Iglesia y autocensura
Todo había acabado bien, la lucha había concluido. Se había vencido a sí mismo. Amaba al Hermano Mayor. (George Orwell, 1984)
En 1984, Orwell presenta el proceso perfecto de anulación de la libertad en un estado totalitario. Durante toda la novela se detallan los distintos mecanismos externos para imponer un pensamiento único basando en la mentira. Pero sólo al final se revela la perfección de la opresión, que consiste en que el propio sujeto sea el que consienta la supresión de su voluntad.
La mentalidad actual reacciona con hostilidad hacia la idea de la censura, como si toda clase de censura fuera injusta. La experiencia y el sentido común demuestran que no es así. La censura es la consecuencia de que la libertad, incluso la de expresión, es inexistente si se niegan la verdad y el bien. Sin embargo, la censura puede deformarse de forma que, en lugar de servir al bien y a la verdad posibilitando así la libertad, sirva a otros intereses injustos. Muchas veces ha sucedido así.

Todo había acabado bien, la lucha había concluido. Se había vencido a sí mismo. Amaba al Hermano Mayor. (George Orwell, 1984)
Desde hace tiempo se viene usando un término ideológico y represivo que va ocupando primeras posiciones en el diccionario de la neolengua políticamente correcta, el micromachismo. Como parte de la narrativa feminista de género (el único feminismo que existe actualmente), se debe inculcar a la sociedad la idea de que la violencia, la imposición, el abuso, vienen siempre del varón. Esta pretendida característica masculina se manifiesta a través de pequeños gestos que, vistos a través del prisma feminista, se convierten en signos de esta dominación viril perpetua. Hace un par de días me enteraba, por ejemplo, de que cuando me rasco la barba (normalmente porque me pica),
Una vez expuestas algunas claves magisteriales para ir elaborando un concepto de inculturación, podemos hacer unas primeras observaciones. La inculturación es presentada como un proceso que afecta por un lado al Evangelio (entendido como los contenidos fundamentales de la fe cristiana, incluyendo la vida y la Tradición de la Iglesia), y por otro a la cultura receptora. Ambas instancias son sometidas a ese proceso que busca que el Evangelio sea vivido desde el interior de esa cultura concreta y que, a la vez, esa cultura pase formar parte de la vida de la Iglesia. La acción de inculturación es operada por la Iglesia en cuanto misionera, formando parte de esa acción tanto los misioneros como los mismos evangelizados, bajo la vigilancia del Magisterio, que evita caer en los extremos de la alienación de la cultura o supervaloración de la misma.
Como seguidor de la actualidad peruana, después de los años que he pasado por allá, me he interesado por







