Si no hay coro, ¿se canta en la Misa dominical?

El coro parroquial presta un gran servicio con el canto litúrgico, fiel al texto del Ordinario de la Misa, sosteniendo el canto de todos en algunos momentos, ayudando siempre a la solemnidad y a la oración (Canto de entrada, el Gloria, el salmo responsorial, el Sanctus, Agnus Dei, canto de comunión).
Pero si no hay coro parroquial, ni organista siquiera, la Misa sigue requiriendo su solemnidad, su prestancia y calidad orante, el canto. No es normal, no es tampoco pastoralmente bueno, que si no hay coro (como suele suceder desde el Corpus hasta principios de octubre) o si el coro sólo canta en una de las varias Misas dominicales, no se cante nada porque el canto en la liturgia no es prerrogativa exclusiva del coro parroquial, sino que el canto es –cada cual en su nivel- del sacerdote, de los ministros y de los fieles a una voz.
La Misa dominical santifica el domingo, es la Gran Liturgia, pide, es connatural a ella, el canto, un tono reposado y solemne: ¡es el domingo, día del Señor resucitado!

Conviene distinguir los conceptos, para que queden claros, y luego poder llegar a síntesis luminosas que nos ayuden a conocer y luego aplicar la espiritualidad litúrgica.
La palabra “espiritualidad” se ha hecho corriente en el lenguaje cristiano, con significados complementarios: vida de perfección cristiana, tendencia al misticismo, vida espiritual… Espiritualidad es el modo peculiar de concebir y realizar el ideal de la vida cristiana.
Vamos a iniciar un recorrido, a lo largo de una serie de artículos, sobre la espiritualidad litúrgica, tan necesaria, y que es urgente educar en ella. A veces nos quedamos en controversias sobre la liturgia, su reforma, sus rúbricas, lo ceremonial…, sin llegar a ahondar en su espíritu y esencia. Y esto debe nutrir las almas. Buscamos a veces más el morbo en estas cuestiones en un blog y otro, que en penetrar en las esencias.





