262 - LA ENFERMEDAD, ¿UN ARMA PARA DESPOBLAR?.

LA ENFERMEDAD, ¿UN ARMA PARA DESPOBLAR?. LA SALUD DE LOS RICOS Y LA SALUD DE LOS POBRES

Fuente: Grupo de Investigación en Bioética de Galicia, Revista Cuadernos de Bioetica nº 39, IX-1999 (Medicamentos: Dispendio en el Norte y Carestía en el Sur, Rafael Serrano, Aceprensa 129/99, 22-9-99); C-FAM, 15-10-99; UN Wire, 23-11-99; WHO (OMS) release, 23-11-99.

Por: Juan Bacigaluppi

Como puso de relieve la XI Conferencia Internacional sobre el SIDA en África, celebrada el pasado septiembre en Lusaka (Zambia), los tratamientos contra el mal no llegan al 70% de los afectados, los cuales que viven en ese continente. Pero esto no es más que un ejemplo del abismo sanitario que separa el norte y el sur del planeta. Mientras los países desarrollados buscan la manera de reducir los gastos farmacéuticos a cargo de la Seguridad Social, el mundo en desarrollo no dispone de medicamentos suficientes ni para las enfermedades más comunes. El problema es de precio: los pobres no pueden pagar.

La diferencia entre Norte y Sur es clamorosa. Estados Unidos y Europa gastan más de 220.000 millones de dólares anuales en medicamentos por prescripción médica. Los países en desarrollo, con una población más de ocho veces mayor, gastan 50.000 millones al año.

Además de carencia de los pobres, hay derroche de los ricos. Así lo sugieren los datos sobre ventas de fármacos para los que no se precisa receta. El año pasado ascendieron a 134,5 dólares por habitante en Japón y a 76 dólares en Estados Unidos. En cambio, el indio medio gastó 55 centavos en tales productos.

Pero también en el caso de los medicamentos contra enfermedades graves hay excesivo gasto en el norte, y los gobiernos intentan que la Seguridad Social no tenga que pagar todos. Como parte del empeño en recortar la factura farmacéutica en Francia, la Agencia de Seguridad Sanitaria publicó en agosto los resultados de una revisión de 1.100 fármacos empleados en cuatro importantes especialidades médicas (cardiovascular, reumatología, nutrición y metabolismo, y psiquiatría).

Conclusión: la cuarta parte no son eficaces, y no está justificado que la Seguridad Social los financie.

El dispendio de unos y la escasez de otros muestra que la farmacopea mundial va adonde está el dinero, y el dinero no está en los trópicos, donde sin embargo habitan el mosquito anopheles y muchos otros agentes patógenos que causan estragos en la población. La malaria afecta a unos 500 millones de personas al año (africanas en el 90%), de las que mueren entre 1,5 y 2,7 millones. Sin embargo, los medicamentos contra ese mal son escasos donde se necesitan, porque son caros.

Además, el plasmodium desarrolla resistencia contra ellos, por lo que es preciso inventar otros nuevos.

A la vez, hallar una vacuna contra la malaria -que debería ser la prioridad, puesto que la mayoría de los enfermos no pueden pagar tratamientos prolongados- exigiría gastar en investigación contra el mal mucho más que los actuales 84 millones de dólares por año. La vacuna antimalaria más efectiva, que funciona en un 30-50% de los casos, es la del médico colombiano Manuel Patarroyo, que la donó a la Organización Mundial de la Salud (OMS). Es, además, barata (10-20 dólares por persona). Sin embargo, los estudios sobre sus resultados no son unánimes; algunos cuestionan su eficacia. En cualquier caso, el trabajo del Dr. Patarroyo es una excepción. La ciencia farmacológica no hace el bien sin mirar a quién. Según cálculos de hace algunos años, el gasto mundial en investigación farmacéutica para distintas enfermedades, dividido por el número de muertes que causa cada una, era de 3.275 dólares para el SIDA, frente a 40 dólares para la malaria (cfr. The Economist, 28-9-96).

Además, hay que tener en cuenta que la OMS estima que de los 56.000 millones de dólares anuales que se dedican a la investigación farmacéutica, menos del 10% es para combatir enfermedades que afectan al 90% de la población mundial. Así, de 1.223 específicos nuevos inventados entre 1975 y 1997, sólo 11 sirven contra enfermedades tropicales.

De los abundantes recursos dedicados a combatir el SIDA resultan tratamientos inasequibles para los enfermos de los países en desarrollo, que son la mayoría. Sólo se ha encontrado hasta ahora un medicamento eficaz y relativamente barato contra el SIDA, aunque sólo sirve para evitar la transmisión de madre a hijo durante el embarazo. La neviparina cuesta 4 dólares por persona, y en los ensayos ha dado una tasa de éxito del 87%.

La Directora General de la OMS, la Sra. Gro Harlem Brundtland, hizo pocos días atrás, un nuevo llamado a la industia farmacéutica para que continúe investigando a fin de encontrar tratamientos de bajo costo para el SIDA. (WHO release, 23-11-99).

De 47,3 millones de personas infectadas con el HIV en el mundo hasta 1998, 34 millones son de Africa subsahariana. De ellas, hasta ese año habían muerto 11,5 millones, más del 80% del total mundial de víctimas (13,9 millones). Los 21 países con la mayor prevalencia de SIDA en el mundo son africanos, y en diez de ellos, la tasa se estima superior al 10% de la población. En Zambia, que organizó la última Conferencia internacional, se cree que está infectado uno de cada cinco adultos. Si las infecciones siguieran creciendo al ritmo actual, la mitad de los diez millones de habitantes del país morirán de SIDA.

La enfermedad afecta de modo particular a niños y mujeres. ONUSIDA cree que en algunas zonas, la mitad de los chicos que nacen llevan el virus, recibido de la madre. En Zambia, la proporción total es el 20%. Infectados o no, muchos niños pierden a sus padres a causa del SIDA. Según un estudio, el 72% de los hogares de Zambia acoge algún huérfano. En los países de la zona, la tasa de huérfanos se multiplicó por dos, tres o cuatro entre 1994 y 1997.

En fin, el Africa subsahariana, con menos del 10% de la población mundial, tiene el 70% de las personas que han contraído el virus, el 90% de los infectados menores de 15 años y el 95% de los huérfanos a causa del SIDA. Los países más afectados de la zona (Botswana, Costa de Marfil, Malawi, Uganda, Zambia, Zimbabwe) están perdiendo gran parte de los adultos jóvenes, las fuerzas vivas del país. Los viejos quedan al cargo de los huérfanos.

La OMS y UNAIDS (ONUSIDA) estiman que, en 1999, 12.2 millones de africanas y 10.1 millones de africanos, entre los 15 y los 49 están infectados con el HIV. Sin embargo, esas organizaciones dicen que donde más se ha disparado la curva de contagio en 1999, no es en Africa, sino en Rusia, Ucrania y otros territorios de la ex Unión Soviética.

La falta de interés por parte de las autoridades sanitarias mundiales perece corresponderse con las palabras de Jan Fransen, demógrafo y ex funcionario del Fondo para la Población de la ONU (FNUAP), que dijo jocosamente que el SIDA estaba contribuyendo al control demográfico en el África. Fransen explicó que la elevada mortalidad en ese continente puede reducir el crecimiento de su población, pero enseguida añadió que ningún político podría hacer campaña con tal plataforma. Estas afirmaciones fueron hechas a mediados de octubre pasado, en la reunión ordinaria del FNUAP (UNPFA), en New York.

A pesar del mal gusto de los comentarios de Fransen -dice el boletín C-FAM (15-10-99)-, nadie de la audiencia protestó, ni siquiera aquellos representantes africanos que en ella se encontraban. Las desatinadas aseveraciones del ex representante del FNUAP constituyen también un sombrío presagio para la población del África, por cuanto la propias estadísticas de la ONU indican que, debido a la explosión de la crisis del SIDA, la tasa de longevidad en algunos países de ese continente ha descendido de 61 a 47 en pocos años.

Pero la falta de respeto de Fransen hacia la población africana no se detuvo con sus comentarios sobre el SIDA. El demógrafo también se atrevió a expresar su preocupación por el hecho de que los foros de la ONU enfatizan que el ser humano debe ocupar "el centro del desarrollo". La verdadera preocupación, añadió, debe ser "el número de personas que la tierra puede dar cabida de forma sostenible". Entonces declaró que ese número debe ser entre 700 millones y mil millones de personas. En la reunión en que el ex funcionario del FNUAP expresó sus descabellados comentarios, se trataba el tema de los 6 mil millones de habitantes del planeta, cifra que según la ONU se alcanzó el 12 de octubre pasado. Los 6 mil millones representan 6 veces más que los mil millones que propone Fransen y, sin embargo, ocupan solamente el 1% de la superficie firme de la tierra, dice C-FAM.

La población africana, dicho sea de paso, es aproximadamente igual a la cifra mundial propuesta por este demógrafo y Africa tiene una densidad poblacional de sólo 80 personas por km2, cuando la de Europa es de 213 habitantes por km2. ¿Está sugiriendo Fransen que se elimine la población de Africa?. FIN.