean restauradas cuanto a la eficacia".

No son palabras de Báñez, sino de su Maestro Tomás: Sup. Eph., cap. 1, lect. 3.

Vamos con otro texto:

"I Io. II, 2: ipse est propitiatio pro peccatis nostris, pro aliquibus efficaciter, sed pro omnibus sufficienter, quia pretium sanguinis eius est sufficiens ad salutem omnium: sed non habet efficaciam nisi in electis propter impedimentum".

"1 Jn 2, 2: Él mismo es propiciación por nuestros pecados, por algunos eficazmente, por todos suficientemente, porque el precio de su sangre es suficiente para la salvación de todos: pero no tiene eficacia sino en los elegidos, a causa del impedimento".

Ahora bien, decir que no poner impedimento no requiere la gracia "es el error de Pelagio". Ergo, la eficacia depende de la gracia. Nuevamente, no es un pasaje de Báñez, sino de santo Tomás: Sup. 1 Tim., cap. 2, lect. 1.

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Notar la frase "no tiene eficacia sino en los elegidos, por el impedimento", es decir, por el impedimento que hay en los réprobos. Pero ya dijo bien claro que a los elegidos los eligió independientemente de la previsión de sus méritos, o sea, que no los eligió porque no pusieran impedimento. Por la misma razón, tampoco reprobó a los réprobos porque lo pusieran.

Se podrá no estar de acuerdo, pero no se puede negar que en esto Báñez no hace más que decir lo que dice Santo Tomás.

Saludos cordiales.
06/06/24 3:34 AM
  
Federico Ma.
Y el último por hoy (no llego a traducirlo):

"Deinde cum dicit secundum donum gratiae, etc., tangit auxilium sibi praestitum ad ministeriorum executionem. Huiusmodi autem auxilium duplex fuit. Unum quidem ipsa facultas exequendi, aliud ipsa operatio, sive actualitas. Facultatem autem dat Deus infundendo virtutem et gratiam, per quas efficitur homo potens et aptus ad operandum; sed ipsam operationem confert inquantum operatur in nobis interius movendo et instigando ad bonum. Et ideo hoc accipiens apostolus a Deo, dicit quantum ad primum: dico quod factus sum minister, sed certe non meis meritis, nec virtute propria, sed secundum donum gratiae Dei quae data est mihi, quia scilicet idoneus efficior ad executionem divinorum mysteriorum, qui fui prius persecutor. I Cor. XV. 10: plus omnibus laboravi, non ego, sed gratia Dei mecum. Quantum ad secundum dicit secundum operationem, quam Deus efficit, inquantum virtus eius operatur in nobis et velle et perficere pro bona voluntate".

Nuevamente, no es de Báñez, sino de santo Tomás: Sup. Eph., cap. 3, lect. 2.

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Traduzco:

“Cuando dice “según el don de la gracia”, habla del auxilio que se le ha dado para la ejecución del ministerio. Este auxilio fue doble: Por un lado, la misma facultad de ejercerlo, por otro, la operación o la actualidad, es decir, el ejercicio mismo. Pues la facultad la da Dios infundiendo la virtud y la gracia, por las cuales el hombre se hace capaz y apto para obrar; pero la operación misma la confiere en cuanto opera en nosotros interiormente, moviéndonos e instigándonos al bien. Y esto lo recibe el Apóstol de Dios, pues dice en cuanto a lo primero: “Digo que he sido hecho ministro, pero ciertamente, no por mis méritos, ni por mi propia virtud, sino según el don de la gracia de Dios que me ha sido dada, asi me hago idóneo para la ejecución del ministerio divino, del cual fui perseguidor” 1 Cor. 15, 10: “He trabajado más que todos, no yo, sino la gracia de Dios conmigo”. En cuanto a lo segundo, lo dice según la operación, que Dios realiza, en cuanto su poder obra en nosotros el querer y el realizar, por su buena voluntad.”

Son muy claros también estos textos:

De potentia, q. 3 a. 7 co.:

“Asi Dios es causa de cualquier acción, en cuanto da al agente la capacidad de obrar, y en cuanto la conserva, y en cuanto la aplica a la acción , y en cuanto por su poder todo otro poder actúa. Y si le agregamos que Dios es su Poder, y que está en todas las cosas, no como parte de la esencia, sino como el que mantiene a las cosas en el ser, se sigue que Él mismo obra inmediatamente en cualquiera que obra, sin exceptuar las operaciones de la voluntad y de la naturaleza."

Ia. IIae., q. 109, a. 1:

"Como todos los movimientos corporales se reducen al movimiento de los cuerpos celestes en tanto que primeros motores de los cuerpos, así también todos los movimientos tanto corporales como espirituales se reducen al Primer Motor simplemente hablando, que es Dios. Y así, por más perfecta que se suponga una creatura corporal o espiritual, no puede proceder a su acto si no es movida por Dios."

Y recordar que esa moción divina, para Santo Tomás, es infalible:

Ia., q. 19, a. 6, ad 3um:

“La causa primera puede ver impedido su efecto por defecto de la causa segunda cuando no es la causa universalmente primera, que comprende debajo de sí todas las causas, porque así ningún efecto puede escapar de su orden. Y esto es lo que sucede con la voluntad de Dios, como ya se dijo.”

Ia. IIae, q. 10, a. 4 ad 3um:

Si Dios mueve la voluntad hacia algo, es incompatible con esta posición que la voluntad no se mueva hacia ello. Sin embargo, no es simplemente imposible. De donde no se sigue que la voluntad sea movida por Dios por necesidad.”

Saludos cordiales.
06/06/24 3:55 AM
  
David García
No puede ser que Dios sea bueno, y cree personas que sabe que se van a ir al infierno a sufrir eternamente desde antes incluso de crearlas, porque entonces no sería bueno.
Punto.
Esto lo entiende cualquiera sin más explicaciones.
Para explicar lo contrario, hacen falta artículos como este, prácticamente incomprensibles, que no quitan la duda a nadie y dejan el misterio en el aíre.

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Pues eso que Ud. encuentra incomprensible es lo que aceptan todos los que participan en esta discusión, aunque estén en desacuerdo en muchas cosas.

Que Dios sabe desde la Eternidad quiénes se salvan y quiénes se condenan es una mera consecuencia del hecho de que Dios lo sabe todo, desde siempre.

Y que por tanto lo sabe antes de crear a esas personas, también es evidente, y ya le digo, lo aceptan todos, tomistas, molinistas, agustinianos, etc.

Y es que no puede ser de otro modo, no puede ser que Dios en algún momento ignore algo, no sería Dios.

Saludos cordiales.
06/06/24 12:26 PM
  
David García
Pues si, lo aceptais a pesar de la paradoja que se crea.

No te parece a ti, Néstor, que si una paradoja se puede explicar muy fácilmente partiendo de una hipótesis, y partiendo de otra hipótesis la explicación es extremadamente compleja, lo más probable es que la hipótesis de fácil explicación sea la correcta?

Me recuerda a cuando los astrónomos trataban de explicar el movimiento de los planetas de forma muy compleja por presuponer que el sol era el centro, y el caso es que era una posibilidad, pero evidentemente no era la correcta.

Yo claramente no estoy entre los elegidos, pues solo puedo aceptar o que Dios no existe, o que si existe no lo sabe todo, o que si lo sabe no crea seres con el único propósito de que sufran eternamente, o que si lo hace no es bueno.

Muchas gracias por tu amabilidad en tu respuesta, así da gusto.

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Es que justamente, parte del misterio es que tampoco tiene Dios el propósito de crear para que algunas creaturas suyas sufran eternamente, porque eso sólo lo decreta luego de prever el pecado y la impenitencia final de las mismas, que proceden de la libertad de esas creaturas.

Según el Concilio de Trento, sin una revelación divina especial no se puede saber si uno es predestinado, por tanto, lo mismo vale para la no elección y no predestinación.

Saludos cordiales.
06/06/24 6:02 PM
  
Vladimir
Siempre he pensado que DIOS NO PERMITE EL MAL. No sé si es hasta blasfemo afirmar que Dios, siendo Todopoderoso y Santísimo, permita el mal, pudiendo evitarlo.
LO QUE DIOS PERMITE ES LA LIBERTAD HUMANA. Dios deja que el hombre actúe libremente (pues de otra forma no tendría sentido que lo hubiera hecho libre) El hombre hace mal uso de su libertad y como consecuencia viene el mal.

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Una forma de entender que "Dios no permite el mal" es entender que "Dios impide el mal", porque en efecto, en un sentido al menos, "no permitir" es "impedir", y "permitir" es "no impedir".

Pero seguramente no es lo que Ud. quiere decir. Se debe entender, entonces, que no es verdad que Dios no impida el mal.

Pero eso es falso. Si no es verdad que Dios no impide el mal, entonces Dios impide el mal, pero si Dios impidiese el mal, no habría mal, lo cual es obviamente falso.

Es cierto entonces, y obvio, además, que Dios no impide el mal.

Ahora bien, "no impedir", como dije, es justamente "permitir". Luego, Dios permite el mal.

A no ser que se diga que no lo impide, no pudiendo tampoco hacerlo. Porque en efecto, "permitir" es no impedir algo, pudiendo hacerlo.

Por tanto, si Dios no impide el mal no pudiendo además impedirlo, entonces ciertamente que Dios no permite el mal, pero tampoco es Todopoderoso, lo cual es herejía, obviamente, y ciertamente, también, blasfemo.

O sea, o Dios puede impedir el mal, o no puede. Lo segundo es herejía y blasfemia. Luego Dios puede impedir el mal. Por tanto, o lo impide, o no. Es claro que no, porque el mal existe. Por tanto, Dios puede impedir el mal, y no lo hace.

Por tanto, no lo hace queriendo no hacerlo. No puede ser que Dios, pudiendo impedir el mal, no lo haga por alguna especie de distracción, Él, que lo sabe todo y al que nada se le escapa nunca.

Pero no impedir el mal, pudiendo hacerlo, y queriendo no hacerlo, es permitir el mal.

Por tanto, Dios permite el mal.

En cuanto a la libertad humana, Dios no la permite, la quiere, porque la libertad, a diferencia del mal, es un bien, y los bienes no son solamente permitidos por Dios, sino que son queridos por Él.

Dios quiere la libertad, quiere el buen uso de la libertad, y permite el mal uso de la libertad.

Saludos cordiales.
06/06/24 11:35 PM
  
Federico Ma.
Gracias por la traducción, Néstor, y por los otros claros textos. (Habría que estar ciego...).

Agrego otro, con tu permiso, pero de otro autor y «de otro espíritu». En efecto, si quiere verse una injusta apreciación del tomismo, véase lo que dice el P. Castellani (que al menos en esto está claro que no es tomista) en su «Catecismo para adultos», cap. 11, pp. 126-126 (ed. 1979):

«Hubo dos famosas discusiones sobre la Gracia, en la Historia de la teología. Una la discusión llamada “de auxilius” [sic] entre los dominicos y los jesuítas en el siglo XVI en que el domínico Bañez, que era el jefe de la discusión los acusaba a los jesuitas de ser pelagianos porque no creían en la Gracia sino en el libre albedrío y el Jesuíta Molina, autor de un tomo enorme sobre “De Auxilius Graciae” [sic, sic]. El acusaba a los domínicos de calvinistas o sea exageradores de la Gracia. Discutieron casi con ferocidad mucho tiempo y hubo tres intervenciones de la Santa Sede que no logró apaciguarlos y al fin la Santa Sede mandó que no hablasen más de eso. Se acabó la discusión. No se podría acabar nunca la discusión porque, como Billot anotó después, estaban discutiendo sobre una cosa que es un misterio, sobre la presciencia divina, es decir cómo Dios sabe lo que nos va a pasar a nosotros siempre, incluso después de la muerte, sin suprimir nuestra libertad. Dios sabe si vamos a salvarnos o condenarnos, eso es la presciencia divina, aunque sabe que si nos salvamos nos salvaremos por su Gracia y si nos condenamos será por nuestro capricho. Los domínicos decían que Dios sabía eso por la predeterminación física, o sea que todo acto bueno nuestro era predeterminado físicamente por Dios, de tal manera que no se podía hacer otra cosa más que lo que Dios había predeterminado. De modo que negaban el libre albedrío aunque hacían una cantidad de sutilezas para probar que no. Y los jesuítas con Molina a la cabeza, habían inventado la “ciencia media” que decían, también muy complicada, que era una ciencia por la cual Dios conocía todos los “futuribles”, es decir las cosas que podían ser futuras, y entonces Dios elegía de esas cosas que podían ser futuras para el hombre una que El sabía que le iba a resultar bien, la gracia eficaz y entonces se la daba al hombre. De cualquier manera no resolvían el enigma terrible de la “presciencia divina”, cómo Dios sabe todo lo que va a ser de nosotros y sin embargo nosotros somos libres. No podían saberlo. Es un misterio tan grande, aunque es obvio que Dios sabe todo y sabe también lo futuro, que Cicerón dijo que Dios no conocía lo futuro, pero los cristianos dice [sic] que Dios sabe el futuro. Y ese misterio no se puede resolver con razones; no se puede escudriñar en el ser divino, qué es lo que hace que el ser divino sepa lo que va a pasar y sin embargo nos deje enteramente libres en manos de nuestro albedrío».

Nótese:
1. Critica duramente a los dominicos (que en esto son tomistas), pero no a los molinistas.
2. Dice que, según los dominicos o tomistas, por la predeterminación física «no se podía hacer otra cosa más que lo que Dios había predeterminado». Aquí no distingue entre necesidad de la consecuencia y necesidad del consecuente. «No se podía» en sentido compuesto, pero sí en sentido dividido. Agrega el P. Castellani: «De modo que negaban el libre albedrío». De modo que parece que él entiende la necesidad de la consecuencia (que es la afirmada por santo Tomás y los tomistas) como si fuera necesidad del consecuente (sólo lo cual llevaría a negar el libre albedrío).
3. Dice que el calvinismo consiste en «exagerar la gracia». Pero, en realidad, no se ve que «exagerar» la gracia implique negar el libre albedrío, antes al contrario, a no ser que se entiendan, gracia y libertad, como inversamente proporcionales. Pero esto último es algo tan contrario al agustinismo y al tomismo, que parece absurdo atribuírselo a los dominicos tomistas. Aunque en esto el P. Castellani, como jesuita, parece seguir algo de san Ignacio, en cuanto en el mismo parece haber cierto germen de tal doctrina extraña, cuando dice en sus Ejercicios Espirituales: «...no debemos hablar de la gracia tan largo ni con tanta insistencia que se engendre veneno para negar la libertad. De manera que de la fe y gracia se puede hablar cuanto sea posible mediante el auxilio divino, para mayor alabanza de su divina majestad, pero no de tal suerte ni manera, mayormente en nuestros tiempos tan peligrosos, que las obras y libre albedrío reciban detrimento alguno o se tengan por nada» (Reglas para sentir con la Iglesia, 17°).


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Hay que notar, entre otras cosas, que lo que el P. Castellani presenta aquí como "molinismo" es en realidad el "congruismo", versión moderada, que dicen que es la de Suárez y Bellarmino, que incorpora la elección divina "ante praevisa merita", pero manteniendo la negación de la "premoción física" tomista.

En efecto, lo que viene a decir el P. Castellani en su presentación del "molinismo" es que Dios elige los que han se salvarse, y con su "ciencia media" ve cuáles serán las gracias eficaces para llevarlos a la salvación, no porque muevan infaliblemente sus voluntades, sino porque serán aquellas que al ser "congruas" con estos sujetos, serán infaliblemente elegidas por ellos en forma libre.

O sea que el orden en el congruismo es "elección - previsión de los méritos - predestinación, con lo cual la predestinación, como disposición de las gracias conducentes al fin, sí es posterior la previsión de los méritos, pero la elección de los que han de ser predestinados es anterior a la previsión de esos mismos méritos y depende en definitiva de la sola Voluntad de Dios.

En el molinismo, por el contrario, Dios no elige a nadie hasta que por su "ciencia media" ve quiénes responderán positivamente a la gracia, de modo que tanto la elección como la predestinación son "post praevisa merita". El orden entonces es: previsión - elección - predestinación.

Por así decir, en el congruismo el punto de partida fijo es quienes se han de salvar, y lo que es móvil es el "stock" de las gracias que los conducirán o no a ese fin, mientras que en el molinismo lo que es fijo es ese "stock" de gracias propuestas por Dios, y lo que es móvil es el conjunto de los individuos que aceptan o no esas gracias.

Y en efecto, ese vocabulario de "no exagerar" y de "extremismos" es propio de las posturas eclécticas, como sin duda es la de Suárez, por ejemplo. La idea de fondo es el "miti y miti", un poquito a cada uno no le hace mal a ninguno, y a lo que suele llevar es a juntar dos errores de modo que se equilibren el uno al otro, como también quiso hacer Kant con el racionalismo y el empirismo. Es la filosofía del zurcido o colcha de retazos.

El águila de Aquino vuela tan por encima de esas cosas que casi que ni las ve. Lo que hace Santo Tomás es siempre lo contrario: elevarse hacia el principio único del cual derivan esos aspectos complementarios, de modo que cuanto más se afirma uno de ellos, más se afirma el otro.

En este caso, el principio es el de Dios, Causa Primera, y Causa, no de este o aquel otro aspecto de la cosas, sino de todo lo que son, no porque las creaturas no sean causas, sino porque toda su causalidad les viene de Dios, de modo que el efecto de la causa segunda es todo de la causa segunda, como causa segunda, y todo de la Causa Primera, como Causa Primera, sin contradicción, de modo análogo a como los frescos de la Sixtina son obra en su totalidad de Miguel Ángel y también en su totalidad de su pincel.

Y por tanto, el mismo ser de las causas creadas libres, incluida su naturaleza de causas libres, les viene de Dios, y entonces, cuando Dios las mueve infaliblemente, las mueve infaliblemente según la naturaleza que tienen, la que Él les ha dado, o sea, como libres, de modo que esa infalibilidad asegura, en vez de eliminar, la libertad de estas causas.

Y entonces aquí no se puede "exagerar" nada, porque cuanto más a fondo dependa de Dios la libertad de la creatura, más libre será, mientras que la mentalidad de la "exageración" es la mentalidad de la oposición entre Dios y el hombre, donde cada uno gana terreno a costa del otro.

En esas instrucciones de San Ignacio a sus discípulos se ve, me parece, algo del problema de dar respuestas urgentes a problemas también urgentes y graves. En los seguidores de Lutero estaba consolidada la mentalidad de oposición entre Dios y el hombre, de modo que afirmada la gracia, negaban el libre albedrío. Y San Ignacio le dice a los suyos que no afirmen tanto la gracia, que nieguen el libre albedrío. Da la impresión de ponerse a jugar en el tablero de los protestantes en vez de patearlo, que es lo que correspondía y lo que Santo Tomás hubiese hecho sin duda.

Curiosamente, de esa patada al tablero habría derivado una mejor atmósfera para el diálogo con los protestantes. Por ejemplo, hoy día Jonathan Ramos tendría muchas menos objeciones que hacerle a los apologistas católicos y se vería más obligado a concentrase en aquellos temas en lo que evidentemente el calvinismo falla, y sobre todo, éstos podrían preguntarle porqué si Dios es tan Soberano como él dice y sin duda es, no puede mover infaliblemente a las creaturas racionales a realizar actos verdaderamente libres, con capacidad de elección, es decir, en definitiva, porqué quitarle a Dios esa parte de Su gloria.

Saludos cordiales.
07/06/24 3:38 AM
  
Vladimir
Don Néstor, gracias por su aclaración a mi comentario anterior. No sé si le entendí bien, pero lo que concluyo es que: Dios no impide el mal (que proviene de la acción humana), porque antes ha querido la libertad humana. O sea, al querer la libertad humana, debe permitir su ejercicio y, por tanto, su eventual mal empleo.

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No es estrictamente que Dios deba permitir el fallo de las libertades creadas, sino que es congruente, digamos, con el hecho de haber creado seres falibles el permitir que a veces fallen, como dice Santo Tomás.

Pero absolutamente hablando Dios podría evitar toda falla en los entes falibles que ha creado. Es lógico pensar que el niño que comienza a aprender a escribir va a cometer algunas faltas, pero si el maestro le toma la mano y lo guía no comete falta alguna. Y así Dios no permitió, por ejemplo, que la Virgen pecase en toda su vida ni siquiera con un pecado venial (por supuesto que sin menoscabar en nada el libre albedrío de la Virgen), y si lo hizo con ella, pudo hacerlo con todas las creaturas racionales, ángeles y hombres, de modo que si no lo hizo, finalmente, es porque no quiso, aunque es cierto que al no quererlo también se guió por la conveniencia (no necesidad absoluta, por lo dicho) de que se permita alguna vez fallar a lo que por naturaleza es falible.

Por eso le digo, no es que Dios simplemente permita el ejercicio de la libertad creada, sino que lo quiere, porque en sí mismo es un bien, sólo lo que a veces tiene de malo ese ejercicio de la libertad creada es lo que es permitido, no querido, por Dios.

Saludos cordiales.
08/06/24 3:01 AM
  
Mel
Cito a Eudaldo Forment

"Por ello, con estas precisiones, puede concluirse con Marín-Sola, nuestra salvación está: «real y verdaderamente en nuestra mano, a pesar de no poder ser merecidas, sino humildemente impetradas, por depender de la pura misericordia de Dios»"

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En efecto, ésa es la tesis de Marín-Solá, la cual choca, a mi juicio, con dificultades insalvables, como ya he dicho en otros comentarios: una moción divina no puede ser falible; de todos modos Dios tiene que permitir el pecado y puede siempre impedirlo, sin atentar por ello contra el libre albedrío de las creaturas racionales; la ciencia divina no puede depender de lo que de hecho sucede en lo creado.

En lo que Ud. cita ahí, para la misma impetración de la gracia necesitamos la gracia divina eficaz por sí misma y no por el consentimiento libre de la creatura, por tanto, no puede tratarse de una gracia o moción falible, porque en ese caso, si es eficaz, será por el consentimiento de la creatura, al menos por la libre decisión de la creatura de no hacer fallar esa gracia.

Por tanto, la iniciativa última está en Dios, no en el hombre, lo cual no quita nuestro libre albedrío, como ya he explicado.

Es importante notar que no sólo en el tomismo, sino tampoco en el molinismo hay "mociones falibles". Las mociones eficaces que Dios da en el molinismo son aquellas que la "ciencia media" divina ha previsto infaliblemente que serán libremente secundadas por las creaturas racionales.

Saludos cordiales.
13/06/24 4:32 PM
  
Luis
Es imposible salvarse sin estar predestinado ya que no ser un elegido es garantía de que dicha persona - antes o después - tomará decisiones que irremediablemente lo conducirán a la condenación eterna.

No es verdad entonces que Dios sinceramente quiere que todos se salven pues el sabe que una alma que no ha sido escogida no elegirá el camino de la salvación en el momento más decisivo .

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No es verdad que lo quiera con Voluntad consecuente: Concedo. Con Voluntad antecedente: Niego.

¿Dios quiere sinceramente que se salven los que de hecho se condenan? Sin duda. Pero entonces el "querer Dios sinceramente que alguien se salve" es compatible con que esa persona no se salve.

Y para que sea "sinceramente" no podemos poner como condición que la Voluntad (consecuente) de Dios falle, que es lo que pasaría si "sinceramente" quisiese decir que Dios asiste impotente a la perdición de aquellos que Él con Voluntad consecuente quiere que se salven.

Saludos cordiales.
18/06/24 5:07 PM
  
Ecclesiam
Estimado Daniel Iglesias:

Dice usted:
«...no es dogma de fe, por lo que ningún católico está obligado a creer en ella».

Ante todo hay que atender que de lo que aquí se trata no es que la predestinación de la teología tomista se deba creer, sino que es una conclusión teológica necesaria de los principios de la fe católica, por lo tanto, es una conclusión científica (en el sentido clásico de la palabra), conclusión que no debe aceptarse por la autoridad del Magisterio Romano, sino por la fuerza y veracidad de los argumentos.

De este modo, por ejemplo, aceptamos las conclusiones de otras ciencias, como en geometría, por la cual sabemos que los lados internos de un triángulo son iguales a dos ángulos rectos; aunque esto no sea dogma de fe.

Por lo tanto, el tomista no puede apelar con la fuerza de la autoridad sino con la fuerza del argumento, hasta que Dios disponga y haga que su Iglesia la declare como doctrina que deba creerse. Hasta que ese día llegue, Dios mediante, hay que defender esta doctrina como verdadera y cierta, no por la autoridad eclesiástica, sino por inexpugnables razonamientos.

Y, aunque los tomistas ciertamente no ponderamos los argumentos de autoridad (fuera de la legítima autoridad eclesiástica) como argumentos fuertes, sin embargo, tampoco los despreciamos, pues nuestra doctrina no es otra sino la de san Agustín y de santo Tomás, no la de fray Domingo Báñez o la del lic. Néstor Martínez, quienes son expositores de aquella doctrina de tan grandes santos, y no sólo es doctrina de san Agustín y de santo Tomás, sino también de otros que han decidido seguir los pasos de los más grandes doctores de la Iglesia.

Muchas gracias estimado Néstor por el esfuerzo. Dios lo bendiga y santo Tomás y san Agustín intercedan por usted.

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Muchas gracias y saludos cordiales.
22/06/24 2:26 AM
  
sofía
Yo jamás he dicho que se deba prohibir la filosofía ni la teología y me parece perfecto que todos intentemos comprender mejor lo que creemos, dentro de lo posible. Aunque yo no tengo ni he expuesto ninguna teología, simplemente intento comprender la que exponen ustedes.

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Su teología consiste, entre otras cosas, en que Dios le da a todos los hombres la misma gracia, de modo que la única diferencia entre los que se salvan y los que se condenan es el buen o mal uso que han hecho, respectivamente, de esa gracia, de modo tal que la única Voluntad absoluta divina es que todas sus Voluntades respecto de la salvación de las creaturas racionales sean condicionales.

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Pero definitivamente no consigo entender eso de hacer responsable de no hacer el bien a alguien que de hecho no puede hacerlo si no se cumple una condición que no depende de él.

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No es comprensible que ese alguien sea responsable de no hacer el bien si no puede hacerlo en sentido dividido: Concedo. Si no puede hacerlo solamente en sentido compuesto: Niego, ya lo expliqué varias veces.

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Sigo sin encontrar en Tomás de Aquino las definiciones de gracia suficiente y eficaz de los bañecianos, pero aunque el bañecianismo sea legítimamente tomista hay otras interpretaciones tomistas no bañecianas que parecen más comprensibles: Marín Sola y Maritain etc.

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La gracia suficiente es la que da la capacidad de hacer el bien, y eso está en Santo Tomás y en todo teólogo católico, porque como dice San Agustín, Dios no manda lo imposible y por tanto, si manda algo, da la capacidad de hacerlo.

Que la gracia suficiente por sí sola no alcanza para hacer de hecho el bien, también está en todo teólogo católico, porque de lo contrario deberían afirmar, o bien que nadie peca, o bien que no todos reciben la gracia suficiente.

Y por eso, que por tanto, para hacer de hecho el bien es necesaria una gracia eficaz, que en algo se distingue de la suficiente, lo afirman también todos los teólogos católicos.

El punto es si la gracia eficaz lo es por si misma o por el consentimiento de la creatura racional. Lo primero es lo que afirman Santo Tomás y los tomistas.

Por ejemplo este texto de Santo Tomás, ya citado por Federico:

"...si la gracia no se da por las obras, sino sólo porque alguien no pone obstáculo, ergo tener la gracia depende del solo libre albedrío y no de la elección de Dios, lo cual es el error de Pelagio. Respondo. Debe decirse que esto mismo, que alguien no pone obstáculo [a la gracia], procede de la gracia".

Sup. Hebr., cap. 12, lect. 3.

Aquí no es el consentimiento de la creatura el que hace eficaz a la gracia, sino la gracia la que hace que la creatura libremente no ponga obstáculo, es decir, consienta, a la gracia.

Otro texto:

"Col 1, 20: pacificando por la sangre de su cruz lo que hay en la tierra y lo que hay en el cielo; lo cual debe entenderse cuanto a la suficiencia, aun cuando no todas las cosas sean restauradas cuanto a la eficacia".

No son palabras de Báñez, sino de su Maestro Tomás: Sup. Eph., cap. 1, lect. 3.

¿Está Santo Tomás diciendo aquí que hay una suficiencia de la gracia que no es suficiente para que las creaturas actúen bien? Pues sí.

Y lo mismo aquí:

"1 Jn 2, 2: Él mismo es propiciación por nuestros pecados, por algunos eficazmente, por todos suficientemente, porque el precio de su sangre es suficiente para la salvación de todos: pero no tiene eficacia sino en los elegidos, a causa del impedimento".

Ahora bien, decir que no poner impedimento no requiere la gracia "es el error de Pelagio". Ergo, la eficacia depende de la gracia. Nuevamente, no es un pasaje de Báñez, sino de santo Tomás: Sup. 1 Tim., cap. 2, lect. 1.

Y eso no pueden decirlo ni Marín Solá ni Maritain respecto de aquella gracia que según ellos consiste en una moción falible o rompible, porque para ellos la eficacia de esta gracia sí depende de que la creatura no ponga impedimento, en vez de depender el que la creatura no ponga impedimento de la eficacia de la gracia, como dice Santo Tomás.

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Respecto a las citas que me dedican, alguna parece contradictoria con otras citas del mismo autor que me parecen mucho más claras y convincentes:

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Ahí está: en ese caso hay que preguntarse si será que Santo Tomás se contradice o que Ud. no lo entiende.

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Como dice Santo Tomás, Dios le da gracia a todos y los que no la reciben es porque ponen impedimento.

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Texto explicado por mí en el "post", basado en el supuesto de que Santo Tomás no se contradice con lo que evidentemente dice en esta cuestión 23 de la Primera Parte de la Suma Teológica.

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Pero yo no digo que no poner impedimento no requiera la gracia sino que poner impedimento impide la recepción de la gracia.

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No es solamente que no poner impedimento requiera la gracia, sino que es una gracia, como todo lo bueno que hay en nosotros relativo a la salvación eterna. Por tanto, el que pone impedimento no ha recibido la gracia de no ponerlo.

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Si como dice usted eso supone un retroceso infinito, lo mismo da, el mismo problema tenía Aquiles para alcanzar a la tortuga y sin embargo se resolvió esa aporía.
Se lo dejo a los filósofos y en todo caso, intento recoger lo que debemos creer como católicos y me parece que las dos citas del catecismo que puso otro comentarista son muy claras:

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Es que cuando una tesis lleva a consecuencias absurdas, es falsa, y en este caso el retroceso al infinito es absurdo, a saber, el retroceso al infinito en el que se entra si se dice que no se ha recibido la gracia de no poner impedimento porque se ha puesto impedimento a esa gracia, lo cual implica que tampoco se recibió la gracia de no poner este impedimento, porque se puso otro impedimento más, para evitar el cual tampoco se recibió la gracia, etc.

Eso quiere decir que en definitiva hay que afirmar o bien un impedimento tal que para no ponerlo no hace falta la gracia, o bien una gracia tal que no está condicionada al impedimento que pueda poner la creatura.

Hablar de Voluntades divinas absolutas que se reducen a toda Voluntad divina respecto de la salvación de la creatura sea condicional es ir más allá de lo que dicen la Escritura y el Magisterio y entrar en el terreno de los teólogos y los filósofos.

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Punto 600 del Catecismo.

"Para Dios todos los momentos del tiempo están presentes en su actualidad. Por tanto establece su designio eterno de "PREDESTINACIÓN" incluyendo en él la respuesta libre de cada hombre a su gracia: "Sí, verdaderamente, se han reunido en esta ciudad contra tu santo siervo Jesús, que tú has ungido, Herodes y Poncio Pilato con las naciones gentiles y los pueblos de Israel (cf. Sal 2, 1-2), de tal suerte que ellos han cumplido todo lo que, en tu poder y tu sabiduría, habías
PREDESTINADO" (Hch 4, 27-28). Dios ha permitido los actos nacidos de
su ceguera (cf. Mt 26, 54; Jn 18, 36; 19, 11) para realizar su designio
de salvación (cf. Hch 3, 17-18).

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Ahí no dice nada que sea contrario a la doctrina de Santo Tomás tal como la expone magníficamente Domingo Báñez O.P.

Es cierto que aquí se usa la palabra "predestinación" para las malas obras de Herodes y Poncio Pilatos, lo cual muestra que también es bíblico el uso de "predestinación" en la línea del mal, y no solamente en la línea del bien, aunque Santo Tomás prefiere, para la línea del mal, el término "reprobación", como vimos en el "post".

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1037 del Catecismo.

"Dios NO PREDESTINA a nadie a ir al infierno (cf. DS 397; 1567); para que eso suceda es necesaria una aversión voluntaria a Dios (un pecado mortal), y persistir en él hasta el final"

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Ni hemos dicho aquí otra cosa, para los que se condenan hemos hablado de "reprobacion", siguiendo a Santo Tomás como se ve por toda esta cuestión 23 de la Primera Parte de la Suma que hemos analizado en el "post".

Esto que dice el Catecismo, sin embargo, hay que entenderlo bien, porque ya el mismo Catecismo ha usado el término "predestinación" para aplicarlo a las malas obras de Herodes y Poncio Pilatos. Es claro que eso hay que entenderlo en el sentido de la permisión del pecado, como dice también el Catecismo ahí mismo, pero si se puede aplicar "predestinación" a la permisión del pecado, igualmente se puede aplicar ese término al decreto divino de castigar en el Infierno el pecado finalmente impenitente previsto por Dios, que es lo que se entiende en el tomismo por la "reprobación consecuente".

En cuanto a la reprobación antecedente tomista, no tiene nada que ver con la pena del Infierno, porque es anterior a la previsión de las culpas de la creatura.

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Y además hay que tener en cuenta lo que nos recuerda Daniel Iglesias:
La reprobación antecedente positiva (calvinismo) es herética y la reprobación antecedente negativa (tomismo) no es dogma de fe, por lo que ningún católico está obligado a creer en ella.

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Al comienzo del "post" queda claro el tema del mismo: exponer la doctrina de Santo Tomás sobre estos puntos.

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Despedida cordial

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Saludos cordiales.
22/06/24 3:15 AM
  
sofía
Dios no asiste "impotente" a la perdición de los que se pierden. Dios omnipotente, en su infinita y misteriosa sabiduría, ofrece la salvación a todos, pero ha decidido que no va a obligar a salvarse a quien quiera rechazarla.
Su voluntad consecuente es que la voluntad antecedente se cumpla con esa condición: que no se rechace la gracia.
Saludos cordiales

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La cuestión es si Dios ha decidido o no hacer que ninguna voluntad creada rechace la salvación. No puede haber decidido hacerlo, porque entonces habría fracasado, cosa impensable en Dios. Si decidió no hacerlo, estamos en lo que yo digo. Y no puede ser tampoco que no haya decidido ni hacerlo ni no hacerlo. Porque "decidir no hacerlo" es lo mismo que permitir el pecado, incluido el de la impenitencia final, y eso Dios lo hace, sin duda.

Por eso no sirve de nada la frase de que "Dios respeta la libertad". Porque Dios no necesita "obligar" a nadie para que se haga infaliblemente lo que Él quiere, porque Dios mueve infaliblemente a la voluntad creada a realizar actos libres, no actos "obligados" ni forzados. A la Virgen no la "obligó" a no cometer un solo pecado, ni siquiera venial, en toda su vida, sino que movió infaliblemente de ese modo la libertad de la Madre de Dios. A San Pablo no lo "obligó" a pasar de perseguidor a Apóstol, y en general a ninguno de nosotros nos "obliga" cada vez que su gracia eficaz produce infaliblemente nuestro consentimiento libre, precisamente porque produce un consentimiento libre.

En vez de frases oscurecedoras como ésa de que "Dios respeta la libertad" o "ha decidido no obligar", hay que plantearse la sencilla pregunta: ¿puede Dios evitar cada pecado de la creatura racional sin lesionar en lo más mínimo el libre albedrío de esta creatura? La respuesta sólo puede ser afirmativa, y entonces, la conclusión inevitable es que si la creatura peca es porque Dios lo ha permitido, es decir, no ha querido impedir que peque. Y si la creatura se condena, entonces, es porque Dios no ha querido impedir la impenitencia final de esa creatura, cuando siempre está en su Mano Omnipotente cambiar el corazón del hombre mediante su gracia eficaz, y tantos casos se han dado de moribundos que han sido salvados de ese modo, empezando por el Buen Ladrón, que sin embargo tenía un compañero que hasta el fin rechazó la gracia, porque Dios así lo permitió, no siendo la permisión divina causa del rechazo de la gracia, pero sí condición necesaria del mismo.

Por eso, no es que Dios "decida no obligar", sino que decide no mover a la libertad del modo que podría hacerlo sin lesionarla en lo más mínimo. Y en eso está contenido ya todo el tomismo, mal llamado "bañecianismo" como se ve por el "post".

Saludos cordiales.
22/06/24 1:32 PM
  
sofía
Dios puede hacer mociones rompibles si le da la soberana gana, para eso es omnipotente.
Marín Sola y Maritain tienen razón.
Más saludos cordiales

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Como enseña Santo Tomás, la Omnipotencia divina no se extiende a lo contradictorio, y una moción divina rompible o falible es algo contradictorio, que no es objeto, por tanto, de la Omnipotencia divina.

El Omnipotente no puede fallar, y una de las cosas que el Omnipotente no puede hacer es dejar de ser Omnipotente, es una de las tantas pseudo entidades contradictorias que caen por fuera de la Omnipotencia divina.

La "moción" es el acto y el efecto de mover. El acto si se la mira en el motor, en lo que mueve, el efecto si se la mira en el móvil, en lo que se mueve.

Una moción divina implica entonces que Dios mueve algo. Una moción divina que falla, o es el acto por el cual Dios a la vez mueve y no mueve algo, lo que es contradictorio, o es el acto por el cual Dios intenta mover algo pero no lo consigue, cosa absurda tratándose, precisamente, del Omnipotente, y además no es moción, si no mueve nada.

Una moción divina falible, fallaría o por ninguna razón, o por causa de algo que hiciese una creatura, o por causa de algo que hiciese el Creador.

Lo primero es imposible, nada hay que no tenga una razón de porqué es en vez de no ser, y porqué es de este modo en vez de ser de aquel otro modo.

Lo segundo también es imposible. La Causa Primera causa las acciones de todas las causas segundas. Cualquier creatura llega tarde para hacer fallar la moción divina, porque nada hace esa creatura sino precisamente en tanto que es movida por Dios. Debería para ello colocarse en una situación inicial de independencia ante Dios, que no existe.

Si decimos que la moción que recibe la creatura para no hacer fallar la moción divina es falible, estamos tirando el problema para atrás en vez de resolverlo, y al final entramos en un retroceso al infinito: la moción dada por Dios a A falló, porque la moción que Dios dio a A para que no la hiciera fallar, falló, porque falló la moción dada a A por Dios para que no hiciese fallar la moción dada a A por Dios para que no hiciese fallar la moción dada a A por Dios,...etc.

Si decimos que la moción divina falla, no por algo que la creatura hace, sino por algo que no hace, es lo mismo, el Omnipotente siempre puede hacer que la creatura haga algo en vez de no hacerlo. Se presupone por tanto la no moción divina para que la creatura no haga algo, y entonces no puede haber al mismo tiempo una moción divina para que lo haga.

Si se dice que no hay moción divina infalible para que la creatura haga eso, pero sí falible, el asunto es que la moción falible, en general, es contradictoria. La moción es el acto y el efecto, según se la mire, de mover. Una moción falible es una moción que no mueve, lo cual es contradictorio. Otra cosa es una moción que mueve faliblemente, porque ésa sí mueve, lo que pasa es que hay la posibilidad de que no mueva, o sea, de que no sea moción. Mientras que la moción falible es una moción que puede no mover si la creatura así lo quiere.

Pero es que la moción tiene que terminar primero, para que la creatura pueda querer interrumpirla, porque lo que es movido aquí es la voluntad de la creatura. Mientras está bajo la moción, la voluntad se mueve, y por tanto, no interrumpe la moción. De lo contrario, una moción falible sería una moción que no movería actualmente nunca a la voluntad, o sea, que efectivamente no sería una moción.

Es el mismo absurdo de la gracia eficaz por el consentimiento de la creatura, porque si para algo tiene que ser eficaz la gracia es precisamente para producir el consentimiento, o sea, tiene que ser una verdadera moción, que mueva, por tanto, a la voluntad. Mientras la voluntad es movida, consiente, por tanto, si deja de consentir es porque ha dejado de ser movida, no porque la moción ha "fallado".

La que se dice que es una moción, y falla a veces, es la gracia suficiente, porque a veces aún teniéndola, se peca. Pero la gracia suficiente es moción en tanto que no es suficiente, sino eficaz. En efecto, una moción produce efectivamente un cambio en la voluntad que la capacita para realizar otra cosa. Lo que esa moción produce, lo produce eficaz e infaliblemente, lo otro, es una potencialidad, no una actualidad. Bajo este último aspecto la gracia suficiente no es moción, porque no mueve nada, sino que solamente capacita para moverse. Y es bajo este aspecto que esa gracia falla a veces, no, por tanto, en tanto que es una moción.

Y si la gracia suficiente falla, no es porque la voluntad de la creatura haya impedido con su inacción que la gracia la moviese. Porque la inacción de la creatura supone la no moción divina, en vez de causarla. Lo contrario sería como querer que la incombustión de la pradera impidiese el incendio, o que la sequedad de la pared impidiese la mojadura.

Lo tercero es contradictorio, porque Dios no puede ser causa de que falle una moción divina.

Saludos cordiales.
22/06/24 1:36 PM
  
sofía
La moción rompible no falla por ser rompible porque eso es lo que quiere Dios que sea, rompible , haciendo depender que se rompa o no de que se rechace o no, de modo que cumple su objetivo.

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En esa hipótesis, la moción divina no falla en ser rompible, porque eso sería lo que Dios quiere en ese caso, pero Dios quiere algo más, a saber, mover a la creatura de determinada manera, porque la moción rompible no es en definitiva para ser rompible, sino para mover.

Si Dios no consigue eso otro que quiere, entonces sí falla esa moción divina, cosa contradictoria, porque es contradictorio que el Omnipotente se proponga algo (con Voluntad consecuente) y no lo consiga. Y no puede proponerse no ser Omnipotente, porque eso también es contradictorio, como proponerse no ser Dios, y la Omnipotencia no se extiende a lo contradictorio.

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(...)

Pero sobre todo, no acaba de explicar cómo puede ser responsable alguien de no hacer de hecho el bien si según ustedes Dios ha decidido a priori no darle la gracia que sería necesaria para hacer el bien de hecho. Porque según Uds hay un tipo de gracia "suficiente' que nunca es suficiente para hacer de hecho que se la da a todos pero no sirve para realizar el bien. Y otra que es la que sirve para hacer el bien de hecho que ha decidido no dársela a los que va a reprobar.

(...)

Saludos cordiales

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Es responsable de no hacer de hecho el bien el que puede hacerlo y de hecho no lo hace. Y que alguien no tenga la gracia necesaria para hacer el bien no quiere decir que no tenga la gracia necesaria para poder hacerlo.

Ud. confunde una y otra vez la potencia con el acto, el poder hacer con el hacer.

La gracia suficiente nunca es suficiente para hacer de hecho, porque para lo que es suficiente es para poder hacer. Otra vez el acto y la potencia, el hacer y el poder hacer. Esa gracia sola no sirve para realizar de hecho el bien, sirve para poder realizarlo. Y es necesaria, porque no se hace lo que no se puede hacer.

No está escrito en ninguna parte que lo que es necesario y suficiente para poder hacer, y en ese sentido es necesario para hacer de hecho, tenga que ser también suficiente para hacer de hecho. Porque en ninguna parte está escrito que sea lo mismo el acto que la potencia, el hacer que el poder hacer, en realidad, no son lo mismo.

La gracia que da el hacer de hecho y no solamente el poder hacer es la gracia eficaz, que es por eso mismo esencialmente distinta de la gracia suficiente. Y es de evidencia inmediata que los que no hacen el bien no han recibido la gracia de hacer el bien, es decir, la gracia eficaz. Sería contradictorio, en efecto, decir que los que no hacen el bien han recibido la gracia de hacerlo.

Saludos cordiales.
22/06/24 6:14 PM
  
sofía
Hay que exponer la doctrina sobre la gracia que es magisterio. Por ejemplo:
Trento:
1567 Dz 827 Can. 17. Si alguno dijere que la gracia de la justificación no se da sino en los predestinados a la vida, y todos los demás que son llamados, son ciertamente llamados, pero no reciben la gracia, como predestinados que están al mal por el poder divino, sea anatema [cf. 800].

Eso se entiende perfectamente.

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Sin duda. Ahí está hablado de la gracia de la justificación, que es gracia habitual, mientras que la gracia suficiente y la gracia eficaz son gracias actuales.

Y aún si se lo entiende de las gracias actuales, el tomismo no dice que los réprobos no reciban ninguna gracia actual, suficiente o eficaz, ni tampoco que necesariamente carezcan siempre y en todos los casos de la gracia habitual y santificante, sino que, tratándose de humanos al menos, no reciben la gracia eficaz de la perseverancia final, lo cual es la misma evidencia, porque como ya dije, es contradictorio decir que el que no persevera recibe la gracia de perseverar.

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O esto:
(Trento, l.c., can. IV: "Si alguno dijese que el libre albedrío, movido y puesto en acción por Dios, no puede cooperar por asentimiento a la llamada de Dios, ni disentir si así lo desea… sea anatema "). Con este decreto el Concilio no sólo condenó la opinión protestante de que en la recepción de la gracia la voluntad permanece meramente pasiva, sino que también se anticipó a la herejía jansenista respecto a la imposibilidad de resistir la gracia actual. A partir del siguiente breve extracto puede verse con qué poco derecho los herejes apelaban a los escritos de San Agustín en defensa de su doctrina: "El que te hizo sin tu acción no te justifica sin tu acción. Te hizo sin tú saberlo, te justifica con tu voluntad, pero es Él quien justifica, para que la justicia no sea tuya." (Serm. CLXIX, C. XI, n. 13).


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Exacto, por eso mismo el tomismo no es ni calvinista ni jansenista, porque sostiene que la gracia eficaz no deja al libre albedrío sin cooperar, al contrario, lo hace cooperar libremente, y también afirma que la gracia eficaz puede ser resistida en sentido dividido.

Que la gracia eficaz no puede ser resistida en sentido compuesto es también tesis molinista, porque es claro que para el molinismo las cosas no pueden suceder de otro modo de como las ha previsto eternamente la "ciencia media" con anterioridad a la misma creación del mundo.

No pueden suceder de otra manera, claro, en sentido compuesto, sí pueden suceder de otra manera en sentido dividido, de modo que también para el molinismo Pedro pudo haber rechazado la gracia eficaz del arrepentimiento, en sentido dividido, no en sentido compuesto, y por eso es que el molinismo tampoco es jansenista.

Y es que una gracia eficaz que puede ser resistida en sentido compuesto es una contradicción, sea que se la considere eficaz por sí misma (tomismo) o eficaz por el consentimiento de la creatura racional (molinismo), porque en ambos casos es contradictorio decir que esa gracia es a la vez eficaz y rechazada.

En el caso del molinismo, eso querría decir que la creatura racional a la vez consiente (porque la gracia resulta ser eficaz) y no consiente (porque esa gracia es rechazada) a la gracia, cosa absurda que los molinistas no dicen y que no necesitan decir para no ser jansenistas.

Saludos cordiales.
22/06/24 10:30 PM
  
Ecclesiam
Los textos de Trento no son tan claros que no puedan interpretarse de manera incorrecta (También los herejes apelan a las Sagradas Escrituras para su herejía) y en rotura con los textos anteriores del magisterio, por eso deben leerse en hermenéutica de la continuidad (que no es un concepto nuevo, aunque el término pueda serlo) con los textos anteriores del magisterio:

II CONCILIO DE ORANGE:

“D-176 [II. Sobre la gracia.] Can. 3. Si alguno dice que la gracia de Dios puede conferirse por invocación humana, y no que la misma gracia hace que sea invocado por nosotros, contradice al profeta Isaías o al Apóstol, que dice lo mismo: He sido encontrado por los que no me buscaban; manifiestamente aparecí a quienes por mí no preguntaban [Rom. 10, 20; cf. Is. 65, 1].”

“D-177 Can. 4. Si alguno porfía que Dios espera nuestra voluntad para limpiarnos del pecado, y no confiesa que aun el querer ser limpios se hace en nosotros por infusión y operación sobre nosotros del Espíritu Santo, resiste al mismo Espíritu Santo que por Salomón dice: Es preparada la voluntad por el Señor [Prov. 8, 35: LXX], y al Apóstol que saludablemente predica: Dios es el que obra en nosotros el querer y el acabar, según su beneplácito [Phil. 2, 13].”

“D-178 Can. 5. Si alguno dice que está naturalmente en nosotros lo mismo el aumento que el inicio de la fe y hasta el afecto de credulidad por el que creemos en Aquel que justifica al impío y que llegamos a la regeneración del sagrada bautismo, no por don de la gracia - es decir, por inspiración del Espíritu Santo, que corrige nuestra voluntad de la infidelidad a la fe, de la impiedad a la piedad –, se muestra enemigo de los dogmas apostólicos, como quiera que el bienaventurado Pablo dice: Confiamos que quien empezó en vosotros la obra buena, la acabará hasta el día de Cristo Jesús [Phil. 1, 6]; y aquello: A vosotros se os ha concedido por Cristo, no sólo que creáis en El, sino también que por El padezcáis [Phil. 1, 29]; y: De gracia habéis sido salvados por medio de la fe, y esto no de vosotros, puesto que es don de Dios [Eph. 2, 8]. Porque quienes dicen que la fe, por la que creemos en Dios es natural, definen en cierto modo que son fieles todos aquellos que son ajenos a la Iglesia de Dios (1).”

La única teología posible y verdadera que se sigue de estos textos es la tomista. Las demás llevan necesariamente a contradicciones contra la fe.
27/06/24 8:59 PM
  
Adela
Largo y fantástico post pero como en mis tiempos de estudiante he acabado con dolor de cabeza y angustia espiritual. Ante el "misterio" de la predestinación solo cabe ser fiel a la gracia gratuitamente recibida y por gracia, vivida lo más santamente posible porque todo es gracia.
Pero reconozco q voy a volver al volumen de la Summa y como ya soy algo mayor puede que entienda que hasta es misterio de la predestinación es gracia de misericordia.El "Líbranos del mal" me comentó un profesor que no era sólo del Malo, el maligno, sino del peor mal, la no perseverancia final. Así sea
Buenas noches y gracias por las lecciones.

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Muchas gracias. Es mucho mejor poner la confianza en Dios que en nosotros.

Saludos cordiales.
02/07/24 11:40 PM
  
sofía
Habrá que coger las cosas de una en una.
Dice usted que lo más importante es distinguir entre potencia y acto y entre sentido dividido y sentido compuesto, pero aunque distingo esos conceptos no veo que de ellos se derive la responsabilidad cuando alguien está en potencia de algo que no depende para actualizarse de él mismo.
Se ve más claro lo que planteo en mi última respuesta en el otro post:

sofía
La pared no puede pintarse a si misma de azul, la tiene que pintar otro de azul y nadie le va a pedir responsabilidades a la pared por no estar pintada de azul. Y por mucho que pueda quedar monísima de azul en sentido dividido sigue sin tener ni libre albedrío ni responsabilidad ni puede pintarse si nadie la pinta.
Pues lo mismo le ocurre a la persona que no realiza el bien si para que lo realice "la tiene que pintar otro de azul": no es responsable de no realizar el bien porque la condición no depende de él.
Y lo del sentido dividido le sirve tan poco como a la pared.
Afirmo por tanto que no es responsable de no moverse puesto que según UD lo tiene que mover otro para que él se mueva.


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Lo que tienen en común la pared y la persona creada es estar en potencia para algo. La diferencia está en que la pared está en potencia para recibir un color, mientras que la persona está en potencia para realizar una elección libre. Por eso, la primera necesita de una condición externa para recibir de hecho ese color, y la segunda necesita de una condición externa para realizar de hecho esa elección libre.

De modo que así como la falta de esa condición externa que la hace quedar pintada de azul no quita a la pared la capacidad de ser pintada de azul, así tampoco la falta de esa condición externa que la hace elegir de hecho quita a la persona creada la capacidad de realizar esa elección, la cual es suficiente para la responsabilidad.

Fijémonos en que es contradictorio decir que el que hace que otro elija le quita la capacidad de elegir, o que la elección causada por otro no es elección.

Saludos cordiales.

Saludos cordiales.
22/06/24 6:33 PM

Estar en potencia para algo que depende de una condición exterior para actualizarse no implica ninguna capacidad real para actualizarla por parte del ente que está en potencia, ni ninguna responsabilidad si no se actualiza esa potencia al no cumplirse una condición que no depende de él.

Eso es así, lo mismo para la pared que depende de que la pinten de azul para estar pintada de azul, como para el ser humano que dice usted que no puede moverse a elegir el bien si no le mueve una gracia eficaz que se ha decidido no concederle porque sí y no por nada de lo que haya sido responsable él mismo. No sería entonces responsable de no elegir el bien.

Yo no he dicho que la elección causada por otro no sea elección, sino que cuando no se puede elegir algo a menos que lo cause otro, no se tiene posibilidad de elección mientras que el otro no la cause.

Saludos cordiales

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Pues no, es claro que la pared tiene la capacidad de ser azul, aunque ello depende de la acción de una causa que a su vez no depende de la pared.

Es más, toda capacidad que necesita actualizarse depende de una causa externa , "todo lo que se mueve es movido por otro", porque de potencia a acto nada pasa sino por un ser en acto, porque el acto es más que la potencia y la potencia no puede darse a sí misma lo que la supera.

Si la potencia tuviese en sí misma toda la perfección del acto al cual se ordena, no sería potencia, sino acto, y si no la tiene en sí misma, como en efecto no la tiene, necesita ser actualizada por una causa ya en acto, distinta de esa potencia misma, porque no se da lo que no se tiene.

Ahora bien, así como se está en potencia para recibir pasivamente algo, como la pared recibe el color azul, también se puede estar en potencia para actuar, como el ser humano que tiene la capacidad de hablar o de caminar.

Y también esta potencialidad necesita ser actualizada por una causa externa, y no por ello deja de ser una potencialidad y una capacidad de actuar.

Hablar es más que poder hablar y caminar es más que poder caminar, y por lo mismo, el mismo hecho de que algo sea la potencialidad de hablar o de caminar y la verdadera capacidad de hablar o de caminar, hace que sea incapaz de hacerlo sin la intervención de una causa externa ya en acto que actualice esa potencialidad, porque nada puede darse a si mismo aquello que lo supera.

El único Poder que no necesita de una causa externa es el del Acto Puro, que no tiene potencialidad alguna distinta del acto. Pero así no es nada creado, todo lo creado es un compuesto de potencia y acto, a nivel ontológico, y también a nivel operativo, porque el obrar sigue al ser. Y el acto que actualiza a una potencia siempre viene de una causa externa, porque es más que esa potencia.

Saludos cordiales.
07/07/24 2:16 AM
  
sofía
Ya sé que dice usted que lo más importante es diferenciar entre potencia y acto y sentido dividido y compuesto, de modo que he hecho esas distinciones. Pero si no contesta a mi último comentario supongo que será porque no hay forma de explicar la responsabilidad de quien no actualiza algo porque pasar de potencia a acto no depende de él mismo sino de otra causa que no depende de él.

Por otra parte respecto a la moción rompible no veo que haya ninguna contradicción. Si yo decido que voy a tirar de la correa de mi perro para que venga, pero que si se opone y tira en dirección contraria no pienso seguir tirando para obligarle a venir, no veo por qué va a ser contradictorio cuando es eso exactamente lo que quiero, invitarle a acercarse pero permitirle alejarse si se opone. Y no es ningún fallo de mi objetivo.
Así que no veo por qué no va a poder Dios hacer una moción rompible, algo que no es contradictorio, sino que es posible hacerlo, si esa es su voluntad.
Seguiré con otros puntos cuando me aclare estos dos.
Saludos cordiales

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Sin duda, Ud. no es Dios. Ante el tirón de Dios nada puede resistirse, en sentido compuesto, sin que Dios permita primero que se resista. No es que Dios deja de tirar cuando la creatura se resiste, es que si la creatura se resiste es en la medida en que Dios deja de tirar. El mismo recurso a la idea de que Dios deja de tirar muestra que esa idea es necesaria, pero está mal colocada, al ponerla después de la resistencia de la creatura, y no antes. En realidad, allí llega tarde esa idea, porque la resistencia de la creatura ya se produjo y entonces no necesita de ningún dejar de tirar divino posterior a haberse producido.

Por tanto, no es que la moción se rompa, es que Dios deja de mover. La creatura no puede jugar a ninguna pulseada con el Creador, eso es desconocer la Omnipotencia divina. Dios no puede hacerse más débil que la creatura, en su Naturaleza divina, me refiero, porque no puede hacerse no Dios.

Saludos cordiales.
09/07/24 10:34 AM
  
sofía
Naturalmente que yo no soy Dios y supongo que usted tampoco, pero mi ejemplo solo venía a explicar por qué una moción rompible no es algo contradictorio como un círculo cuadrado. Por tanto, si no es contradictorio, Dios puede hacerlo si le da la soberana gana, precisamente porque es omnipotente. Nadie ha dicho que la criatura le esté echando ningún pulso a Dios, sino que es Dios quien ha decidido que va a permitir que se vaya si quiere y eso no le hace en ningún modo más débil que la criatura, pues lo decide porque esa es su voluntad. No veo ninguna razón convincente para decir que si Dios quiere no puede hacer mociones rompibles. A mí me parece que es usted el que rebaja la omnipotencia de Dios cuando dice que no puede hacer una moción rompible.
Eso de decir que la criatura se resiste porque Dios deja de tirar es como una manera de hacer responsable a Dios de la resistencia de la criatura, como decir que la causa de la resistencia es Dios mismo, pero Dios es el sumo Bien, luego no puede ser la causa del pecado, solo puede permitirlo.
Y sobre todo sigue sin explicar cómo puede ser responsable de no actualizar una potencia alguien si la condición para actualizarla no depende de él mismo.
Dice usted que para actualizar hay que añadir algo que la potencia no tiene, pero la cuestión es que ese algo, esa causa externa a la potencia, a su vez dependa del mismo sujeto que tiene que realizar la actualización de esa potencia, porque si no depende de él, no será responsable de no actualizar la potencia puesto que en realidad no puede hacerlo, no depende de su voluntad.

Saludos cordiales.

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Como dije, no se rebaja la Omnipotencia divina por excluir de su objeto a lo contradictorio. Dios no puede no existir, no puede no ser Dios, no puede no ser Infinito, no puede no ser Omnisciente, no puede no ser Santo, no puede no ser Inmaterial, no puede no ser Bueno, y tampoco puede no ser Omnipotente.

Ni siquiera se puede decir que Dios no puede no ser Omnipotente por más que quiera, porque tampoco puede quererlo.

Hay un sentido en el que toda moción rompible es contradictoria, que sería una moción que en algún momento no moviese. Si no mueve, no es moción, y una moción que no es moción es contradictoria.

Un sentido posible, no contradictorio, sería una moción que no fuese moción por todo el tiempo en que se intentaba que lo fuese. Por ejemplo, quiero mover una piedra diez metros pero mis fuerzas me permiten moverla sólo cinco metros.

Imposible, sin embargo, en el caso de Dios, al que nunca le van a faltar las fuerzas necesarias.

También en este sentido sería contradictoria entonces una moción rompible o falible, si se la entendiese como moción divina.

Claro, Dios puede permitir que en determinado momento su moción cese, antes de alcanzar el fin que con su Voluntad antecedente Dios quería alcanzar.

Eso quiere decir que con su Voluntad consecuente Dios deja de mover en ese preciso punto.

Porque es indudable que Dios deja de mover a la creatura en la medida en que ésta quiere algo contrario a lo que Dios quiere, porque Dios no puede mover a la creatura a querer algo bajo ese preciso aspecto de mal moral.

Y si Dios deja de mover a la creatura, es precisamente porque ha querido dejar de moverla.

Eso no quiere decir que haya realmente un fallo de la moción divina, porque a diferencia de la Voluntad divina antecedente, la Voluntad divina consecuente no apuntaba, en esa hipótesis, a más de lo que de hecho se logró.

No se sigue de ello, por tanto, que la creatura haga fallar a la Voluntad divina consecuente. Porque en esa hipótesis esa voluntad sería hipotética, no absoluta, es decir, sería antecedente, no consecuente, pues estaría subordinada a la eventualidad de que la creatura no hiciese fallar la moción divina.

La Voluntad divina absoluta, por tanto, no puede fallar, ni tampoco la moción que de ella deriva. Precisamente porque al ser absoluta su objeto no depende de ninguna condición.

Por eso, no solamente debe Dios permitir que la creatura se vaya si quiere, sino que ha de permitir también que quiera irse. Porque Dios mueve la voluntad de la creatura para que ésta quiera algo, y la voluntad creada no quiere nada sin ser movida a ello por Dios, en todo lo que ello tenga de ser y de bien.

Dios siempre puede mover a la voluntad creada para que quiera algo, por tanto, para que la voluntad creada no quiera ese algo es necesario que Dios determine no moverla a quererlo, y eso lo que sucede cuando Dios permite que la creatura no quiera lo que Dios quiere.

Y Dios no es responsable del pecado por el hecho de permitirlo de ese modo, que sin duda que lo permite, porque ocurre. Porque Dios no está obligado a impedir todo pecado de la creatura, ni está obligado a mover siempre a la creatura hacia el bien.

Por eso no puede ser que todas las Voluntades divinas respecto de la creatura racional sean condicionales y que no haya Voluntades divinas absolutas respecto de las creaturas. Porque entonces Dios no movería a la creatura, y entonces, ésta no se movería. En efecto, la voluntad condicional no hace nada hasta que no está dada la condición. Si todas las Voluntades divinas son condicionales, la condición no va a venir de Dios. Pero tampoco de la creatura, porque ésta no se mueve si Dios no la mueve. Entonces nada haría Dios respecto de la creatura, ni ésta haría nada. La acción de la creatura supondría la moción divina, que a su vez supondría la condición para mover, que en esta hipótesis sería precisamente la acción de la creatura. Círculo vicioso e inmovilidad total.

El que está en potencia para actualizar algo sólo es responsable de no actualizarlo si alguna condición para actualizarlo no depende de él mismo.

Porque fuera de esa hipótesis nadie está en potencia para actualizar nada, y por lo mismo, nadie que esté en potencia de obrar puede ser responsable de nada.

Porque si el que está en potencia para algo tiene absolutamente todo lo necesario para estar en acto, entonces no está en potencia, sino en acto. Y si algo de lo que necesita éste para estar en acto lo tiene otro, ese otro no depende del primero bajo ese mismo aspecto, sino al revés, el primero depende de él.

La causa externa necesaria para esa actualización no puede depender del sujeto que está en potencia para esa actualización, porque entonces estaríamos en aquello de que Trujillo me debe un peso, y yo le debo un peso a Trujillo, y si Trujillo no me paga, yo no le pago a Trujillo.

Es decir, se supone que la causa externa es necesaria para aportar eso que le falta a la potencia para ser acto, y si ahora eso mismo le es dado a la causa externa por el sujeto que está en potencia, es como darle la plata a un deudor para que nos pague.

El sujeto que está en potencia debería a la vez tener y no tener eso que debe recibir de la causa externa. No tenerlo, para poder recibirlo de ella, tenerlo, para poder dárselo a ella y que entonces ella dependiese a su vez de él.

Y si Dios mueve a la voluntad de Juan para que Juan haga algo, no se puede decir sin contradicción que eso que Juan hace no depende de la voluntad de Juan. No se puede decir que la voluntad de Juan no actúa porque Dios la mueve a actuar, sería otra contradicción.

Lo que se le pide a la voluntad de Juan es que su acto dependa de ella, no que dependa solamente de ella o que dependa de ella el acto de la Voluntad divina.

Si su acto depende de ella, ya por ello es responsable, aunque no dependa de ella el acto de la Voluntad divina que la mueve a actuar.

Y lo mismo si su no actuar depende de ella, o sea, si es voluntario, aunque no dependa de ella el que la Voluntad divina deje de moverla a actuar.

En definitiva, lo que no se puede decir es que lo que es voluntario no es voluntario y por tanto no es responsable, independientemente de cuáles puedan ser las causas o condiciones de eso que es voluntario.

Voluntario (y libre, se entiende) = responsable. Ésa es la base de todo.

Saludos cordiales.
14/07/24 2:07 AM

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