De la libertad de expresión al insulto
No podemos olvidar que existe una responsabilidad moral inherente a la libertad de expresión, y cuando la publicidad se convierte en un medio para insultar, se rompe de principio el concepto de libertad.
Los polémicos “autobuses ateos” no promocionan una “idea”, sino que portan un mensaje con el objetivo de denigrar a un colectivo concreto de personas, los creyentes. Si aún así fuese en forma de crítica constructiva, sería incluso comprensible que Esperanza Aguirre afirmase que “vivimos en un país libre”, o que muchos católicos aceptasen que la otra parte hiciese publicidad de su libre opinión, pero dados el mensaje y las formas que en concreto se han utlizado en esta camapaña, no se puede aceptar el insulto.

Frente a la reciente noticia de los autobuses con mensajes ateos en nuestro transporte publico, de un modo hay que decir muy zafio simplón que manifiesta en sus formas una clara voluntad hiriente. Alternativa Española en su aspiración de no ser meramente un partido político, sino todo un movimiento social, vuelve como tantas otra veces a romper el silencio y anuncia a través de un comunicado (que reproduzco a continuación)que por cada autobús público con publicidad atea, AES pagará dos con el mensaje “Dios existe, deja de preocuparte, confía en El”. Toda una buena noticia. Hay que decir que ya los evangélicos en Fuenlabrada pusieron en marcha una campaña parecida que ya está en funcionamiento, mientras que por otra parte Esperanza Aguirre al ser preguntada por esta cuestión contestó: «Vivimos en un país libre. Siguiente pregunta».
Siempre he pensado que viajar es una de las mejores formas de gastar el dinero. Me encanta planificar una escapada de un día para otro y aprovechar unos pocos días de fiesta para romper la rutina y abrirme a conocer todas esas cosas que el mundo esconde. Viajar me proporciona momentos de silencio, de reflexión. Por alguna razón encuentro más tiempo para rezar, y además hacerlo de una forma más intensa que normalmente. Cada viaje que he hecho, sin excepción, me ha cambiado en algún aspecto como persona y me ha descubierto cosas enriquecedoras y sorprendentes.
No tenía ganas de escribir. Parece que cuando uno abandona la rutina, con ella lo aparca todo, y estos días de vacaciones no he cumplido ni de lejos con el propósito inicial de escribir (por lo menos) dos veces por semana en el blog. De hecho no he escrito nada… ¡que vergüenza!.




