De una plegaria eucarística a muchas: cómo sucedió y por qué

En las ediciones latinas del Misal Romano de 1970 y 1975 hay cuatro plegarias eucarísticas —puede que aumenten en la tercera editio typica que saldrá para este otoño 3—. En ediciones americanas más recientes del Misal Romano, además de los cuatro ya mencionadas, hay otras cinco incluidas en el apéndice: dos para la Reconciliación y tres para las misas con niños. Así, durante los últimos veinticinco años, el rito Romano ha tenido la experiencia de muchas plegarias eucarísticas.

Sin embargo, esto no ha sido siempre así. Durante unos 1600 años antes, el rito Romano solo conoció una única oración eucarística: el Canon romano.

Hoy, en una parroquia media, la Plegaria Eucarística II es la más usada frecuentemente, incluso el domingo. La Plegaria Eucarística III también se utiliza bastante a menudo, sobre todo los domingos y días festivos. La cuarta Plegaria Eucarística apenas se utiliza alguna vez; en parte porque es larga, en parte porque en algunos lugares de los EE.UU. ha sido extraoficialmente prohibida debido a su uso frecuente de la palabra “ man ”. La Plegaria Eucarística primera, el Canon romano, que se había utilizado en el rito Romano exclusivamente durante más de un milenio y medio, hoy en día casi nunca se utiliza. Como dice un especialista litúrgico italiano: “su uso hoy es tan mínimo que estadísticamente es irrelevante”4.

Esto es un cambio radical en la liturgia Romana. ¿Por qué no hay más gente consciente de la enormidad de este cambio? Quizá, como el Canon se solía decir en silencio, su contenido y su dignidad eran conocidos por los sacerdotes —con seguridad—, pero no para la mayoría de los laicos. Por tanto, cuando la plegaria eucarística empezó a decirse en voz alta en lengua vernácula, con cuatro plegarias para elegir —y el Canon romano escogido en rara ocasión, si es que alguna vez—, el laico medio no se daba cuenta de que 1600 años de tradición se habían desvanecido de pronto como una civilización perdida, dejando pocos rastros detrás, y, los que eran de interés, solo para arqueólogos y turistas.

¿Qué pasó? ¿Por qué ocurrió? ¿Cómo debemos responder a la nueva situación? Estas preguntas son el tema de este trabajo.

I. ¿QUÉ PASÓ?

Lo que ocurrió es largo de contar, porque el período de historia de la liturgia en cuestión es complicado y complejo. No obstante, es necesario seguir de cerca los intrincados avatares del camino de este desarrollo, para estar en condiciones de comprender por qué las cosas sucedieron como lo hicieron.

1. Sacrosanctum Concilium (4 de diciembre de 1963)

El artículo 37 del esquema de la liturgia —en el documento final sería numerado artículo 50—, trata del Ordo Missae . En los debates sobre este texto, sólo uno de los Padres del Concilio, el obispo Wilhelm Duschak, S.V.D., pidió una nueva oración eucarística, bien para sustituir al Canon romano o para que fuera usada como alternativa 5 .

Por otra parte, varios Padres en sus comentarios sobre el artículo 37/50 subrayaron que el Canon no debía ser tocado. En la propia votación, un número de votos placet iuxta modum expresaron las mismas reservas. El relator respondió diciendo que estas preocupaciones ya se habían reflejado en la frase "tomándose el debido cuidado para preservar la sustancia de los ritos" ( probe servata eorum substantia ), aunque de hecho la comisión postconciliar abandonaría esta posición.

Según Jungmann, la mente del relator era que debía darse margen amplio a la tarea postconciliar de la reforma 6.

En cualquier caso, ni el esquema ni el texto final de la Sacrosanctum Concilium hace ninguna mención de nuevas plegarias eucarísticas.

2. Iniciativas privadas para revisar el Canon romano o componer nuevas plegarias eucarísticas (1963-1968)

Sin embargo, las iniciativas privadas para revisar el Canon romano ya se estaban realizando. Dos de estas iniciativas fueron publicadas en revistas científicas: la de Hans Küng 7 en 1963, y Karl Amon 8 en 1965 9. Muchas otras plegarias eucarísticas de nueva composición les siguieron, algunas de ellas publicadas, y algunas no. Uno de los elementos más importantes de esta historia es la presión política ejercida por la Iglesia en los Países Bajos sobre la Santa Sede.

Entre 1965 y 1966, antes de que se permitiera la lengua vernácula para el Canon, ya estaban circulando traducciones del Canon y textos de nuevas plegarias eucarísticas en Holanda 10. La Conferencia Episcopal holandesa, en la persona del obispo Jean Bluyssen de Hertogenbosch, presidente de la comisión litúrgica

nacional y él mismo miembro de la Comisión postconciliar para la realización de las reformas litúrgicas —en lo sucesivo, el Consilium —, presentó una solicitud oficial

en la Santa Sede para el permiso de uso de esos textos. (Nótese la pauta: experimentación no autorizada primero, presión para el permiso después). En el otoño de 1966, hubo muchas idas y venidas de mensajes y emisarios entre los Países Bajos y Roma con el fin de resolver el problema. Annibale Bugnini, el secretario del Consilium , informa de lo que sucedió:

«A raíz de la visita del P. Bugnini a Holanda, se constituyó una comisión especial para el examen de unas anáforas presentadas por la comisión litúrgica de dicho país. Tras varias reuniones se vio que era difícil aprobarlas. El Consilium había sugerido a los holandeses esperar a las nuevas plegarias eucarísticas que estaban en preparación» (Bugnini, p. 407, n.8).

En enero de 1967, los que tenían autoridad acordaron que había que conceder algunas de las peticiones de la Conferencia holandesa: entre esas solicitudes, la traducción del Canon y el estudio y eventual aprobación de tres nuevos anáforas . El Papa Pablo VI nombró una comisión curial especial para que se considerara «si no convenía extender las concesiones previstas para Holanda a otros países o a toda la Iglesia» (Bugnini, p. 93).

Sin embargo, muchos particulares y grupos, no estando dispuestos a esperar la palabra de Roma, simplemente siguieron adelante por su cuenta. Los obispos holandeses eligieron once oraciones eucarísticas de las muchas que había en circulación y las publicaron para su uso oficial (11 de noviembre de 1969). Los obispos de habla flamenca de Bélgica hicieron lo mismo, pero limitaron la selección a cinco (1 de noviembre de 1969). Un año antes, los obispos de Indonesia habían dado su aprobación a diez plegarias eucarísticas (24 de octubre de 1968). Las oraciones holandesas fueron traducidos al alemán 11 (1968) y pasaron por muchas impresiones (cfr. Bugnini, p. 410). En Francia, había un centenar de plegarias eucarísticas en circulation 12. Bernard Botte se queja en 1968 acerca de la total anarquía que reinaba en las zonas de habla francesa por el uso de plegarias eucarísticas no autorizadas 13.

Mientras todas estas iniciativas privadas estaban teniendo lugar, ¿qué estaba ocurriendo en el ámbito oficial?

3. Grupo de Estudio 10 del Consilium y su labor en el Ordo Missae (1965)

La plegaria eucarística en sí no fue originalmente una preocupación del Consilium , sino más bien la revisión del Ordo Missae . Este fue asignado al Grupo de Estudio 10. En el trascurso de la tarea, la cuestión del Canon romano surgió inevitablemente. Bugnini nos describe la situación:

«Canon romano: Ésta era la cuestión más delicada y compleja. Por una parte, la veneración por esta plegaria hacía titubear al grupo ante la perspectiva de tocarla; por otra, las propuestas de los estudiosos y las peticiones de los pastores impulsaban a darle un ordenamiento distinto, más lógico. Para resolver los problemas, se acordó experimentar con tres formas revisadas del Canon romano» (Bugnini, p. 302).

Pronto salieron a la luz noticias de estos experimentos, y varias personas se quejaron ante la Santa Sede. Lo que se hizo evidente fue que la mano derecha no sabía lo que estaba haciendo la mano izquierda. Bugnini informa que el Secretario de Estado, el cardenal Cicognani, escribió al presidente del Consilium , el cardenal Lercaro, el 25 de octubre de 1965 y de nuevo el 10 de diciembre de 1965, pidiéndole precaución extrema (Bugnini, p. 132, n. 28). El 7 de marzo de 1966, el Secretario de Estado comunicó este mensaje del Papa Pablo VI al Consilium :

«… me apresuro a comunicarle el deseo de Su Santidad de que el Canon mismo no sea tocado, al menos por ahora; todo eventual cambio deberá ser por tanto sometido a la aprobación explícita del Santo Padre, el cual a su vez piensa que no debe hacerse cambio alguno en el Canon sin previos estudios documentados y rigurosos y siempre, si llega el caso, después de consultar al Episcopado. Les tengo que decir que, considerado en conjunto, quizá sea mejor dejar el texto tradicional inalterado; esto, sin embargo, no significa que el estudio de la materia no continúe» (Bugnini, p. 132, n. 28).

El Santo Padre estaba frenando, pero no desalentando, un estudio posterior.

El Consilium , por lo tanto, volvió al tema de la plegaria eucarística un par de meses más tarde, presentando una nueva solicitud a Pablo VI el 25 de mayo de 1966:

«Si llegara el momento de volver a estudiar la cuestión de la composición de una nueva plegaria eucarística, teniendo presente las dificultades que el actual Canon romano presenta desde el punto de vista pastoral, el Grupo 10 se sentiría honrado si pudiera redactar los proyectos. En ese caso se sentiría igualmente obligado a conseguir que también en la nueva plegaria brille claramente el genio romano, de modo que la misa romana sea coherente con el espíritu de la liturgia romana» (Bugnini, p. 396).

Un mes después, el 20 de junio de 1966, el cardenal Lercaro presentó la siguiente solicitud al Santo Padre:

«El texto de la plegaria eucarística presenta muchas y delicadas dificultades ante una eventual revisión e igualmente presenta problemas no pequeños su conservación íntegra. El Canon romano, sobre todo si se recita en voz alta, resulta pesado por su misma invariabilidad y por sus elementos demasiado locales, como son las listas de los santos…

Las propuestas avanzadas por muchos se inclinan por una revisión del texto que implicaría la reducción de los elementos citados y la reorganización de las intercesiones ( Memento , Communicantes , Nobis quoque ), de modo que la plegaria eucarística tenga mayor unidad en su relación con el prefacio y el Sanctus , y la anámnesis. Pero todo retoque es siempre peligroso, sobre todo tratándose de poner la mano en textos de una tradición tan venerable.

Parece más conveniente conservar íntegramente el texto tradicional del Canon y redactar una o más fórmulas de plegarias eucarísticas enteramente nuevas que se añadirían a la tradicional como alternativas, con el fin de disponer también de una mayor variedad de textos» (Bugnini, p. 396).

Es interesante individuar los motivos del cambio propuesto:

1) El Canon romano resulta pesado si se recitara en voz alta, porque siempre es lo mismo.

2) La lista de santos es demasiado local.

3) El Canon es insatisfactorio desde un punto de vista estilístico, y requeriría una remodelación considerable con el fin de aparecer como una sola unidad literaria.

A pesar de estas objeciones al Canon romano, sin embargo, el Consilium hizo el juicio cautelar de que era demasiado peligroso manipular el texto, y de que era mejor, por tanto, ofrecer algunas alternativas con objeto de responder a los defectos mencionados, y de ofrecer alguna variedad. Como informa Bugnini, «la decisión del Papa fue precisa: ‘Déjese la anáfora sin cambiarla: compónganse y búsquense dos o tres anáforas para usarlas en tiempos determinados’ ” (Bugnini, p. 396).

Si se toma literalmente, esta decisión dejaría la primacía de lugar al Canon romano, a la vez que añade varias otras oraciones eucarísticas al repertorio, con una función subsidiaria. (De hecho, esto no es lo que pasó). Los “tiempos determinados” no se especifican, y el Santo Padre dejó abierta la posibilidad de apropiarse nuevas anáforas de la tradición o de componer enteramente nuevas oraciones.

Con esta luz verde del Santo Padre, el Consilium se puso a trabajar inmediatamente.

4. Vagaggini y el verano de 1966

El Grupo de Estudio 10, que trabajaba en el Ordo Missae , fue ahora ampliado para responder a la nueva tarea por hacer. El Padre Vagaggini, un monje benedictino y profesor en el Pontificio Ateneo de San Anselmo en Roma, pasó el verano de 1966 en la biblioteca de Mont-César, en Bélgica, haciendo un estudio exhaustivo sobre el Canon romano, y componiendo dos nuevas oraciones eucarísticas —que son la base para las actuales Plegarias III y IV—. El trabajo de Vagaggini se publicó en forma de libro ese mismo año 14; así, la discusión pasó del círculo restringido del Consilium al foro público general, aumentando las expectativas de unos y poniendo los pelos de punta a otros 15.

Las propuestas de Vagaggini fueron después examinadas por todo el grupo de estudio, varios peritos , y los Padres del Consilium . Se decidió actuar bajo las instrucciones de Pablo VI adoptando dos anáforas ya existentes, la de Hipólito — inspiración para la Plegaria Eucarística II— y la anáfora alejandrina de San Basilio —que al final no fue aceptada debido a ciertas dificultades teológicas—. Las nuevas composiciones adoptadas fueron las dos propuestas por Vagaggini.

Una de las principales razones dadas para proponer estas nuevas anáforas fue el principio de la variedad. Según el arzobispo Annibale Bugnini, durante tiempo secretario de la Congregación para el Culto Divino, «este tipo de variedad ha parecido necesario para poder dar a la liturgia romana aquella mayor riqueza espiritual y pastoral que no se puede encerrar en un texto único» (Bugnini, p. 398).

En las explicaciones dadas para estos nuevos textos, se puso un énfasis especial en su longitud. De los tres nuevos textos que fueron finalmente aprobados, uno es muy corto (PE II), uno es de longitud media (PE III), y uno es bastante largo, ya que incluye una exposición resumida de toda la economía de la salvación (PE IV).

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1 Este artículo apareció publicado originalmente en inglés, en 3 partes, de septiembre a noviembre de 1996 en la revista Adoremus Bulletin . © Adoremus Bulletin.

2 Dom Cassian Folsom, ordenado en 1984, es actualmente (2009) prior del monasterio de San Benito en Nursia. Desde 1993 es profesor del Pontificio Instituto de Liturgia en el Ateneo Pontificio San Anselmo de Roma.

3 N. del tr.: la tercera editio typica a la que se refiere el autor, se retrasó hasta el año 2002. En esta edición se han incluido 13 plegarias eucarísticas: 4 principales y 9 en el Apéndice.

4 Enrico Mazza, The Eucharistic Prayers of the Roman Rite (New York: Pueblo Publishing Company, 1986), p. xxxi.

5 Para un posterior estudio histórico que mencione esta intervención, cfr. Notitiae 8 (1972), p.132. El Obipo Duschak propuso esta idea por primera vez fuera de la sala del Concilio, en una conferencia de prensa, el 5 de noviembre de 1962. Para más información, cfr. G. Caprile, Il Concilio Vaticano II, vol 2: Il primo periodo 1962-1963 (Roma 1968), p.114.

6 Josef Jungmann, " Um die Reform des römischen Kanons: eine kritische Stellungnahme zu C. Vagagginis Entwürfen ", Liturgisches Jahrbuch 17 (1967) 2.

7 Hans Küng, " Das Eucharistiegebet: Konzil und Erneuerung der römischen Liturgie ", Wort und Wahrheit 18 (1963) 102-107.

8 Karl Amon, " Gratias Agere: Zur Reform des Messcanons ", Liturgisches Jahrbuch 15 (1965) 79-98.

9 Ambos textos son convenientemente citados en Cipriano Vagaggini, The Canon of the Mass and Liturgical Reform (Staten Island, NY: Alba House, 1967), pp.76-83.

10 Sigo la historia como viene contada en Annibale Bugnini, The Reform of the Liturgy: 1948-1975 (Collegeville: The Liturgical Press, 1990) [n. del tr.: todas las citas de esta obra se dan conforme a la edición española, La Reforma de la Liturgia (1948 - 1975) , B.A.C., Madrid, 1999], p. 92-94. Ya que dependo en gran medida de la narración de Bugnini de este período, y lo cito con frecuencia, todas las citas de su obra aparecerán, a partir de ahora, en el cuerpo del texto.

11 Cfr. A. Schilling, Fürbitten und Kanongebete der Holländischen Kirche , Essen 1968.

12 Philippe Béguerie, " La Prière Eucharistique ", Notitiae 20 (1984) 196.

13 Bernard Botte, " Où en est la réforme du Canon de la Messe? ", Les Questions Liturgiques et Paroissiales 49 (1968) 138-141.

14 Il canone della messa e la riforma liturgica , Torino-Leumann: Elle di Ci, 1966.

15 Para una crítica mesurada de las propuestas de Vagaggini, cfr. J. Jungmann, “ Um die Reform des römischen Kanons: eine kritische Stellungnahme zu C. Vagagginis Entwürfen ”, Liturgisches Jahrbuch 17 (1967) 1-17. La conclusión de Jungmann: «Así, cuando se plantea la cuestión de un nuevo canon — y esto no debería buscarse, en primer lugar, en una composición totalmente nueva o en el préstamo (ciertamente, no imposible) de una anáfora extranjera, sino de manera que los elementos atemporales y dignos de nuestra propia tradición no fueran abandonados sino purificados y desarrollados aún más — , entonces, por las razones expuestas, no se encontrará en la obra de Vagaggini la solución deseada. No podemos seguir el camino hacia una liturgia extraña sin examinar cuidadosamente y fomentar nuestra propia herencia. El libro de Vagaggini — a pesar de todo — es una importante pieza de trabajo. Puede hacer esta contribución: la clarificación de este o aquel punto; y también es útil para fortalecer el ánimo de una verdadera reforma. Pero como sugerencia concreta, sus dos propuestas ni siquiera deberían de ser consideradas» (p. 17).