InfoCatólica / Liturgia, fuente y culmen / Categoría: Textos litúrgicos

30.01.20

Memorial y ofrenda (Plegaria euc.- VI)

     La plegaria eucarística, tras la consagración, enuncia los grandes misterios salvadores de Cristo, su Misterio pascual -muerte, resurrección, ascensión- que se han hecho presente en el Sacramento y suplica su acción salvadora hoy.

    Igualmente, la plegaria prosigue presentando a Dios Padre la Ofrenda de su propio Hijo, el sacrifico de Cristo que se ha actualizado y hecho presente en el altar en favor de la salvación de los hombres y para remisión de los pecados.

anamnesis

     Dejemos que las mismas plegarias eucarísticas, con sus diversas formulaciones, hablen y nos formen y así las vayamos saboreando.

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    Obra maravillosa de su amor, del Señor del tiempo y de la historia, Alfa y Omega: la Eucaristía hace presente lo que ocurrió en el tiempo, en un momento concreto, y se despliega por la fuerza del Espíritu Santo en nuestro tiempo con toda su capacidad de salvar, redimir y santificar.

  

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15.01.20

Epíclesis y consagración (Plegaria euc.- V)

Desciende el Espíritu Santo, da fuerza y actualidad a las mismas palabras eucarísticas del Señor: “Tomad y comed…", “tomad y bebed…”

Estamos en el núcleo, en el centro de todo: la acción del Espíritu Santo da realidad y vida a los signos y las palabras y ya no son mero recuerdo, sino sacrificio y presencia real.

epiclesis

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El rito eucarístico no es una simple ceremonia, ni un recuerdo de algo pasado y confinado al ayer, ni un símbolo de fraternidad. Es el presente de Dios aquí para nosotros. No es memoria, sino memorial; no es ayer, sino hoy; no es recuerdo, sino Presencia.

Así lo ha entendido siempre la fe de la Iglesia, como ahora lo expresa el Catecismo de la Iglesia Católica:

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2.01.20

«Fuente de toda santidad» (Plegaria euc.- IV)

¿Cuántas veces no habremos oído, en la plegaria eucarística II, afirmar y rezar diciendo: “Santo eres en verdad, Señor, fuente de toda santidad”?

¿Tal vez apresuradamente, sin captar ni oír bien?

¿Tal vez sin pararnos a reflexionar en esa tremenda y gran afirmación?

Se afirma que Dios es santo y se afirma, igualmente, que la fuente de la santidad, de toda santidad, es Él. ¿No era el hombre bueno ya de por sí un santo? ¿No es la santidad un esfuerzo moral del católico comprometido? ¿No es la santidad la coronación de nuestros méritos porque ya somos buenos?

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     “¡Santo es el Señor!” Su santidad todo lo llena, la santidad es el adorno de su casa por días sin término (cf. Sal 92), agraciando al hombre con sus bienes, invitándolo a entrar en el ámbito de su santidad.

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30.12.19

"Es nuestro deber y salvación darte gracias" (Plegaria euc.- III)

     Una corriente de vida y de gracia desciende del cielo hasta nosotros; un canal, un torrente, se desborda para nuestro bien y nuestra santificación: es la Eucaristía, el don de Dios, el sacrificio de la muerte y resurrección de Cristo hoy en el altar mediante los signos sacramentales.

papa benedicto

    En la Eucaristía, Dios entra en nuestra vida: Cristo mismo en el Sacramento se nos da. ¡Gozo de la Eucaristía!, el cielo se hace presente en la tierra y nos eleva hasta Él. La liturgia, fuente y culmen de la vida de la Iglesia, glorifica a Dios y santifica a los hombres (cf. SC 10), y ahí caen todos los protagonismos, que tanto gustan, para centrarse humilde y discretamente en el único protagonista: Dios, el Misterio pascual de Cristo. Entonces la liturgia recupera su solemnidad, su sacralidad. ¡Estamos ante el Misterio de la salvación de Dios! Así puede nacer en nuestras almas el gozo de la Eucaristía.

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10.12.19

El Prefacio y el Santo (Plegaria euc.- II)

         “En la Plegaria Eucarística se dan gracias a Dios por toda la obra de la salvación y las ofrendas se convierten en el Cuerpo y en la Sangre de Cristo” (IGMR 72).

    El primer momento de la plegaria eucarística es el prefacio, la alabanza siempre dirigida al Padre, con el que la Iglesia, por Cristo y movida por el Espíritu Santo, da gracias al Padre.

    Deseamos en el principio de la plegaria que Cristo esté con su sacerdote y el Espíritu Santo actúe en su espíritu sacerdotal (“-y con tu espíritu”) para pronunciar santamente esta sagrada plegaria y que el Señor Jesucristo actúe por medio de su sacerdote.

   ¡Tenemos levantado el corazón hacia el Señor! Lo desatamos de las distracciones y ocupaciones materiales, lo despegamos de la tierra para que se levante con Cristo al Padre y busquemos las cosas de arriba, con esperanza teologal. Sumo recogimiento y fervor, devoción y atención cordial, amor de Dios y esperanza en Él: entonces la Iglesia por boca del sacerdote eleva la acción de gracias y expone los motivos de su alabanza.

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