InfoCatólica / Deo Omnis Gloria / Categoría: Una, santa, católica y apostólica

28.06.25

La perspectiva de la muerte y el CELAM

Como que un día te digan que tienes cáncer.
La perspectiva  de lo que hasta ese momento fue tu vida, cambia radicalmente.

Cambia para bien, con el auxilio de Dios.
Aun cuando no sea más que un tumorcito fácil de extraer y que no tomará mayor cantidad de sesiones de quimioterapia, radioterapia o terapia hormonal, una, dos o las tres simultáneamente; aun cuando proceso no durara más que algunos meses, la perspectiva, cambia solo porque aparece lo único que no es opción: morir.

Podría ser que, con esa nueva perspectiva, que la alegría no la encuentres cerca de la playa sino mar adentro. Solo, nadando con lo que tengas de fuerza y destreza. Dando todo de ti, con ayuda de Dios.

Puede ser que así te llegue el mejor regalo que tendrás en la vida: sufrir un poco, con auténtico sufrimiento, del que nace de la perspectiva de dejar esta vida y planeta tan hermosos.

Qué dicha enorme llegar a tener esas ganas infinitas de vivir con salud, sobre todo con salud espiritual, también menta,l aunque por la física, no podamos hacer mayor cosa.

Qué dicha fenomenal!

Y, empezar a notar a aquellos que, cerca de ti, que sufren por la misma razón, empezar a notar cómo cada uno enfrenta el don que les ha sido dado. Mirándoles se sufre pero también se reciben alegrías y sobre todo, certezas de que ese camino conduce a lugar tan anhelado como es la vida en Dios.

Y notar quiénes te aman, y cuánto pueden lograr con ese amor que te tienen, u observar también, cuan poco te quieren y cuánto se les dificulta sacar de sí lo mejor.

En fin, sufrir ante la perspectiva de la muerte, cambia todo. Cambia el corazón de piedra en uno de carne. Enhorabuena!

Sorpresa será cuando te des cuenta que, según caminen las cosas, podrías llegar a ser muy parecido a Jesús en su pasión, en todo sentido. Espero que llegues a sentir agrado y gratitud con la idea. Sería lo ideal, con ayuda de Dios.

—– O —–

Esta larga introducción ha sido, un poco para honrar a quienes hayan recibido la noticia de su enfermedad y para quienes la van sobrellevando.

Tengo varias personas cercanas enfermitas que me han hecho reflexionar.

—— O —–

Pero también, esta reflexión sirva para los prelados responsables del CELAM ya que, desde hace décadas, ese organismo tiene un cáncer del que parecen no enterarse.

El enorme tumor por su tamaño y malignidad esconde la fe católica y, aunque han recibido ayuda de Dios, se les ha  de haber quedado traspapelada entre estados financieros y programas pastorales. Vaya usted a saber!

El estado de ese cuerpo que es el CELAM viene a ser, ya no como la barca de Pedro, sino como un crucero que, por su tamaño y potencia, es absolutamente incapaz de prestar atención a que, a su lado, a duras penas, flota una barquilla con nuestro amado Jesús, cabizbajo y a la espera de llamar su atención. Así se mira desde lejos.
Que Nuestro Señor se encargue de ese cuerpo enfermo, que con su ayuda obtengan perspectiva ante la muerte.

Quizá el papa León, quien podría haber padecido a su lado, será por quien les llegará la salud.

Sea como Dios quiera. Amen

12.06.25

Jesús, mira

Para mi persona ha sido dificilísimo mirar a Jesús a los ojos.

Finalmente, lo he podido hacer mirando una imagen del Niño Jesús de Praga.
Lo miro fijamente y espero a que sus ojitos inicien la conversación o, nada más, lo miro.

El caso es que lo he podido mirar y comprendo que me está escuchando, que le importa lo que digo, que está a mi favor, aun cuando solo llegue a contar dolida y arrepentida mis vergüenzas. Será el único que nunca pensará “Qué cosa tan aburrida!”, aunque lo sea.

Ay! Cielo, bendito! Es el Niño y solo un niño, cuando mira, lo hace sin juzgar y esperando todo y solo lo mejor de ti y de todo. Imposible decepcionarlo, sobre todo cuando se trata del Niño Jesús que lo sabe todo, por quien y para quien todo fue creado, de cuya vida vivo y de quien soy perdonado, vez tras vez, con los mismos o nuevos pecados. Recibiendo, una y otra vez, consuelo, alegría, paz, esperanza de encontrármelo de veras y apretar esos cachetes* con todo amor y devoción. Ay! Chiquito de mi alma! Niño bendito de mi corazón!
Solo de un niño, del Niño, puedo uno estar seguro de que, no habrá día que no tenga tiempo para ti, ni que serás un atraso o molestia, ni pensará que eres débil si te echaras a llorar o que eres irremediable si, triste o enfadado, te desahogas en su regazo. Solo El sabrá acogerte si estás con miedo y te hará sentir valiente entre sus brazos. Con solo mirar al fondo de sus ojos, lo sabrás. Sabrás que lo puedes todo y querrás nunca dejarlo, ni que te deje jamás.

Cielo bendito! Qué dicha ha sido llegar a mirar a Jesús a los ojos.
Más que una dicha, es una gracia, me parece que grandísima.

De mirarlo con frecuencia desearas tener su mirada; se lo pedirás y te la dará, poco a poco, empezaras a mirar con esos mismos ojos que te llenan el alma y será para mayor gloria de Dios y santificación de las almas.  

Jesús, mira.

— o —

Ahora bien, los apóstoles y sucesores, se zambulleron en esa mirada, y sucedió que, también fueron transformados por su gracia. De ahí que, miraban como Jesús y lo miraban en los demás ya que muchos, fueron agraciados. Por eso, para los seguidores más jóvenes fue fácil confiar, ya que al ver a Pablo o Juan, por ejemplo, era como ver a Jesús. Esos jóvenes seguidores fueron más tarde, los Santos Padres, de quienes tanto aprendemos.

Cómo no dar testimonio de la Resurrección si ellos mismos experimentaban las consecuencias en sus personas y en los miembros de la comunidad? En la propia comunidad, como el propio cuerpo de Jesús! Que no es poca cosa!

Ahora bien, probablemente, uno tenga una idea personal de Jesús, por lo que, lo que vea de El en los demás, sea aquello que combina con la idea que uno tiene; por ejemplo, para mí, la idea que tengo de Jesús es que siempre, no importara qué, fue amable. Anduvo siempre agradecido y contento, por mencionar algunos detalles.

Así es como, cuando me encuentro con un consagrado o a cualquiera, me adelanto a pensar bien, pienso y espero ver a Jesús en algunos o muchos aspectos; lo que pasa, es que el método no es infalible ya que, muchas veces me equivoco y tanto que, a veces, no veo en esa persona ningún aspecto de Jesús. Nada. Ninguno.

Sin embargo, también, sucede lo contrario, al ver a un consagrado, de inmediato, das con Jesús. Lo descubres en su lado amable, por su alegría y estar contento; por su forma de hablar de ese amor que le ha sido dado y del que le sobra para regalar y, de vuelta, para seguir amando y saberse amado. Por la forma en cómo habla de todo lo que ha pasado hasta llegar ahí. Por la gratitud que le brota por los poros y de la pureza que es incomparable. Por esa forma cierta, inequívoca de dar las señas para llegar al cielo, con Jesús.

Y también, que no es poco, se le conoce por hablar del Padre como de algo propio, que le pertenece y de quien es llamado “suyo”.  Como si lo hubiera visto con sus propios ojos.

En ese consagrado a Jesús se le ve, sobre todo, por la veneración, respeto, propiedad y exactitud con la que se expresa de tantas cosas acerca de las que le ha sido dado entendimiento y que comparte; en el entusiasmo con que vive y que solo encuentra reposo al celebrar la santa misa con la que, finalmente, nos deja ver que se trata de Jesús y no de su persona.

 

De cuando uno se encuentra con hombres así es que recuerda a los de Emaús, que no llegaron a saber que era el Señor, hasta la fracción del pan.

Jesús, mira

 

* Cachetes le decimos por cariño a las mejillas

24.05.25

Por amor a tu Preciosísima Sangre

Dios sabe para qué llegué a Infocatólica. A veces pienso que fue más por mi bien que por lo que pueda ofrecer, que considero poco –más bien- escaso. 
Y digo que fue por mi bien porque, entre muchas cosas, tuve la dicha de aprender mucho del entrañable padre Javier Sánchez Martínez (q.D.g.), liturgista.

Saben? No tengo mayor instrucción en casi nada, pero la que necesito, o considera Dios oportuno que tenga, me la hace llegar. Muchísima fue a través del padre Javier y no solo respecto a Liturgia sino sobre muchos asuntos relacionados con mi conducta cristiana.

Uno de estos días, pensando en el poder de las rúbricas… Sí, es que me parecen poderosísimas ya que, tienen el poder de ordenar, otorgar y vigilar la unidad, no solo de la Liturgia, sino la unidad de la Iglesia, y –como si fuera poco- “obligan a obedecer”. SC n.7

Lo de las rúbricas es un poder dado por Dios, el padre Javier lo expresa de modo simple y verdadero “las rúbricas son teología en acto”, en “acto divino”, me atrevo a decir.

“Cristo está siempre presente en su Iglesia, sobre todo en la acción litúrgica” SC n. 7

El fin último de las rúbricas es ordenar, otorgar y vigilar la unidad de la Iglesia, por eso me parece correctísimo explicarlas como “acto divino”. Lo afirmo debido al amor que les tengo pero también por lo que son medio que sirve a Dios para nuestra santificación..  

Las rúbricas, sirven para que la gracia de Dios se deslice sobre ellas hasta nuestra alma sin pecado como un esquiador por una colina nevada.Es un bello espectáculo, precioso, sobre todo cuando se las trata con respeto, se las sigue con dedicación, respecto y veneración. En esto el padre Javier fue un santo.

Cuando no se las trata de ese modo, pasa que lo que se hace o no se hace con ellas, se convierte en un bache en el camino de la Gracia hacia nuestra alma; es decir, aquello que fue creado para mayor gloria de Dios y santificación nuestra, lo transformamos en un espectáculo triste y desolador donde vemos al pobre Cristo abrirse paso hacia nosotros por en medio de una jungla de soberbia. Es triste y doloroso verlo sufrir en el Calvario de la Santa Misa, dándose cuenta que ni siquiera amamos tanto como para obedecer.

Nuestro amable Señor, durante la Santa Misa (y en todo acto litúrgico), está ejerciendo su sacerdocio real (de realeza no de realidad, aunque también).

Cristo no solo es sacerdote sino rey, un rey crucificado de quien nos burlamos.

 “La Liturgia como el ejercicio del sacerdocio de Jesucristo” SC n.7

Las rúbricas también se explican como un código que, como el lenguaje, al contener signos combinados bajo ciertas normas, permiten generar y comprender mensajes.

“Los signos sensibles [en la liturgia] significan y, cada uno a su manera, realizan la santificación del hombre”, de ese modo, podríamos decir que Cristo mismo es el mensaje por lo que habría que tratarlas como a la propia vida para Nuestro Señor se pueda aproximar con sus riquezas sin mayor dificultad.

Siempre escuche de los seminaristas y sacerdotes decir que “la gracia suple” defectos y carencias, refiriéndose a cuando un sacerdote, por algún motivo, incumple con lo mandado. Cierto, la gracia suple pero cuando nuestros actos son inocentes, pero si son culpables (deliberados), culpable es el acto y nuestra persona. Así que, cristianamente hablando, no existe justificación para maltratar la Liturgia descuidando las rúbricas ya que es descuidar el acto divino que se ofrece por nuestra santificación.

“Toda celebración litúrgica, por ser obra de Cristo sacerdote y de su Cuerpo, que es la Iglesia, es acción sagrada por excelencia” SC n.7

Las rúbricas, lejos de ser meras instrucciones, son medio sagrado por el que Cristo actúa.  Padre Pío, por gracia, lo aprendió de su propio cuerpo. 

Dicho esto, pregunto, alguno podría imaginarlo que, durante la misa, se le ocurriera  contar anécdotas de su juventud matizadas con algún chiste, o poner a un ministro a celebrar liturgia de la Palabra para sentarse al lado porque se siente enfermo, o llamar a los monaguillos al presbiterio para bailar el Gloria o, prestar el altar para que los padrinos firmen las actas de bautismo?

La lista de desprecios a la Liturgia es larga, larguísima, mientras que  -por obediencia- ni siquiera debería existir.

Las rúbricas reciben su nombre del latín por el color rojo (ruber), roja también es la sangre de Nuestro Señor.

Que, por amor a tu Preciosísima Sangre, amado Jesús, sean santificados todos los sacerdotes.

Amen.  

 

 

 

12.05.25

Como cuando sale el sol

Fue hace tanto tiempo que diariamente pasaba bebiendo de la enseñanza de Benedicto XVI como de una fuente. No había día que no quisiera saber lo que le sucedía, qué decía o hacía.

Fueron años extraordinarios, de hecho, durante ese tiempo fue que cursé teología por lo que, de muchos ángulos, mi vida de fe recibió riqueza.

Luego, vino un largo período que fue para aprender a amar y confiar. Un período de poco más de una década. Hasta que llegó a su fin y, aquella zona sombría, fue iluminada por un papa que cantó el Regina Caeli en latín.

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30.01.25

Faros afianzados en el ser de Dios

“Discutamos qué sea más importante, el templo o la Fe, y está claro que es más importante la verdadera Fe. Por tanto, ¿quién ha perdido más, o quién posee más, el que retiene un lugar, o el que retiene la Fe? El lugar ciertamente es bueno cuando  allí se predique la Fe Apostólica: es santo, si allí habita el Santo”.

San Atanasio, Carta pascual. Año 356

(Tomado de “Poco y católico")

 

Entre paganos y sin templo, la fe de Esdras y Nehemías recibió fuerza y maduró en el exilio.

Casos como el suyo llenan la Sagrada Escritura, los casos se repiten hoy delante nuestro y apenas nos damos cuenta de que la Iglesia de ninguna manera se ve reducida ni su luz opacada; al contrario: cada día, se descubren nuevos santos sacerdotes y seminaristas así como bautizados a los que Dios conduce hacia ellos, para que el rebaño no se pierda, para que se conserve la fe.

Que la fe es más que el edificio hecho de piedra, la fe está hecha de la piedra sólida de la Palabra de Dios, de su amor por sus criaturas. De su no poder dejar de ocuparse hasta del más pequeño y del miserable. De esa cosa rara que tiene Dios de no dejar que su plan se estropeé porque sería como dejarse morir. Así no hace Dios las cosas, sino que las hace completas, buenas, sanas, plenas.

Por eso es que hemos de andar con los ojos bien abiertos, porque no es en cualquier lugar que Dios va residir, no es de cualquier alma de la que se servirá para que recibamos instrucción.

No tiene sentido que Dios se sirva de un alma atribulada por el pecado para fortalecer nuestra fe. Sería lo contrario: de un alma dedicada a amar a Dios es de quien recibiríamos la instrucción conveniente y oportuna, de faltamos eso, la recibiremos de Dios directamente.

Cuando anduve cercana a presbíteros y seminaristas algunos me decían que no me preocupara para la condición del alma de los sacerdotes ya que “la gracia suple”, es decir, aquella alma no será un impedimento para que la gracia de los sacramentos, por ejemplo, cumpla su cometido. Y es cierto, lo tengo clarísimo con la experiencia cercana de muchos párrocos que han pasado por aquí. De todo tipo me ha dado Dios conocer a sus hijos consagrados. Y sé que la “gracia suple”.

Sin embargo, siempre me ha molestado que se abuse de esa manera de la acción de la Gracia. Como si fuera un instrumento a nuestro servicio en lugar de la propia vida de Dios que se dona.

Por eso, por eso… y muchas cosas más, ando, noche y día, con los ojos bien abiertos; para no perder oportunidad de recibir luz de faros afianzados en el ser de Dios, en su gracia. Faros que aceptaron su vocación y ponen todo su ser en amar y servir a Dios. Y se les nota en sus virtudes, en su oración, en su caridad; en esa luz que difunden, que no es propia, sino de Dios.

La fe, al madurar se fortalece y crece, así como crece la Iglesia y cada día es más fuerte. Es que todo lleva el impulso de la Gracia, la propia vida de Dios echando vitalidad y afianzando todo, para que podamos juntos, al final, regocijarnos en su presencia.

Que nuestro centro sea la fe, fe en Jesucristo, aunque no tuviéramos templo.