6.07.21

Humildad, humildad y más humildad necesaria

humildad

“Si quieres llegar a la verdad, no busques otro camino que el que trazó el mismo Dios, que conoce nuestra enfermedad. Ahora bien, el primero es la humildad, el segundo es la humildad, el tercero es la humildad, y cuantas veces me lo preguntases te respondería la misma cosa” (S. Agustín, Ep. 118,22).

Las palabras de S. Agustín son válidas para toda la vida cristiana, en todos los campos, y también, ¡cómo no!, para la liturgia.

La liturgia reclama la humildad de sus sacerdotes y de los ministros del altar, porque la liturgia es servicio divino, glorificación de Dios; es un don, un tesoro, del que la Iglesia es administradora, servidora, y nadie es su dueño o propietario. Ya lo advertía el Vaticano II en una afirmación muchas veces desconocida o ignorada:

“Nadie, aunque sea sacerdote, añada, quite o cambie cosa alguna
por iniciativa propia en la Liturgia”
(SC 22).

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29.06.21

Liturgia y belleza, relación y retos (II)

2. ¿Una liturgia bella?procesión entrada

Si avanzamos un poco más en la reflexión, habremos de ir a lo nuclear de la liturgia. ¿Qué es la liturgia? ¿Meras ceremonias? ¿Unos ritos obligatorios que apenas dicen nada? ¿Un código ininteligible, y hasta aburrido, de acciones que desarrollan unos pocos mientras todos los demás asisten como espectadores?

¿Qué es la liturgia? ¡Es acción de Dios!, el gran protagonista de la liturgia es Dios mismo, que se revela en su Palabra y en sus sacramentos, que actúa, que salva, que santifica, que redime. La liturgia es el lugar especialísimo de la epifanía de Dios, de su manifestación, donde se da. Así se comprende, en primer lugar, que es su Belleza inefable la que entra de lleno en el misterio de la liturgia y que la liturgia sea el lugar primero de la Belleza divina, palpable, accesible a todos.

Por la liturgia “se ejerce la obra de nuestra Redención” (SC 2), actuando la fuerza y belleza del Misterio pascual de Cristo. Cristo es el centro de la acción litúrgica y todo es posible porque el Espíritu Santo, el divino Artista, santifica, consagra:

“El deseo y la obra del Espíritu en el corazón de la Iglesia es que vivamos de la vida de Cristo resucitado. Cuando encuentra en nosotros la respuesta de fe que él ha suscitado, entonces se realiza una verdadera cooperación. Por ella, la liturgia viene a ser la obra común del Espíritu Santo y de la Iglesia” (Catecismo, 1091).

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22.06.21

Liturgia y belleza, relación y retos (I)

belleza

Es indudable que a lo largo de los siglos, desde su mismo origen, la liturgia ha sido el gran “lugar de la belleza”, donde se han dado cita las diversas artes, tan variadas, para el culto divino.

Pero esta relación tan natural entre la liturgia y la belleza, parece haberse diluido un tanto por causas distintas; recuperarla puede ser una tarea feliz y apasionante, en la medida en que comprendemos cuán necesaria es la belleza y en la medida en que penetremos en la naturaleza auténtica de la liturgia.

1. La belleza expresa el Misterio de Dios

Un atributo divino de gran alcance es la belleza, la hermosura. Coincide con el ser de Dios, nada en él existe de fealdad, porque ésta es lo defectuoso, lo que roza la mentira, la falsedad, en última instancia, la fealdad es atributo del pecado que siempre lo deforma todo.

Dios es la suma e infinita belleza, porque es Verdad y es Amor. Un salmo, el 44, que la Iglesia le canta a Cristo mismo, afirma: “Eres el más bello de los hombres, en tus labios se derrama la gracia”; otro salmo, el 110, cantará de Dios: “esplendor y belleza son su obra”. El mismo libro del Génesis, en el relato de la creación que leemos en la santa Vigilia pascual, cuando afirma “vio Dios todo lo que había hecho y era bueno”, podría igualmente traducirse por “vio Dios todo lo que había hecho y era hermoso”, porque la misma palabra griega “kalós” significa, curiosamente, “bueno” y “bello”.

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15.06.21

"Te rogamos, óyenos" ¡¡Vamos a cantarlo, que no cuesta tanto hacer las cosas bien!!

oración fielesSería, sin duda, un gran avance en el canto litúrgico y en el relieve orante de la liturgia si se cantase la Oración de los fieles.

Para ello, es necesario antes realizar algunas precisiones. Estamos mal acostumbrados en lo referente al canto litúrgico, a su gradualidad e importancia, y por ello a veces preocupa más un canto del ofertorio o de “acción de gracias” después de la comunión, cantos que son totalmente prescindibles y mejor sería que sonase sólo el órgano, y sin embargo otros elementos que favorecen la participación de todos, como las aclamaciones, las respuestas, o la misma Oración de los fieles no se cantan ni el coro refuerza ahí el canto de todos.

O, cuántas y cuántas veces, cantos “religiosos” (que no litúrgicos) que se introducen a la fuerza en la liturgia y la desfiguran: Cantos de “perdón” en el acto penitencial, Cantos que parecen un “Gloria” pero que ni remotamente es la letra del “Gloria”, cantos antes del Evangelio que no son el “Aleluya y su versículo”, sino una cancioncilla más (por ejemplo: “Aleluya cantará quien perdió la esperanza…”). ¿No habría que hacer limpieza ya de esos cantos?

Hay elementos en la liturgia que deben purificarse o erradicarse (como esos cantos antes citados) y otros elementos que deben potenciarse. Ya la Instrucción Musicam sacram –que sigue siendo un referente- señalaba lo siguiente:

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8.06.21

Las Primeras Comuniones: distinguir entre participar e intervenir haciendo cositas (IV)

niños en su sitio

La confusión teológica y pastoral entre participar e intervenir, entre participar en la Misa y desempeñar un ministerio encuentra en las Primeras Comuniones un ejemplo evidente. Los niños van a recibir un Sacramento, participar de la Eucaristía comulgando por vez primera, y ese es su modo de participación, diferente de desempeñar o realizar ministerios o servicios litúrgicos (cantando, leyendo moniciones o peticiones, etc.) que otros deberán realizar para que los niños vivan mejor, con tranquilidad y sin nervios, la Misa de su Primera Comunión.

Traigo aquí a colación un artículo, realmente sensato, digno de ser pensado por sacerdotes y por catequistas en su formación; hay que reconocer la verdad de las cosas, corregir lo que se está haciendo mal y adquirir un sentido de la liturgia más hondo, sagrado y espiritual:

“Este ‘ardiente deseo de la santa madre Iglesia’ de que ‘mediante una educación adecuada’ se lleve a todos los fieles a aquella participación plena, consciente, activa y fructuosa en las celebraciones litúrgicas ha sido y viene siendo frustrada por una confusión fatal: identificar la mayor o menor participación en la liturgia con el mayor o menor protagonismo en la ejecución de ritos o acciones simplemente ministeriales…

En el fondo, este confusión a la que aludimos puede ser también la simple consecuencia de haber limitado durante sAiglos la liturgia a las acciones sagradas llevadas a cabo por el sacerdote en virtud de su potestad, acompañado en todo caso de algún ministro que de cerca le pudiese ayudar en su ejecución, mientras de ella quedaba marginado el pueblo, reducido a mero asistente…

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