Dedicado a los deseamos la llegada de Juan Pablo II a los altares
En las horas inmediatas a la beatificación de Juan Pablo II surgen las voces de quienes debieron hablar cuando pudieron y debieron, pero no lo hicieron por cobardía, o por lo que fuera. Son gente resentida, recocida, quemada, envidiosa. Son los que nunca serán nada más de lo que son: unos enanos, al lado de la gigantesca figura de Juan Pablo II, el Grande, el Papa que revolucionó el modo de regir la barca de Pedro.
Siempre habrá un antes y un después de Juan Pablo II. Los Papas anteriores eran pastores, alguno de ellos están en el catálogo de los santos, que llevaron la barca petrina al modo tradicional: siempre encerrados en el Vaticano, recibiendo visitas de embajadores y jefes de Estado, gobernando por medio de cartas, siendo representado por los nuncios en las diversas naciones, celebrando la sagrada liturgia en la basílica vaticana, y dando respuesta a las necesidades de la Iglesia.




