Fiducia supplicans. El fin de la sinodalidad
El papel lo aguanta todo. Las cámaras casi. La propaganda, mucho menos que antes, porque tenemos unas redes sociales que todo lo cacarean y nos dan la posibilidad diaria de confrontar las buenas ideas con la realidad.
La sinodalidad era algo así, es, como una apuesta por una nueva forma de hacer las cosas, un nuevo estilo de ser Iglesia, donde las aportaciones de todos, el debate sin cortapisas y el diálogo fraterno vendrían a ser no una ocurrencia, sino la base de la nueva iglesia del tiempo presente.
Algunos no nos mostramos especialmente partidarios. Parte por eso de “dime de qué presumes", pero sobre todo porque entendemos que hay un ministerio episcopal y no digamos petrino que tienen una misión por encima de tertulias más o menos afortunadas.

No es bueno para nadie despertarse cada mañana con un susto nuevo. Desde que se publicó “Fiducia supplicans” el pasado 18 de diciembre, vamos de susto en susto. El último, ayer mismo, cuando a medio día saltó la noticia en todos los medios de que el cardenal prefecto de Doctrina de la Fe, Víctor Manuel Fernández, había publicado hace años un libro con el título de “La pasión mística” de altísimo contenido sexual.
Acaba de sorprendernos una
Cada santo tiene sus devotos y también, cómo no, sus detractores. Santa Teresa de Calcuta, siendo el ejemplo más evidente de la tan cacareada opción por los pobres y de una vida consecuente con su pensamiento, es una santa deliberadamente omitida en el santoral más progresista.