9.10.21

Necios y Malvados (II): Toledo y Canfranc

“El número de necios es infinito", decíamos en el post anterior citando a san Jerónimo y remontándonos a Cicerón. Y no te digo nada si al número de necios añadimos el de los malvados.

Esta semana acabamos de tener ejemplos de necedad más que notables. Por ejemplo, el del deán de la Catedral Primada de Toledo que trató de justificar lo injustificable hasta el punto de hacerle dudar a uno de si el tal deán es tonto o malo. Si es tonto, malo. Si es malvado, peor. Porque permitir rodar un video blasfemo y sacrílego en la Catedral puede ser un error que uno reconoce, pide perdón, deja el cargo y se pone a disposición de su arzobispo para irse de misiones a Afganistán o para ingresar en un convento de vida contemplativa de clausura para los restos, y aquí paz y después gloria.

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7.10.21

Necios y Malvados

“El número de necios es infinito”, escribió san Jerónimo, autor de la Vulgata, en el Libro del Eclesiastés («Stultorum infinitus est numerus»). En realidad, al parecer, la frase de san Jerónimo procede de Cicerón, que en una carta escribió: «Stultorum sunt plena omnia», «Todo está lleno de necios» (Ad familiares, 9.22.4). El caso es que los necios abundan como las arenas del mar y como las estrellas del cielo.

Es necedad pensar que el hombre es una especie de virus que hace enfermar a la pobre Madre Tierra, como si nuestro planeta fuera una especie de ser vivo o diosecillo pagano pensante, sensible y consciente que sufre y padece una enfermedad que somos nosotros mismos. Hay que ser muy, muy necio para decir que hoy nuestra Madre Tierra gime y nos advierte que nos acercamos a umbrales peligrosos y que quizá sean los jóvenes de hoy en día la última generación que pueda salvarnos… Hay que ser muy tonto o muy malvado para decir estas cosas y no ponerse ni colorao.

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2.10.21

La Democracia como Religión

Y el dios de esa religión es el Estado Todopoderoso: una bestia a quien adoran todos los moradores de la tierra que no tienen su nombre inscrito en el libro de la vida del Cordero que fue inmolado.

¿Quién como la bestia? y ¿quién podrá luchar contra ella? También se le dio boca que hablaba grandes cosas y blasfemias; y se le dio autoridad para actuar cuarenta y dos meses. Y abrió su boca en blasfemias contra Dios, para blasfemar de su nombre, de su tabernáculo y de los que moran en el cielo. Y se le permitió hacer guerra contra los santos, y vencerlos. También se le dio autoridad sobre toda tribu, pueblo, lengua y nación. (Apocalipsis 13, 4-7).

El mundo no quiere la soberanía de Dios: no quiere que Cristo sea Rey. No acepta la soberanía social de Cristo. El mundo no quiere que Cristo sea Rey y Señor. Y el mundo, siguiendo al demonio, decidió no aceptar ninguna clase de sumisión a la Ley Eterna de Dios.

A Dios no lo podemos conocer mediante la razón, dice Kant, porque no hay ningún dato de la experiencia que se pueda asociar a la idea de Dios. Y como a Dios nadie lo ha visto nunca[1], a Dios no lo podemos conocer. Es una idea de la razón igual que lo sería la idea de un centauro: una invención de nuestra imaginación que no existe en la realidad. Los conceptos sin impresiones sensibles son vacíos. Al entendimiento humano no le es lícito traspasar los límites de la experiencia y más allá de la experiencia de los fenómenos que percibimos por los sentidos no hay conocimiento posible. El territorio de la verdad queda cerrado y acotado por los límites de la experiencia. Conceptos como Dios o como el alma no son más que ilusiones o engaños: espejismos que en realidad no existen. El Yo (el alma), el Mundo y Dios son ideas vacías sin correlato sensible.

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24.09.21

Antes y Después

El título nos recuerda a Coco en Barrio Sésamo enseñándonos conceptos como “cerca” y “lejos” o “arriba” y “abajo”.

Al parecer, en la Iglesia hay quien piensa que hay un “antes” y un “después”. Un “antes” y una “después” no sé muy bien de qué…  Antes, quienes se divorciaban y se volvían a casar vivían en pecado mortal y si morían en pecado mortal, iban al infierno. Pero eso era antes. Ahora ya no. Ahora la Iglesia es bella y acogedora e irradia la alegría contagiosa del Evangelio: no como antes que era fea y discriminatoria, rígida y malencarada. ¿En qué momento de la historia dejó de ser pecado mortal el adulterio? ¿Hay un antes y un después de Amoris Laetitia, por ejemplo? ¿Del Concilio Vaticano II? ¿La fe de la Iglesia ya no es la fe de siempre? ¿Cuándo ha cambiado exactamente? ¿Quién la ha cambiado y con qué autoridad lo ha hecho? ¿Se le puede corregir al Señor y enmendarle lo que dice en el Evangelio? ¿Por qué? ¿Porque no había grabadoras? Entonces, ¿se puede reinterpretar la Biblia al gusto del lector? ¿Libre examen? ¿Lutero es “el puto amo"?

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18.09.21

El Reino del Anticristo

Todos los males que sufrimos tienen una causa: el alejamiento de la mayoría de los hombres de Jesucristo y de su ley santísima, tanto en su vida y en sus costumbres, como en la familia y en el gobierno de los Estados.

Eso escribía Pío XI en 1925: hace menos de cien años… Pero no: no es solo que nos hayamos alejado de Jesucristo y de su Ley Santísima. Hemos dado un paso más. El mundo adora al mismísimo demonio, a Satanás, al Anticristo.

Y se postraron ante el Dragón, porque había dado el poderío a la Bestia y se postraron ante la Bestia diciendo: «¿Quién como la Bestia? ¿Y quién puede luchar contra ella?» Le fue dada una boca que profería grandezas y blasfemias y se le dio poder de actuar durante 42 meses; y ella abrió su boca para blasfemar contra Dios: para blasfemar de su nombre y de su morada y de los que moran en el cielo. Se le concedió hacer la guerra a los santos y vencerlos; se le concedió poderío sobre toda raza, pueblo, lengua y nación. Y la adorarán todos los habitantes de la tierra cuyo nombre no está inscrito, desde la creación del mundo, en el libro de la vida del Cordero degollado. (Apocalipsis 13).

¿Acaso no lo ven? ¿No se dan ustedes cuenta de las mentiras de quienes mandan y gobiernan en este mundo? El Demonio es el padre de la mentira. Dice el Catecismo:

2482 “La mentira consiste en decir falsedad con intención de engañar” (San Agustín, De mendacio, 4, 5). El Señor denuncia en la mentira una obra diabólica: “Vuestro padre es el diablo […] porque no hay verdad en él; cuando dice la mentira, dice lo que le sale de dentro, porque es mentiroso y padre de la mentira” (Jn 8, 44).

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