Un melodrama «ucrónico» para todas las edades

               «Lobos en la noche». Obra de Alfred Wierusz-Kowalski (1849-1915). 

   

 

«Quisiera tocar esta nieve con el viento de un sueño
Sostener el mundo en mis manos y dejarlo caer.
Hemos caminado entre las colinas inmortalmente blancas,
doradas al mediodía y azules por la noche.
Quisiera tocar esta nieve con el viento de un sueño
Y oírte cantar de nuevo junto a un muro de luz de estrellas».

Conrad Aiken

  

    

La problemática relación entre dos de las características más propiamente humanas, como son el contar historias y el agónico sentir del tiempo, fue explorada en su día por el pensador francés Paul Ricoeur en uno de sus libros, titulado Tiempo y narración (1985). En este ensayo, el filósofo galo sostenía que las narrativas literaria e histórica comparten una misma esencia y que esta se encuentra en el corazón mismo de la naturaleza del hombre.

Curiosamente, es esta compleja cuestión filosófica la que encontramos en el sustrato mismo de un subgénero de la literatura de ciencia ficción que juega con la historia alternativa como escenario literario. Un subgénero sobre el que continúa debatiéndose, no solo su catalogación, sino hasta su mismo nombre, barajándose entre otras opciones la palabra de origen francés ucronía y el término de carácter más descriptivo de «fantasía histórica». Y es que, de lo que se trata en este tipo de novelas es de pergeñar el escenario de un pasado alternativo en el que desarrollar la historia, sea en la idea de un mundo paralelo, sea en la consideración de un ayer mantenido en lo esencial pero divergente en los detalles.

No me estoy refiriendo aquí a una novela que recoge un pasaje histórico realmente acaecido del que tenemos referencias (al menos acordes con la historiografía oficial académica), y en el que se desarrolla una historia a través de personajes reales o no. Me refiero más bien al ejercicio imaginativo sobre un episodio histórico, alterado por algún suceso que lo haría radicalmente diferente a lo que fue, y al desarrollo en él de una fantasía. Conviven así en el género, narraciones que se quedan en ese ayer ucrónico, junto con otras que lo alargan hasta sus consecuencias en el presente. En todo caso un estimulante universo literario, extenso y diverso, sobre él que no voy a extenderme más en esta introducción.

Lo cierto es que las novelas a las que me voy a referir hacen un uso prudente de ese recurso del contrafactum, estableciendo simplemente un escenario histórico alternativo a caballo del cual se desarrolla un drama, sin especular sobre las consecuencias para nuestro presente de esos hipotéticos cambios pretéritos. Un drama sí, aunque de tintes juveniles, aventureros y cómicamente decimonónicos. Les hablo de la serie de libros denominada Las Crónicas de los lobos (Wolves Chronicles Series), autoría de la hija del poeta norteamericano Conrad Aiken, Joan Aiken, una narradora de calidad que ha heredado de su padre una porción no despreciable de talento. 

En España solo se han publicado, gracias a la editorial Salamandra, los dos primeros libros de una serie que consta de doce títulos: Los lobos de Willoughby Chase y Los malvados de Battersea, dos entretenidas novelas en las que, respondiendo a las preguntas ucrónicas de «¿Y sí?», o «¿Qué hubiera pasado sí…?», Joan Aiken ambienta las historias que narra en una Inglaterra alternativa y pseudo-histórica en la que la Revolución Gloriosa no habría triunfado, los partidarios de la casa real de Hannover traman conspiraciones y conjuras, y el país se encuentra invadido por manadas de lobos hambrientos. 

  

LOS LOBOS DE WILLOUGHBY CHASE (1962)

                                                             Portada del libro.

«La nieve se amontonaba en el oscuro camino al otro lado de Willoughby Wold». Así comienza el primero de los libros de la serie, inquietantemente titulado Los lobos de Willoughby Chase (1962).

Desde las primeras páginas, caminos desolados, lobos hambrientos que merodean por sus cunetas y una mansión solitaria, se combinan para formar ante el lector una atmósfera de suspense inquietante. Sobre este escenario, con la trama a-histórica antes señalada de fondo, la autora presenta un melodrama para todas las edades entre gótico y fantástico, a través del cual cuenta la historia de dos niñas (las primas Bonnie y Sylvia) en una gran casa de campo inglesa, rodeadas casi por completo de peligros y abandonadas a su suerte a merced de una malvada institutriz y sus crueles compinches. Las dos protagonistas son acompañadas, en un concierto bien tramado, por una serie de personajes estereotipados, pero de un innegable y atractivo toque personal, que incluyen, además de la pérfida institutriz, una insidiosa maestra, dos niños huérfanos, una frágil y bondadosa abuela, leales sirvientes y numerosas manadas de feroces lobos. Y como no, la historia finaliza con un desenlace feliz, cuando los añorados padres regresan a casa y todo vuelve a su lugar.

Del libro se ha dicho que «es casi una lección magistral sobre las virtudes que debe poseer un clásico de la literatura infantil: encanto, un estilo propio, talento y la capacidad para crear un pequeño mundo sin ser condescendiente con los lectores más jóvenes».

La propia autora nos ilustra sobre su obra hablándonos del escenario histórico alternativo elegido:

«Lo mejor de todo es que se me ocurrió que la historia no debería situarse en el reinado de la Reina Victoria, sino bajo una línea diferente de acontecimientos históricos. De esta manera, suponiendo que el Príncipe Carlos se hubiera convertido en Rey de Inglaterra y sus descendientes hubieran conservado el trono, entonces todos los Jorges, que deberían haber venido después, estarían acechando y conspirando para desalojarlos. Esto me dejaría libre para inventar lo que quisiera en mi propia historia».

Y continúa informándonos sobre la trama de la novela:

«De niña me encantaban Dickens y las hermanas Brönte, razón por la que situé mi libro en su sombría Inglaterra del siglo XIX, pero decidí que el ambiente sería aún más sombrío. La clave de todo radicaría en la exageración ––todo más grande que el tamaño natural––, lo que lo haría realmente divertido.

Bonnie, mi heroína, sería imposiblemente valiente, sincera y alegre, mientras su prima Sylvia sería todo lo contrario, frágil, delicada y tímida. Su cuarto de niños sería de unos treinta metros de largo. No tendrían una sola enagua de seda recortada con encaje, sino veinte. Los cojines de los asientos de las ventanas estarían tan bien amortiguados que cuando Bonnie saltara sobre ellos casi se golpearía contra el techo. Mi Duque no poseería únicamente un carruaje, sino seis, y haría que el primer tren del siglo XIX llegara directo a la puerta de su castillo.

Las ideas para el libro fueron surgiendo sin esfuerzo dentro de mí. Habría todo tipo de aventuras espeluznantes: lobos, naufragios, asesinatos; los villanos serían ferozmente villanos, las buenas personas serían como ángeles. De hecho, pensé en tantas cosas para poner en la historia que varias de ellas tuvieron que ser dejadas de lado y usadas en secuelas posteriores».


LOS MALVADOS DE BATTERSEA (1964)

                                                               Portada del libro.

El segundo título de la serie, también publicado en castellano por Salamandra, lleva por nombre Los malvados de Battersea (1964). En él, la saga continua y tan apasionadamente como en la novela anterior, pero esta vez el escenario se traslada a un Londres dickensiano, siendo los protagonistas unos viejos conocidos, Simon, el chico huérfano de la Globber’s Poor Farm, y Sophie, ambos personajes secundarios en la primera novela; también aparecen los duques de Battersea, junto con nuevos amigos y villanos. Los niños son secuestrados, se suceden naufragios y múltiples aventuras y tribulaciones, y todo ello para que finalmente los protagonistas sean en último extremo salvados, dando fin así, de nuevo, a una entretenida historia con final feliz.

La misma Aiken nos habla de este segundo libro:

«Le di una especie de complicada trama Dickensiana, ya que creo que a los niños les gustan las tramas complicadas. Es parte de su pasión general por las reglas, los juegos, las ramificaciones y la organización. Esto es interesante, porque… ¿no es cierto que los argumentos sólidamente armados ya no se consideran verdaderamente adultos? Están bien para libros infantiles y para las narraciones de suspense o históricas, pero no para ficción adulta real. ¿Será porque nuestras vidas son ahora tan poco libres, tan extremadamente estructuradas que no podemos soportar tenerlas organizadas para nosotros también en las novelas?».

Muy probablemente esto sea así.

En todo caso, les recomiendo que den a leer a sus hijos estas obras de Joan Aiken, desarrolladas en ese curioso escenario de una Inglaterra que nunca fue, con los jacobitas –conspiradores en las novelas históricas de Walter Scott y Robert Louis Stevenson– alineados aquí con los poderes establecidos, y los hannoverianos merodeando por ahí y maquinando conjuras. Sé que disfrutaran de su lectura, como ocurrió con mis hijas.

 

 

3 comentarios

  
Ramón montaud
Libros de Joan Aiken (s.e.u.o)
Los malvados de Battersea
El pequeño dragón
Cuentos del cuervo de Arabel
La venganza de la luna
Doce relatos inquietantes
Los guerreros de la cocina
La inquietante Lamb House
Voces misteriosas
El árbol espejo
El pérfido lolibirdo
El jorobado de Brook Green
Un susurro en la noche: cuentos de terror y suspense
Más cuentos del cuervo Mortimer
Mendelson y las ratas
El gato Mog
Ponle bridas al viento
Vete a ensillar el mar
El cuento de una calle de una sola dirección
Los lobos de Willoughby Chase
Libros con comentario(s)Libros con reseña
17/11/21 7:10 PM
  
Jose
Gracias por la recomendación, que anoto.
17/11/21 8:32 PM
  
Cos
Entonces en los libros de Aiken Inglaterra habría recuperado su catolicidad, jeje Aunque imagino que las novelas no se pronunciarán sobre esos asuntos.
17/11/21 8:56 PM

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