Schoenstatt cumple 100 años

LA OBRA DE UN SACERDOTE QUE SE ANTICIPÓ A SU TIEMPO

JOSÉ RAMÓN GODINO ALARCÓN

fundador

 En la primera mitad del siglo XX hubo una serie de sacerdotes -y obispos- que se anticiparon a los tiempos en los que vivían, comenzando a usar métodos apostólicos que para entonces eran novedosos (hoy ya no nos lo parecen) y no pocas veces fueron mirados con recelo por algunos. En cierto modo, muchos de ellos anticiparon lo que después consagraría de modo oficial el Concilio Vaticano II, aunque no pensasen en anticipar nada; simplemente se dejaban llevar por las inspiraciones del Espíritu, que sopla donde quiere. Uno de los sacerdotes que sin duda se anticiparon a su tiempo por el modo de concebir el apostolado de los laicos en la Iglesia fue el alemán Joseph Kentenich, conocido fundamentalmente por su obra: el movimiento de Schoenstatt. Su vida estuvo marcada por esta fundación que le acarreó alegrías y problemas en la vida a este sacerdote palotino.

Nació en Gymnich, cerca de Colonia, el 16 de noviembre de 1885, hijo natural de Matthias Jöpp, administrador de una granja y Katharina Kentenich, empleada doméstica en la misma granja. La vida familiar de los Kentenich no era sencilla, sus padres nunca se casaron, pero sabemos que la comunicación de José con su padre era fluida, y le  visitó en numerosas ocasiones. Legalmente era un hijo ilegítimo, por lo que tuvo que criarse en la casa de sus abuelos maternos, que acogieron a madre e hijo. La situación económica no era desahogada, su madre tenía que realizar trabajos de servicio doméstico para poder salir adelante, a veces, incluso, lejos de Gymnich. En 1891 madre e hijo se trasladaron a Estrasburgo, donde Katharina entraría al servicio de una familia acomodada. Las condiciones de la familia eran muy estrictas e impedían que madre e hijo permanecieran juntos, por lo que José fue internado en el Orfanato de Oberhausen en 1894, después de numerosas mudanzas y privaciones.

SchoenstattEste hecho marcó la vida de Joseph, por entonces un niño de 8 años. La soledad que sentía era inmensa y llenó el inmenso agujero que dejaba la ausencia de su madre encomendándose a la Virgen. Aquí el origen del carisma netamente mariano que introdujo en la Iglesia. Su madre, antes de despedirse de él, consagró a su hijo ante una imagen de la Virgen de Pompeya, a quien pidió que educase y cuidase del pequeño José. Ser educado y cuidado por la Virgen María sería uno de los puntos más importantes del método que desarrollará Kentenich. La acción de su madre de transmitir sus deberes maternos a la Virgen ayudó a José a entender que así como la Virgen educó a Cristo ahora tiene que educar a quienes se consagran a Ella para asemejarse más a Jesús.

Recibió la Primera Comunión en Oberhausen en 1897. El orfanato era dirigido por un sacerdote y asistido por religiosas, por lo que su espíritu religioso era cuidado. El mismo día de su Primera Comunión comunicó a su madre que quería ser sacerdote. Su madre le pidió que rezase mucho y reflexionase sobre su decisión, y ante la insistencia del pequeño aceptó su decisión. Aconsejada por el padre Savels, director del orfanato, Joseph pasó al seminario menor de Ehrenbreitstein, regentado por los padres palotinos, el 23 de septiembre de 1899. Allí realizó los estudios secundarios hasta 1904 para después estudiar la Filosofía y la Teología en Limburgo.

 El joven Kentenich destacó en estos años por su brillantez académica y por su inteligencia. Sorprendía a profesores y alumnos por su agudeza y su capacidad, pero lo que más sorprendía era su afán en buscar la verdad. Esta actitud le revestía de un espíritu profundamente crítico que impulsaba su producción intelectual, muy superior que la del resto de sus compañeros. Joseph era una promesa para la congregación, pero a sus dotes no le acompañaba la salud adecuada. Ya desde joven comenzó a sufrir problemas pulmonares, teniendo que estar convaleciente con frecuencia. Por fin pudo ser ordenado sacerdote el 8 de julio de 1910 en la capilla de la Casa de Misiones de los padres palotinos de Limburgo.

La congregación le destinó casi de inmediato a la formación y la educación. Fue destinado como profesor de Latín y Alemán en el Seminario Menor de los palotinos en el Valle de Schoenstatt. En 1912 recibió el encargo de ser director espiritual del mismo, una tarea delicada. Es entonces cuando comenzó a mostrar su vida interior, lo que durante años había cultivado en soledad y que emplearía entonces en su trabajo pastoral con los jóvenes seminaristas. El 19 de abril de 1914 fundó con un grupo de seminaristas una congregación mariana, algo muy común en Alemania y que tenía una orientación pedagógica clara. El 18 de octubre, junto a los miembros de la Congregación, realizó su consagración, conocida como “Alianza de amor”. El acto tuvo lugar en una pequeña capilla dedicada a la Virgen del jardín del seminario que utilizaban como lugar de reuniones.

La capilla, concretamente aquella pequeña capilla, tuvo una importancia capital en la vida del P. Joseph y de la naciente congregación mariana. Piden a la Virgen que se establezca en la capilla para que desde allí distribuya la gracia de Cristo, de la que es medianera y que transforme los corazones de los que a ella se acercan. La vida de la Congregación se estableció rápidamente. Los miembros se comprometían a ofrecer diariamente sus esfuerzos para lograr la santidad a través del fiel cumplimiento del deber, pidiendo que la Virgen los educase y moldease a imagen de Cristo. El objetivo era el surgimiento del “hombre nuevo” en una “comunidad nueva”, guiados por la Madre, en la que él pondrá toda su confianza: “¡Siempre de nuevo tengo que leer en el corazón de María, pues ningún otro libro aquí en la tierra nos guía más rápido hacia el cielo!”.

La Primera Guerra Mundial frenó muchos de los esfuerzos del P. Joseph. La guerra hizo que muchos seminaristas palotinos y miembros de la Congregación tuvieran que alistarse en el ejército. Los congregantes se comprometieron a buscar la santidad diariamente en las trincheras, lo que hará que el carisma naciente en Schoenstatt no sólo se desarrolle entre los seminaristas palotinos, sino que se extienda a aquellos que convivieron con los congregantes en el frente. Durante la guerra muchos de los congregantes murieron, algunos dando la vida de una forma heroica y cumpliendo su compromiso hasta el último momento. Algunos de ellos, como Joseph Engling, seminarista que dio la vida por llevar comida a sus compañeros a pesar de sus defectos físicos, se encuentran hoy en proceso de beatificación. El carisma de Kentenich, la consagración a la Virgen, daba en medio del dolor abundantes frutos.

Después de la guerra el carisma tomó fuerza y entre 1919 y 1920 se crearon la Federación Apostólica de Schoenstatt y la Liga Apostólica de Schoenstatt para expandir el carisma mariano más allá de los ambientes palotinos. Esto caló principalmente entre las mujeres, que rápidamente pidieron participar del carisma a través de la “Alianza de amor”, por lo que en 1920 tuvo que fundar la Federación de Mujeres de Schoenstatt. La actividad del P. Joseph y sus grupos apostólicos fue intensa durante los años 20. En 1926 fundó el primero de los seis institutos seculares que nacerán del carisma de Schoenstatt, las Hermanas de María de Schoenstatt.

La obra de Schoenstatt se extendió rápidamente fuera de Alemania. En 1933 el P. Joseph envió a grupos de Hermanas de María como misioneras a Sudáfrica, Australia y América con el deseo de que su espiritualidad llegase a los extremos más alejados del mundo. Él mismo desarrolló una intensa actividad pastoral impartiendo charlas pedagógicas, retiros para sacerdotes y matrimonios. Pronto vendrán sacerdotes de toda Alemania para realizar sus ejercicios espirituales con él. Empezó a ser conocido en Alemania como hombre de profunda fe. Se dice que un tercio de los sacerdotes alemanes hizo ejercicios con él, lo que suponía una revolución del clero alemán. La propuesta pedagógica y espiritual de Schoenstatt renovaba la fe de miles de personas y suponía un camino de renovación permanente.

Este camino chocaba con el ideario nacionalsocialista imperante por aquellos años en Alemania. El P. Joseph se opuso con claridad a los nazis, que miraban con preocupación los sucesos de Schoenstatt. Frente a la masificación social nazi y su absolutización del partido, él propondrá una pedagogía de libertad y decisión personal, algo que, aunque no era ninguna ideología concreta, se oponía directamente a la propaganda oficial nazi. La forma de educar orientada a la luz de la piedad mariana se enfrentó al nazismo. Las banderas con imágenes marianas, las canciones que propugnaban ser hijos de Dios, no pertenecientes a una raza o partido, obstaculizaban la propaganda nazi entre los católicos, por lo que pronto se atrajo los ataques del aparato estatal. Evidentemente el fundador del movimiento estaba en peligro, aunque no cesó en su actividad.

En 1941 tras predicar un retiro para sacerdotes en Koblenza fue detenido. Al año siguiente es enviado al campo de concentración de Dachau. Según testimonios posteriores el P. Joseph pudo haberse librado del campo de concentración, pero prefirió no escapar porque veía en el campo de concentración un signo de Dios, entregándose como prenda por el movimiento de Schoenstatt y por Alemania. Allí compartirá el dolor con miles y miles de personas víctimas de la opresión nazi, incluyendo numerosos sacerdotes y obispos.

La estancia en el campo se prolongará hasta la liberación del campo en 1945. Durante estos años el P. Joseph cuidará de los numerosos sacerdotes internados, prestando ayuda material y espiritual. Vivía la dirección espiritual y la espiritualidad mariana, incluso en situaciones tan adversas. Es justo en esta circunstancia cuando fundó el Instituto de los Hermanos de María y el Instituto de Familias. Además funda en 1944 con sacerdotes de otros países la Internacional de Schoenstatt. La estancia de Kentenich en Dachau y su sacrificio fueron determinantes para el fortalecimiento de su movimiento, que se puede decir nació bajo el signo de la cruz. Durante estos años creció su paternidad espiritual; el paso por la tribulación supuso una profundización en el carisma y el amor a la Iglesia.

El 18 de octubre de 1944, todavía preso, el P. Joseph decidió que Schoenstatt debía extenderse por todo el mundo. Así,  tras la guerra, comenzó una serie de viajes por todo el mundo para extender el movimiento. En 1947 visitó a Pío XII para exponerle su obra y dedicó los siguientes años a visitar los centros fundados en todo el mundo por las Hermanas de María. Se dedicó a esta tarea hasta 1952: afianzar las fundaciones e impulsar la creación de santuarios marianos idénticos al de Schoenstatt para crear una red en todo el mundo desde la que los “aliados” se encomiendan a la Virgen. Su influencia era enorme, por lo que pronto comenzaron a surgir incomprensiones, tanto dentro como fuera de la fundación. Sus formas pedagógicas eran muy distintas a las usadas por la Iglesia de la época. Todos participaban de Schoenstatt, pero muchos veían la espiritualidad demasiado moderna, por lo que pidieron una visita apostólica.

Las conclusiones de las investigaciones fueron positivas. Sólo decía que ciertos métodos pedagógicos debían ser reconsiderados, algo a lo que se opuso decididamente el P. Joseph porque eran los pilares del movimiento. Su intenso intercambio epistolar con las autoridades eclesiásticas introdujo un clima enrarecido en las relaciones, lo que provocó que ante la dureza de las respuestas del fundador las autoridades se indignaran y calificaran la respuesta como desproporcionada. Su comportamiento crítico y enérgico fue entendido entonces como un ataque. Se decidió que Kentenich sería apartado del movimiento hasta que se esclarecieran algunos puntos.
Para alejarle de todo lo que tuviera que ver con Schoenstatt fue enviado por sus superiores a la casa de los palotinos de Milwaukee, en los Estados Unidos. El alejamiento se complicó y se convirtió en un exilio de 14 años. El, aceptando la cruz del Señor como medio de su santificación, dirá: “Sí, Padre, sí, que se haga siempre tu voluntad, ya sea que me traiga alegría, sufrimiento o dolor”. Durante todo este tiempo el P. Joseph nunca se pronunció en contra de la Iglesia ni de los eclesiásticos, confiando en que en algún momento comprenderían su carisma. La obediencia a la Iglesia no le impedía vivir su carisma, esperando tiempos mejores.

En 1965, después del Concilio Vaticano II y del intenso debate interno provocado por la conveniencia o no de seguir vinculando el movimiento a los palotinos y, en concreto, a Kentenich, Pablo VI restituyó al fundador en todos sus cargos reivindicando su figura. El revuelo en los ambientes eclesiásticos fue mayúsculo y llenó de alegría a los miembros del movimiento. Kentenich era asemejado a los grandes fundadores religiosos que habían sufrido, pero habían triunfado desarrollando su carisma. El P. Joseph decidió dejar ese mismo año la congregación de los palotinos, entre quienes no había unanimidad sobre su persona. Se incardinará en Münster y fundará el Instituto Secular de los Padres de Schoenstatt con el fin de reunir a aquellos que encontraban en el santuario su vocación y que se habían hecho palotinos para seguir el carisma de Kentenich.
 El fundador regresó al santuario en Navidad de 1965, donde permaneció hasta su muerte. Se dedicó a formar y a comunicarse con los dirigentes del movimiento en todo el mundo intentando aplicar las líneas pastorales del Concilio Vaticano II, de las cuales muchos le consideraban precursor.

Falleció a causa de un paro cardiaco el 15 de septiembre de 1968 después de haber celebrado la Misa. Su tumba, instalada en el mismo lugar de su muerte, tiene el simple epitafio “Amó a la Iglesia”. Su proceso de canonización comenzó en 1975 y avanza lentamente, en la actualidad es Siervo de Dios y referente para todo el movimiento de Schoenstatt.           

1 comentario

  
Elena Ayuso
Estoy echando un vistazo a este blog de inficatolica.com, y me he detenido a leer el texto completo sobre movimiento de Schoenstatt...
Hace unos años, caminando un domingo por la calle de Serrano de Madrid, frente a la residencia del embajador de Erancia, vi que entraba mucha gente en el jardín de un chalet... Al acercarme, pude darme cuenta deque ell paso era franco... Yo también entré... En el jardín que había tras el chalet, (situado erca de la calle Mafia de Molina), había una minúscula capillita dedicada a una imagen de la Virgen bajo un nombre impronunciable para mi: SCHOENSTATT... Y oí a alguien decir: "Un Santuario a Maria en el centro de la Ciudad...
Al leer este texto de infocatolica.com, he sabido el origen de la capillita recóndita que vi un día en la parte más señorial de Madrid.
24/11/15 7:48 PM

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