Con la sencillez de los pastores

“El cuerpo canta; la sangre aúlla; la tierra charla; la mar murmura; el cielo calla y el hombre escucha”. (Unamuno)

“Ya se marchan los pastores. Ya se van hacia Belén. Yo quisiera ser pastor para marcharme también.

Cantemos de alegría, cantemos sin cesar, porque un Niño ha nacido para enseñarnos a amar”, rezaba un villancico original de mi colegio.

A este propósito, y mientras coloco las últimas figuras del Belen, me viene a la memoria un pensamiento de Juan Pablo II: “¡Qué bellos y emotivos son los villancicos, que en la tradición de cada pueblo se cantan en torno al nacimiento! ¡Qué profundos sentimientos contienen y, sobre todo, cuánta alegría y ternura expresan hacia el divino Niño venido al mundo en la Nochebuena!”.

Y como cada año, trato de hacerme niña, para volver, un año más, a contagiarme de la candidez, la ingenuidad, la ilusión y la alegría de la Navidad. Porque, como nos recordaba San Josemaría Escrivá de Balaguer, “somos niños delante de Dios, y si consideramos así nuestra vida ordinaria, en apariencia siempre igual, veremos que las horas de nuestras jornadas se animan, que están llenas de maravillas, diversas entre sí y todas hermosas".

Y para ello, ¿por qué no colocarnos ante el pesebre, cada día, y mirando maravillados al Niño Jesús, a Maria y al santo José, alabar el nombre de Dios a través de las letras y melodías de los villancicos de siempre?

¿No resulta un privilegio que estas canciones populares puedan convertirse en una manifestación sencilla, alegre y tierna de hacer oración?

“… ¡Alabad el nombre del Señor! Los niños de todos los continentes, en la noche de Belén, miran con fe al Niño recién nacido y viven la gran alegría de la Navidad. Cantando en sus lenguas, alaban el nombre del Señor. De este modo se difunde por toda la tierra la sugestiva melodía de la Navidad. Son palabras tiernas y conmovedoras que resuenan en todas las lenguas humanas; es como un canto festivo que se eleva por toda la tierra y se une al de los Ángeles, mensajeros de la gloria de Dios, sobre el portal de Belén: « Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres en quienes El se complace » (Lc 2, 14)”, recordaba a los niños el venerable Juan Pablo II.

San Agustín decía que el que reza cantando, reza dos veces. Y yo añado, el que canta a Dios a través de los villancicos convierte la melodía de unos pobres y sencillos pastores como nosotros en un instrumento poderoso y alegre de quien le ama, de quien cree en Él, de quien mendiga sus favores, de quien se abandona en sus brazos, de quien, contemplando su humildad, le pide perdón.

Dicho esto, les ofrezco a modo de felicitación navideña, una serie de villancicos, poemas y reflexiones que pueden ayudarnos a encender nuestros corazones ante el pesebre con el candor propio de un pastorcillo.

“Despiértate, hombre: porque por ti Dios se ha hecho hombre” San Agustín

“Yo feliz vivía porque el tambor que Jesús tocaba con ilusión….era mi corazón.”

“Quisiera que al mirar al cielo
No vieses más que una estrella
No vieses a los pájaros
Ni a la luna llena.
Que Su resplandor te ciegue
Que reluzcan tus ojos
Que tu corazón se llene
De alegría y de gozo”

•••

Yo tenía
tanta rosa de alegría,
tanto lirio de pasión,
que entre mano y corazón
el Niño no me cabía…

Dejé la rosa primero.
Con una mano vacía
- noche clara y alba fría -
me eché a andar por el sendero.

Dejé los lirios después.
Libre de mentiras bellas,
me eché a andar tras las estrellas
con sangre y nieve en los pies.

Y sin aquella alegría,
pero con otra ilusión,
llena la mano y vacía,
cómo Jesús me cabía
- ¡y cómo me sonreía! -
entre mano y corazón.(José Maria Pemán)

“Pajaritos, cantad la buena nueva”

Parajitos, cantad,
cantad la buena nueva,
que en Belén nació
nuestro Salvador;
que en Belén nació
nuestro Salvador.

Todo el firmamento,
la Luna y el Sol
adorando están
a nuestro Salvador.

Parajitos, cantad,
cantad la buena nueva,
que en Belén nació
nuestro Salvador;
que en Belén nació
nuestro Salvador.

¡Estrellas, estrellas!,
decid a los luceros
que acaba de nacer
el redentor del Cielo.

Parajitos, cantad,
cantad la buena nueva,
que en Belén nació
nuestro Salvador;
que en Belén nació
nuestro Salvador.

•••

¿Dónde vas carpintero?

–¿Dónde vas carpintero
con la nevada?
–Voy al monte por leña
para dos tablas.
–¿Dónde vas carpintero
con esta helada?
–Voy al monte por leña,
mi Padre aguarda.
–¿Dónde vas con tu amor
Niño del Alba?
–Voy a salvar a todos
los que no me aman.
–¿Dónde vas carpintero
tan de mañana?
–Yo me marcho a la guerra
para pararla.(Gloria Fuertes)

Mi tren de navidad

Quiero que esta Navidad sea diferente,
quisiera ser un tren enorme para poder subir a toda mi gente
y a cada vagón ponerle un nombre distinto
para que cada uno de ellos suba
y se quede ahí, siempre, siempre conmigo…
Quisiera que cada vagón fuera diferente
para hacer sentir muy feliz a toda mi gente
y que ellos a su vez invitaran a sus amigos
para subir en mi tren y recorrer juntos el camino…
y así poder llegar cada uno a nuestro destino….
Y quizás te preguntarás que nombre lleva cada vagón,
ahora te los digo con todo el corazón, empecemos pues por
paz, amor, felicidad, prosperidad, fe,
éxito, esperanza, amistad, solidaridad, fuerza, dedicación,
sensibilidad, caridad, apoyo, carisma, humor, liderazgo,
risas, amor, ternura, compasión, carcajadas y emoción,
y también porque no? quizás un poco de dolor, para que así
puedas valorar, todos los vagones por los que has de pasar…
cada uno de ellos lo disfrutarás y ahí conocerás el valor de la amistad…
¡y se que no querrás, de mi tren jamás bajar!
Pero yo no quisiera que solo fuera en navidad,
quisiera todo un año para poderte demostrar
que el espíritu navideño si puede perdurar
solo es cuestión… de que tu quieras, a mi tren abordar…
y ser parte del sueño para convertirlo en realidad…

Quisiera esta Navidad poderte regalar todo eso y mucho más
pero lo más importante que yo quiero que tengas
es el corazón con las puertas bien abiertas,
para dejar entrar la luz de una estrella….
llamada Jesús… y que nunca, nunca te alejes de ella…
pues solo con él encontrarás la Navidad eterna.(Magali Sauceda.México)

CANCION PARA NAVIDAD

Navidad, es Navidad
toda la tierra se alegra
y se entristece la mar
marinero, ¿dónde vas?
deja tus redes y reza
mira la estrella pasar
marinero, marinero
porque llegó Navidad.
Noches blancas de hospital
dejad el llanto esta noche que el niño está por llegar
caminante sin hogar
ven a mi casa esta noche
que mañana Dios dirá.
Caminante, caminante
deja tu alforja llenar
caminante, caminante,
porque llegó Navidad.
Ven soldado, vuelve ya
para curar tus heridas
para prestarte la paz
Navidad, es Navidad
toda la tierra se alegra
y se entristece la mar
tú que escuchas mi mensaje
haz en tu casa un altar
deja el odio ven conmigo
porque llegó Navidad.
Yen la misa del Gallo
los coros desgarran cuerdas
y extasiada ante el Cristo que nace
una madre reza
por el hijo que fuera de casa
sentirá tristeza
y los ojos del niño esa noche
llorarán con ella. (José Luis Perales)

Quisiera, niño, besarte
y San José no me deja,
dice que te haré llorar,
verdad que aún así me dejas?
Ha nacido en un portal,
llenito de telarañas,
entre la mula y el buey,
el Redentor de las almas.
En Belén tocan a fuego,
del portal sale una llama,
es una estrella en el cielo
que ha caído entre las pajas.
Yo soy un pobre yaucano
que vengo de Yauco aquí,
y a mi niño Dios le traigo
un gallo quiquiriquí.
Ya lo sabes, niño hermoso,
soy del pueblo del café
por si quieres dos saquitos,
también yo te los traeré.
Yo soy Juan el verdurero,
que vengo de la montaña
y te traigo viandas buenas,
desde mi humilde cabaña.
Al niño recién nacido
todos le ofrecen un don;
yo, como no tengo nada,
le ofrezco mi corazón. (Villancico de Puerto Rico)

LA HORMIGA COJITA

Rota la patita,
sin poder andar,
la pobre hormiguita
se puso
a llorar:

- ¡A ver cómo voy,
cojita que estoy…!
La oyó un caracol:
- No llore, señora,
la llevo yo…

A ochenta por hora
pasó una tortuga:
- ¡Suba, suba, suba…!
Pero un gorrión
la cogió en su pico
y se la llevó…

Así es como fue
la pobre hormiguita cojita
volando a Belén. (J. González Estrada)

CLAVELES Y ROSAS

Claveles y rosas,
la cuna adornad
en tanto que un ángel
meciéndola está.

No llores, Niñito
no llores, mi Dios,
si te he ofendido
te pido perdón.

Al Niño pastores, venid abrigar
que la noche es fría y empieza a llorar.

De amores tu pecho abrasado está
lleguémonos prestos su sed a apagar.

NO SÉ NIÑO HERMOSO

No se, Niño hermoso,
qué he visto yo en ti
que no sé que tengo
desde que te vi.

Tus tiernas mejillas
de nieve y carmín,
tus labios hermosos,
cual rosa de Abril,
tu aspecto halagüeño
y el dulce reír
tan profundamente
se han grabado en mí,

No sé, Niño hermoso…

Si acaso algún día me atrevo a salir,
al prado florido por mi divertir,
doquiera que mire te miro yo allí
y entonces de nuevo comienzo a advertir
que no sé que tengo desde que te vi.

Todo es bello en el Niño

Todo es bello en el Niño,
pero sus ojos,
no sé qué tienen, madre,
que me enamoro.

Todo es bello en el Niño,
pero su risa
acaricia el alma
del que la mira.

Todo es bello en el Niño,
pero su Madre
parece una paloma,
por blanca y suave.

Todo es bello en el Niño,
pero su idea
es lo más bello, madre,
sobre la tierra.(Gloria Fuertes)

1 comentario

  
jasp
«“Y hallaron a María y a José, y al niño” (Lc.2,16). Y se ve la exultación y gozo de los pastores al encontrarlo.
¿Qué encontraron? A un pobre hombre llamado José; a una mujercita tan pobre como San José; y a un Niño reclinado en un pesebre, sin siquiera cuna, sin morada, y en un establo, porque no había habido quien lo recibiera. He aquí que los pastores todo eso lo pasan por alto, y sienten una exultación y alegría enorme de encontrarlo. Para ellos ése es su Dios, y para ellos esa mujercita, que ven allí, es la Madre de su Dios; y para ellos San José es el padre de su Dios.
Y quedan extasiados mirándolo. Y cuentan y no acaban a todos los que quieren escucharles.
Ahí está el amor: el amor que goza y exulta en la posesión y en la presencia de Jesús pobre y desnudo. ¡Cómo se alegra porque es su amado! Y, ¡cómo comunica esa alegría y ese gozo suyo a todos los que le rodean!
El que ama habla de su amado. En realidad no sabe hablar de otra cosa, de un modo u otro siempre habla de él.
Que nosotros, de un modo u otro, siempre hablemos de Jesús, siempre hablemos de la dicha de poseerlo en nuestro corazón, desnudo, pobre, humillado, aparentemente nada, pero verdadero Rey nuestro, y Rey de cielos y tierra, Señor del universo, nuestro Dios y nuestro amor (1)».


(1) Cuaderno 2027a del Padre Antonio Pacios
21/12/09 10:43 AM

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