Ideas que afloran


Verdaderamente hay ideas que afloran en la tupida selva de la información religiosa. Voy a remarcar sólo dos: una, referida a mosén Francisco Romeu, la otra, al rechazo de un nutrido número de curas al nombramiento de Munilla.
Don Francisco Romeu es el “periodista” y sacerdote de Barcelona que, junto con otros dos presbíteros, escribió defendiendo entre otras cosa las uniones homosexuales. Ahora, en el último número de la revista “Foc Nou”, dedicado al sacerdocio, acaba de pedir – no se sabe a quién – que el sacerdote pueda serlo sólo “por un tiempo”, dejando a parte todas esas cosas de la consagración y de la ontología del presbítero, para los religiosos. El cura secular, pues, debería serlo ad tempus y que pueda volver luego, si así lo desea, a la vida seglar. Y en esta revista escriben un vicario general, José M. Domingo, de San Feliu, y el rector del Seminario de Barcelona, José M. Turull.

El cuaderno de bitácora de nuestro ya habitual “compañero de camino” en estas crónicas comienza esta vez de este modo:
Desde su aparición en el espacio virtual, Germinans Germinabit ha suscitado toda clase de reacciones. Nos elogian, nos atacan, se toman distancias… y todo eso está bien, no sólo por un sano ejercicio dialéctico, sino porque gracias a ello se mantiene y enriquece un debate necesario cual es el de la situación religiosa de Cataluña y particularmente la de Barcelona, asunto de primera importancia para nosotros que somos católicos y que consideramos que el futuro de nuestra sociedad catalana pasa precisamente por su reafirmación católica. Pero si aceptamos el disenso y las críticas, lo que no podemos admitir es que se nos infame y se nos calumnie, atribuyéndonos posturas que jamás hemos defendido o tergiversando las que realmente asumimos. Es, pues, oportuno, conveniente, “justo y necesario", que esclarezcamos qué somos y que no somos, la gente que estamos comprometidas en este proyecto.
El pasado sábado fallecía el Rvdo. José Mariné Jorba, a la edad de 90 años. Era uno de esos pocos sacerdotes que aguantó las embestidas del progresismo postconciliar barcelonés y se mantuvo firme en sus convicciones, en unos años muy difíciles donde muy pocos apostaron por la tradición y por mantener las cosas positivas que fueron desapareciendo de nuestras iglesias a pesar de que el Concilio no las había prohibido.