InfoCatólica / Temas de Historia de la Iglesia / Categoría: América

27.08.09

Mujeres que han hecho historia en la Iglesia (II): Santa Rosa de Lima

PATRONA DEL PERÚ, LAS INDIAS Y FILIPINAS, PRIMERA FLOR DE SANTIDAD DEL NUEVO MUNDO

RODOLFO VARGAS RUBIO

Isabel Flores de Oliva nació el 30 de abril de 1586, en la festividad de santa Catalina de Siena, a la que profesaría a lo largo de su vida una gran devoción. Fueron sus padres el capitán de arcabuceros Gaspar Flores, natural de Puerto Rico e hijo de españoles “cristianos viejos”, y la limeña María de Oliva, también criolla o acaso con algún grado de mestizaje. Era la cuarta de los diez vástagos del matrimonio que sobrevivieron a la infancia (otros tres nacieron muertos o murieron muy pequeños). Se la bautizó con el nombre de su abuela Isabel de Herrera, pero pronto se la comenzó a llamar Rosa por haberla visto en la cuna las que la cuidaban con el rostro bellísimo y encarnado como esta flor.

Era una niña muy hermosa y de cabellos rubios, de los cuales se preciaba y que cuidaba con esmero. Cuando tenía cinco años, jugando con su hermano Hernando, éste se los ensució, lo cual provocó el enojo de Rosa, que se oyó decir: “Si te preocupas por tus cabellos, que sepas que por ellos van muchas almas al infierno”. Estas palabras resonaron en su alma como un trueno y desde entonces formó la resolución de apartarse de las vanidades del mundo y de hacer vida de penitencia, formulando voto de perpetua virginidad. Ayudaba en las labores domésticas a su madre y a las criadas, pues la situación económica del hogar de los Flores de Oliva era más bien modesta. Vivían en una casa grande con huerto, a espaldas del hospital del Espíritu Santo “para mareantes” y con fachada que daba al río Rímac.

Rosa había sido instruida en el catecismo por su abuela Isabel y tuvo el ejemplo próximo de su hermana Bernardina, cinco años mayor que ella y joven de extraordinaria piedad. Estas dos mujeres influyeron decisivamente en su formación y a ambas las perdió siendo todavía una adolescente. Era muy fervorosa y aprendió a rezar por medio de jaculatorias que podía repetir día y noche, incluso cuando se hallaba enfrascada en la costura, en la que era muy hábil. Siendo de siete años decidió que en adelante la llamasen sólo Rosa como quería su madre, al cual nombre añadió el apelativo de Santa María. Cuando tuvo 10 años hizo voto de ayunar a pan y agua todos los miércoles, viernes y sábados, días tradicionales de penitencia.

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23.08.09

Santos por las calles de Nueva York (I): Pierre Toussaint

PIERRE TOUSSAINT SUPERÓ CON LA CARIDAD CRISTIANA EL RACISMO Y DE LOS PREJUICIOS ANTICATÓLICOS DE SU ÉPOCA

La ciudad de Nueva York, considerada por muchos en cierto sentido la capital del mundo, es famosa por sus finanzas, su turismo, sus comercios, museos, teatros, y otros muchos aspectos que la hacen verdaderamente fascinante. Lo que muy pocos saben es que es una ciudad con profundas raíces religiosas y, por lo que a nosotros atañe, con una fuerte práctica católica hoy en día, representada por el alto número de fieles que asisten diariamente a la Santa Misa (muchos más proporcionalmente de los que lo hacen en ciudades tradicionalmente católicas del continente europeo) y las innumerables instituciones -antiguas y nuevas- de caridad promovidas por la Iglesia. Todo esto es fruto de la semilla sembrada por hombres y mujeres que vivieron y trabajaron es esta ciudad, a los cuales dedicamos una serie de artículos. Hoy comenzamos con uno de los personajes más conmovedores de toda la historia de la ciudad, el Venerable Pierre Toussaint, al que hasta los protestantes consideraban santo.

Pierre nació esclavo en Haití alrededor del año 1766. Haiti era por aquel entonces la colonia Francesa más rica del Caribe por sus numerosas plantaciones. En el costado occidental de La Española, isla donde Colón arribó por vez primera, los franceses fundaron Santo Domingo (actual Haití), que por mucho tiempo fue la más próspera de las colonias francesas. Atraídos por la riqueza de esas tierras, muchos miembros de la pequeña nobleza llegaron desde la metrópolis para hacer fortuna en las colonias. Entre ellos venía Jean Bérard, que obtuvo una rápida prosperidad gracias a sus plantaciones en la ciudad de Saint Marc.

Pierre y su familia pertenecían al señor Jean Bérard. Hacía mucho tiempo que su abuela Zenobe y su madre Úrsula prestaban significativos servicios como esclavas a la familia Bérard; una, llevando los hijos de su ama a París, para que recibieran una mejor educación, y la otra sirviendo como camarera íntima de la familia. La mayoría de los esclavos trabajaban en los campos produciendo azúcar, café, añil, tabaco y fruta, pero Bérard tomó gran aprecio a Pierre, asignándole a trabajar en su residencia. Allí le enseñó a leer y escribir. El Señor Bérard cuidaba de que sus esclavos practicaran la fe Católica y escogió a su hija para que fuese la madrina de Pierre. Una amiga de la familia declara: “Me acuerdo de Toussaint entre los esclavos, vestido con una chaqueta roja, muy ingenioso, entusiasta de la música y el baile, y dedicado a su joven y alegre señora.”

En 1791, cuando el clima de la Revolución Francesa alcanzó a sus posesiones de ultramar y por tanto también a aquella isla ocurrió, la gran revuelta de los esclavos en Haití. Ocurrieron muchas atrocidades de ambas partes hasta que finalmente las tropas francesas se retiraron en 1797. Jean Jacques Bérard, sucesor de su padre, decidió irse a la Ciudad de Nueva York hasta que se calmasen las cosas. Se llevó con él a su esposa, sus dos hermanas, cinco esclavos y, únicamente, los fondos suficientes para mantener el hogar por un año. Entre los esclavos que fueron estaban Pierre y su hermana Rosalie, los cuales nunca mas verían al resto de su familia. En Nueva York, Bérard gestionó para que Pierre fuese aprendiz del señor Merchant, uno de los mejores barberos de la ciudad. “En eso debe haber entrado la mano de la Providencia”, dirá Toussaint más tarde, al considerar cuán útil le fue esa profesión para dar cauce a su inmensa caridad. Pierre progresó rápidamente demostrando tener gran talento para los elaborados estilos de pelo de esos días, los clientes comenzaron a solicitarlo por nombre y rápidamente se convirtió en el estilista de las damas famosas de las familias Schuylers, Hamiltons, La Farges, Binsses, Crugers, Hosacks y Livingtons. Estimaban mucho a Pierre por su discreción y comportamiento: “Pierre Toussaint fue admirado por la aristocracia protestante blanca de Nueva York que lo trataba como un igual, le confiaba (sus preocupaciones) y se aconsejaba con él” (Christian Tyler, “Financial Times",14/15 Marzo de 1998). No hay que olvidar que en aquella época, dicha aristocracia no sólo era protestante, sino además, por lo general, tremendemente recelosa de todo lo católico.

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10.08.09

La evangelización de América (I): La sincera preocupación de los Reyes Católicos

DESDE EL PRIMER MOMENTO, LOS REYES CATÓLICOS SE INTERESARON POR LA EVANGELIZACIÓN DEL NUEVO MUNDO

Dejando aparte las leyendas negras que rodean a la Reina Isabel y a mucho de cuanto al descubrimiento de América se refiere, acudamos a los datos fehacientes de que disponemos para admirar la solidez de las bases religiosas que en esta gran obra se pusieron: Como es sabido, desde el momento en que Cristóbal Colón llegó de su primer viaje a Lisboa, Portugal (4 de marzo de 1.493) antes de presentarse ante los reyes, se difundió la existencia de un Nuevo Mundo, por lo que Fernando e Isabel, se apresuraron de dar cuenta del descubrimiento al nuevo papa Alejandro VI. El papa celebró la noticia con grandes festejos en Roma y contestó a Fernando e Isabel: “Os mandamos, en virtud de santa obediencia que así como prometéis, y no dudamos cumpliréis, destinéis a las tierras e islas susodichas, varones probos y temerosos de Dios, doctos, instruidos y experimentados, para doctrinar a los dichos indígenas y moradores en la fe católica e imponerles en las buenas costumbres, poniendo toda la diligencia de vida en los que hayáis de enviar” (Bula Inter Caetera, 6 de Mayo de 1493).

Por eso, vemos que en el segundo viaje, Cristobal Colón viene acompañado de Fray Bernardo Boil como vicario apostólico y también viajan con él, Fray Juan de la Duela y Fray Juan Tisin y Fray Ramón Pané. Este último resultó el primer etnógrafo de los nativos de La Española y el primer evangelizador al aprender la lengua de los habitantes de Macoris Abajo, logrando convertir a varios indígenas a la fe cristiana. Llegaron en el segundo viaje también, Diego Colón, hermano del Almirante, Ponce de León, Alonso de Ojeda, Diego Velázquez, Juan de la Cosa y unas 1.500 personas, entre labradores, acompañados de ganado, plantas, semillas -entre ellas semillas de arroz y caña de azucar listos para establecerse en las nuevas tierras. Al llegar a La Española, Colón fundó La Isabela, el primer poblado hispano del Nuevo Mundo, en el norte de La Española, oportunidad para que Fray Bernardo Boil, vicario apostólico cantara la primera Misa en el Nuevo Mundo, el 6 de enero de1.494 en la festividad de la Epifanía.

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