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11.06.17

Rezar Laudes

 

  • No, no va dirigido este artículo a los sacerdotes y religiosos. ¿Por qué piensas que rezar Laudes es cosa de sacerdotes y de consagrados nada más? ¡No! ¡Error! Es oración de la Iglesia y la Iglesia la entrega a todos los bautizados. Algunos tienen la misión-obligación de garantizar que se rece siempre (sacerdotes y religiosos) pero no es una oración clerical: ¡también es para ti!

 

  • ¿Acaso los fieles seglares se tienen que conformar con migajas espirituales, un libro de algún pseudo-teólogo de moda releyendo el Evangelio a su modo? ¿O conformarse con dos oraciones vocales y pensar que ya es suficiente? ¿Acaso la liturgia no es vida espiritual para todos? ¡Pues rezar Laudes es cosa de todos!

 

  • Otra excusa muy difundida: ¡es que es muy complicado manejar el libro, el Diurnal! Vale, de acuerdo. Pero hoy puedes rezar Laudes cada mañana en páginas webs que te la ofrecen, como http://www.eltestigofiel.org/?idu=lt_liturgia  y con la edición argentina: http://liturgia.mrobot.eu/ . También hay aplicaciones que se descargan fácilmente. Te lo dan hecho. No hay que pasar páginas ni buscar nada. ¡Un problema resuelto!

 

  • ¿Qué son las Laudes? (En castellano es palabra femenina: las Laudes… no se dice: “Los Laudes"). La oración de la mañana que entona la Iglesia. Alaba a Dios, le bendice por el nuevo día y hace memoria de la resurrección del Señor, aquella bendita mañana de Pascua; también santifica toda la jornada, la consagra al Señor y hace el ofrecimiento de obras: ¡todo por Ti y para Ti, para tu gloria, Señor!

 

  • Vamos a ir paso a paso, y verás cómo todo tiene sentido en Laudes. Comienza por una invocación a Dios mientras nos santiguamos: “Dios mío, ven en mi auxilio. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre y al Hijo…” Pedimos que Dios nos auxilie, es decir, nos dé gracia suficiente para rezar con devoción, con fervor, con sentido interior. ¡Que podamos cantar siempre santamente sus alabanzas!

 

  • Después un himno. Suele hacer alusión o a la hora del día, la mañana, una nueva jornada, o al tiempo litúrgico (tonalidad de Adviento o de Navidad o de…).

 

  • Un primer salmo, llamado “matutino”, que suele hacer referencia a la mañana, o a un nuevo día, o a entrar en la presencia del Señor. Al principio cuesta orar con los salmos porque nos falta familiaridad con la Escritura. Cuando pasa el tiempo, nos vamos acostumbrando al lenguaje bíblico. También es un aliciente para coger una Biblia e ir estudiando cada salmo con las notas y comentarios. O tomar algún comentario patrístico a los salmos… Hay que pensar, al rezar cada salmo, que Cristo lo reza al Padre y le prestamos nuestra voz… o que la Iglesia-Esposa se lo dirige a Cristo, su Esposo. ¡Le encontraremos mucho más sentido!

 

  • Un cántico del AT, que tiene la forma de oración y plegaria, pero que no se encuentra en el libro de los salmos, sino en otros libros del AT.

 

  • El tercer salmo es un salmo de alabanza, bendiciendo al Señor en la mañana.

 

  • Después una lectura muy breve, apenas unos versículos, del AT o del NT –no del Evangelio, nunca del Evangelio- como un breve pensamiento espiritual que ilumine la jornada que comenzamos. El responsorio es nuestra respuesta a la Palabra de Dios. Vale la pena dejar una pausa de silencio aquí… aunque –no se nos pase por alto- también entre salmo y salmo se puede hacer una pausa de silencio y que el salmo cale en el corazón y lo meditemos brevemente.

 

  • Después el cántico evangélico: “Bendito sea el Señor, Dios de Israel…”, el Benedictus, que entonó Zacarías en el nacimiento de san Juan. Cada día, cada jornada, es un nuevo día de gracia y salvación donde nos visita Cristo, Sol que nace de lo alto. Al rezarlo, confiamos que la salvación de Dios siga avanzando, que su luz destruya toda tiniebla en nuestro mundo.

 

  • Las preces, a continuación, son la consagración del día. No intercedemos por los demás ni por el mundo; su tono es más bien el del ofrecimiento de obras al Señor.

 

  • El Padrenuestro corona las preces. Ya la Didajé, documento cristiano del siglo I, decía que el Padrenuestro se rezaba tres veces al día; así lo hace hoy la Iglesia: en Laudes, en Vísperas y en la Eucaristía.
  • Una oración final cierra el conjunto. Esta oración, en el tiempo ordinario, hace alusión al nuevo día que comenzamos; en los tiempos fuertes, sin embargo, es la oración propia del día, la oración colecta de la Misa.

 

  • Y después de esto, ¿qué? ¿Seguirás sin rezar Laudes? Cuando rezamos Laudes formamos parte de un coro inmenso, el de toda la Iglesia, que ese día va a rezar así, todos juntos, lo mismo, al Señor. Somos una pequeña partecita de la Iglesia. ¡Vale la pena! Así nuestra oración se hace oración litúrgica, con la Iglesia, modelada por la Iglesia, siendo educados espiritualmente por la Iglesia. ¡Atrévete a ello!