InfoCatólica / Santiago de Gobiendes / Archivos para: 2022

23.04.22

Los Bárbaros Modernos I

La lucha entre la Luz y las tinieblas continúa. Acabamos de celebrar la Semana Santa y estamos en los tiempos de pascua. Cuando Cristo muere en la cruz, las tinieblas cubren el mundo:

Era ya cerca de la hora sexta cuando, al eclipsarse el sol, hubo oscuridad sobre toda la tierra hasta la hora nona. (Lucas 23, 44).

Mira, las tinieblas cubren la tierra,
y una densa oscuridad se cierne sobre los pueblos.
Pero la aurora del Señor brillará sobre ti;
¡sobre ti se manifestará su gloria!
Las naciones serán guiadas por tu luz,
y los reyes, por tu amanecer esplendoroso.
Isaías 60, 2-3

La resurrección de Cristo rompió las tinieblas. El pecado, el mal, la injusticia, la crueldad, el odio, el mal y la muerte han sido derrotados para siempre. Cristo ha resucitado. Verdaderamente ha resucitado. Cristo es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Él hace todas las cosas nuevas. El amor de Cristo nos urge. El que está con Cristo en una criatura nueva. Todo es nuevo.

Cuando el hombre se aparta de Dios, inevitablemente, vuelve la barbarie y la civilización deja paso a la bestialidad más cruel. No puede ser de otra manera. La batalla continúa. La lucha no terminará hasta que el Señor vuelva en gloria y majestad.


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8.04.22

La Cruz derrotará a los Impíos

A las puertas de la Semana Santa, retomo el tema de la dignidad de la vida humana.

La Organización Mundial de la Salud aboga por dar barra libre en todo el mundo para que cualquier mujer pueda abortar en cualquier momento de la gestación, independientemente de que la embarazada esté de dos meses o de nueve. Recuerden ustedes que la mujer es una persona y tiene dignidad y derechos porque es autónoma, libre, responsable de sus actos y plenamente racional. Y la mujer, como ser autónomo, tiene derecho al aborto. La ley le ampara. 

Vean ustedes el video.

¡Menudos hijos de Satanás!

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29.03.22

En Defensa de la Dignidad de la Vida Humana

De la Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948)

Artículo 1

Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros.

Artículo 2

Toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición. Además, no se hará distinción alguna fundada en la condición política, jurídica o internacional del país o territorio de cuya jurisdicción dependa una persona, tanto si se trata de un país independiente, como de un territorio bajo administración fiduciaria, no autónomo o sometido a cualquier otra limitación de soberanía.

«Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos».

«Toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración»

Parece que la Declaración de los Derechos Humanos habla indistintamente de «todos los seres humanos» y de «toda persona» como si fueran sinónimos. Pero luego vienen los problemas de interpretación, porque ahora nos encontramos con seres humanos que no tienen derecho ninguno ni se les reconoce ninguna dignidad.

El concepto moderno de persona, de raíz kantiana, nos está llevando de mal en peor: del aborto al infanticidio, pasando por la eugenesia, la eutanasia y el suicidio asistido. Todo se va “normalizando” paulatinamente.

Resulta vital que tengamos claro qué se entiende por “persona”. Evitaremos muchos equívocos, muchas ambigüedades y muchos conflictos. Hay que empezar siempre por aclarar los términos para que todos hablemos de lo mismo cuando utilizamos un determinado concepto. En las viejas disputas escolásticas se le llamaba aclaratio terminorum.

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20.03.22

La Iglesia del Hombre y la Tierra

La nueva iglesia, la del nuevo paradigma, bien se podría llamar como aquel programa de Félix Rodríguez de la Fuente que los que ya peinamos canas recordamos con la nostalgia del paraíso perdido de la infancia. Se trata de una nueva religión que tiene como centro el hombre. Es, por tanto, antropocéntrica y podríamos decir que se trata de una antropolatría, o culto al hombre, fin en sí mismo y medida de todas las cosas. El hombre es la causa primera de sí misma y de la realidad.

Esta nueva religión es feminista, sostenible y con perspectiva de género. Quiere la ordenación de sacerdotisas, adora a la Madre Tierra – a la que llaman con nombre pagano como la Pacha Mama – y es inclusiva.

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17.03.22

Un Mundo sin Dios

Es evidente que el título de mi último artículo, Hitler ganó la guerra, era una provocación. Hitler no ganó ninguna guerra. Pero Nietzsche ha ganado a la postre la batalla de las ideas. Miremos a nuestro alrededor:

¿No ha triunfado el nihilismo? Nuestro mundo, nuestra sociedad, nuestros vecinos y compañeros de trabajo, ¿acaso no viven la mayoría de ellos como si Dios no existiera? ¿No se ha pretendido “matar” a Dios? ¿No ha triunfado el vitalismo nietzscheano? ¿No vivimos en una sociedad descreída en la que casi nadie cree que exista cielo o infierno; que nadie cree que Dios nos va a juzgar a todos con justicia?

La mayoría cree que Dios no existe. El mundo pretendió matar a Dios en nombre de la razón y de la ciencia. Y después de matar a Dios, mataron la razón y el sentido común y la realidad misma en nombre de la voluntad (de los deseos) irracional del individuo. El mundo perdió a Dios y al mismo tiempo, la razón; y se volvió loco de remate. Y un mundo sin Dios ni razón ni sentido común sólo puede engendrar monstruos.

El vitalismo nietzscheano ¿no es acaso esta pocilga hedonista en la que nos revolcamos cada día en el Occidente neopagano?

¿No quería Nietzsche destruir la moral católica? ¿Y acaso no lo ha conseguido?

¿No estamos rodeados de superhombres que desprecian a Dios y a sus Mandamientos?

¿Qué sentido tiene la vida de quienes se enfangan en los botellones, en la promiscuidad, en el sexo sin compromisos ni fidelidades? ¿No creen que ellos y su disfrute de la vida son su propio fin? ¿No es este el Reino de los Fines kantiano? ¿No es el “hágase mi voluntad” contra el “hágase Tu Voluntad”?

«Los débiles y malogrados deben perecer; tal es el axioma capital de nuestro amor al hombre. Y hasta se les debe ayudar a perecer» (El Anticristo, Nietzsche).

¿No es esta la justificación de la eutanasia o del suicidio asistido?

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