El juego de la soberbia y la vanidad
El padre Jafet Peytrequin ha de ser un magnífico profesor de teología ya que de una sentada me enseñó de la doctrina lo que me ha servido para -no solo- mi apostolado sino para afirmarme en la fe de forma en que jamás hubiese sospechado posible.

Excelencia reverendísima, no se lo va usted a creer o quizá mi escepticismo sea el que todavía no se lo cree contrario a la enorme certeza que usted siempre ha mostrado sobre estos temas y que todos hemos podido leer en su Magisterio.
Ha sucedido tanto esta semana que todavía no tengo la cabeza suficientemente clara como para hacer un juicio; por el momento, un par de cosas puedo decir:
Acerca de mi jornada de ayer antes y durante las discusiones en la Asamblea Legislativa en torno a la Fertilización in Vitro es de lo que vengo a hablarles ya que la experiencia del Resucitado pasa por la forma en que enfrentamos la realidad.





