La injusticia histórica que todavía rodea la figura del Cardenal Stepinac

La leyenda negra inventada por los comunistas que sigue engañando a muchos

Aparece en la prensa de estos días que una asociación de víctimas del Holocausto se ha declarado decepcionada por la visita del papa Benedicto XVI a la tumba del cardenal Aloysius Stepinac, beato mártir de la Iglesia católica, al que ya en vida acompañó la polémica por las acusaciones que recibió de haber tenido un papel ambiguo durante el régimen pro-nazi ustasha. “Los supervivientes del Holocausto se unen a todas las víctimas del régimen pro-nazi Ustasha expresando su decepción por el homenaje del papa Benedicto XVI al cardenal Stepinac", recalcó en un comunicado Elan Steinberg, de la asociación estadounidense “American gathering of Holocaust Survivors and their Descendants". “Stepinac era un defensor ardiente de los ustashi cuyas crueldades fueron tan extremas que incluso chocaron a algunos de sus jefes nazis", añadió Steinberg en este comunicado.

La cosa, como ya se ha dicho, no es nueva, empezó en la vida del Arzobispo. Esta fue la acusación por la que fue encarcelado al llegar al poder los comunistas al final de la Segunda Guerra Mundial: colaboración con el régimen Ustasha de Ante Pavelić, títere de Hitler y líder del Estado Independiente de Croacia durante la Segunda Guerra Mundial. La propaganda comunista sobre Stepinac, creado cardenal por el papa Pío XII en 1952 (motivo por el que Yugoslavia rompió relaciones diplomáticas con la Santa Sede), dejó sentir su influencia en la polémica mediática que surgió en 1998, cuando Juan Pablo II le beatificó, declarándole mártir.

Estas influencias ideológicas todavía se pueden constatar en algunas de las biografías de Stepinac publicadas, según idiomas, por la conocida enciclopedia digital Wikipedia: Mientras que la versión española presenta al cardenal como colaborador del Eje nazi, en croata aparece como la voz que se alzó en su país contra las leyes nazis y la persecución de los judíos. En inglés, la enciclopedia colaborativa subraya su obra a favor de los judíos y los perseguidos del nazismo, aunque le presenta como colaborador del régimen Ustasha; algo en lo que difiere la edición en francés, mostrando cómo apoyó al Estado Independiente Croata, pero condenó con fuerza los atropellos de su régimen.

La cuestión nos retrotrae a la segunda guerra mundial. El l6 de abril de 1941 Adolf Hitler atacó el Reino de Yugoslavia, como parte de su plan para conquistar Europa y el mundo, e inmediatamente se hizo patente que la Wehrmacht (Fuerzas Armadas alemanas) contaba con poderosos grupos a sus órdenes dentro del estado yugoslavo. El ejército yugoslavo, inmerso en una lucha a vida o muerte contra las fuerzas abrumadoramente superiores de los invasores nazis, tuvo que enfrentarse desde el principio a grupos militares que luchaban a favor del enemigo dentro de su propio frente. Eran los llamados destacamentos terroristas ustashi que, bien colaborando estrechamente con los sacerdotes católicos romanos miembros de la Ustasha, o bien actuando bajo sus órdenes directas, atacaban y desarmaban las unidades aisladas del ejército yugoslavo y ponían en peligro sus vías de comunicación.

Entre explosiones provocadas por la Wehrmacht y acciones de los ustashi el ejército yugoslavo resistió heroicamente hasta ser derrotado tras dos semanas de lucha. La wehrmacht ocupó seguidamente algunas zonas del país y otras fueron entregadas a los ustashi, que establecieron un régimen controlado por los nazis al que llamaron Estado Independiente de Croacia (NDH, Nezavisna Drzava Hrvatska). Desde el principio se hizo patente que en este nuevo estado títere el poder residía por completo en manos de los ustashi y de sus colaboradores. Muy pronto una ola de terror asoló el recién constituido estado. De los 80.000 judíos de Yugoslavia, 60.000 fueron asesinados, la gran mayoría en Croacia.

Aloysius Stepinac había sido ordenado sacerdote en 1930, y sólo cuatro años más tarde Pío XI lo nombró arzobispo coadjutor de Zagreb: a sus 36 años, era el obispo más joven del mundo. Poco conocido incluso por sus propios fieles, se ganó pronto la estima del pueblo. Inmediatamente después de su consagración episcopal hizo, a pie, la tradicional peregrinación anual de la diócesis al santuario mariano de Marija Bistrica. Siguió haciéndolo año tras año mientras le fue posible, hasta 1946.

El predecesor de Stepinac en la sede de Zagreb, Mons. Antun Bauer, le confió en seguida importantes responsabilidades. En sus primeros tres años de servicio, el arzobispo coadjutor visitó más de la mitad de la diócesis y administró la Confirmación en más de doscientas parroquias. Como recuerda Mons. Josip Bozanic, actual arzobispo de Zagreb, en una carta pastoral publicada en marzo pasado, con ocasión del centenario de Stepinac, “allí donde él iba, se podía ver el nuevo aliento pastoral". Stepinac revivió las asociaciones católicas ya existentes e impulsó otras iniciativas. Pese a la escasez de medios, en 1942 ya había establecido doce nuevas parroquias en la diócesis.

A la muerte de Mons. Bauer, a finales de 1937, Stepinac asumió el gobierno de la diócesis. Su primera preocupación fueron sus sacerdotes y seminaristas. Todo su sueldo de Arzobispo era empleado para pagar los gastos de escolaridad de los alumnos de escasos recursos. Como recuerdo de los años pasados en el Seminario Romano: el Germanicum, hizo abrir el viejo castillo Mokrice para que los seminaristas pudieran pasar allí sus vacaciones en medio de una maravilloso paisaje. Tiempo después, cuando se encontraba detenido en su pueblo natal, Krasic, Stepinac continuará supervisando atentamente la vida del seminario.

Seguía siempre de cerca, las acciones e iniciativas de sus sacerdotes. Estos apreciaban las cualidades oratorias de su Obispo, que los alentaba. Para acercar a los sacerdotes de lugares alejados, organizó las reuniones de decanato. Sin cesar les repetía que los sacerdotes no debían mezclarse en política y continuamente daba el ejemplo. Instituyó ejercicios espirituales mensuales para el clero de Zagreb y de la provincia. Sus discursos se dirigían también al pueblo entero, eran como la savia para el árbol. Los ayudaba a sobrevivir en una sociedad donde se enfrentaban tantas fuerzas contradictorias.

En 1936 Stepinac decidió apoyar a un comité que trabajaba en favor de los desplazados que huían del nazismo. A finales de 1938, después de escribir a los obispos serbios para que se solidarizaran con la causa, fundó Acción para la Ayuda a los Refugiados Judíos. En enero siguiente, envió una carta a 300 católicos acomodados en petición de dinero para la organización. Ya en marzo de 1938 había denunciado la ideología nazi ante un grupo de universitarios: “La Iglesia, en lo que respecta a la raza, proclama este principio: ¡lo que no quieres que hagan contigo, no lo hagas tú con los demás! (…) Amar la propia nación no es incompatible con querer a la humanidad entera; una cosa complementa a la otra. Todos los pueblos son hijos de Dios".

Durante la II Guerra Mundial, Stepinac multiplicó sus iniciativas en favor de los perseguidos. En 1941, tras la ocupación alemana, se proclamó el Estado independiente de Croacia. Al principio, el arzobispo acogió favorablemente el nuevo gobierno: confiaba en que aseguraría los derechos de los ciudadanos y la soberanía nacional. Pero pronto se desengañó, cuando comenzaron las persecuciones contra las minorías. Ya en abril de ese año elevó al Ministerio del Interior una protesta formal contra las primeras leyes racistas, que prohibían los matrimonios mixtos. En mayo protestó directamente al presidente de Croacia, Ante Pavelic, contra la persecución de los serbios ortodoxos. En julio volvió a escribirle una carta, en la que decía: “Como arzobispo y representante de la Iglesia católica, me permito llamar su atención sobre ciertos acontecimientos que me causan hondo dolor. Estoy seguro de que apenas habrá alguien que se atreva a señalarlos, así que es mi deber hacerlo. He oído de diversas fuentes noticias sobre tratos inhumanos y crueles a los no arios…". El 16 de octubre habló abiertamente contra las leyes racistas desde el púlpito de la catedral de Zagreb y exigió el fin de las persecuciones raciales y religiosas.

Fundada por Mons. Stepinac, “Caritas” distribuyó gratuitamente y sin distinción de raza o religión, vagones de alimentos entre los hambrientos. Aunque con dificultades, logró obtener la autorización de reunir a todos los pequeños niños que habían quedado sin padres ni hogar en los campos. Stepinac los ubicaba en las casas de familias dispuestas a albergarlos mediante el cobro de una pensión que el Arzobispo tomó completamente a su cargo. Logró instalar cerca de 80 de estos niños en el castillo de Brezovica, propiedad del Arzobispado, y confió a las monjitas de Notre Dame su cuidado. A menudo iba a ver a estos chicos y estos pronto lo adoptaron y lo amaron. Así, desde 1942 a 1944, salvó del hambre y de la muerte a 6.717 niños, de los cuales alrededor de 6.000 era descendientes de ortodoxos o de padres que se habían incorporado a los “partisanos” de Tito.

Cientos de familias de Zagreb participaron así de esta obra de amor de los croatas católicos hacia todos los niños sin distinción. Esta inmensa cantidad de niños salvados por Mons. Stepinac fue la obra más meritoria realizada en tiempos de guerra. Daba audiencias, a menudo prolongadas, a todas las personas que tenían problemas, los consolaba, buscando junto a ellas las soluciones. Nunca se mostraba cansado, recibía a todo el mundo, modestamente, siempre dispuesto a hacer hasta lo imposible por ayudar. En el inicio de la guerra, las audiencias eran solicitadas, sobre todo, por los ortodoxos y los judíos puesto que eran los más expuestos a la persecución. Stepinac siempre los ayudaba con entereza, pero sus intervenciones no eran muy bien vistas por el gobierno. Cuando Ante Pavelic ordenó tomar represalias contra los serbios, Mons. Stepinac hizo de todo para defenderlos o salvarlos de la muerte. Logró así salvar a miles de personas de la muerte. Escribió muchas veces a Pavelic diciéndole que no tenía derecho a actuar así, para vengarse de veinte años de inhumana dictadura serbia intentando despertar su sentido humanitario. Siempre hizo lo posible para mitigar el dolor de los desdichados.

Muchas veces, pidió autorización a Ante Pavelic para que los sacerdotes pudieran entrar en los campos para asistir a los moribundos y a los que los reclamaban. Stepinac solicitó también a Pavelic que intentara paliar la situación de los prisioneros, permitiendo que “Caritas” de Zagreb distribuyera provisiones al menos en Navidad. Desde que los alemanes invadieron Croacia, comenzó a sentirse la dura mano del nazismo, especialmente por la primera ley para los judíos, quienes debían llevar un brazalete con la estrella amarilla. En vano el Arzobispo reclamaba, protestando ante esta injusticia. Sometido a la voluntad de alemanes e italianos, Pavelic ejecutaba ciegamente sus órdenes. Mons. Stepinac logró, al menos, evitar que se disolvieran los matrimonios mixtos hasta fines de la guerra. Desde que las tropas de Hitler ocuparon Eslovenia, la Gestapo, adversaria de la Iglesia Católica y de los pueblos eslavos, comenzó a eliminar a los sacerdotes, a los religiosos y religiosas, quienes fueron a refugiarse a Croacia. Mons. Stepinac dio refugio a 300 sacerdotes eslovenos en su presbiterio y comprometió a sus colegas del Episcopado a refugiar a otros tantos.

Por su amor completamente evangélico por el prójimo, superó largamente lo que su deber como Arzobispo le exigía. Este amor por la humanidad le acarreó problemas en Zagreb, donde estaban instalados los alemanes, la Gestapo y sus subordinados.

En 1943, enterado de la existencia del campo de prisioneros de Jasenovac -donde fueron asesinadas no menos de 85.000 personas-, protestó públicamente. “Las diferencias raciales -dijo entonces- no pueden ser motivo para matar. La Iglesia no estaría a la altura de su misión si no alzara su voz en defensa de todas las víctimas de injusticias, sin hacer distinción de razas". Del año siguiente son estas otras palabras suyas: “No podemos permitir que se mate a inocentes… Nosotros siempre predicaremos los principios sagrados de la ley de Dios, que afectan a todos: croatas, serbios, judíos, gitanos, católicos, musulmanes, ortodoxos o cualesquiera otros".

A principios de 1945, los rusos invadieron Alemania, la cual en poco tiempo perderá la guerra. Los alemanes se retiran de los Balcanes y de Croacia. En cuanto a los partisanos, éstos ganan cada vez más terreno. Aterrorizados, los croatas se repliegan por cientos de miles hacia el oeste, hacia Austria e Italia, hacia un advenir incierto. En Belgrado se instaló el gobierno surgido del acuerdo Tito-Subasic, habiendo este último regresado ya de Londres. Por su parte, Ante Pavelic mandaba fusilar a los prisioneros.

Mons. Stepinac intervino sin descanso ante él para detener estas horribles represalias. Durante este tiempo, el Arzobispo sufrió y luchó intentando salvar a Zagreb. Por venganza, los alemanes querían volar toda la ciudad, ya habían instalado minas en los desagües, pero después de largas y difíciles gestiones, la intervención del Arzobispo triunfó: los alemanes aceptaron retirar las minas antes de su partida.

Tiempo después, como los partisanos comunistas querían tomar la ciudad, fue necesario persuadir al general de los ustachis, Luburic, para que no defendiera Zagreb hasta el último hombre, como era su deseo. También así Mons. Stepinac logró salvar la capital de Croacia. Mons. Stepinac a quien se le recomendó partir, respondió: “Suceda lo que suceda, me quedaré con mi pueblo y esperaré". El 8 de mayo de 1945, día de su aniversario, el ejército de los partisanos entró en Zagreb.

Comenzaron los interrogatorios. Fue retirada la cruz de las paredes de las aulas, se abolió la oración en las escuelas. Las capillas de las instituciones religiosas fueron transformadas en dormitorios. La propaganda atea se esparcía por todos lados, la juventud y los empleados debieron trabajar el domingo y días de fiesta desde las 9 horas hasta el mediodía; se les impedía de esta forma asistir a la Misa que, en esa época, sólo se celebraba por la mañana. Se encarceló a los sacerdotes y a los Obispos.

La propaganda comunista montó entonces la leyenda negra acerca del Arzobispo Stepinac para denigrarlo ante el pueblo que tanto le quería y justificar su detención. Cuando a raiz de la supuesta investigación se declaró que se habían obtenido pruebas de la complicidad del arzobispo con el atroz régimen de Ante Pavelic, pruebas que nunca se mostraron, el gobierno yugoslavo informó al Vaticano y solicitó la expatriación de Stepinac. Lo que ocurrió fue descrito por el general Tito en su discurso pronunciado en Zagreb el 31 de octubre de 1946:

“Cuando el delegado papal, el obispo Hurley, me visitó por primera vez, le planteé el caso de Stepinac: Llévenlo fuera de Yugoslavia – dije - de otro modo nos veremos obligados a arrestarlo. Advertí al obispo Hurley sobre el procedimiento que debíamos seguir. Hablamos sobre el tema con todo detalle. Le informé sobre las numerosas actividades hostiles que Stepinac había llevado a cabo contra nuestro país. Le entregué un archivo con pruebas documentadas de los crímenes cometidos por el arzobispo. Esperamos cuatro meses sin recibir respuesta. Tras esto las autoridades competentes arrestaron a Stepinac y fue llevado a juicio como cualquier persona que cometa algún delito contra el pueblo".

Según el testimonio del abate Stjepan Lackovic, secretario de Mons. Stepinac, el Arzobispo fue llevado a prisión como consecuencia de una treta de los comunistas, el 17 de mayo de 1945: “Aquel día, a las 11,45 hs. más o menos, un coronel del ejército de Tito se presentó, bajo el nombre de coronel Knezevic, en la secretaría del Arzobispado. Me pidió que lo llevara ante el Obispo. Después de haber anunciado su presencia a Mons. Stepinac, lo conduje a su gabinete de trabajo. Esperé entonces en la antecámara, pues el coronel debía salir un cuarto de hora después. Al cabo de cinco minutos, me sorprendió mucho ver salir al coronel acompañado por el Arzobispo. Monseñor que vestía una simple sotana negra, tomó su impermeable y su sombrero.”

El 3 de junio, los obispos croatas exigieron su liberación como medida previa a toda negociación. Todas las campanas de Zagreb se callaron y la procesión del Corpus Christi queda anulada. Ante aquel inesperado movimiento de resistencia, Tito dio su brazo a torcer y manda liberar a Monseñor Stepinac.

En una carta pastoral fechada el 20 de septiembre de 1945, los obispos católicos de Yugoslavia advirtieron que 243 sacerdotes habían sido asesinados desde el final de la guerra y que 258 han sido encarcelados o habían desaparecido. A continuación, constatando la parálisis de los seminarios, los estragos ejercidos en la juventud por parte de la propaganda atea y la inmoralidad amparada por el Estado, condenan solemnemente “el espíritu materialista e impío que se extiende por nuestro país”.

En octubre de 1945, con motivo de una visita pastoral, el automóvil de Monseñor Stepinac fue asaltado por los comunistas y los cristales son rotos a pedradas. La víspera del atentado, la milicia había amenazado al prelado con represalias si llevaba a cabo aquella visita. “De todas formas, señala el arzobispo, solamente se muere una vez; pueden hacer lo que quieran, pero nunca dejaré de predicar la verdad; no temo a nadie más que a Dios, y mi deber sigue siendo el mismo: salvar almas”.

Desde noviembre de 1945, Monseñor Stepinac dejó instrucciones para administrar la Iglesia en el caso de que fuera encarcelado. El 17 de diciembre, en un mensaje al clero, se defiendió de todas las acusaciones que se le atribuían mediante las siguientes frases, que son un resumen de su vida y que explican la fortaleza de su alma: “Tengo la conciencia limpia y en paz ante Dios, que es el más fidedigno de los testigos y el único juez de nuestros actos, ante la Santa Sede, ante los católicos de este Estado y ante el pueblo croata”.

El 18 de septiembre de 1946, a las 5 de la madrugada, la milicia irrumpió en el arzobispado y se precipita hacia la capilla donde está rezando el prelado. Conminado a seguir a los policías, respondió: “Si estáis sedientos de mi sangre, aquí me tenéis”. El 30 de septiembre, comenzó un proceso que el Papa Pío XII calificará de “tristissimo”. Gracias a la fortaleza propia de una conciencia recta y pura, Monseñor Stepinac no desfallece ante los jueces. El 11 de octubre escuchó la injusta sentencia que se pronuncia contra él, que le condena a prisión y a trabajos forzados durante dieciséis años “por crímenes contra el pueblo y el Estado”. “Las razones de la persecución que padeció y del simulacro de juicio que se organizó contra él, dirá el Papa Juan Pablo II el 7 de octubre de 1998, fueron su rechazo a las insistencias del régimen para que se separara del Papa y de la Sede Apostólica, y para que encabezara una ‘Iglesia nacional croata’. Él prefirió seguir siendo fiel al sucesor de Pedro, y por eso fue calumniado y luego condenado”.

El 5 de diciembre de 1951, cediendo a las presiones internacionales, el gobierno yugoslavo consintió en trasladar al arzobispo a Krasic, su ciudad natal, bajo libertad vigilada. Mientras tanto, el gobierno yugoslavo intentó a cualquier precio provocar una ruptura de los católicos croatas con Roma y fundar una iglesia nacional cismática, con objeto de incorporar a los croatas a la Iglesia ortodoxa serbia. A tal efecto, se llegó a crear una asociación de los santos Cirilo y Metodio que agrupaba a sacerdotes patriotas y devotos del régimen.

Durante todos aquellos años de reclusión forzosa, el cardenal Stepinac adopta la actitud espiritual que ordenó Nuestro Señor Jesucristo: Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persigan (Mt 5, 44). Persevera hasta el final en su resolución de perdonar, y se le oye rezar por sus perseguidores y repetir en voz baja: “No debemos odiar; también ellos son criaturas de Dios”.

A finales de 1952 tuvo que ser operado de una pierna y, al año siguiente, se le declaró una grave enfermedad de la sangre, cuya causa se debía, según los médicos, a los malos tratos padecidos. Se le dispensaron muchos cuidados médicos, pero él se negó a ser tratado en el extranjero, como habría sido necesario. En noviembre de 1952, Tito decidió romper las relaciones diplomáticas con el Vaticano, dando simultáneamente la orden a su policía de impedir cualquier visita a Krasic. En 1953 el Arzobispo fue creado Cardenal por Pío XII, pero no se atrevió a ir a Roma por si no le dejaban volver, además de tener la salud ya basstante malograda. Los guardianes del prelado (que eran más de treinta en 1954) le insultaban y se burlaban de él de todas las maneras posibles. Así, en su proceso de beatificación se llegó a la conclusión de que su muerte fue la consecuencia de los catorce años de aislamiento injusto, de presiones físicas y morales constantes y de sufrimientos de todo tipo.

En su «testamento espiritual» escribe lo siguiente: “Pido sinceramente a cualquier persona a la que hubiera podido hacer daño que me perdone, y perdono de todo corazón a todos los que me han hecho daño… Queridísimos hijos, amad también a vuestros enemigos, pues así nos lo ha mandado Dios. Seréis entonces hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace que el sol salga para los buenos y para los malos, y que hace que llueva tanto para los que hacen el bien como para los que hacen el mal. Que la conducta de vuestros enemigos no os aleje del amor hacia ellos, pues el hombre es una cosa pero la maldad es otra bien distinta”.

Benedicto XVI, honrando la memoria del santo Arzobispo y a la vez saliendo al paso de los que todavía sostienen la leyenda negra sobre su persona, dijo el pasado domingo en Croacia: “Por su firme conciencia cristiana, supo resistir a todo totalitarismo, haciéndose defensor de los judíos, los ortodoxos y todos los perseguidos en el tiempo de la dictadura nazi y fascista, y después, en el período del comunismo, ‘abogado’ de sus fieles, especialmente de tantos sacerdotes perseguidos y asesinados”.

8 comentarios

  
historiador
Esto es puro revisionismo.
07/06/11 1:55 PM
  
Esteban
No es por nada pero lo de las conversiones forzosas y lo de las relaciones con el regimen de Pavelic, esta mas que comprobado, luego quedrán "desmitificar" a Alois Hudal y a Monseñor Orsenigo
08/06/11 5:52 AM
  
Alberto Axt
"no temo a nadie más que a Dios, y mi deber sigue siendo el mismo: salvar almas"
Conmovedor testimonio de fidelidad a Dios y amor por las almas.
Cuanta falta nos hacen obispos cómo Mons Stepinac!!!

Mons Stepinac Ora Pro Nobis.
08/06/11 8:27 PM
  
cargomav
Mons. Stepinac Ora Pro Nobis.
11/06/11 4:05 AM
  
Faramir
Estimado HISTORIADOR:

¿Nos puede indicar en qué miente o se equivoca el artículo sobre el cardenal Stepinac?

Estimado ESTEBAN:

La mayoría de los croatas apoyó la constitución de un Estado croata. Que Yugoslavia era un rompecabezas pegado con saliva se ha visto claramente: ha durado poco más de 80 años y se ha disuelto dos veces; existió debido a sendas victorias militares, la primera de los serbios y la segunda de los comunistas.
Ah, el Vaticano jamás reconoció a Croacia en la Segunda Guerra Mundial
13/06/11 3:51 PM
  
Enrique
Solo un apunte. La resistencia del ejército yugoslavo durante la invasión alemana no tuvo nada de heroica. A pesar de ser un terreno relativamente fácil para la defensa, la conquista de Yugoslavia fue más fácil que la de cualquier otro país ocupado por los alemanes durante la SGM, con la excepción de Dinamarca donde prácticamente no hubo lucha. Posiblemente fueran la divisiones y enfrentamientos entre serbios y otros yugoslavos las causantes de tan baja efectividad, pero lo cierto es que las fuerzas armadas alemanes no tuvieron más de 600 bajas para conquistar un país con un ejército de varios cientos de miles de soldados.
28/06/11 12:10 PM
  
otro historiador, pero de verdad
Dice el nene con voz eunucoide: "esto es purto revisionismo, esto es puro revisionismo...se lo voy a decir a Leire Pajín, hala."

Este país solo produce idiotas.
12/07/11 10:36 PM
  
jose
Vergonzoso artículo.
13/08/16 4:48 PM

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