Madrid. Controlar y mandar en la sombra
Reconozco que estoy muy molesto con las aportaciones de Madrid al sínodo de la sinodalidad. Molesto porque no representan a nadie, y molesto porque lo que se aprecia en ellas es un deseo por parte de algunos de manejar y manipular todo bajo capa de una mayor comunión eclesial y apuesta decidida por la sinodalidad.
Gobernar con nombre, foto, luz y taquígrafos es muy duro, porque tu nombre aparece constantemente y te llevas algunas palmadas en la espalda y también criticas feroces. Que se lo digan al obispo, a los vicarios. Hay que hacerlo, es imprescindible, pero también ingrato en muchos momentos. Es mucho mejor el mangoneo desde el anonimato o, mejor aún, desde la autoproclamación del mayor deseo de servicio a la causa del papa, el bien de la archidiócesis y la apuesta por la sinodalidad y el espíritu del concilio.

Ya saben que servidor no escribe de cosas de Madrid. Por principio. Pero también saben que servidor escribe del Sínodo.
Entonces uno de los ancianos habló, diciéndome: Estos que están vestidos de ropas blancas, ¿quiénes son, y de dónde han venido? Yo le dije: Señor, tú lo sabes. Y él me dijo:
Miren mis amables lectores y apreciados comentaristas y consideren si no se están pasando un poco últimamente.