La Gatomaquia actual (II)
Lastimeros aullidos escuchasen por los callejones de España. El gato viejo rodeado de aguas sacude sus pelambreras contoneando su esqueleto gatuno, donde tiene muescas de tirones de orejas, soledades perdidas, abandonos de amos y amigos, persecuciones en pasillos y en bancos del parque y de parquet.
El gato viejo camina pegado a las paredes por miedo a las aguas pútridas de las ventanas, intenta subir a los tejados para observar mejor el teatro de la parodia nacional ubicado estos días por la Carrera de San Jerónimo, donde las mentiras vuelan como navajas barberas en manos bandoleras.
Los dueños del viejo gato están contra los chanchullos de los actores de la parodia nacional, han decidido colocar al gato cerca de los agujeros de los tiros tejerinos sobre la cúpula del teatro tragicómico y han invitado al gato a echar sus orines por semejantes orificios a ver si caen sobre los impecables trajes de sus señorías acicaladas y pagadas por el erario público.
El otro gato que busca cascabel pasea su debida obediencia al poder de modo servil y excesivamente defensor de lo indefendible. Ese gato más joven de apenas tres semanas buscando cascabel es un descarado y pagado con finas lonchas de sardinas recién pescadas en las costas españolas. Lo indescifrable es saber quien paga esas golosinas que come el gato buscador de cascabel, siempre colocado como escabel a los pies de quien se cree rey de algo que no es, ni nunca será, aunque viva como es.
Han salido publicadas las cifras que la gata de nombre Audiencia ha concedido a cada uno de los mozos gatunos que pelean por su amor. La gata demuestra ser esquiva, manipulable y altiva. Estos son los resultados amorosos gatunos:










