La vida a referéndum
Proponer un referéndum, como un recurso que podría lograr frenar la nueva ley del aborto, puede parecer una táctica válida. En última instancia y sin muchas cuerdas a las que agarrarnos, la consecuencia objetiva de una votación en la que la mayoría apoyase el derecho a la vida, frenaría en seco las políticas abortistas en España.
La idea es seductora, pero la razón nos dice que la seducción de lo inmediato es especialmente propensa al engaño. No podemos obviar el análisis de fondo; la consideración que nos dé una perspectiva completa sobre nuestros recursos y posibilidades, como defensores de una causa tan fundamental como importante.
El referéndum es una forma de participación ciudadana, una expresión de la voluntad común, que al ser vinculante se convierte en un ejercicio soberanía y democracia directa. La primera premisa para la viabilidad y la legitimidad de un referéndum, es la constatación de que el censo electoral de la población, es el titular del criterio para tomar la decisión sobre la pregunta planteada. La segunda premisa previa y unida a la naturaleza del referéndum, que deriva del reconocimiento de la soberanía en la decisión de la población, es la legitimidad del resultado, que debe ser acatado y reconocido como válido por el hecho de ser expresión del criterio popular.
Se puede entender el referéndum como algo positivo y enriquecedor de la democracia, en el caso por ejemplo de los municipios, que recientemente se plantean albergar un cementerio nuclear. Es obvio y lógico que los vecinos de esos pueblos son los titulares del criterio, y soberanos de la decisión de acogerlo o no. Tiene cierta lógica que como parte directa, sea la mayoría de los vecinos quien tome esa decisión, y que ésta sea acatada por el resto. Las dos premisas que fundamentan la legitimidad de un referéndum están claramente cubiertas.
Sin embargo someter el derecho a la vida a un referéndum, es una negligencia extremadamente grave, catastrófica. De forma implícita pero certera, este planteamiento asume que el censo poblacional es quien tiene, para bien o para mal, el criterio para decidir sobre la vida de los inocentes. Iguala la legitimidad del resultado, y asume el acatamiento de una hipotética decisión de la vigencia del aborto, en el caso de que así lo hayan manifestado el 51% de las papeletas.
El referéndum no es un recurso más, no es una táctica válida como cualquier otra en la que emplear todos nuestros medios contra el aborto. Se equivocan quienes –con buena intención- así lo creen. Proponiendo un referéndum estamos dinamitando los fundamentos trascendentes e inviolables del valor de la vida humana, tiraremos piedras contra nuestro propio tejado, sacaremos al inocente al balcón, a riesgo de que la mayoría decida salvar a Barrabás.
Javier Tebas
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Beirut mira al mar Mediterráneo, como si quisiera mostrarse a un occidente que le ignora. Ha nevado en las montañas que rodean la ciudad, y al atardecer, desde el puerto, el sol ilumina los barrios y pequeños pueblos de las afueras, que caen por la ladera hasta el mar. La luz tibia y perpendicular de última hora refleja en los cristales de esas casas lejanas, mostrando un paisaje genuino a los cientos de beirutíes que terminan su jornada, caminando por el confluido paseo que linda con el mar. Un marco privilegiado para hacer “footing”, para pasar una tarde en familia, o incluso para alguna pareja de enamorados, que bajo el anaranjado e inmenso sol en el horizonte, encuentran un climax peliculero en el que pasear su amor.