Un tema incómodo: El PODER en la Iglesia
Por qué es un tema incómodo
- Porque parece ir directamente en contra de las virtudes de Cristo, especialmente la humildad, la abnegación, la mansedumbre.
- Porque se opone, a lo menos de primera impresión, también a la enseñanza de Cristo: “el que quiera ser el primero, que sea el último” (Marcos 9, 35).
- Porque la búsqueda del poder y la idolatría del poder están detrás de un sinnúmero de actos graves: corrupción, mentira, traición, crueldad, y sobre todo: soberbia.
- Porque, en sí misma, la ambición es una forma de idolatría, que se opone a la raíz y cimiento de toda nuestra fe.
- Por todo ello, pocas veces o nunca encontraremos que alguien o algún grupo dentro de la Iglesia diga: “Queremos llegar al poder” o “Queremos quedarnos para siempre en el poder".
El reino de Dios: un tema complejo
- Podemos decir que la propuesta de Jesucristo se condensa en la expresión “Reino de Dios”. De lo que se trata es de que Dios reine. Pero no es sencillo esclarecer qué significa ello exactamente.
- En efecto, las referencias “terrenales” que tenemos no corresponden a la predicación y la praxis de Jesús. Ni las monarquías terrenales, ni las aristocracias o las democracias corresponden exactamente a lo que enseñó el Señor, y por ello continuamente hay que rectificar lo que pensamos o decimos sobre el Reino de Dios.
- Es interesante notar que la terminología del Reino ha servido a los más diversos propósitos: desde las posturas más conservadoras y tradicionalistas, bajo el lema “¡Viva Cristo Rey!", hasta las propuestas más liberales y progresistas, que pretenden identificar el Reino con valores de promoción humana: justicia, igualdad, ecologismo.
- Por todo ello, URGE la necesidad de la autocrítica. Parece sano tener una postura humilde que empiece por reconocer que no tenemos el mapa completo del Reino de Dios; que por consiguiente hemos de revisar nuestras propias ideas y propuestas de acción, incluso las que nos parecen más evidentes. Es también necesario preguntarse por las alternativas: ¿qué podemos aprender de los que piensan diferente?
Justificaciones y autoengaños en la búsqueda de poder
Como es tan difícil admitir que uno quiere llegar y mantenerse en el poder, no debe extrañarnos que, de manera consciente o más a menudo, inconsciente, usemos justificaciones y autoengaños cuando se trata del poder. En general, todas esas maniobras se revisten con la palabra autenticidad, como diciendo: “Este es el verdadero evangelio; esto es lo que realmente significa el Reino de Dios". Por supuesto, ello implica demostrar que la propuesta de uno es “la verdadera". ¿Y cómo se puede lograr eso, ante los demás o ante la propia conciencia? Señalemos cuatro ejemplos de cómo se ha intentado esa “demostración”:
- “Nosotros seguimos el evangelio al pie de la letra". Ejemplo: los herejes del siglo XIII. Los fraticelli del siglo XIV. El literalismo protestante: “¿Dónde dice la Biblia que…?".
- “Nosotros tenemos una experiencia verdadera de la acción de Dios". Ejemplo: grupos de tendencia mística o carismática de diversos siglos.
- “Nosotros somos los únicos fieles a la tradición, la verdad de siempre". Ejemplo: grupos tradicionalistas o muy conservadores.
- “Nosotros sí hemos entendido que el evangelio es servicio y es para los pobres". Ejemplo: movimientos afines a la teología de la liberación.
Estrategias típicas de posicionamiento
Aquellos que sienten que tienen la verdad completa o muy completa siguen en general una serie de pasos bastante bien establecidos, que uno puede estudiar en los ejemplos antes brindados:
1. Una etapa de “precursores”: líderes, más o menos solitarios, que empiezan a lanzar su mensaje con valentía y a contracorriente. Tienen que soportar rechazo, aislamiento y a menudo la ridiculización.
2. Pequeños grupos: comunidades sólidas, de gran espíritu de camaradería o incluso fraternidad, en que se va afianzando un lenguaje, siempre en torno a los líderes.
3. Eventos más amplios de reclutamiento: congresos, convenciones, series de retiros, en los que los grupos iniciales actúan como ejemplos, testimonio y fuerza coordinada que busca un propósito común.
4. Difusión masiva: a través de misiones, redes sociales, publicaciones, medios de comunicación propios. Es el momento de crear la esperanza de que “un día todos nos darán la razón y se demostrará que siempre estuvimos en lo correcto".
5. Lenguaje de pureza: afianzamiento de un modo de hablar que descarta cualquier alternativa. El mensaje siempre será: “Nosotros estamos en lo correcto; en cambio, todos ellos fallan por estas y estas razones…”
6. Presencia social: puntos de inserción en el conjunto grande de la sociedad humana, a través de obras de caridad, empresas editoriales, centros educativos. En esos puntos la intención directa no es “convertir” sino asegurar una comunicación fluida con el conjunto de la sociedad y además lograr algo de financiación.
7. Manejo de críticas, denuncias y situaciones de escándalo: en todo grupo humano se presentarán deserciones, antitestimonios, incoherencias graves, y es necesario tener medios establecidos para manejar la situación.
Examen del “lenguaje de pureza”
En general, todas estas tendencias se caracterizan por una visión que en la práctica es “en blanco y negro” y que, en ese sentido, necesita descartar las alternativas, tanto por seguridad psicológica propia como para mantener la motivación y dirección del grupo de los propios fieles.
- Los literalistas utilizarán como su argumento versículos de la Biblia y señalarán como herejes y desviados a todos los que no sigan lo que allí aparece. Ejemplo: “Si en Mateo 10 dice que no hay que llevar túnica de repuesto, entonces uno debe usar siempre la misma ropa. Como en en el resto de la Iglesia no obedecen ese precepto, son desobedientes a Dios y están por el camino de las tinieblas".
- Los autodenominados místicos utilizarán como argumento lo que han vivido y que en buena parte es inefable pero que se manifiesta en dones específicos, por ejemplo: visiones, revelaciones privadas, dones extraordinarios de sanación o de hablar en lenguas.
- Los tradicionalistas tomarán como argumento la gran tradición filosófica y teológica de la Iglesia anterior al Concilio Vaticano II. Usarán un lenguaje muy técnico, recargado de silogismos escolásticos y de citas de gran autoridad, siempre de ese periodo de la historia de la Iglesia. Calificarán todo lo demás con estos adjetivos: modernista, subjetivista, relativista; dependiendo del contexto también es posible que usen, con tono de descalificación: liberal, revolucionario, progresista, o “puramente emocional".
- Los de la teología de la liberación usarán como argumento una selección bien determinada de textos bíblicos y patrísticos, así como pasajes específicos del magisterio universal o particular de la Iglesia. Calificarán a los demás como aferrados al poder, cómplices del sistema, aburguesados, y otras expresiones.
Reacciones frente al presente análisis
- Cabe anticipar que un análisis como este enfrentará duro rechazo por parte de quienes se sienten aludidos. La queja más frecuente será que no es justo juntar unas cosas con otras, y que ello mismo es prueba de relativismo.
- También se puede suponer que varios grupos o movimientos simplemente repetirán o acentuarán su línea argumentativa. Por ejemplo, es posible que los de la línea cercana al misticismo dirán que yo hablo así porque me falta tener una auténtica experiencia de Dios; también es posible que los de una línea tradicional me citen a La Salette o a San Pío X para demostrar, según ellos, que soy parte de la confusión querida por el demonio.
- Sin embargo, mi intención es diferente. Se trata de comprender que Dios y sus planes nos trascienden totalmente y que somos llamados, ante todo, a ser discípulos, lo cual implica que podamos cuestionar las propias posturas, examinar críticamente la conciencia, aprender unos de otros y abrirnos en la oración y la reflexión a la plenitud del Reinado de Dios.
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